Cuestión de sentimientos

La noticia del día (8 de noviembre de 2018) es que Emile Ratelband, un holandés cuyo parto ocurrió hace 69 años, ha emprendido acciones legales para que se le reconozca como persona veinte años más joven. Así se siente y por tanto se considera discriminado cuando en plataformas digitales de relaciones personales no accede a las mujeres que le gustaría y cuando en las ofertas de trabajo le descartan por “su edad”.
Me uno moralmente a Emile. Más aún, tengo sólidos argumentos a mi favor. Ya el psicólogo de mi colegio explicó a mi madre que yo era “muy inmaduro”. Como si ella no lo supiera. Probablemente se debe a las circunstancias de mi parto, que no vienen al caso relatar. Esa inmadurez siempre me ha acompañado. Así que aunque mi cuerpo está a punto de cumplir 50 años mi organización neurológica y mi madurez afectivo-emocional está aproximadamente entre los 38 y los 41 años.
Sin duda, yo me siento mucho más joven de lo que mi documento nacional de identidad dice que soy.
Y no tengo el más mínimo interés en ligar – ni por redes sociales ni en vivo y en directo – (los que conocen a mi mujer saben que no hay ninguna otra que pueda acercarse a sus virtudes ni a mi corazón), ni tengo ganas de encontrar trabajo, por lo que a este tema respecta preferiría tener 16 años más y estar disfrutando ya de la jubilación.
No tengo un interés particular en tener menos edad, sencillamente me siento un hombre de aproximadamente 40 años, uno arriba o uno abajo. ¡Me siento así!
Y la cosa va de sentimientos, ¿o no?
Rachel Dolezal (hoy llamada Nkechi Amare Diall) es hija de madre y padre caucásicos y hasta donde se sabe en su familia no ha habido ningún afroamericano, pero ella siempre se ha sentido una persona de piel negra. Llegó a ser presidenta de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP – por sus siglas en inglés), hasta que alguien se enteró del color de piel de sus ancestros y le hicieron dimitir. Esa es solo una de las múltiples discriminaciones que ha sufrido por culpa de que no se le hayan respetado sus sentimientos.
Leanne una australiana que – si no tiene problemas con su fecha de nacimiento – ha cumplido ya 40 años, afirma que siente que es una yegua (llamada Shyanne) atrapada en el cuerpo de una mujer (pueden encontrar videos suyos en Youtube). Y no es la única persona en situación similar. Al parecer hay más animales humanos que sienten que no pertenecen a nuestra especie.
Y un número de personas nacidas en el Bajo Ampurdán o en Segarra o en el Alto Penedés y otras comarcas cercanas afirman NO sentirse españoles a pesar de haber nacido en un lugar que desde los romanos ha sido parte de Hispania, Al Andalus o España, o como se le haya querido llamar.
Y “naturalmente” hoy no es cuestionable si una persona con un pene de significativo tamaño y unos testículos como los del caballo de Espartero se siente mujer.
Al parecer hoy lo único que importa son los sentimientos. El cuerpo (con pene o con vagina, con forma humana o equina, nacido en aquí o allá) es indiferente, lo que importa es lo que “yo me siento”.
Y ahí quería yo llegar. Porque a pesar de haber nacido en 1968 me considero un hombre de aproximadamente 40 años, pero lo que es más importante es que a pesar de haber nacido en Madrid, siempre me he sentido Caimanés. Concretamente Boddenense – oriundo de Bodden Town. Es por esto que no entiendo porqué tengo que pagar impuestos, los ciudadanos de las Islas Caiman estamos exentos de hacerlo, pero no le entra en la cabeza a los inspectores del del ministerio de hacienda de España que año tras año me persiguen y me discriminan tratándome como si fuera un súbdito español cualquiera.
Y no solo me siento 10 años más joven y ciudadano Caimanés, también me siento asqueado. ¡Asqueado hasta la médula! de esta sociedad falaz y manipuladora, que intenta imponer el pensamiento único – enmascarado tras la ideología de la posverdad.
El ser humano se define a sí mismo como animal racional – dotado de capacidad para el razonamiento – pero hoy se nos dice que el razonamiento es irrelevante, lo único que importa es el sentimiento. Pretenden convencernos de que realidad hay que ignorarla y son los sentimientos lo que define quién eres.
Y si hay alguien que esté dispuesto a poner en cuestión esta aberración ideológica debe ser considerado un retrógrada con ínfulas totalitarias y se le debe prohibir la libertad de expresión – que solo existe para los que están dispuestos a expresar opiniones acordes con el pensamiento único.
Una vez más el diccionario de la Real Academia de la Lengua viene en mi auxilio:
“Posverdad: Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.
Pues eso: si alguien se siente eternamente joven, de sexo líquido, caimanés, y equino, ¿quién son los demás para cuestionarlo? Nadie, no somos nada ni nadie.
Pero aunque te sientas eternamente joven el tiempo sigue avanzando; aunque te sientas únicamente catalán, vasco o madrileño, la historia, la legalidad y tu pasaporte es el que es; aunque te sientas hombre, mujer, caballo, perro, blanco o negro, tu genética no se altera por tus sentimientos.
Nadie te puede decir cómo te debes sentir. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero la realidad es tozuda, el ser humano es racional, aunque tantas veces demuestre que es irrazonable y la posverdad es una distorsión con el fin de manipular.

