Calidad de vida (II)

“Estudia para llegar a ser un hombre de provecho”. Esa era la consigna. La única consigna que se daba a los (varones) jóvenes sobre cómo ser, cómo comportarse y cómo vivir. En algunos casos se especificaba más: “para mantener a tu familia”.

Al menos tres generaciones de hombres crecimos con esa consigna. No había otra. Era la única.

¿Es mala? No, mala, per se, no es. Pero me pregunto qué hubiera pasado si no nos lo hubieran dicho (y repetido) hasta convertirlo en un elemento imborrable del inconsciente colectivo. ¿Acaso si no nos lo llegan a decir nos hubiéramos quedado tirados en el sofá, esperando que cayera el dinero del cielo? o ¿acaso hubiéramos pensado que el dinero de nuestro salario era solo para nuestros caprichos, no para el sustento de la familia?

Era una consigna absolutamente irrelevante. Parecía que se nos estaba diciendo algo vital, increíblemente importante y en realidad no era en absoluto necesario.

Más aún, la maldita consigna, por ser la única que recibimos, ha hecho un daño gravísimo a al menos tres generaciones (y por supuesto a las que les siguen).

Conozco decenas de padres que han cumplido perfectamente con ella, se han convertido en grandes hombres de provecho que mantienen magníficamente bien a su familia y, con eso, se dan por satisfechos. Son hombres que pueden ser un modelo de lo que un padre debe ser: “hombres de provecho que mantienen (económicamente) a sus familias”, pero no aportan absolutamente nada más. Son absolutos incompetentes afectivos, tanto para su esposa como para sus hijos. No les puedes pedir nada más allá de su aporte económico ya que se sentirían perdidos. Nadie les dijo todo lo que su cónyuge y sus hijos iban a necesitar. Nadie les dijo “Te necesitan a ti, no tu dinero”.

Lo que ellos aportan a la familia podría aportarlo cualquier otro hombre con su mismo salario.

Además, esa dichosa consigna es falsa. ¿Acaso un hombre que está sin trabajo y no puede aportar nada económicamente a su familia es un inútil, no merece la pena, es un fracasado?. Muchos hombres así lo sienten. Incluso hay muchos hombres que cuando su salario es inferior al de la mujer se sienten heridos, sienten que no están cumpliendo con el cometido se les había asignado.

¿Qué hubiera pasado si a esas tres o cuatro generaciones de hombres se nos hubiera dicho, con la misma insistencia y con el mismo aplomo: “lo más importante es que te entregues por completo y sin ningún resquicio a tu mujer y a tus hijos, vive para ellos”?. ¿Es que acaso no hubiéramos salido a buscar trabajo? Naturalmente que lo hubiéramos hecho, pero hubiéramos sabido que la familia está por encima del trabajo. Hubiéramos sabido que ganar un salario, bueno o malo, es muy importante, pero NO es condición suficiente para ser considerados buenos padres y cónyuges.

“Trabaja para no depender (económicamente) nunca de un hombre”. Esa era la consigna para ellas. ¡Qué horror!. Esa era (y es) la única consigna que durante generaciones se ha dado a cientos de miles de mujeres, que han sido lanzadas a la vida adulta con la mirada puesta tener una vida plena, pero siempre “económicamente independiente de los hombres”. Por si acaso.

Algo así como enamórate, cásate si quieres o simplemente cohabita, pero no dependas NUNCA de él. Deja siempre la puerta abierta.

¡Pues menuda perspectiva!.

Me asombra que con esa consigna la mitad de la población (la femenina) no haya decidido quedarse soltera y sin compromiso.

¿Por qué no se les dijo algo positivo?

Conozco decenas de madres que se sienten absolutamente engañadas por esa maldita consigna. Han luchado con todas sus fuerzas para ser económicamente independientes, pero como a los hombres se nos ha tranquilizado con la idea de que basta que seamos “hombres de provecho”, no ha habido forma de que nos impliquemos ni en casa ni en la familia, no todo cuánto debemos, y ellas han tenido que asumir el doble de carga. Siguen entregándose por completo y sin resquicios a los hijos. Del marido siguen esperando el máximo y ellas lo normal es que lo den, pero le miran con el rabillo del ojo. Es alguien prescindible. Y simultáneamente intentan dar el máximo de sí mismas en un trabajo que rara vez les reconoce del todo su valía y en el que, si se les ocurre ejercer su naturaleza, si se les ocurre ser madres, van a verse seriamente perjudicadas.

