Hermanos

Uno de los valores que parece que los padres olvidamos con más frecuencia, a juzgar por los resultados de muchas familias que veo a mi alrededor, es el valor de la fraternidad. La FRATERNIDAD con MAYÚSCULAS.

Mientras son niños las peleas entre hermanos son frecuentes y rara vez dejan huella estable, pero ¿cómo se relacionan de manera habitual?, ¿influye cómo se tratan cuando todavía son niños en cómo se tratarán de mayores?.

El ser humano tiene conciencia de sí, pero también conciencia de hermandad, en el sentido más estricto de la palabra y esto nos caracteriza. Debemos hacer ver a nuestros hijos la importancia de crecer desarrollando unos lazos muy fuertes entre los hermanos, ya que, tarde o temprano,  nosotros faltaremos, pero ellos deberán mantener por sí solos, sin nuestra presencia, la esencia de familia.

Desgraciadamente se ve con mucha más frecuencia de lo deseable hermanos que han dejado de relacionarse, que apenas se ven por Navidad, más por formalidad que por necesidad y que realmente se consideran más extraños que familia.

Se requiere una enorme violencia – no física pero sí emocional – para poder separar una familia, y cuando esto ocurre todos quedan heridos de por vida, y lo que es peor, suele afectar a todas las generaciones venideras.

Cabría pensar que los motivos para que unos hermanos se separen tendrían que ser extremadamente graves, pero lo cierto es que basta una herencia mal expresada, mal entendida o mal repartida para destrozar una familia. Este hecho refleja claramente que los padres no han podido o no han sabido transmitir el auténtico valor de la fraternidad ni del dinero.

Como siempre, la herramienta más eficaz de educar que tenemos es el ejemplo. Resulta vital que nuestros hijos vean, disfruten, vivan en casa como, sin necesidad de estar todos los días juntos, los hermanos mantenemos una relación más cercana que con cualquier otro grupo de personas.

Debemos hablarles de nuestros hermanos, contarles historias de cómo crecimos y cómo nuestros hermanos nos ayudaron a ser quienes somos hoy en día.

Debemos enfatizar que si llega un día en que todo falta, siempre les quedarán los hermanos, o al menos así debería ser, y de ahí la importancia de cuidarse y de aceptarse.

Deberíamos poder educar a nuestros hijos para que cuando se casen su papel en su familia política sea siempre el de unir,  que nunca se conviertan en la cuña que separa a su cónyuge de su raíz. Deben entender que si se han enamorado de alguien es por quién es, y eso se lo debe a sus padres y sus hermanos.

Si nuestros hijos nos ven disfrutar en familia y sienten el calor que nos tenemos entre los hermanos, estaremos dándoles uno de los mejores ejemplos posibles y uno de los mayores seguros de «buena vida» posibles.

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Regalos de Navidad.

¿Cómo podrán los Reyes Magos transportar tantísimos regalos? ¿De verdad sólo usan tres camellos, o esos son sólo los que nos enseñan? Son misterios que nunca llegaremos a descubrir pero que cada año despiertan mi curiosidad.

Lo más probable es que este año, por muy magos que sean sus majestades, los camellos vengan menos cargados. No pasa nada. Una vez oí que el secreto de la felicidad (concepto en el que no creo, solo lo nombro por ser fiel a la fuente) está en «no tratar las molestias como si fueran tragedias, y tratar las tragedias como si fueran molestias».

A pesar de la crisis estoy seguro de que los Reyes Magos, como cada año, van a dar el Do de pecho, y van a dar todo lo que esté en su mano y lo que ya no está en su bolsillo para que nuestros hijos disfruten como siempre.

Me gustaría, desde la más sincera humildad, poner mi pequeño granito de arena y dar alguna idea a los Reyes Magos para que, conservando todo su amor, no hagan más locuras de las estrictamente necesarias.

1) A pesar de que las listas que escriben los niños a los Reyes pueden están cercanas al concepto matemático de GOOGLE – «número más alto conocido sin llegar a ser infinito» -, no es en absoluto recomendable intentar cubrirla. Así que al margen del presupuesto que podamos haber establecido por cabeza, mi recomendación es marcar un MÁXIMO de regalos por niño. En concreto mi recomendación son, como MÁXIMO, cinco regalos (5).  Cinco en TOTAL. La cuestión entonces está en distribuirlos.