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21 de marzo. Día del síndrome de Down.

El 21 de marzo celebramos el día internacional de las personas con síndrome de Down, un día dedicado a celebrar – repito a CELEBRAR – su vida, su existencia, su ser.

Es un día característicamente agridulce. Los que tenemos el privilegio de vivir junto a personas con trisomía 21 sabemos que nuestras vidas han sido enriquecidas con su presencia. Nos han aportado una riqueza que es difícil que otras personas hubieran podido dar. Esto nos llena de alegría, aunque sabemos que lo importante NO es todo lo que nos aportan, sino que lo importante es, sencillamente, su ser.

A la vez es un día amargo ya que no podemos olvidar los cientos – repito CIENTOS – de niños con trisomía 21 que no llegan a nacer por culpa de un sistema nacional de “salud” diseñado, dirigido y obsesionado con eliminar completamente su existencia.

¿De cuántos muertos estamos hablando?

En el año 2015, el último del que tenemos registros de nacimientos de personas con trisomía 21, nacieron en España un total de 427.017 niños. De acuerdo a los datos de incidencia de síndrome de Down en España en años previos a la aprobación del aborto (15 por cada 10.000 nacimientos), en 2015 habrían nacido 640 niños con síndrome de Down. Lo cierto es que nacieron 269, un 58 % menos de lo que era esperable.

371 niños abortados en el vientre materno en el año 2015 por tener trisomía 21.

371 madres que no olvidarán y que sufrirán los remordimientos que otros debían asumir en solitario.

Es difícil CELEBRAR cuando se tiene en mente que son más los asesinados que los nacidos.

Podría escribir sobre lo maravillosa que es la vida. Con y sin síndrome de Down.

Podría hablar de Blanca, de Rocío, de Bruno, de Jimena, de Juan Pablo, de los cientos de personas con síndrome de Down que he tenido el privilegio de conocer a lo largo de mi vida.

Podría ignorar los abortos.

Pero si los ignoro sería cómplice.

Cuando pienso en lo difícil que es para unos padres en España (y en tantas partes del mundo) lograr que su hijo con discapacidad llegue a nacer – con TODO el sistema de “salud” en su contra, al que hay que sumar la presión de familiares, compañeros de trabajo, medios de comunicación, etc. no puedo evitar recordar un poema:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,                                                                  guardé silencio,                                                                                                                                      ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Martín Niemöller, pastor luterano.

El aborto de personas con discapacidad en España y en el resto del mundo es el nuevo HOLOCAUSTO.

Mi hijo me pregunta muchas veces cómo es posible que los alemanes de bien permitieran la atrocidad del nacional socialismo. La respuesta es actual: de la misma manera que los españoles de bien estamos permitiendo la atrocidad del aborto.

El 21 de marzo tenemos mucho que celebrar, pero desgraciadamente también mucho de lo que avergonzarnos.

Celebremos sin olvidar. Disfrutemos de la alegría que significa vivir. La maravilla que es compartir este planeta con personas de toda raza, religión, edad, ideología y condición genética. De cualquiera. Luchemos porque no se excluya a nadie. A NADIE.

Las personas con trisomía 21 nos recuerdan que si nosotros tenemos derecho a vivir, ¿quién puede ser tan arrogante como para negárselo a ellos?

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Soy un héroe. O no.

Llevo años pensando que soy un héroe. A veces incluso un súper héroe.