Muchas mujeres dan prioridad al éxito (o al menos al intento de éxito) laboral frente a la maternidad. El trabajo, se nos ha enseñado a todos, es más importante que la familia. Pero si con 52 años te dan la patada en el trabajo y te que quedas en la calle, ya no puedes reclamar: “¡Pospuse la maternidad hasta los 37 por esta empresa!, ¡Renuncié a tener más hijos por esta empresa!, ¿y ahora me tratáis así?”

“¡Ah! Haber pensado mejor tus prioridades. De todas formas, te llevas una buena indemnización”.

También conozco decenas de madres que han decidido desarrollarse plenamente como esposas y madres. En muchos casos es una elección libre, pero también conozco casos en los que ha sido una elección forzada por las circunstancias del mercado laboral. En cualquier caso el peor enemigo de estas mujeres son las demás mujeres.

El retroprogresismo feminista considera que una mujer que “solo” trabaja en casa, sin tener un trabajo remunerado, es una esquirol de la condición femenina y de la lucha contra el machismo opresor. Si además ha tomado esa decisión conscientemente será porque tiene el síndrome de Estocolmo.

Al final, si una mujer no tiene un trabajo remunerado va a sufrir el juicio y el desprecio por renunciar a “realizarse plenamente”. Y si una mujer además de trabajar en su casa (no conozco a ninguna madre que no trabaje en casa, frente a los cientos de padres que conozco que se conforman con “ser hombres de provecho”) tiene un trabajo remunerado, es muy fácil que sienta la presión de que no llega como quisiera a sus hijos y no alcanza el nivel exigido en su trabajo.

Al final, esas malditas consignas, han dado lugar a la sociedad actual. Una mierda de sociedad, en la que los hombres seguimos en la atalaya de la satisfacción por nuestro trabajo, sin haber sabido disfrutar de la maravilla que es entregarte, implicarte y dar el 100% a nuestras familias, y las mujeres sufren porque no llegan a ser todo lo que pueden ser, ni en la familia ni en un trabajo que les exige renunciar a ella.

Las consignas recibidas, las únicas que reconocemos miles de adultos de manera inequívoca, han creado una sociedad profundamente egoísta, donde lo importante es el trabajo, el éxito laboral y la auto-realización, y nunca nos han hablado de la satisfacción de entregarnos al 100% a los que más queremos.

Somos una generación en la que si no obtenemos una satisfacción personal tangible somos capaces de romper con todo, culpando a aquello (o aquellos) con lo que rompemos de nuestra situación y de la ruptura.

Ahora los abuelos se rasgan las vestiduras por la cantidad de divorcios que se producen (desde hace varios años al menos 1 de cada dos matrimonios acaba roto). “Los matrimonios de hoy en día no aguantan nada” dicen. ¿Qué esperaban? ¿Acaso nos hablaron del sacrificio (NO hablo de sufrimiento, hablo de sacrificio), de entrega, de lo divertidísimo que puede ser el matrimonio, siempre  los dos aportemos el máximo de nosotros mismos?.

P.D. Para comprobar que me repito y me repito y me repito, o si tienen interés por este tema, pueden leer el post del 13 de abril de 2015 titulado “educar con sentido”.

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Calidad de vida

Querida mamá,

¡Vaya sorpresa ¿eh?!, A ver si entiendes mi letra … después de tantos años acostumbrada al teclado, ya ni sé si voy a saber escribir a mano.

Bueno, estaba aquí sentada, por fin un rato sola y sin nada que hacer, y no sé por qué me he puesto a pensar en todo lo que me enseñaste y en lo muy agradecida que debo estar.

