Curso de especialización en neuroeducación y tecnoadicciones.

Queridos amigos,
Estoy encantado de presentaros la nueva edición del Curso de Neuroeducación y Tecnoadicciones.
La primera edición del curso la hemos impartido este año exclusivamente para funcionarios y personal de la Comunidad Autónoma de Madrid – concejales del área de familia, policías municipales, responsables de áreas de educación, etc. – y ha sido tal el éxito y el aprovechamiento que los propios asistentes nos han animado a abrir este curso a todo aquella persona que pueda estar interesada en el buen uso de las tecnologías.
La primera mitad del curso, parte presencial, tendrá lugar en Madrid entre los días 12 y el 14 de julio, de viernes a domingo. La segunda parte del curso, parte online, la realizará cada uno desde su domicilio entre los días 12 a 28 del mismo mes.
Podéis ver toda la información en nuestra página webwww.tecnoliving.es
Espero veros en el curso, un abrazo,
Nacho Calderón
Psicólogo Clínico
Director de Tecnoliving Smart School
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La vida es frágil.

Evidentemente me estoy haciendo mayor. Creo que solo eso puede explicar mi creciente consciencia de la fragilidad de la vida:

En este momento estoy sano, dentro de un momento podría dejar de estarlo.

Ahora mismo tengo cuatro hijos, en un instante podría perder uno (o todos).

Mi trabajo me llena plenamente pero un traspiés inesperado podría hacerme perder todo.

Hoy mi familia está plenamente unida y mañana, por un quítame de ahí esas pajas, dejar de hablarnos para siempre.

La vida es frágil.

No me agobia, no me preocupa. Es sencillamente tomar consciencia de la esencia de vivir.

La estadística nos dice que la esperanza de vida en España es de casi 83 años. Es curioso como ante ese dato – que además de las mediciones matemáticas nuestra experiencia nos confirma – nuestra mente ha decidido que eso es lo esperable. Y lo curioso es que si no se cumple, nos consideramos estafados.

Hemos decidido que tenemos “derecho” a vivir más de 80 años. Y a morir sin sufrimiento. Hay quien habla de “muerte digna”, como si hubiera algo indigno en morir, sea como sea.

Todos queremos morirnos mientras dormimos. Y sin haber sufrido antes. Si la muerte nos acontece despiertos y repentinamente … mal, otra estafa. Si la muerte espera a que pasemos meses o años postrados, con dolor, con necesidad de ayuda hasta para comer … más valía que hubiera llegado antes.

Y yo me pregunto … ¿quién nos metió en la cabeza esa idea?

¿Dónde está escrito que lo frecuente es lo correcto y lo contrario es una estafa?

La vida es frágil. Muy frágil. Desde el instante de la fecundación todo es un camino lleno de peligros.

Cada día que llego a la cama – yo y los que me rodean – vivitos y coleando, un privilegio. Y si entre los que somos familia mantenemos los lazos de la comunicación y el cariño ¡una maravilla!, y si encima mantengo un trabajo remunerado y que me llena, entonces no puedo aspirar a nada más.

Y el día que no ocurra – el día que llegue a la cama sin trabajo o sin vida – la mía o la de alguno de los que me rodean – pues será antes de lo esperado o no, será como me hubiera gustado o no, pero en ningún caso será una estafa porque nadie me ha prometido ni asegurado nada.

Queremos vivir bajo la ficción de que el sufrimiento es en todo caso evitable. Creemos que el ser humano ha logrado tal grado de desarrollo que puede controlar desde el inicio de la vida – te engendro, te congelo mientras no te desee, ahora te deseo, ahora te implanto en mi útero, y si no eres como quiero te aborto antes de que nazcas y después si tu vida alcanza suficiente sufrimiento te ayudaré a acabar con ella … que la incertidumbre intrínseca a la vida, o el simple hecho de cumplir con sus etapas nos aterra: botox en la cara, implantes en las tetas, vientre plano a golpe de gimnasio o de cirugía – ombligo nuevo y hasta labios vaginales de 14 años al llegar a la menopausia.

Estamos tan acostumbrados a los edulcorantes artificiales y a la cocina precocinada que esperamos que nuestra vida sea igual:  artificialmente dulce, perfectamente enlatada, con sabores y experiencias completamente predecibles y con fecha de caducidad a elegir.