Llego a casa, los niños cada uno en su cuarto, se supone que estudiando pero vete tú a saber.

Voy a ponerme un vaso de algo … saco el friegaplatos y me cuelgo una medalla.

Mi esposa todavía no llega.

Voy al tendedero. La ropa tendida ya está seca, hay una lavadora puesta que ya ha terminado y el cesto sigue lleno.

Destiendo la ropa tendida, incluso enrollo los calcetines (mira que lo odio), saco la ropa limpia de la lavadora (pierdo el tiempo en buscar siempre las pinzas del mismo color para cada prenda, sé que es una tontería, pero alguna manía hay que tener) y meto toda la ropa blanca dentro de la lavadora para ponerla al día siguiente (si la pongo ahora se nos va a olvidar sacarla antes de acostarnos y la ropa húmeda, toda la noche ahí dentro, huele fatal).

Termino y doy una vuelta al ruedo. Dos orejas. El público se viene arriba.

A veces incluso llevo a algún niño al médico, ¡y en horas de trabajo! Superman será más guapo, pero no es más héroe que yo.

Mientras yo hago todo eso ella ha ido a la tintorería, ha pasado por la papelería a comprar lo último que han pedido del colegio de la pequeña, ha pasado por la carnicería, y no sé qué más. Todo después de sus siete horas y media de trabajo remunerado (1/3 de lo que le corresponde de acuerdo a la responsabilidad que asume. Cobra exactamente 1/3 de lo que le corresponde. Es maestra) Antes de ir al trabajo (remunerado) había dejado toda la casa recogida.

Ella no se considera ninguna heroína. Al contrario. Piensa que nunca llega a todo y le agobia.

Ella hace lo que toca. Y yo pienso, “no aprecia todo lo que hago”.

Por fin llega. ¿Qué cenamos? A mí solo se me ocurre preguntarlo. La respuesta o salta a la vista al abrir la nevera o yo no soy adivino.

Los fines de semana no perdono la siesta. Mientras ella “recoge” la cocina. Eso significa que le da un “fregao” de arriba abajo. Logra limpiar azulejos que en mi vida se me hubiera ocurrido que existían. Eso sí, desde antes de comer ya me está diciendo “tienes ojitos de siesta”. Y yo me dejo querer. Soy un super héroe.

Hace años, bueno meses, que aprendí a no darle cuenta de cada tarea doméstica que hago. Su mirada lejos de reflejar la admiración que yo esperaba, alternaba entre la incredulidad (por contárselo, no porque lo hubiera hecho) y la paciencia al borde del agotamiento.

Si cada vez que hago lo que me corresponde me creo que le estoy haciendo un favor y de cada diez tareas que ella realiza yo me entero de una, ¿soy un héroe o un imbécil?. Pregunta retórica: evidentemente lo segundo.

No soy mala persona. Sencillamente no veo el mundo ni la vida como la ve mi mujer. Podría culpar a mi educación, pero creo que ya tengo añitos como para asumir mi propia conducta sin mirar al cementerio.

No, no basta con hacer lo que me corresponde. ¡Me queda tanto por mejorar / madurar!:

  • Entender que lo que ME corresponde no LE correspondía. No es ningún favor.
  • Entender que ella hace mucho más de lo que me doy cuenta, y por tanto abrir más los ojos, a ver si consigo enterarme de algo.
  • Hacer todo lo que pueda, porque por mucho que haga, nunca voy a alcanzar todo lo que ella ya ha hecho.
  • Reconocer, de manera explícita, todos los días, muchas veces, con cada cosa que haga y que ¡por fin! me de cuenta, que lo ha hecho y agradecérselo y
  • Por último dejarme de tonterías, hacer todo y hacerlo por un único motivo: por amor. A ella, a los niños y a mi mismo. Sé que ese es el motivo por el que ella lo hace todo. No se lo cuestiona. No se trata de ser más o menos responsable, es cuestión de cómo y cuánto amo. Mientras siga haciéndolo por ganar puntos frente a alguien (incluido yo mismo) significará que todavía estoy en un grado de madurez propia de seguir llevando pañales.

¡Qué vergüenza haber pensado alguna vez que soy un héroe!

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Matrimonio y felicidad

¡Qué difícil es el matrimonio!

Decir lo contrario sería naïf o falaz.

¿Conocen algo que merezca la pena y que sea fácil?