¿Sin nada que hacer?, sí, por increíble que te parezca. Juan tenía esta semana un “encierro”. Así le llaman cuando se van a todo el equipo directivo a un hotel a analizar el año y preparar el año siguiente. Siempre pienso que podrían encerrarse algo más cerca, pero bueno. Este año están en Marrakech. La verdad es que están de trabajo, pero les encanta. Siempre van a un hotel con campo de golf, así también pueden descansar.

El niño está con su padre el fin de semana y Alejandra está en el cumpleaños de un compañerito de su clase. Al dejarla he visto a algunas madres que llevaban a otros niños y ahora que por fin tengo un rato para mí y me he dado cuenta de cuánta razón tenías cuando crecía.

Al llegar al cumpleaños estaba la madre de María, una amiguita de Alejandra, y llevaba a otros 3 niños con ella. ¡La pobre!, si no debe tener ni 35 años ¡y ya tiene cuatro! ¡y la mayor solo tiene 8 años! ¡Qué horror!, va con todos de arriba abajo todo el día.

Me ha dado que pensar que esa hubiera podido ser mi vida si no hubiera contado con vosotros y vuestros sabios consejos. Me he acordado de papá diciéndole a Marcos: “Estudia para llegar a ser un hombre de provecho” y tú siempre aprovechabas la ocasión para apoyarme “y tú trabaja duro para no depender nunca de un hombre”.

Menos mal que os hice caso. No sé qué hubiera sido de mi si hubiera dependido alguna vez de Diego y no hubiera podido separarme. La verdad es que es un buen padre. Nunca le niega nada al niño, todo lo que le pido para él lo tiene de inmediato. Conmigo tampoco se portó mal, pero creo que nunca nos supimos entender. Siempre diciéndome que teníamos que tener familia pronto. ¡Qué fácil! ¡Como a él no le frenaban en su trabajo por tener hijos!. Y al final, ¿ves?, yo he tenido razón. Tuve a Alfonso con 37, a Alejandra con 42 y sigo teniendo mi puesto y mi proyecto. Ha habido tiempo para todo.

Y gracias a todo lo que yo he sacrificado y he luchado ahora los niños están fenomenal. Van a uno de los mejores colegios – es bilingüe, todos los años logran un 100% de aprobados en selectividad, y siempre está entre los 20 primeros colegios en la lista del periódico el Mundo. ¿Quién me va a decir que no he sabido educarles?. Incluso Alfonso, el pobre, que como coge todo, pues también ha cogido este famoso TDA, está yendo fenomenal. Toma su pastillita y con la profesora particular, que viene todos los días hora y media y el kárate que hace en el colegio, consigue aprobar todo y va fenomenal.

Ya sé lo que te habrán dicho los tíos, tus queridísimos hermanos, que si una separación, ¡una separación!, que si eso hace daño a los niños … ¡pues mira! Alfonso está encantado teniendo dos casas, el fin de semana que está con su padre también está con el niño de Lucía, su actual pareja y se llevan fenomenal. Tanto que Diego y Lucía han decidido que unificar los fines de semana que están a cargo de los niños para que disfruten juntos. (Claro que así también tienen cada dos semanas un fin de semana para ellos solos, que yo eso nunca lo puedo disfrutar porque tengo a Alejandra siempre conmigo; los hijos de Juan son ya mayores y no se ocupan de su hermana. En realidad casi ni vienen a ver a su padre. Y ahora que no nos oye, confieso que me alegro.)

El que me da pena es Marcos. Mira que ha trabajado y ha luchado. ¡Y había llegado lejos!. Oye, los años que pasó como delegado del banco en Francia fueron estupendos, y luego como director ventas para Europa, fenomenal. La mala suerte han sido las malditas fusiones. Con 57 años y 3 años fuera del mercado, ya no hay quien le coja. ¡Pero menos mal que os hizo caso!. Ha llegado a ser un hombre de provecho y ahora disfruta de su tiempo … Su mujer es la que lo está pasando peor, claro que el bajón que han tenido que pegar … pobre. ¡No hubieran tenido tanto bajón si se hubiera puesto a trabajar en lugar de dedicarse todo el día a los niños!