Veamos, si nuestros hijos tienen la suerte de tener a sus cuatro abuelos,es habitual que los Reyes dejen alguno en cada una de sus casas (ya van dos regalos). También es frecuente que dejen un regalo en casa de los padrinos – pensemos que son un matrimonio – (ya van tres). Salvo que haya algún tío o tía soltera de estos que siempre se empeñan en poner el zapato en su casa para todos los sobrinos, bastaría con que en casa los Reyes trajeran 2 regalos. (Si los padrinos no son matrimonio y cada uno le pide a los Reyes un regalo, a casa basta con que los Reyes dejen un regalo). Si, si, ha leído bien, basta con que en casa dejen UN (1) regalo.

CINCO REGALOS EN TOTAL como máximo, si no lo alcanzamos y nos quedamos en UNO, es fantástico. – (no vale hacer la trampa de pedir 5 al Niño Jesús para que lo traiga el 25 de diciembre y otros 5 a los Reyes).

Cinco regalos es la cantidad que  el cerebro del niño puede asumir sin provocar ninguna sobredosis de egoísmo, autosuficiencia, o «melomerezcotodo».

2) Afinar el tiro. Asegúrense de que el regalito que dejan es exactamente el que quería el niño (siempre y cuando esté dentro de una lógica). Me he gastado mucho dinero en psicoanalistas y todavía no he conseguido superar el trauma de que el rifle que pedí con 8 años no tenía la culata metálica como me había prometido un paje real.

3) Si su hijo todavía está en edad de juguetes: ¡QUÉ SEA DIVERTIDO!. Qué manía les ha dado a algunos padres con los dichosos «juguetes didácticos». ¡Qué pesados!. El juguete debe divertir NO enseñar.

De verdad que estamos locos. Ahora está de moda el «juguete didáctico» y a la vez «la enseñanza lúdica». ¿Por qué no dejamos las cosas en su sitio natural?: «juguete lúdico» y «enseñanza didáctica»?

4) Cuando los hijos son mayores, no importan la edad que tengan – como si tienen 44 años , padres, por favor os lo pido, no os los llevéis de compras a «hacer de Rey Mago». Es la forma más triste de matar una de las pocas ilusiones que nos quedan. No hagáis «como si no». No hagáis como si los Reyes Magos no existieran.

Feliz Navidad.

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¿Cómo hablamos a nuestros hijos?

Esta mañana, como de costumbre, andábamos con prisa, de un cuarto a otro, haciendo la cama, lavándonos los dientes, dando instrucciones, etc. lo habitual cualquier día laborable, intentando salir a tiempo y dejar todo medianamente organizado.

Mi hija pequeña, ya con siete años, como de costumbre apurando hasta el último minuto. ¡Teresa, qué pesada estás!. (qué pesada, qué pesada, qué pesada …) las palabras se han quedado retumbando en mi cabeza … qué pesada!. De inmediato, de manera completamente automática he pensado «la palabra que Teresa ha oído más veces en su vida es PESADA», y sin mediar ni medio segundo una profunda angustia se ha apoderado de mi.

¿De verdad es esa la palabra que mejor le define? No, ni de lejos. Si tuviera que definirla diría que es divertida, risueña, chiquitina, deliciosa, graciosa, inquieta … muchos otros calificativos antes que pesada.

Seamos honestos … si le decimos tantas veces que está pesada no es al azar. Pero sin duda esa no debería ser la palabra que más veces haya oído  en su corta vida.

Estoy harto de oírme decir a padres en mis charlas y conferencias que los niños tienden a cumplir y corroborar aquello que les decimos que son:

Quiere que su hijo sea bueno: dígale lo bueno que es.

Quiere que sea simpático: asegúrese que sabe que la simpatía le caracteriza.

Quiere que crezca seguro de sí mismo: dígale lo bien que hace las cosas.

Dígale que es un pesado que él hará todo lo posible por demostrárselo.

¿Que logramos diciendo a nuestros hijos que son pesados, lloricas, histéricos, guarros, vagos, egoístas o cualquier otra de las lindezas a las que muchos están ya (tristemente) acostumbrados? Descargar adrenalina. Nada más. No sirve de nada (bueno).

El ejemplo característico es cuando nuestro hijo, gracias a esa gran virtud que es la perseverancia, consigue que le demos el décimo caramelo de la tarde, pero lo acompañamos de un «¡caprichoso!». Como si por definirle de esa manera hubiéramos sido nosotros los que nos habíamos llevado el gato al agua.

¡Qué no!, que no sirve de nada, que lo único que hacemos es facilitar que el niño repita esa conducta que estamos deseando abolir.