Todo lo que merece la pena implica una dificultad. Más aún, cuánto más valioso, mayor dificultad conlleva.

Por eso el matrimonio es tan difícil, porque es de las pocas cosas que realmente merecen la pena.

Cuando los niños son pequeños, menores de seis, ocho años, los padres viven bajo una obligación constante de entrega.

Los hijos pequeños nos obligan a olvidarnos de nosotros mismos para estar constantemente pendientes de ellos. Si lloran a media noche, si hay que cambiarles el pañal, si hay que llevarles al médico (sea la hora que sea del día o de la noche),  ahí estás, ni te planteas no hacerlo. Y por supuesto ni padel, ni pilates, ni cenita romántica los dos solos, ni cine, ni fútbol (salvo a veces en la TV).

Es una obligación. Ni nos lo cuestionamos.

¿Y mi felicidad? ¿Y mi tiempo? ¿Y mi vida?, esas cosas no nos las planteamos cuando se trata de ocuparnos de los niños. Tenemos la obligación de estar con ellos, por ellos y para ellos y punto. En ese momento nuestra felicidad es verlos crecer sanos, sin demasiadas rabietas y sin sobresaltos.

Es una fase agotadora que a menudo nos hace plantearnos si estamos haciendo lo correcto, pero nunca se nos ocurriría poner a nuestros hijos en el punto de mira. Ellos, sin duda, no son el error.

Pero cuando se trata de nuestro cónyuge … ¡Esa es la maravilla del matrimonio!

Ya no es obligatorio. Su vida no depende de nuestras atenciones, ahora se las podemos dar por el simple hecho de que ¡ME DA LA GANA!.

¿Y mi felicidad? ¿Y mi tiempo? ¿Y mi vida? Todo eso, es dártelo.

¿Para qué te casaste?. ¿Para ser feliz o para hacer feliz al otro?

Si te casaste para ser feliz, lo lamento, te lo explicaron mal. Pero que muy mal. Se me ocurren mil formas mucho más sencillas de encontrar la felicidad.

Si buscas tu propia felicidad … si tú eres el sujeto, objeto, actor y receptor de tu búsqueda de la felicidad … te vas a quedar más solo que la una.

Si te casaste para hacer feliz al otro … ¡enhorabuena! esa es la clave. Ahora tienes un un objetivo que te va a durar toda una vida y la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro: cada vez que consigas tu objetivo lo más probable es que tú también estés disfrutando de un momento de felicidad.

Creo que fue José Antonio Marina quien aseguró que “la felicidad se encuentra haciendo otras cosas”.

NO creo en la felicidad salvo como estado emocional transitorio: creo en los momentos felices, poco más; pero tengo claro que los momentos felices se encuentran cuando otros logran satisfacciones:

  • cuando nuestros hijos tienen éxito (no hay nada equiparable a esto).
  • cuando nos reunimos los hermanos y compartimos la conversación, los intereses (la vida) como cuando éramos niños.
  • cuando nuestro cónyuge nos dice “qué feliz soy a tu lado” (no hay nada equiparable a esto).
  • cuando nuestro equipo de fútbol gana.

Siempre he defendido que la causa más frecuente de divorcio – aunque no la única – es el egoísmo. Cuando uno de los dos (o los dos) centran la búsqueda de SU propia felicidad en SÍ mismos, en lugar de en el otro, las probabilidades de fracaso son máximas.

Si nos entregamos a nuestro cónyuge con las mismas ganas, con la misma GRATUIDAD con que nos entregamos a nuestros hijos, pero ahora sí, con toda la libertad del mundo al NO hacerlo por obligación, es muchísimo más fácil encontrar la felicidad.

Una entrega así no es fácil. Exige NO ponerme como prioridad. Exige buscar SU bienestar antes que el mío, SU felicidad (sus momentos felices) antes que mis deseos, sus gustos antes que mis necesidades (acaso no hacemos eso con los hijos), su PERSONA antes que la mía.

Una entrega así pone de manifiesto que el amor es UN ACTO VOLUNTARIO, teñido por un sentimiento que a veces alcanza el grado de emoción. Si seguimos pensando que el amor es SOLO un sentimiento, vamos a estar al albur de una realidad sobre la que no tenemos el más mínimo control.