Yo ya estoy enseñando a tus nietos lo mismo que tu me inculcaste: a Alfonso le insisto en que lo más importante es estudiar para poder trabajar y ser un hombre de provecho – bueno como no entiende esa palabra, es pequeño, yo le digo “hombre de éxito”. Le insisto en luchar y trabajar duro para poder ser el primero. Ya tienen los dos reservado un campamento en Michigan para todo julio. Allí son los únicos españoles que van y así aprenden inglés de verdad, no como esos pobres que van a Irlanda, que en verano es una auténtica colonia española.

Y a Alejandra le insisto en la importancia de no depender económicamente de ningún hombre. Ella sabe perfectamente que Juan trabaja y yo también trabajo, y que somos iguales en todo. Ninguno depende del otro, compartimos todo pero hacemos una vida perfectamente independiente.

La verdad es que tengo mucho que agradeceros. Dale un beso a papá.

Por cierto, habrás visto que la carta iba sin sello. He pensado que lo mejor es dejárosla en el buzón sin pasar por correos. Tengo el gimnasio de Pilates al ladito de vuestra casa y así recibís noticias mías enseguida.

¡Qué lástima que no sepáis usar WhatsApp!, podríamos comunicarnos todas las semanas, o incluso todos los días. Un besitoooooooo,

Sol

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Día del orgullo gay

Estamos en plena semana del orgullo gay. El próximo sábado será la ya famosa “cabalgata”, en inglés “parade” y reconozco que desde hace años cuando llega esta fecha no puedo evitar sentir una profunda envidia y ansias de réplica.

Me encantaría que existiera un movimiento similar, con la misma repercusión social y mediática que pusiera en primera plana y que abriera los noticieros de las televisiones con las personas con discapacidad.

Antes de que los retroprogres se lancen a desenterrar el hacha de guerra y a pedir mi cabeza, voy a aclarar los términos de la comparación.

Sé que habrá quien se escandalice porque estoy equiparando a personas con una determinada orientación sexual – homosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, y otras formas que se me escapan – con personas con una alteración de salud, ya sean genéticas o por otras causas.

Lo único que pretendo equiparar es a un grupo de personas – aquellas con discapacidad (física, intelectual y/o sensorial) – a otro grupo de personas – personas que NO se consideran heterosexuales.

De hecho son dos conjuntos no excluyentes. Estoy seguro de que habrá personas con discapacidad que no son heterosexuales, así que pertenecen a los dos grupos.

Son dos grupos de personas que tienen una característica en común. Ambos grupos de personas – homosexuales, bisexuales, gays, lesbianas, transexuales y otras formas de sexualidad que escapan a mi conocimiento e imaginación – y las personas con discapacidad han sido históricamente perseguidos, culpados, vejados, maltratados, escondidos, mancillados y ridiculizados. Aún hoy lo son.

Las conductas homosexuales siguen estando prohibidas en un gran número de países (musulmanes y comunistas) y las personas que las ejercen siguen siendo perseguidos e incluso ajusticiados. Las personas con discapacidad siguen siendo perseguidos y ajusticiados también en un gran número de países del mundo (primer, segundo y tercer mundo, todo el mundo).

Para que se me entienda claramente. En mi humilde comprensión no existe ninguna diferencia entre el brutal asesinato cometido el pasado 12 de junio por Omar Mateen a 49 personas bajo la justificación de que eran gays y/o lesbianas y el aborto cometido a un ser humano bajo la justificación de que tiene algún tipo de discapacidad. Además en ambos casos cada asesinato provoca un mínimo de dos víctimas: el muerto y la madre. En el primer caso sin embargo el ejecutor es simplemente un mal nacido y en el segundo es también un mal nacido pero cuenta con una licenciatura obtenida supuestamente para mejorar la salud, pero que la ha asumido como una licencia para matar.

No sé de dónde salió la expresión “salir del armario”, que tan claramente entendemos referidas a personas no heterosexuales, pero creo que se podría aplicar a miles de casos con personas con discapacidad que durante siglos y aún en este, han sido encerrados cuando no en un armario en una habitación, alejados de cualquier contacto social y de las miradas de cualquier miembro de la sociedad que no fuera sus padres y así evitar el escándalo y la vergüenza que provocaría en sus familias.