La vida es frágil, pero mucho más que eso es completamente bella. Quien se empeña en mantenerla bajo su estricto control, cambiando a tan alto precio cualquier circunstancia que no se amolde a sus deseos y eliminando cualquier aspecto que no refleje su modelo de belleza – incluso en la muerte,  es evidente que no ha conseguido aceptarla en toda su esencia. Hay quien vive de tal modo que cabe pensar que la detesta.

No he firmado ningún contrato, por eso lo espero todo de ella. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida, acepto de la vida lo que me venga. La vida es frágil, en eso nos parecemos, creo que por eso me gusta tanto.

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Disney y Netflix son pro-aborto

Qué pensaría si una empresa decidiera retirar sus inversiones en un estado porque la legislación iba a endurecer las condiciones para la pena de muerte. Es decir, si una empresa dijera a bombo y platillo que está a favor de la cultura de la muerte.

Eso es lo que ha ocurrido con Netflix y con Disney, han amenazado con retirar sus inversiones en el estado de Georgia porque los legisladores, en uso de su obligación por el mandato de los ciudadanos del estado, han promovido una ley que restrinja la edad gestacional legal para provocar abortos – muertes de bebés en el vientre de sus madres.

Si Netflix y Disney consideran que no deben permanecer ajenas a la legislación, igualmente yo no debo permanecer indiferente a sus actuaciones.

Es cierto que las inversiones de esas empresas en el estado de Georgia son multimillonarias, y por tanto su retirada tiene consecuencias sociales significativas en una parte importante de sus ciudadanos, mientras que el hecho de que yo no vuelva a ver ni una solo película – ni en versión pirata – de ninguna de esas dos empresas tiene el mismo efecto que la caída de un pelo sobre el movimiento de traslación de la tierra, pero si tiene mucha importancia sobre quién soy, qué significa mi paso por el mundo y qué sentido tienen mis acciones.

Soy un ser humano, y eso me confiere cierta responsabilidad en la vida de cualquier otro de mis congéneres. Participar activamente o contribuir, mirando a otro lado, a interferir con la vida de una persona, más aún si es un niño, y más significativamente si aún no ha nacido no puede ser inocuo a mi persona.

Mis actos son significativos, al menos para aquellos que son mi familia, y no, NO es lo mismo vivir contribuyendo a financiar empresas que AMENAZAN con retirar inversiones si se reduce la edad gestacional hasta la cual está permitido el aborto, que vivir denunciando estas amenazas.

¿Sirve de algo escribir esto? No me puede importar menos. No es cuestión de eficacia. Es cuestión de respetar la vida humana desde el instante de su inicio, en la fecundación hasta su final natural. Es cuestión de coherencia. Es cuestión de saber que soy insignificante para Netflix y Disney, pero soy lo más importante para mi familia y no puedo vivir como si la muerte de un solo niño en el vientre materno me fuera ajena.

Lamento recordar que el aborto en España causa al menos 258 muertes diarias. A día de hoy, 3 de junio de 2019, las víctimas del aborto en nuestro país este año ascienden a más de 39.732 niños y más de 39.732 madres.

El aborto es la primera causa de defunción en España, la segunda causa, las enfermedades hipóxico isquémicas provocan 89 muertes diarias en España, un total de 32.325 muertes en todo el año 2017, el último del que tenemos registro. Menos de un tercio que el aborto.

¿Podemos seguir mirando hacia otro lado y pensar que no va con nosotros?.

Yo no.

No me hace falta que esas dos grandes empresas cumplan su amenaza. Me basta lo que ya han hecho. Adiós Netflix adiós Disney de mi vida.

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Cómo mejorar la autoestima de nuestros hijos.

La autoestima es uno de los grandes temas de la actualidad en las consultas de psicólogos, en las tutorías en los colegios y en las estanterías de los libros de autoayuda.

Pero permítanme “ambicionad los carismas mejores” (1 Cor. 12, 31), la autoestima, desde mi punto de vista, son las migajas que echamos a los perros.

Propongo fomentar algo mucho más importante en nuestros hijos: el amor propio.

Conozco bastantes personas con mucha autoestima y poco amor propio y, la verdad, da pena estar a su lado. Rezuman autocomplacencia, pero en cuanto rascas un poquito te encuentras con un vacío terrible.

El gran teórico del siglo XX de qué es el amor fue Erich Fromm. Veamos qué componentes consideraba él que forman el amor y cómo desarrollarlos.

  1. El conocimiento.

Solo se ama lo que se conoce. Amar lo desconocido es lo que en inglés se describe habitualmente como infatuation – atracción que a pesar de su intensidad es vacía, falta de profundidad, busca más la satisfacción propia que la del amado.