Como padre que comete tantas veces este error, tan solo les puedo dar tres consejos:

1) Reflexione: si lo que va a decir sólo sirve como medio de descarga emocional, no lo haga, busque una reacción más creativa.

2) Si no puede evitarlo, si va a decir a su hijo alguna característica negativa asegúrese de que utiliza el verbo ESTAR, nunca el verbo SER. Los angloparlantes no tienen esta ventaja, y es un grave problema.

3) El consejo estándar: no utilice calificativos – hable de conductas: en lugar de decir «¡qué pesada estás!» diga: «Llevas demasiado tiempo peinándote, y tenemos prisa. ¡Abrevia!».

Después de esta confesión pública de uno de mis muchos y frecuentes errores, necesito terminar con algo que me descargue de culpa. Probablemente he exagerado. Estoy seguro de que lo que más ha oído Teresa en toda su vida no es ¡pesada!. Sé que ha oído muchas más veces «Te quiero del todo».

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Abusos sexuales a niños

Esta mañana, jueves 15 de noviembre de 2012, nos hemos despertado con la espeluznante noticia aparecida en el periódico El Mundo de que el viernes pasado la policía había «detenido a un trabajador del Samur Social (servicio del Ayuntamiento de Madrid para atender a personas necesitadas)  por violar y fotografiar desnudos a decenas de niños.

«La detención se produjo el pasado viernes, después de que su propia esposa lo denunciara tras encontrar vídeos en los que el detenido abusaba de menores. Según las investigaciones, este hombre de 41 años utilizaba presuntamente su trabajo como monitor de campamentos y de natación para realizar sus vejaciones»

Estas noticias dejan helado a cualquiera, y aterrorizado a todo el que sea padre (o madre). Al parecer las grabaciones que se le han incautado indican que son decenas de niños de hasta siete años los que han sido violados y abusados a lo largo de más de una década.

La pregunta que a muchos les surge es ¿cómo es posible que ninguno de los niños se lo dijera a sus padres?. Intentaré explicar porqué los niños no avisan y qué debemos hacer como padres.

Los niños silencian los abusos a los que son sometidos por varios motivos:

1) Se sienten mal por lo ocurrido, y todos tenemos aprendido que si algo «que has hecho» te hace sentir mal, es porque no debías haberlo hecho. Cuando haces el bien, te sientes bien y te gusta contarlo. Cuando «haces el mal» te sientes mal y prefieres no contarlo.

Obviamente estos niños no «han hecho» nada malo, han sufrido la vejación, han sido sujetos pasivos, pero aún así el mecanismo psicológico sigue existiendo.

2) A menudo no sólo creen que «han hecho algo mal», sino que se sienten profundamente  culpables. Creen que han consentido y en algunos casos pueden llegar a pensar que incitado al agresor.

3) El agresor, en este caso, es una persona de prestigio y reconocimiento social, por lo que los niños pueden tener miedo de no ser creídos y/o de las consecuencias que puede acarrear decir algo.

4) El agresor es una persona de confianza y cercana a ellos. Muchos no pueden asumir que les está haciendo daño y lo «enmascaran» como muestras de afecto. «Lo hace porque me quiere».

5) Obviamente, aunque en este caso no ha trascendido, a menudo el agresor les amenaza y les coacciona.

El silencio es común a las agresiones, sexuales o no. Sucede en mujeres agredidas por sus maridos o novios, en hijos que son víctimas de maltrato por parte de su/s padre/s y por alumnos que sufren acoso escolar.

¿Qué debemos hacer los padres?. Lo primero, como siempre, no pensar que esto no ocurre en mi barrio. Esta es una realidad silenciosa que sucede más de lo que a nadie nos gustaría imaginar, y por tanto hay que considerarla como posible y estar atentos a cómo se comportan nuestros hijos.

En segundo lugar, lo más importante, la prevención. Disculpen la autocita, pero ya lo he avisado en dos de mis libros («la educación de 0 a 6» y «la educación de 7 a 12»). Es de vital importancia que hablemos con nuestros hijos – desde los 4 o 5 años ya se debe hacer – y les expliquemos que NADIE puede ni debe tocarles sus genitales, y tampoco deben acceder a tocar los de otra persona, por mucho que insistan. Debemos explicarles que si alguien intenta tocarles deben resistirse y si pueden deben salir de la habitación donde estén. Debemos explicarles que si eso ocurriera alguna vez es MUY IMPORTANTE que se lo digan a mamá o a papá, que nunca se van a enfadar porque ellos en ningún caso habrán hecho nada malo, suceda lo que suceda, pero deben decirlo.