No puedo evitar sentir alegría al ver a mis hijos tener éxito, no puedo evitar sentir miedo al ver un animal salvaje que se me acerca (más aún si es humano), no puedo evitar sentir asco cuando veo un vómito en la calle.

Los sentimientos son espontáneos, inevitables y sin duda incontrolables. ¿Voy a apostar mi vida entera a algo basado únicamente en puros sentimientos? Ni loco.

Gracias a Dios que el amor – y por tanto el matrimonio – no se basa en algo tan voluble como los sentimientos. Gracias a Dios que el amor, si es amor, es un ejercicio de libertad.

El matrimonio no es nada fácil, pero no conozco nada en la vida que sea más gratificante.  Nada que merezca más la pena.

¿Exige muchos sacrificios? Sin duda, pero NO tienen punto de comparación con sus recompensas.

Además, si el amor no fuera sacrificado ¿cómo podría crecer?, ¿cómo podría madurar?.

El matrimonio no aporta la felicidad, pero para muchos de nosotros es sin duda el camino más seguro para alcanzarla.

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Lecciones del independentismo

Se supone que en España llevamos casi 40 años de democracia. Se fija la fecha en la aprobación de la constitución en diciembre de 1978. Desde entonces, ya plasmado en la ley magna, aparecen reflejadas concesiones políticas a la ideología independentista y a sus seguidores.

El independentismo antiespañol ha obtenido beneficios de los españoles desde entonces.

A lo largo de estos cuarenta años de democracia (el independentismo y el terrorismo asociado es anterior) ha habido dos ideas que han facilitado la extensión de la ideología secesionista.

La primera idea, que se repetía hasta el hastío durante los años sangrientos de E.T.A. y de Terra Lliure (E.T.A. y Terra Lliure siguen existiendo, pero ahora vivimos sus años políticos a través de Bildu y de Ezquerra Republicana) era que “cualquier idea es defendible, siempre y cuando se haga por vías pacíficas y democráticas”.

Como entonces era joven semejante idea me parecía un absoluto escándalo. Ahora que soy mayor se me hace evidente que es una mentira infumable.

Hay ideas que NO son admisibles ni siquiera por vía pacífica.

Así por ejemplo defender la supremacía blanca, o la supremacía vasca, o catalana no es admisible, de ninguna forma.

Defender la pena de muerte para personas con delitos de sangre no es admisible, de ninguna forma.

¿Acaso sería (moralmente) lícito un referéndum para decidir si se aplica la pena de muerte a los condenados por asesinato?

¡Fíjense qué arrogancia!. Implicaría admitir que porque una mayoría de votantes introducen una papeleta con un SI, sería legítimo matar a una persona.

Sencillamente es inadmisible. Asombrosamente eso va a ocurrir el año que viene en Irlanda. Van a hacer un referéndum sobre el aborto. ¡Asombroso!. Como si legitimidad de dar muerte de un ser humano pudiera sustentarse en la opinión de una o de millones de personas. Increíble. Carece de cualquier tipo de lógica formal.

Si hay quien cree que un referéndum puede ser una herramienta válida para legitimar la muerte de un no nacido, ¿cómo no van a considerar que puede valer para segregar una parte del territorio de una nación?

¿Quién publicitó la idea de que cualquier idea es defendible siempre y cuando se haga por vías pacíficas? No fueron los independentistas, fueron los constitucionalistas en un intento desesperado de frenar los asesinatos de E.T.A. y de Terra Lliure. Los secesionistas lo asumieron y ahora están intentando aplicar la mentira tantas veces repetida. De esos polvos vienen estos lodos.

La segunda idea que ha facilitado el crecimiento descontrolado de la ideología segregacionista y que aún pervive es que los que no vivimos ni en la comunidad autónoma vasca ni en Navarra ni en Cataluña no podemos hablar del proceso separatista, ya que (supuestamente) no sabemos de lo que hablamos, mientras que los que allí viven no pueden hablar – no ya por miedo, que sería legítimo – sino por riesgo real a perder su casa, su trabajo, cuando no sus amigos o incluso familiares.

Así que ni los que viven allí, ni los que vivimos en el resto de España podemos hablar.

¿Entonces quién habla?. Es evidente, solo pueden hablar los secesionistas.

Y eso es lo que han hecho durante estos cuarenta años. Mientras los demás guardábamos silencio, unos por respeto, porque nos habíamos creído que de verdad “no tenemos derecho a hablar si no vivimos allí”, y otros en defensa propia, los independentistas han puesto los altavoces de las televisiones públicas y de la educación y han llenado la sociedad – acojonada – de sus mentiras.