Me encantaría que de una vez por todas se permitiera, se facilitara, se subvencionara (con idénticas cantidades) y se reconociera la importancia que las personas con discapacidad tienen en y para nuestra sociedad.

Según la última estadística ofrecida por el Instituto Nacional de Estadística (I.N.E.) que data de 2008 en España había 3.847.900 personas con discapacidad, es decir, un 8,33% de la población española ese año. Es imposible saber la estadística de personas no heterosexuales, ya que según quién haga el estudio los datos son más o menos abultados y más o menos fiables, así que no haré comparaciones. Solo dejo el dato.

Como decía al principio siento envidia del “día del orgullo gay, etc.” y me encantaría que la COCEMFE (Confederación de personas con discapacidad física y orgánica) la FEAPS (Federación española de organizaciones a favor de las personas con discapacidad) y otras asociaciones, federaciones y confederaciones que trabajan y defienden los derechos con todo tipo de personas con discapacidad se unieran para organizar una jornada similar, y que se organizara una grandísima cabalgata de personas con discapacidad, con música, globos y todo tipo de muestras de orgullo por ser PERSONAS. Naturalmente en dicha cabalgata no tendría que haber disfraces. No hay nada que disfrazar. En realidad estoy convencido de que los disfraces – aunque sean simples exageraciones de la condición que pretendo representar – son una muestra histriónica de ocultamiento, y más que mostrar orgullo en realidad disfrazan algún tipo de complejo o vergüenza.

Me encantaría que mi ayuntamiento y los miles de ayuntamientos de España colgaran banderas que representen a las personas con discapacidad, tal y como hay hoy una bandera multicolor colgada en la plaza de Cibeles. Me encantaría que los políticos defendieran con la misma contundencia la dignidad y los derechos de las personas con discapacidad – nacidas o que todavía viven en el vientre de sus madres. Me encantaría que hubiera tantas personas con discapacidad representadas en las series de televisión y presentando programas como las que hay hoy en televisión que son homosexuales, lesbianas, etc.

Me encantaría que se extendiera el término discapacifóbico para referirse a todas aquellas personas que al ver a una persona con discapacidad piensan “más le valdría a su madre haber abortado”. Para aquellos que piensan que por no tener un código genético “estándar” está justificado acabar con la vida de un ser humano en el vientre de su madre. Para todos aquellos que nunca contratarían a una persona con algún tipo de discapacidad, o los que prefieren no trabajar con uno de ellos. También considero discapacifóbicos a aquellos que no permiten la integración de personas con discapacidad en los colegios, en sus colegios.

Me gustaría que las personas con discapacidad tuvieran los derechos y el reconocimiento que han logrado otros colectivos. Me encantaría que sintiéramos alegría al ver a una persona con discapacidad, ya que hay una forma más de ser humano que no es la estándar, la gris, la vulgar, la que es cualquiera.

Yo celebro el día del orgullo de las personas con discapacidad. Y no lo celebro un día al año, lo celebro cada día. Gracias por iluminar el mundo.

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Carta a unos abuelos

Queridos abuelos,

En primer lugar quería felicitarles por la maravilla de nieta que tienen, es una niña no solo preciosa sino también divertida y simpática.

Sé que con su nieta surgen muchas dudas e incertidumbres a cerca de su desarrollo, su futuro y sus capacidades. Ante todas estas cuestiones no falta quien piensa que ese tercer cromosoma en el su mapa genético ha escrito ya cuál será en gran medida su el futuro, hasta dónde podrá llegar, qué podrá hacer (sobre todo que NO podrá hacer) y por tanto que lo más importante para ella es “que sea feliz”, como si la felicidad fuera el único objetivo vital alcanzable en las personas con síndrome de Down y como si la felicidad fuera de algún modo incompatible con la capacidad de escribir, de leer, de aprender en general. Como si el esfuerzo, el ánimo de superación, y la adquisición de cada vez mayores conocimientos y habilidades que debe caracterizar el desarrollo de todo niño estuviera limitado a los niños “normales” y además interfiriera con la felicidad.