Contarles que algo tan terrible puede ocurrir es la única prevención  que tenemos para que  ellos puedan defenderse o al menos contárnoslo a la primera. Debemos avisarles que puede ser cualquiera, un familiar, un amigo, o alguien muy conocido, pero que en cualquier caso deben avisarnos.

Lógicamente los niños se sentirán confundidos y atónitos de que alguien quiera tocarles, pero es mejor pasar este mal trago y abrir sus inocentes mentes a esta aberración, que silenciarlo por pudor e impedirles defenderse si llegara a ocurrir.

Quizás si todos los padres lo hiciéramos de manera sistemática, de la misma manera que legalmente estamos obligados a vacunarles, los que abusan de los niños tendrían que aguantarse porque sabrían que iban a ser descubiertos.

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La boda

El pasado sábado, el 10 del 11 del 12 a las 13:00, estuve en la boda de una de las personas más importantes de mi vida. Durante la celebración me dediqué un rato a observar y preguntarme: ¿qué celebramos los que estamos aquí?, ¿a qué viene tanto despliegue de alegría?, ¿qué nos va a nosotros en esto?.

Más aún, ¿por qué todas las culturas a lo largo de todos los tiempos han festejado las bodas? – hay constancia de que el pueblo judío celebraba las bodas hace ya dos mil años, y que ya por entonces los novios no calculaban bien el número de invitados y casi se quedan sin barra libre.

Cuando un mismo suceso aparece en todas las culturas de cualquier momento histórico indica que tiene un significado antropológico fundamental. El matrimonio es fundamental en la historia del ser humano – no da igual casarse que no casarse, y por eso las bodas se celebran y arrejuntarse no.

¿Por qué?, el ser humano, según dicen muchos filósofos, es un ser incompleto. Quizás todos los seres lo son y la diferencia es que nosotros nos damos cuenta de ello.

En un libro escrito aproximadamente hace tres mil años se dice: «No es bueno que el hombre esté solo … Por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer y los dos se hacen uno solo».

El Génesis, por tanto, propone que el matrimonio es la forma de completar al ser humano.

Santo Tomás de Aquino afirma: «Propiamente uno no tiene amistad consigo mismo, sino otra cosa mayor que ella, ya que la amistad comporta unión, pues el amor es «poder unitivo» y cada uno tiene consigo mismo una unidad que es mayor que cualquier otra unión». Quizás lo decía porque él nunca estuvo casado. El matrimonio conlleva (debería) una unión similar a la de cada uno consigo mismo.

¡Eso es lo que celebramos! Un nacimiento. Ha nacido una nueva persona. (ya lo decía el génesis). Celebramos que los dos contrayentes se han completado y al completarse el uno en el otro han dado lugar a un nuevo ser que es base de cualquier sociedad: la familia.

Seamos completamente honestos, aunque yo no entiendo casarse sin incluir en la unión a Dios, NO es lo mismo casarse por lo civil que arrejuntarse (por mucho que se vaya al notario para darle carta de naturaleza). Como tampoco es comparable la unión civil que la unión sacramental, pero ambas comparten dos aspectos básicos:

a) Ambas son una alianza. En el caso civil, una alianza mientras las dos voluntades lo deseen y lo permitan. En el caso sacramental, hasta que la muerte nos separe – pero por lo que he visto a mi alrededor, ni siquiera la muerte vence al vínculo.

b) Ambas están destinadas a la apertura a la vida. Los que se arrejuntan pueden hacerlo por múltiples motivos – para compartir gastos de alquiler, para conocernos, ¡para amarnos! -, pero los que se casan, salvo rarísimas excepciones, lo hacen con vistas a abrir el camino de la trasmisión de sus propios genes. Por eso es un contrasentido el «matrimonio» que parte de una imposibilidad de la trasmisión de sus propios genes – de los genes de los dos que ya somos uno y se constata en cada uno de nuestros hijos. Sólo cuando por alguna causa patológica uno de los dos no puede transmitir su propia carga genética, miramos hacia el exterior, hacia aquellos cuyos padres pudieron transmitirles vida pero no mantenerla en las condiciones mínimas deseables.

Esta es la segunda gran causa de celebración: ¡Ha nacido un nuevo ser que, previsiblemente, dará lugar a más!: El matrimonio abre la puerta a mantener nuestra sociedad y eso es motivo de gran júbilo, aunque el día de la boda la transmisión de la vida sea todavía tan sólo una posibilidad.