¿Cómo no iba a crecer el independentismo si todos los demás permanecíamos en silencio?

Permítanme, por tanto, negar la mayor a las dos ideas tan frecuente como erróneamente inculcadas:

1º – No, no cualquier idea es legítima por ser defendida desde una posición de ausencia de violencia.

Por cierto, aunque E.T.A. y Terra Lliure lleven años sin asesinar, las ideas independentistas siguen siendo defendidas, tanto por el P.N.V, como por Bildu, Geroa Bai, Izquierda Republicana de Cataluña, Cataluña si se puede, candidatura de unidad popular (C.U.P) y Podemos con métodos violentos y amenazantes.

Si los partidos políticos secesionistas – todos los anteriormente mencionados – no utilizaran violencia (aunque no sea física, que también) y amenazas ¿Qué sentido tendría que a día de hoy siguiera habiendo miedo en la población vasca, navarra y catalana?

Hoy cientos de miles de vascos, navarros y catalanes siguen teniendo miedo a dar públicamente su opinión. Y más les vale seguir teniendo miedo. Eso les salva. Los independentistas siguen siendo violentos. Y mucho. Ya no asesinan, no les hace falta, pero siguen ejerciendo una gran violencia.

2º – Los que no vivimos en las comunidades que están dominadas por el separatismo, no solo tenemos derecho sino que tenemos obligación de hablar en defensa de los que están oprimidos y del conjunto de España. Por favor, no volváis a intentar callarnos.

Para terminar dos ideas que me parecen fundamentales para poder defender la democracia, no vaya alguien a tacharme de políticamente correcto:

1º Los votos no legitiman ni a las ideas ni a las personas. No olvidemos que en 1933 Adolf Hitler logró 12.777.180 votos (un 47,2% de los votos válidos).

2º En ocasiones la defensa de una nación – su territorio, su legislación y sobre todo su población – requiere el uso de la fuerza. En esos casos no ejercer la fuerza solo se puede entender como cobardía o colaboracionismo.

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. Matin Luther King.

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Líbranos de todo mal.

No es nada original. Todos en algún momento, quizás en muchos, nos hemos cuestionado cómo puede Dios permitir tanto mal.

Un niño con cáncer, el terremoto que mata de un plumazo decenas de personas, el accidente que siega de raíz la vida de un chaval.

Pero ¡¿cómo puede permitirlo?!

¡¿Dios estás sordo?!

¿No oyes lo que te pedimos? Cada día, cada minuto, cada instante hay alguien en el mundo diciendo las palabras que Cristo mismo nos enseñó:

“y líbranos nos de todo mal”.

¿Cómo podemos pensar que Dios es Amor y permitir tanto mal? ¿Porqué no escucha nuestras oraciones?

“Líbranos de todo mal”.

Es la última de las peticiones del Padrenuestro. La última de las ocho.

Pero ¿qué pasa con las otras siete? ¿quién tiene que cumplirlas? ¿Él o nosotros?

“Santificado sea tu nombre”.

Esta es la más misteriosa. Deseamos que su nombre sea santo, pero ¿quién puede santificar su nombre?. Según dicen los exégetas, somos nosotros mismos los que debemos santificarlo, ¿cómo?, con nuestra propia vida, haciendo que nuestra vida sea santa los cristianos, por ser llamados así, santificamos Su nombre. ¿Acaso mi vida es santa? De verdad puede alguien decir que yo, ¡YO! ¿santifico su nombre?

“Venga a nosotros tu Reino”.

¿Acaso no ha venido? ¿No ha venido el mismísimo Rey? ¿Y qué? ¿Vivimos en su Reino o en el nuestro?

Hablaré por mí. Cada día de mi vida vivo en mi reino, mi vida como a mí me da la gana. Y no llevo su Reino a los demás. Todo es “me, myself and I”. Y me lleno de orgullo por atender a niños con discapacidad, ¡qué mirada tan mediocre!.

“Hágase tu voluntad”.

¿Cumplo su voluntad? ¡JA!. ¿Por ir a Misa, ya he cumplido su voluntad? ¿Y el resto del día? ¿El resto de la semana? No, la verdad es que no.