Lo primero es conocerse. Para ello es necesario que pasen mucho tiempo solos. Mucho.

Que se aburran. Mucho.

Apagar las pantallas. Salir a pasear, a pescar, a cazar, a montar en bicicleta largas distancias, a correr.

Mucho tiempo con amigos. Mucho. Sin pantallas. Mucha conversación. Mucha.

Mucho tiempo con los abuelos y con los tíos. Mucho. Conocer nuestro pasado es necesario para comprender quién somos hoy.

La conversación con los padres también debe ayudar al autoconocimiento. Pregunte a sus hijos qué le gusta de sus amigos, si hay características de ellos que les gustaría tener o si más bien se complementan. Pregúntele si de mayor se ve cómo usted, y cuando le responda ¡NO!, pregúntele cómo va a hacerlo para llegar a ser mejor. Cuéntele lo que usted pensaba de sus padres y si ahora cree que lo supo hacer mejor que ellos … Cuestione. Converse.

Hoy en día entre el colegio, los traslados de casa al cole y vuelta, los deberes (tareas), las actividades extraescolares y las pantallas los niños y los jóvenes pasan muy poco tiempo en con la posibilidad de mantener el soliloquio necesario para el autoconocimiento.

Autoconocimiento. Mucho cuidado con esta palabra. Cuando una persona que ha sido abducida por la dictadura de la ideología de genero lee “autoconocimiento” cree que es un subterfugio verbal que significa masturbación. Pobres. Nos referimos a ser capaces de profundizar en nuestra intimidad.

2. Cuidado.

Amar debe conllevar al cuidado de la persona amada. Hacerse la cama, recoger su cuarto, ducharse a diario, prepararse algo de comer, etc. son formas básicas de autocuidado. Cuando alguien física y cognitivamente capaz de hacerlo no hace nada por sí mismo se convierte en un inútil. Inútil para sí mismo, para su familia y para la sociedad. Podrá dirigir una empresa, podrá ganar premios de estudio o de deporte, podrá tener miles de seguidores en las redes sociales, pero solo es útil a su autosatisfacción personal (superficial) y le costará saber amar a los demás.

¿Y si no sabes amar, qué eres? Prescindible.

Hoy en día la sobreprotección que tantísimos padres ejercen sobre sus hijos les está haciendo seres bastante inútiles que creen que necesitan a un adulto para que les haga lo más básico, y lo peor es que si no tienen lo que quieren en el momento en que lo quieren lo exigen.

Sus padres, con razón, suelen estar bastante preocupados por su autoestima.

3. Respeto.

¡Fundamental! Debemos conseguir que nuestros hijos tengan un alto respeto por sí mismos. Hoy en día es difícil. Cuando más etérea es la ética más esclavos se hacen de la estética.

Hoy en día el qué dirán no se limita a mis padres, a mis amigos, y a mis profesores, sino a los cientos de personas que me siguen o que me dan likes. Más aún, no se trata de qué dirán sino de que lo digan. Con tal de que me muestren su aprobación seré capaz de subir a las redes las mayores estupideces y, aún sin ser estupideces, las mayores mentiras, historias inventadas, exageradas, preparadas con tal de impactar en el máximo público posible.

¿Qué tipo de respeto pueden tener por sí mismos si están dispuestos a mentir para obtener más seguidores, o si su referente diario son personajes que suben las mayores vaciedades posibles?

Es muy importante que lean, que lean mucho y que se formen un espíritu MUY CRITICO. Hoy en día vivimos bajo la dictadura del pensamiento único y cualquiera que piense y, peor aún, se exprese contra la dictadura de la ideología de género será perseguido – literalmente – y condenado públicamente. Como toda dictadura es una ideología que atenta contra la PERSONA en su integridad ya que excluye completamente el concepto de verdad, por lo que a quien cae en sus redes le resulta muy difícil poder respetarse.

El cuerpo humano se considera ajeno a la persona, se considera una posesión, por eso muchas personas lo tratan como un auténtico objeto, lo tunean como si fuera un coche buscando en muchos casos la aprobación o la admiración de los demás, eso que es tan importante para la autoestima y tan negativo para el amor propio.

4. Responsabilidad.

Ser capaces de dar una respuesta a las necesidades profundas de quien se ama. Si alguien no ejerce las responsabilidades para las que está capacitado le costará tener un profundo amor propio.