¿Quiere todo esto decir que l@s solter@s son incompletos de por vida? Bueno … ya les gustaría a muchos matrimonios estar tan unidos como muchos sacerdotes, religiosas y seglares lo están a Dios, y llegar a ser tan fecundos como ellos.

Solo puedo decir en lo que a mi respecta que ni yo, ni nadie que me roce, podría comprenderme si no es por la mujer que ha hecho que mi vida sea completamente completa.

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Tiempo para nosotros

Cuando realizaba mi labor como psicólogo en jardines de infancia rápidamente comprendí que, al margen del motivo de consulta que traían los padres a una tutoría, había tres preguntas que siempre debía realizar:

1) ¿Qué tal come?

2) ¿Qué tal duerme?

3) ¿Cuándo es la última vez que salisteis los dos solos?

La respuesta  más frecuente a esta última pregunta era, tras una pausa para pensar, «cuando fuimos a una boda». Si desde que había nacido el niño (o el primero de los niños si tenían varios) no habían sido invitados a alguna boda, lo más habitual es que entonces tuvieran que remontarse a cuando ella todavía estaba embarazada

Bien pensado, «ir a una boda» tampoco es la respuesta adecuada ya que el concepto «los dos solos» y el concepto «boda» son incompatibles.

El matrimonio necesita mucho, pero MUCHO tiempo para estar solos y sin tareas domésticas (tareas familiares prefiero llamarlas) ni televisión cerca. Un autor de libros sobre el matrimonio, de cuyo nombre lamento no conseguir acordarme, explicaba que el matrimonio se debe dedicar a sí mismo: una tarde a la semana, un fin de semana al mes y una semana al año.

La semana al año es, reconozcamoslo, bastante complejo. El fin de semana al mes no lo es tanto, siempre y cuando tengamos una buena red de familia y/o amigos con los que compartir nuestros hijos – y por cierto, no tiene porque ser nada caro, todo el mundo asume que hay que irse a algún hotel en otra ciudad, pero lo cierto es que una vez «encasquetados» los niños, podemos volver a nuestra casa. «No es el plan ideal, pero al menos estamos tu y yo solitos».

La tarde a la semana es, sin embargo bastante asequible. Pero hay que proponerselo firmemente.

Podemos incluso llegar algo más allá. Una de mis consejos más frecuentes es bien sencillo: dos noches a la semana ni encender la televisión. (Comencé proponiendo tres, pero pronto comprobé que la mayoría de los matrimonios lo consideraban tan difícil,  que tiraban la toalla por completo, y se mantenían enganchados a la caja tonta toda la semana). En cierta ocasión un joven (menor de 35) me confesó – «gracias a tu consejo de no encender la TV, me di cuenta de que había alguien a mi lado».

Y es muy importante que nuestra salida sea solos. Conozco decenas de matrimonios que salen con relativa frecuencia, casi todas las semanas, pero siempre hacen planes acompañados de otros matrimonios. Incluso se van de vacaciones en grupo. Eso está fenomenal y no seré yo quien esté en contra, pero lo fundamental es salir SOLOS. Aunque tal y cómo están las cosas solo podamos permitirnos sentarnos en el banco del parque con una lata de cerveza y una bolsa de pipas. Pero SALIR.

El peligro de no dedicarnos tiempo el uno al otro es convertirnos en «casados solteros». Vivimos juntos, compartimos la cuenta corriente y los niños, pero nada más. Son personas que llevan años sin haber tenido relaciones íntimas. Tienen relaciones sexuales, pero no relaciones íntimas. La intimidad no puede reducirse al contacto sexual, eso es ridículo. (¿Acaso las prostitutas tienen relaciones íntimas con alguno de sus clientes?).

Hay que fomentar las relaciones íntimas. Tu y yo. Mirarnos a la cara y contarnos lo que no podría compartir con absolutamente nadie más en el mundo, pero necesito que tu lo sepas.

Necesitamos tiempo para nosotros. Es la mejor prevención del tedio y del desamor.

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Educación infantil.

En España la escolarización obligatoria no comienza hasta septiembre del año en que el niño cumple los seis años. Antes de ese momento, el niño puede quedarse en su casita, o en casa de sus abuelos, tíos o padrinos, jugando, yendo al parque y disfrutando de su familia sin tener que ser expuesto a un proceso reglado de enseñanza.

Sin embargo si una familia cumple con la legalidad se le mira mal y se le acusa de privar al niño de no sé cuantos bienes intangibles y de hacerle un daño irreparable.