Afortunadamente es imposible saber quién será su nieta cuando sea adulta, ni siquiera podemos intuir quién será cuando tenga 10 años o cuando tenga cinco años, y ya no queda tanto para que los cumpla. Sí sabemos, sin embargo, que quién llegue a ser y cómo se comporte depende, todavía, en gran medida de cómo la tratemos nosotros en estos vitales años de su infancia.

Su nieta, como cualquier otra niña de tres años, es una maestra en la manipulación de los adultos, es una seductora implacable que sabe exigir, en ocasiones explícitamente y en otras de manera muy sutil, lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere.

No es nada malo, tiene tres años y forma parte de las reglas del juego de crecer. Los niños tan pronto descubren que en el mundo y sobre todo en sus casas hay normas van a intentar imponer las suyas. ¿Por qué obedecer si puedo mandar?

La desobediencia de los niños a las normas de sus padres y abuelos y sus intentos de mandar a edades tan tempranas son el medio que ha establecido la naturaleza para que aprendan, de mano de aquellos que somos quienes más les queremos, que existe una jerarquía de autoridad, que las normas deben tener como objetivo el bien propio y el bien común, y no pueden tener como única justificación “porque quiero”, “porque me apetece” o, tan frecuente en los niños, “para que no olvides que aquí, mando yo”.

Si los niños no aprenden todo esto en sus casas van a sufrir la desagradable experiencia de tener que aprenderlo de manos de personas que, por mucho que les quieran, nunca lo van a hacer ni tanto ni tan bien como su familia.

Pensar que con solo tres años una niña “no se entera”, que es “demasiado pronto”, que “no pasa nada” y permitirle hacer lo que le viene en gana, no ponerle límites y cumplir siempre con su santa voluntad implica un desconocimiento de las etapas de desarrollo de los niños y, sobre todo, demuestra una baja consideración de sus habilidades intelectuales.

Les aseguro que cualquier niño de tres años, cualquiera, tiene herramientas más que suficientes para conseguir imponerse a los adultos, conseguir que le obedezcan bajo la amenaza – que siempre cumplen – de castigarnos con un berrinche de increíbles proporciones, y agotar nuestra paciencia con su aparentemente infinita terquedad.

Cuando un niño “normal” consigue doblegar a sus mayores, consigue dominar a sus papás o sus abuelos y consigue que le obedezcan crecerá para convertirse en un niño, y posteriormente un adulto, bastante desagradable, impositivo, con dificultad para establecer relaciones en las que él o ella no ejerzan el control. En resumen alguien a quien es mejor no tener cerca.

Si a este tipo de personalidad le añadimos, no la condición de trisomía 21, sino todos los prejuicios que le acompañan, estamos preparando un estrepitoso fracaso personal en todas las áreas del desarrollo.

Desgraciadamente la sobreprotección y la “pena” que muchos niños con síndrome de Down provocan en no pocos adultos hace que algunos niños y jóvenes con síndrome de Down se conviertan en personas mal educadas, de difícil trato e incluso desagradables. Este tipo de personalidad limita muchísimo más que el tercer cromosoma su acceso a la escolarización normalizada, al aprendizaje de la lectura, la escritura y las matemáticas y la capacidad para relacionarse con los demás. Realmente la falta de educación o la educación equivocada es el auténtico freno a que puedan llegar a ser felices. Viven siempre atados a sus caprichos, a la inmediatez de sus deseos, les convierte en personas egoístas, insensibles a las necesidades de los demás, muy especialmente las de sus padres, que no cesan en mantenerles contentos cediendo a todas sus absurdas demandas.

Por estos motivos es fundamental que comprendan que su nieta sí entiende todo. Con tres años, les aseguro, que ya está imponiéndose con pleno conocimiento de qué objetivos busca y cómo conseguirlos. Entiende las normas, entiende las consecuencias y puede y debe entender que hay ocasiones en las que no podemos hacer lo que nos da la gana, o cuándo nos apetece. Debe entender que somos los adultos quienes ponemos las normas ya que siempre están basadas en buscar lo mejor para ella.