El desarrollo de la responsabilidad requiere imprescindiblemente el ejercicio de la voluntad. Hacer las cosas porque quiero. Cuanto más fuerte sea la capacidad de hacer lo necesario y lo beneficioso voluntariamente, más fuerte será el amor propio.

Exíjale altos niveles de responsabilidad. Sí, exíjale. El amor sino es exigente es sobreprotector. En mi experiencia cuanto menos exigentes son los padres, más preocupados están por la autoestima de sus hijos. Más aún, mucho me temo que cuanto más preocupados están por la autoestima de sus hijos menos les exigen, entrando en un círculo vicioso del que no saben salir.

El autoconocimiento, el autocuidado, respeto propio y responsabilidad por nosotros mismos acaban con la idea de que “no importa cómo seas, lo importante es que te quieras”. No te conformes con tus defectos y limitaciones, acabarás justificándote: “yo soy así y punto”. Si eres así, si conoces tus carencias y tus excesos, esfuérzate por mejorar, lucha por ser mejor.

Recuerda: “Quién cada día no lucha por ser mejor, pronto dejará de ser bueno”.

Y esto nos lleva al último punto. Al punto central para el desarrollo del amor (propio y ajeno). Erich Fromm era un teórico, pero la persona que mejor demostró en el siglo XX qué significa ser capaz de amar nos lo explicó además de con sus obras con sus palabras: “El amor se alimenta de sacrificios” (Santa Teresa de Calcuta).

Si no estás dispuesto a sacrificarte tu capacidad de amar va a estancarse. Por eso hoy en día tantas personas prefieren no casarse y tantos otros se divorcian con tanta facilidad. Rehuir el sacrificio implica negar la posibilidad de que el amor crezca.

Exija – insisto – a sus hijos que se sacrifiquen por su propio bien. Que se levanten temprano el sábado para ir a un entrenamiento, que ensayen todos los días – todos -, cinco minutos – cinco – tocando la dichosa flauta que les dan en el colegio. Que les acompañen a ver a los abuelos o a hacer la compra. Exija que hagan todos los deberes del colegio. Soy de los que piensa que los deberes son en un 98% inútiles pérdidas de tiempo que invaden la intimidad de nuestros hijos, pero al menos sirve para enseñarles a sacrificarse, así que mientras no consigamos abolirlos, exíjales que cumplan con lo que les han mandado.

Exija que se despierten a una hora prudente los fines de semana aunque hayan venido de juerga al amanecer.

Conocer la naturaleza humana implica saber que nunca terminamos de convertirnos en quienes sabemos que debemos ser, siempre nos quedan aristas por pulir, fortalezas que desarrollar y defectos que eliminar – siempre los mismos. Insisto, el amor es exigente, también el amor propio, de lo contrario la autocomplacencia – a menudo revestida de autoestima o incluso de orgullo – se encarga de enmascarar nuestro verdaderos sentimientos.

La lucha por ser mejor se parece demasiado a la búsqueda de la felicidad: nunca termina.

Intente que sus hijos desarrollen un gran amor propio y verá como deja de preocuparse por su autoestima.

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Fake news. Mentiras y amenazas.

Como medida pro-activa contra la cultura de la posverdad y contra los intentos de manipulación e imposición con métodos completamente dictatoriales de formas y criterios de pensamiento en la población, bajo amenaza de denuncias, ataques en medios de comunicación y ostracismo social, he decidido publicar en EDUCARCONSENTIDO.COM el comunicado emitido en el día de hoy, 2 de abril de 2019, por el Obispado de Alcalá de Henares.

Comunicado del Obispado de Alcalá de Henares: «Otras noticias falsas»

1.- Un medio de comunicación ha publicado sendas noticias referidas al Obispado de Alcalá de Henares que van desde la absoluta falsedad a la desinformación. 

2.- El Papa Francisco explica: «Para mí, los pecados de los medios de comunicación, los más grandes, son los que van por el camino del embuste, de la mentira, y son tres: la desinformación, la calumnia y la difamación»[1] y añade en otro lugar: «la calumnia, parece ser el más insidioso, pero en la comunicación, el más insidioso es la desinformación, porque te lleva a fallar, al error; te conduce a creer sólo una parte de la verdad»[2]. El objetivo es «la distorsión consciente y planificada de los hechos»[3]. La publicación coordinada de estas noticias en la semana en la que está reunida la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española no es casual; más allá del intento de hacer daño, se trata de una operación para intentar provocar miedo y coartar la libertad de la Iglesia.