¿Cómo pueden fijarse objetivos pedagógicos irrenunciables en una etapa voluntaria?, es muy fácil, desde la incoherencia.

La semana pasada atendían a mi consulta unos padres cuya hija de 2 años y 10 meses cursa 1º de enseñanza infantil. ¡Le ponen deberes diarios!. ¡Deberes!. Y desde el año anterior – cada vez son más los colegios que para mejorar sus finanzas abren sus puertas a niños que cumplen dos años – les dan notas, ¡y los hay que suspenden!.

Hoy me comentan que en un colegio que se precia de beber de las fuentes de Glenn Doman exigen que los niños terminen 3º de enseñanza infantil leyendo – si de verdad conocieran a Glenn, sabrían que exigir a un niño que lea está en las antípodas del método por él desarrollado. Si el niño/a no lee (en voz alta) al final de la etapa de infantil este colegio emite un informe para que quede en su expediente académico indicando que ¡tiene dificultades de lectura! (el más pequeño en esa clase puede tener en junio cinco años y medio, el mayor en ese aula tendrá al terminar el colegio seis años y medio).

¡Ya está bien!. ¿Qué enseñan en las facultades de pedagogía?. ¿Es que acaso no conocen las necesidades de los niños menores de seis años?.

Hace dos semanas estuve en un colegio madrileño de titularidad nórdica. La profesora se disculpaba, “es que aquí no enseñamos a leer a los niños, ni siquiera las letras, hasta que tienen los seis años cumplidos (a partir del 1 de septiembre)”. “No evaluamos – no dan notas – hasta tercero de primaria, los dos primeros años sólo enseñamos”.

El problema es la costumbre tan española, y perdón por la expresión, de intentar siempre ser los que meamos más lejos, y al final lo que ocurre es que meamos fuera del tiesto. Traducido al tema que nos ocupa: la enorme mayoría de los colegios compitiendo por ser los primeros en enseñar a leer a los niños, y al final somos los últimos de Europa en nivel de aprendizaje de lengua y matemáticas (y esperen a que evalúen el inglés).

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Fracaso escolar

Ayer martes, día 16 de octubre, llegó a los medios de comunicación el estudio de la UNESCO sobre el estado de la ENSEÑANZA EN EL MUNDO. Todos los medios destacaron que en España el fracaso escolar alcanza el 30% de la población escolar, es decir uno de cada tres alumnos abandona el colegio ANTES de acabar la E.S.O., que es el porcentaje más alto de la Unión Europea.

El informe de la UNESCO pone en relación este dato con el paro juvenil, que en mayo pasado superó el 50% en España y con las dificultades para encontrar trabajo de los jóvenes que no han logrado el graduado escolar (4º de la E.S.O.), incorporándoles a la generación ni-ni (ni estudian ni trabajan).

¿Estamos yendo a peor? Numéricamente, en lo que se refiere a fracaso escolar no vamos a peor, mantenemos niveles muy similares desde hace aproximadamente 20 años. Pero mantener un nivel del 30% de fracaso escolar es, sin duda, ir a peor.

¿Por qué no conseguimos mejorar?. Contestar concienzudamente daría lugar a un volumen completo, así que haré una breve exposición de los motivos que subyacen a esta situación:

1) El sistema de enseñanza está diseñado para niños promedio, con capacidades promedio. Aquellos niños cuyas capacidades no son estándar, tanto por exceso como por defecto escapan al sistema y tienen un alto riesgo de fracasar.

2) La sucesivas leyes de enseñanza (educación les llaman, pero yo me niego), se refieren más a contenidos y procedimientos de evaluación que a sistemas de enseñanza. Su abordaje del fracaso escolar es tangencial y limitado.

3) Tal y cómo Sir Ken Robinson ha señalado, el sistema de enseñanza actual fue diseñado durante la época de la revolución industrial, cumplió su papel y hoy está obsoleto.

En resumen: el sistema de enseñanza NO es capaz de adaptase a la individualidad y exige que el alumno se adapte al sistema. Si el niño lo consigue tendrá éxito, de lo contrario fracasará. John Taylor Gatto, elegido mejor profesor del estado de Nueva York y de la ciudad del mismo nombre a principios de los 90 decía que la función de la escuela actual es estandarizar individuos.

¿Y qué se puede hacer?

1) Repensar todo el sistema de enseñanza. Podríamos intentar ver el vaso medio lleno, y pensar que el 70% de los alumnos «no fracasan», pero lo malo es que el conjunto de los alumnos españoles están a la cola de la unión europea en habilidades matemáticas y lingüísticas (ver los informes PISA de los últimos años – no recomendable para personas con alta sensibilidad y/o riesgo de depresión).