Hablaré por mí: hago mi voluntad, o lo que las circunstancias me obligan, pero no su voluntad.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”.

No ha habido un solo día de mi vida en que me falte el pan. Ni uno. Pero han sido pocos, muy pocos en los que he dado las gracias por él. Lo doy por hecho. Supongo que si un día no tuviera que comer no dudaría en echárselo en cara. Pero nunca me he preguntado ¿porqué a mí?, ¿porqué siempre tengo comida en la mesa?, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

“Perdona nuestras ofensas”.

Esta petición sí que sí. No lo dudo ni por un instante. Que me perdona, no lo dudo ni por un instante. ¿Lo entiendo?, ¡NO!, no me cabe en la cabeza. ¿Cómo puede perdonarme 70 veces siete cada día?, sobre todo porque tengo muy claro que yo no cumplo mi parte del trato:

“como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Que lo sepan los que me ofenden: no olvido, yo creo que perdono, pero no estoy seguro de hasta qué punto … si perdonara creo que también debería olvidar. Me cuesta, me cuesta y me cuesta. Acumulo deudas desde hace años. Y lo intento y me gustaría olvidarlo, pero ¡qué va! no olvido las deudas recibidas. Y por tanto no estoy seguro de si perdono a mis deudores.

“no nos dejes caer en la tentación”.

¡JA!. Estoy seguro que Él no me deja caer, pero ¿cuántas veces a mí me da igual que me deje o no? Ya he dicho antes que yo hago mi voluntad, no la Suya. ¿Qué se creen? ¿qué cada vez que hago lo que no debo lo hago inconscientemente? Soy tonto pero no tanto.

El Señor hace todo lo posible por no que yo no caiga en la tentación, pero si YO lo deseo, yo caigo.

“y líbranos del mal”.

¿Y ahora? ¿Con qué cara le echo yo en cara a Dios que no cumple con lo que le pido?

De las ocho peticiones, yo no cumplo con ni una, ¡ni una! de las que me corresponden.

He oído a muchas personas echarle en cara a Dios que no cumpla con lo que ellos le piden. Curiosamente son personas que creen que Dios no puede pedirles nada a ellos. ¡NADA!.

“¿Quién se cree Dios para pedir algo al hombre?”. ¡Que cumpla con lo que yo le pido, o de lo contrario es que no existe!

Y lo cierto es que ni siquiera estoy seguro de que no cumpla. Puede que el mal no sea el cáncer, ni el terremoto, ni la muerte. Puede que el único mal sea su ausencia y si lo hiciera, si se alejara, sería más bien porque yo le he echado (a patadas – a pecados).

Quizás ya nos ha librado del mal. Quizás todo el Padrenuestro vaya sobre eso: nos libra del todo mal y tras la muerte, por prematura, cruel o incomprensible que sea, nos acoge en su seno para que santifiquemos permanentemente su nombre, estemos en su Reino, hagamos (por fin) su voluntad, tomemos su pan (que será Él mismo), porque ya nos ha perdonado (y habremos logrado perdonar) y no tendremos más tentación.

Amén.

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Vendo bebé recién nacido (precio a convenir).

Se vende recién nacido (aún en fase de gestación). La gestante tiene 21 años. A fecha de hoy se encuentra en el quinto mes de gestación. El método de inseminación fue fecundación in vitro (F.I.V.) con gametos (óvulo y espermatozoide) obtenidos por donación anónima. Tan solo sabemos que se trata de donantes caucásicos, menores de 26 años, con buena salud y sin historial de enfermedades genéticas ni congénitas en sus familias de primer grado.

El embarazo está transcurriendo con normalidad y está bajo seguimiento médico por parte de uno de los más prestigiosos ginecólogos del país. El parto se producirá en el hospital que decidan los contratantes.

El precio se acordará.

Si están interesados en llegar a un acuerdo, lamento informarles de que, lógicamente, lo expresado hasta aquí es pura ficción.

La compraventa de seres humanos está, lamentablemente por poco tiempo, prohibida en España. Ya es legal (aunque ni legítima ni ética) en en Estados Unidos, Canadá, Rusia, Grecia y Portugal entre otros países.

Se conoce como “gestación subrogada”. La única diferencia entre la situación planteada más arriba y el eufemismo que utilizan los que defienden esta forma de compraventa de seres humanos es que en el primer caso el supuesto embarazo ya estaría en marcha mientras que para el segundo supuesto el contrato se debe establecer antes del comienzo de la gestación. Esa es la única diferencia.