3.- Ambas noticias: “Reig Pla, el obispo que imagina a los gays en el infierno mientras hace misas por la salvación de Franco” y “El obispado de Alcalá celebra cursos ilegales y clandestinos para curar la homosexualidad”, se suman a otras noticias falsas desmentidas por este obispado desde hace años, por ejemplo el 30-4-2013el 30-1-2016, o el 26-9-2018 (esta última noticia falsa fue publicada por el mismo diario que ahora nos ocupa).

4.- Respecto a la primera de las noticias solo decir que no es más que un refrito de noticias antiguas y falsas del mismo ámbito ideológico y con el mismo fin. Respecto a la segunda, hay que decir lo mismo: se trata de acusaciones antiguas, del mismo ámbito ideológico, que ahora intentan apoyarse en un montaje teatral construido «ad hoc», en el que un periodista «haciéndose pasar por un joven que quiere cambiar su orientación» pide ayuda y orientación en primera instancia, para provocar después una conversación manipulada referida a la ideología de género y su amparo legislativo[4] en la que expresiones en condicional o que expresan hipótesis son tomadas por afirmaciones, provocando así mismo la recopilación de textos que, naturalmente, impugnan los postulados de género. En resumen estamos ante la fabricación de fake news, en el colmo de la desinformación de la que habla el Papa Francisco.

5.- En todo caso el Obispado de Alcalá de Henares recuerda el respeto y el amor que se debe a todas las personas, al tiempo que no renuncia a acoger y acompañar a las personas que libremente lo solicitan.

6.- Que dicho acompañamiento integral, pastoral y espiritual, en ésta como en todas las materias, siempre se hace – desde la fe y la razón, con amor y verdad – a la luz de la Palabra de Dios y del Magisterio de la Iglesia Católica.

7.- Finalmente, este Obispado invita a todos los católicos a orar por la libertad de la Iglesia en España.

Alcalá de Henares, a 2 de abril de 2019
San Francisco de Paula
Decimocuarto aniversario de la muerte del Papa San Juan Pablo II
www.obispadoalcala.org

[1] Papa Francisco, Discurso a los miembros de la Asociación “Corallo”, 22-3-2014.

[2] Papa Francisco, Discurso a los dirigentes, empleados y operadores de la emisora italiana TV2000, 15-12-2014.

[3] Papa Francisco, LIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 2019 – «“Somos miembros unos de otros” (Ef 4,25). De las comunidades en las redes sociales a la comunidad humana».

[4] Cf. Reflexiones Pastorales sobre la «Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación de la Comunidad Autónoma de Madrid», 21-3-2016 y Nota sobre la «Ley de protección integral contra la LGTBIfobia y la discriminación por razón de orientación e identidad sexual en la Comunidad de Madrid», 7-8-2016.

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Hermanos

En las – gracias a Dios – esporádicas ocasiones en las que un matrimonio me pide consejo a cerca de si tener o no otro hijo mi respuesta siempre es la misma: “Lo mejor que te puede pasar en la vida es tener un hermano. Solo superable por tener dos o más”.

Lo digo con convencimiento y con conocimiento.

Y en ocasiones puntualizo. ¿Qué es lo peor que te puede ocurrir al tener un hermano? Que sea gilipollas. Pero incluso en ese caso, sigue siendo lo mejor que te podía ocurrir.

Ninguno de mis hermanos es gilipollas, lo que me ha dificultado reconocer a aquellos que se me han acercado (y con mi edad son ya unos cuantos los gilipollas a los que he tenido que soportar), pero como nunca hubo uno en mi familia he estado meses sufriéndolos hasta que he podido reconocerlos y alejarme de ellos.

Sí, lo mejor que te puede pasar en la vida es tener un hermano. Los hermanos son la esencia del amor, por eso cuando queremos referirnos al amor más puro hablamos de “amor fraterno”; por eso cuando estamos en un grupo, en una comunidad en la que no hay lazos de sangre pero hay una profunda unión tendemos a llamarnos “hermanos”.

Decimos que los amigos “son hermanos que hemos podido escoger”, porque sabemos que por muy fuerte y sana que sea una amistad, no puede alcanzar el amor que los hermanos pueden tenerse.