2) Mirar a sistemas de enseñanza «alternativos» y que ya están en marcha en España, como por ejemplo:

2.1. Sistemas extrajeros: el colegio suizo de Madrid; la escuela finlandesa de Madrid o de Costa del Sol.

2.2. Sistemas «alternativos» con amplia experiencia: las escuelas Waldorf.

2.3. Sistemas «muy alternativos», y que ya van cumpliendo años: proyecto «ojo de agua» en Alicante.

3) Introducir al hemisferio cerebral derecho en la escuela. Dar la importancia que tiene a la creatividad, el arte – música, pintura, teatro, cine, cocina, trabajos manuales – y el pensamiento más allá del mero aprendizaje.

4) Atender, escuchar y considerar muy seriamente lo que los profesores, esos que pasan de 20 a 30 horas a la semana dentro del aula, tienen que decir. ¡Muchos de ellos saben qué hay que hacer y tienen magníficas ideas!, ahora hace falta que el sistema: ministerio, consejería, dirección, empresa y APAs, les deje actuar.

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La fe en los niños

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Hoy, 11 de octubre de 2012, el Santo Padre Benedicto XVI inaugura el Año de la Fe. Es posible que podamos aplicárselo a muchos, quizás a todos los pontífices, pero lo que después de estos años sabemos de Benedicto XVI es que no da puntadas sin hilo. La idoneidad, la oportunidad y me atrevo a afirmar la necesidad de este año dedicado a la fe, es más que patente a todos los católicos minimamente formados. Quizás incluso el resto de cristianos también sean conscientes de esta necesidad.

La fe, y en lo que a los padres nos compete, la transmisión de la fe, está siendo cuestionada con virulencia, por vías tanto explícitas como implícitas.

¿Podemos de verdad esconder la fe entre las cuatro paredes de nuestras casas? – entre las que incluyo de manera natural las iglesias, ya que mi parroquia ES mi casa. Podemos honestamente reducir la transmisión de la fe a una «opción» del niño cuando crezca.

Perdón por la autocita, pero tal y como escribí en el libro «Educar con sentido»: «Hablar de educación y no considerar la dimensión espiritual de los niños es equivalente a montar una fábrica de muñecas y no ponerles ojos. Podemos argumentar que los ojos son tan importantes que el fabricante no debe elegir su color, deben ser los padres los que elijan, y muchos padres dirán que los ojos de la muñeca son tan importantes, que prefieren que sus hijos los elijan por si mismos cuando crezcan. Mientras tanto los niños jugarán con muñecas ciegas, incompletas, pero como son niños no serán conscientes de la falta. Al final, pensaremos «pues tampoco pasa nada: han jugado toda la vida con muñecas sin ojos y no son ningunos tarados». Y nos convenceremos de que es normal que las muñecas no tengan ojos.»

La dimensión espiritual es como el A.D.N. de la persona, es invisible al ojo humano, pero es parte de su esencia. Acercar a los niños a la fe, es decir, al conocimiento de que son amados por Dios de manera incondicional, es abrirles los ojos hacia la esencia de su ser. Es penetrar en una profundidad que requiere una mirada especial, por lo que no todos van a ver, o quizás no tendrán toda la claridad que les gustaría, pero no hacerlo sería limitarles a una vida que pierde parte de su esencia.

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Los deberes

audio_ayudarenlosdeberesPensar en un colegio sin deberes es como imaginarse un jardín sin plantas. Aunque en este caso, serían cactus. Los deberes son, eso parece ser, consustanciales al colegio, y resulta difícil imaginar que el sistema de enseñanza en España pueda mantenerse sin ellos. Son necesarios. Creo que falta audacia para comprobar qué pasa si no se mandan deberes.

John Taylor Gatto, escogido consecutivamente mejor profesor del estado de Nueva York y mejor profesor de la ciudad de Nueva York a principios de la década de los 90 (tras más de 35 años de servicio docente) decía que los deberes son el medio que utiliza el sistema de enseñanza (él se refería al suyo, al estadounidense, pero creo que podemos trasladarlo también al nuestro) para invadir la intimidad de los niños incluso en sus hogares.