A pesar de haber considerado esta situación concienzudamente no consigo encontrar una diferencia cualitativamente significativa en que el contrato se haga antes o después de que comience la gestación.

No entiendo porqué se puede considerar éticamente aceptable un contrato de compraventa de seres humanos si se firma antes del comienzo de la gestación, pero no así si se firma después. Ni siquiera consigo entender cuál sería la diferencia en el caso de que ya se hubiera producido el parto.

En cualquier caso implica la entrega de un niño a unas personas que NO son sus padres a cambio de un montante económico.

Tampoco entiendo la diferencia que podría suponer que se realice esa compraventa de seres humanos en el caso de que los compradores no pudieran tener hijos propios por cuestiones de salud. Aceptar este caso implicaría admitir que el fin – tener hijos – justifica los medios – compraventa de seres humanos.

Esta idea parte de una peligrosísima visión que se está introduciendo en nuestra sociedad según la cual los hijos son un derecho. “Cualquiera tiene derecho a tener hijos”, y como es un derecho, cualquier método para obtenerlo sería lícito.

Tener hijos NO es un derecho. Los hijos tienen derecho a la VIDA – derecho que en el año 2015 en España fue negado a 94.188 niños (258 abortos al día) -, pero ningún ser humano tiene el derecho a tener hijos. Ninguna convención, carta, o listado de derechos humanos así lo establece, por cuestiones evidentes, simples y lógicas.

Y hablo siempre en plural, compraventa de sereS humanoS, porque es evidente NO SOLO se compra un niño, sino también se compra una madre. No es un alquiler, el alquiler es temporal. La mal llamada gestación subrogada o vientre de alquiler implica una compra de la madre (la gestante) para siempre.

Una mujer que ha gestado un niño y le ha dado a luz no volverá a ser la misma nunca más. Su biografía – su persona – ha cambiado para siempre.

Gestar y parir a un niño no puede compararse con bajar a comprar aceite o con hacer un master.

Aunque esa mujer entregue con pleno uso de sus facultades, “libre y voluntariamente (voluntad económica)” al niño, nunca dejará de saber que ES madre de alguien a quien entregó a cambio de dinero.

La mente humana es maravillosa y los mecanismos de defensa que utilizamos son eficacísimos en mantener acallados aquellos datos, sentimientos, emociones y vivencias que pueden alterarnos emocionalmente, pero la verdad no podrá borrarse de su ser.

Dentro de poco la compraventa de seres humanos, mal llamada “gestación subrogada” será una realidad en España y en gran parte de lo que llamamos el primer mundo.

Una muestra más de la grave degradación moral que se está produciendo en nuestra sociedad. Todo vale, todo tiene un precio. Incluso las personas. Y lo toleramos impasibles, como si tal cosa.

No son pocos los poderes políticos, especialmente partidos de nuevo cuño (aunque cuenten con siglas de hace más de cien años), que pretenden equiparar la legalidad a lo éticamente aceptable. Y lo estamos tragando sin rechistar.

Era de esperar. A partir de una sociedad que ha admitido con asombrosa facilidad la muerte provocada de niños en el vientre de sus madres todo, absolutamente todo, puede ser admitido.

También veremos en breve la aceptación del asesinato de ancianos y personas con discapacidad física y/o intelectual bajo el epígrafe de “eutanasia”.

Hay quien cree que el ecologismo, la defensa de los animales y otras batallas que ahora están de moda son una muestra del avance moral de nuestra sociedad. Yo creo que son mecanismos de defensa para ocultar que en nuestra sociedad hemos admitido la degradación absoluta de la persona hasta aceptar la muerte de niños en el vientre materno, la compraventa de seres humanos llamándola gestación subrogada y el asesinato de ancianos y personas con discapacidad bajo la idea pervertida de “ahorrarles sufrimientos” y seguimos durmiendo a pierna suelta.

Por cierto, no quiero terminar esta breve reflexión sin mencionar, pero nada más que eso, que son tantas, tan grandes y tan evidentes las diferencias entre la compraventa de seres humanos a través de la gestación subrogada y la adopción que su comparación – no digamos ya su equiparación – solo puede ser hecha desde el maniqueísmo más manipulador o desde una grave simpleza intelectual y por tanto en ningún caso merece ser considerada.

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