Uno de mis hermanos decía “la familia te toca, los amigos se escogen”. ¡Qué razón tenía!. Esa es la virtud de los hermanos, que “te han tocado”. Por que en la vida son muy pocas las cosas que escogemos. Te tocan los padres, te tocan los hermanos, te toca el país, la ciudad y el barrio donde naces y la clase económica en la que creces. Te toca el idioma materno y la religión (hoy en día la NO religión) en la que te educan. Te toca el colegio al que te mandan, los profesores y los compañeros de clase. Y podrás escoger a tu cónyuge (hay muchos teóricos que dicen que ni siquiera eso), pero seguro que no podrás elegir ni a tus suegros ni a tus cuñados. Y te toca un hijo con discapacidad, o con un temperamento que no hay quien le aguante. Y lo raro hoy en día es que no te toque un hijo hiperactivo.  Y te toca un jefe que es un cretino. Casi lo único que escogemos en la vida es el equipo de fútbol al que admirar. Desde que somos pequeños los hermanos nos enseñan a amar lo que te ha tocado, porque si pretendes amar únicamente lo que has escogido, vas a amar muy pero que muy poco, y por tanto vas a disfrutar también muy poco.

Recientemente una madre me mostraba su preocupación por las frecuentes y violentas peleas que tenían sus hijos (el mayor tiene 18 años) y yo me permitía quitarle importancia.

Las peleas entre hermanos cuando son niños carecen de importancia. Lo grave, lo dramático, lo terrible son las peleas entre hermanos cuando somos adultos.

¿Cuántas familias conoce en las que hay hermanos que no se hablan?

Los hermanos son la esencia del amor Y la esencia de la familia, por eso el demonio (sí, el demonio) hace todo lo posible por romper la relación entre hermanos, y se vale de las más variadas herramientas para lograrlo.

Por supuesto, la clásica, la más frecuente, es la herencia. Si no logramos quedarnos con la casa, con el broche de mamá, con la mitad de la empresa (o la empresa entera) o con cualquier chorrada (“sí, sí, chorrada, pero vale millones”) somos capaces de romper nuestra relación con nuestro hermano para el resto de nuestra vida.

Es la demostración repetida de que nuestro corazón da mucha más importancia al dinero y a las posesiones que al amor y a los hermanos. “Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón” (Mt. 6, 21).

Es asombroso cómo el ser humano está a la búsqueda constante de la felicidad y se deja distraer con las cosas materiales.

La teoría nos la sabemos perfectamente “el dinero no da la felicidad”, pero amigo, cuando nos lo ponen cerca … nos olvidamos de nuestro hermano y de la madre que le parió, aunque sea la nuestra.

En las ocasiones en que he tenido la oportunidad de hablar con alguien que había roto con sus hermanos por cuestiones de dinero siempre trasmiten un profundo pesar y dolor, aún cuando han sido los que han salido beneficiados por la herencia. Incluso se puede adivinar un sentimiento de vergüenza. Pero lo peor es que no están dispuestos a compartir. Lo mío es mío.

Y si ha sido el que ha salido perjudicado no están dispuestos a perdonar. Lo mío es mío.

Por cierto, si la familia se rompe por herencia lo raro será que hagan referencia al dinero, suelen hablar más de “lo justo” o “lo injusto”. No es la cantidad, es la justicia. ¡Ja!.

Otra herramienta que utiliza el demonio (sí, el demonio) para romper a las familias son los cuñados.

No quiero decir que los cuñados sean demoníacos – aunque puede que usted así lo crea -. Los cuñados son buenas personas, pero han tenido una educación muy diferente a la de nuestra familia y con frecuencia además de distinta, distante, lo que facilita que sus valores, su forma de pensar, sus formas de actuar nos resulten sorprendentes, chocantes e incluso incómodas y molestas.

Al ser humano nos cuesta aceptar las diferencias, pero cuando se trata de nuestros hermanos y sus cónyuges, más vale ser tolerante y generoso que perder a un miembro de nuestra familia.

Si usted está pensando “ojalá tuviera solo un mal cuñado, el problema es que lo son todos, toda mi familia política es una pesadilla”, tenga cuidado en no ser como aquella persona que iba en el coche oyendo por la radio de un loco que iba por la carretera en sentido contrario y pensaba “¿cómo un loco?, ¡todos! ¡todos están locos!”.

Otra de las herramientas del demonio (si, el demonio) son las críticas a nuestros hermanos. No hay mejor forma de endurecer nuestro corazón y alejarnos de una persona que regodearnos en lo que nos molesta de ellos hablando mal a todo el que quiera poner sus oídos. Si quiere tener una oportunidad de acercarse a alguien huya de toda crítica y ,sobre todo, evite como el peor de los venenos hacer críticas entre hermanos. No haga de cizaña, no sea cómplice del príncipe de la mentira.