Al comienzo de la escolarización obligatoria (primero y segundo de enseñanza primaria), se suele argumentar que los deberes sirven para crear hábito de estudio. El argumento es bueno, pero se deshace como un azucarillo en agua caliente cuando los chicos llegan a los cursos en los que deben tener tiempo para estudiar (a partir de tercero), y siguen teniendo deberes. En la enseñanza secundaria obligatoria – E.S.O. – deberían tener mucho tiempo para estudiar – pero siguen teniendo deberes. Así que esa explicación inicial – sirven para crear habito – se demuestra falsa y se constata de que los deberes son un fin en sí mismo.

Según algunas pedagogas con dilatada experiencia los deberes son necesarios ya que el método de enseñanza en las aulas no es lo suficientemente bueno como para que seis horas lectivas diarias sirvan para que los chicos afiancen sus conocimientos. Es muy posible.

La objeción más clara que se puede plantear a los deberes es que quita el tiempo a los niños, tiempo que necesitan principalmente para dos cosas:

1) Estudiar. La mayor parte de los chavales creen que lo único que deben hacer en casa al llegar del cole son los deberes, y claro, después de seis horas lectivas más un rato de deberes (entre 20 minutos y más de dos horas, según el curso, el colegio y la capacidad del chaval) ¿quien piensa en ponerse a estudiar?.

2) Jugar. Hoy ya sabemos que jugar no es un simple pasatiempo. Es una de las actividades más necesarias de los niños para tener un desarrollo sano y equilibrado.

La segunda objeción que debemos aplicar es la misma que de manera transversal – como les gusta decir a los que diseñan los planes de estudio – atraviesa a todo el sistema de enseñanza: NO tiene en cuenta las diferencias individuales. Nunca he visto un profesor que personalice los deberes que deben hacer sus alumnos. Es café para todos. Cierto es que no hay un profesor que desconozca que entre sus alumnos los hay muy rápidos y los hay muy lentos, los hay que han entendido todo a la primera y los hay que se van de clase sin haberse enterado de nada. Los primeros no tienen problema. Mi preocupación, como siempre, son los últimos.

Y los padres, ¿qué podemos hacer en esta situación?

Obviaré los consejos típicos de facilitarles un espacio adecuado, un horario estable …, etc. Por no alargarme iré a los consejos que NO se suelen dar:

1) Si su hijo puede hacer los deberes solo, déjele volar, PERO si a su hijo le cuesta AYÚDELE.

Una de las batallas más frecuentes en las que me veo sumergido es en tener que argumentar que el niño que necesita ayuda DEBE recibirla. Son muchos los profesores que insisten en que el niño debe hacer los deberes «solito». Eso es fenomenal cuando el niño tiene las habilidades suficientes, pero son decenas las madres que me dicen «él solo puede estarse más de dos horas, pero si yo estoy con el en 45 minutos hemos terminado». ¡Pues eso! Ayúdele. En 20 años no he visto a un solo niño que, pudiendo quitarse a su padre o a su madre de encima no le haya dado con la puerta en las narices. Si su hijo le necesita, AYÚDELE.

2) NUNCA permita que el niño vea la televisión (o juegue con cualquier tipo de pantalla) antes de hacer los deberes. Mucho menos que tenga el ordenador encendido mientras los hace.

No es este el momento, ya dedicaré otro día a hablar de los perjuicios de las pantallas, pero quédese con la copla: la televisión provoca la desconexión de la corteza prefrontal (área pensante del cerebro) del resto del encéfalo y dificulta muchísimo que el niño después se pueda concentrar.

3) Deje los deberes PARA EL FINAL. Primero debe estudiar. Lo habitual es hacerlo al revés, pero cuando llega el momento de estudiar, los chicos están ya agotados. Los deberes, en cambio, suelen ser mecánicos y es más fácil de realizar a pesar del cansancio.

4) Si su hijo no apunta los deberes, pida que algún compañero aventajado revise la agenda de su hijo al final del día y la firme para que usted sepa que tiene toda la información necesaria para hacer bien los deberes. Algunos colegios lo hacen de motu propio, otros en cambio consideran que es «quitar responsabilidad al niño, así no aprenderá», y lo único que consiguen es que el niño fracase «responsablemente». Si este es su caso, insista. Se ahorrará muchas llamadas de teléfono a ese mismo compañero para preguntarle qué deberes tiene.

En definitiva. Espero que llegará el día en que los deberes sean cosa del pasado, «de nuestros tiempos» – que ya empezamos a estar un poco pasados -, pero mientras tanto hagamos de la debilidad virtud e intentemos que se conviertan en una herramienta que realmente ayude a nuestros hijos a aprender y no solo a cubrir el expediente.

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