En definitiva lo que nos separa de nuestros hermanos, como de cualquier otra persona, es el egoísmo.

Cuando pregunto cuál es el antónimo del amor la mayor parte de las personas dicen “el odio”, los más instruidos dicen “la indiferencia”, pero estoy convencido que lo opuesto al amor es el egoísmo.

Y no me refiero al egoísmo material, sino al moral. A considerarse a mí mismo la persona más importante en mi vida.

Hay gente puede ser enormemente generosa con sus bienes y con su dinero, pero que sigue siendo profundamente egoísta y busca imponer su razón sobre los demás.

Como dice D. José Fernando Rey Ballesteros: “Hay algo peor que tener razón, y es reclamar que todo el mundo te la de”.

Usted no puede hacer nada para que su hermano o su cuñado egoísta se vuelva generoso, que el intransigente deje de serlo, pero sí puede hacer mucho por ser una persona generosa, tolerante y aceptar al otro aunque esté en las antípodas de como a usted le gustaría.

No se trata de olvidar nuestros principios y valores, ni de aceptar cualquier conducta que usted considere inaceptable, sino de que las diferencias no sean causa de separación y de saber distinguir entre una conducta que usted rechaza y la persona a quien usted ama.

Es cuestión de NO imponer conductas: “o vives como yo creo que debes vivir o aléjate de mi”, sino de poder decir “no comparto tu conducta y tu forma de pensar a ese respecto, más aún, lo desapruebo, pero en todo lo demás estoy unido a ti y por tanto me niego a alejarme de ti”.

Conozco hermanos que se han alejado por el adulterio de uno de ellos, por alguna adicción, por ideas políticas, por prácticas religiosas, por tendencias sexuales, por dinero, porque no te ocupas nada de mamá o porque te crees el único que se ocupa de papá, te crees el salvador del mundo.

Las excusas son inacabables. Si usted cree que tiene un motivo para mantenerse alejado de su hermano no espere a que él cambie de parecer o de conducta. Eso es ridículo. El paso solo lo puede dar usted mismo. Nadie le pide que cambie de opinión, solo que acepte la discrepancia, tolere aquello que consideraba “inaceptable”, y abrace todo lo que comparte con su hermano.

Sigo pensando tal y cómo escribía a mi hija en la carta que publiqué en diciembre de 2014: “Es necesario que sepas que en una discusión siempre gana el primero que pide perdón.”

En cierta ocasión le preguntaron a Santa Teresa de Calcuta qué cambiaría de la Iglesia y su respuesta fue inequívoca: “a mí misma”. Esa es la clave.

No podemos sorprendernos, ya nos avisó el mismo Jesucristo: “De ahora en adelante cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc. 12, 52-53) y “El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir” (Mt. 10, 21).

Hablaba de lo que el demonio haría en el mundo para evitar el reino de Dios. Por eso cuando nos elevamos sobre nuestras diferencias y nos mantenemos unidos a pesar de lo que nos separa, estamos mucho más cerca, pero mucho más, de poder ser felices también en la tierra.

Insisto, lo mejor que nos puede pasar en la vida es tener un hermano, solo superable por tener dos o más. Ahora de usted depende disfrutarlos.

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Día internacional de las personas con síndrome de Down.

Hoy es 21 de marzo, día internacional de las personas con síndrome de Down.

Supongo que lo correcto sería hablar de ellos. Dejar constancia de cómo las personas con trisomía 21 constituyen uno de los colectivos que más ha evolucionado en los últimos 25 años y probablemente de los que más van a seguir progresando en los próximos 25.

Debería recalcar cómo su presencia en el mundo hace de él un lugar mucho mejor de lo que sería si los dicapacifóbicos ganaran su batalla y lograran imponernos el aborto sistemático de las personas que no cumplen con sus criterios de qué vidas, qué seres humanos merece la pena que nazcan.

Podría hablar de Bruno, de José María, de Juan Pablo, de Ana María, de Rocío, de Máximo y su hermana Larissa, de Arturo, de Fernanda, y de una larguísima lista de personas que gracias a su paso por mi vida han logrado que pueda mirar al pasado con una enorme sonrisa y mirar al futuro con la mayor de las esperanzas.

Hablar de aquellos que puedo afirmar sin temor a exagerar que dan un profundo sentido a mi vida.

Pero no voy a hacerlo. Hoy quiero escribir sobre otras personas. Quiero hablar de sus familias.

Hay muchos mitos entorno a ellas, algunos fueron inventados para intentar consolar a quien no ha pedido consuelo y otros para acallar la conciencia errónea de quien siente lastima por lo que simplemente ni conoce ni comprende.

He tenido el privilegio (en mi vida todo ha sido un privilegio) de conocer a cientos de ellas, cientos de familias de personas con síndrome de Down y puedo asegurar que tomadas en conjunto lo único que se puede decir es que son gente corriente y moliente.

Las hay inmensamente ricas y también paupérrimamente pobres, algunas muy simpáticas y otras aparentemente aburridas, de todos los colores, tamaños y gustos. Lo único que les diferencia del resto es que han tenido el privilegio (sí, el privilegio, si usted quiere considerarlo una desgracia es también una opción válida, pero permítame elegir cómo valorar la vida de un ser humano) de tener un hijo o un hermano con síndrome de Down, y eso les ha permitido mirar la vida desde un punto de vista que nunca antes habían considerado.

En muchos casos, en la mayoría de los que yo he conocido, les ha permitido ver la vida – su propia vida – de manera mucho más positiva, mucho más esperanzada, mucho más plena de lo que antes habían podido percibir.

En algunos casos, entre los que he conocido podría contarlos con los dedos de una mano, han adoptado una visión pesimista, preocupante, culpabilizante, triste, agobiante de sus vidas.

En ocasiones he oído hablar (cuando quien hablaba no me conocía) de la injusticia y el sufrimiento que una persona con síndrome de Down supone para sus familias, y sin embargo las que yo conozco sacrifican muchos privilegios, muchas oportunidades, muchos placeres, en bien del que tiene trisomía 21 y, si les preguntan, sacrificarían muchos más y sin perder un ápice de alegría si ello fuera necesario.

¿Cómo es posible?

Porque estas familias saben distinguir algo que cada vez más personas de esta sociedad tienden a igualar, mezclar y confundir: el sacrificio y el sufrimiento.

La palabra sacrificio proviene del latín: sacro (sagrado) + facere (hacer): hacer sagrado.

Cuando las familias de una persona con síndrome de Down sacrifican una carrera profesional, unas (o muchas) vacaciones, actividades extraescolares para el resto de los hermanos, dedican horas y horas de coche yendo de una terapia a otra, comen en la sala de espera del logopeda, etc. le están elevando a categoría de sagrado.

Comprenden que todo aquello que pueda ser valorado como una perdida es en beneficio de un bien mayor, que no son ellos. Ni la madre, ni el padre, ni el resto de los hermanos. Es vivir para el bien de otro. Algo que evidentemente golpea de lleno en la esencia de esta sociedad individualista, egocentrista, “selfista”.

El sacrificio es un elemento inalienable del amor, por eso hoy tantos matrimonios fracasan – o por ello tantos se consideran incapaces de comprometerse de por vida.

Por el contrario la palabra sufrimiento, que también proviene del latín: sub (bajo) + ferre (llevar) + mento (modo) – llevar por debajo -, es la antítesis de qué significa tener un miembro de la familia con trisomía 21.

NO, hoy las personas con síndrome de Down no “se llevan por debajo”, no son un sufrimiento, no son un dolor. Al revés, se llevan bien a la vista, a la luz de todos, porque para muchas de estas familias, ellos son su luz.

Lo que constituye un auténtico sufrimiento siguen siendo las actitudes que gran parte de la sociedad sigue mostrando hacia ellos.

Exclusión, discriminación, discapacifobia, hipocresía (véase lo ocurrido en la última gala de los premios Goya de la academia del cine de España). Eso sí que provoca auténtico dolor. Eso sí que “se lleva por debajo”. Esta sociedad oculta bajo una imagen de “tolerancia”, de “aceptación”, de “inclusión” su vocación abortista, su vocación de exclusión – que hoy vivimos de manera patente en el intento de algunos de prohibir los colegios de educación especial.

¿Sacrificios? Muchos.

Las personas con síndrome de Down permiten recuperar el sentido sagrado de la vida de una familia; por eso la palabra más repetida cuando se les pregunta qué significa vivir con una persona con síndrome de Down es: alegría.

Hay quien no lo entenderá nunca, como hay quien no admira el arcoíris.

Enhorabuena familias, hoy es vuestro día. ¡Vivan las personas con síndrome de Down! ¡Vivan sus familias!

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