Estoy seguro que otros, mamás de compañeritos del colegio, vecinos, incluso profesores, no dudarán en conceder a su nieta cualquier capricho por el mero hecho de que tiene unas facciones que delatan que tiene un cromosoma de más y dificultarán enormemente la labor educativa de sus padres. Ocurre siempre. Por ello es más importante todavía que en casa, su familia, tenga las más altas expectativas y se esfuercen en conseguir que siga siendo la niña preciosa, simpática y divertida que es hoy, pero que además sea educada, conozca la jerarquía de autoridad y sepa, a su pesar pero por su bien, que los abuelos no son ni los que obedecen ni los que malcrían a los nietos.

Reciban un cariñoso abrazo,

Nacho Calderón

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Carta compromiso

29 de febrero de 2016

A quien corresponda:

El niño A. Z. A. se encuentra, a petición de sus padres, en tratamiento neuropsicológico y psicopedagógico pautado por los profesionales de Neurological Rehabilitation International Consultants  /  INPA desde marzo de 2010, cuando tenía tres años y cuatro meses. Desde el momento de inicio del tratamiento A. ha dado muestras de tener una evolución continua, respondiendo adecuadamente a los programas y tratamientos pautados.

La última evaluación fue realizada el 25 del presente mes y comprobamos que su evolución neurológica está siendo satisfactoria.

Conforme comprobamos los avances de A., resulta más evidente que la gran dificultad de A. está más en el área expresiva, en su capacidad de demostrar sus conocimientos que en el en área comprensiva – en la capacidad de aprender.

Debemos tener siempre muy presente que el sistema de enseñanza, no sólo en Mexico, sino en todo el mundo se basa, cada vez más en dos pilares:

  1. Lo que el niño es capaz de escribir / transcribir / plasmar sobre un papel. Tras cualquier información aportada por el maestro, por mínima que sea, hay una demanda de que el niño lo refleje sobre el papel.
  1. Lo que el niño es capaz de decir. Si el niño, por cualquier motivo, no puede transcribir su respuesta, se le pregunta de manera oral.

De esta manera, la labor del maestro, de manera generalizada y para cualquier niño, ha dejado de ser predominantemente la enseñanza a la de la demanda de la información.

A los niños, sea cual sea su condición evolutiva NO se les enseña más que aquello que son capaces de demostrar que han asimilado, ya sea por vía oral o vía escrita. Así, si un niño no es capaz de escribir el número 3 ya que su condición neurológica le impide el control manual necesario para hacer dicho trazo, NO se le enseña el número 4. Si un niño, debido a su alteración neurológica no es capaz de decir más que palabras bisílabas, y con dificultad, no se le enseñará a leer más que dichas palabras, impidiéndole cualquier tipo de evolución en lectura / aprendizaje.

Sin embargo tanto el lenguaje hablado como el control manual son, en general, los dos puntos más débiles, los dos talones de Aquiles, de las personas con problemas neurológicos, particularmente cierto en los casos de personas con síndrome de Down y sin duda este hecho se confirma en A.. Esto no significa que esté incapacitado para aprender, y mucho menos para atender a una escuela, solamente significa que tiene mermada de manera significativa su capacidad para demostrar por vías estandarizadas lo aprendido.

Es necesario que sus maestras sepan que el control fino de nuestros dedos está anatómicamente relacionado, en la corteza cerebral, con el control de nuestras funciones buco-faríngeas y, por tanto, cuando un niño muestra dificultades en su desarrollo del lenguaje hablado resultaría un contrasentido que tuviera un buen desarrollo manual. De esta forma, las personas con problemas neurológicos muy frecuentemente tienen mermadas sus habilidades lingüísticas y manuales: los dos pilares en los que la enseñanza actual ha decidido apoyarse.

Esta coincidencia hace que a los niños con problemas neurológicos, entre los que se encuentra el síndrome de Down, se les limite gravemente el acceso a la información, ya que sólo se les enseña aquello que son capaces de plasmar, lo cual es una milésima parte de lo que son capaces de aprender.

Tras estas generalidades que son perfectamente aplicables a A., pasamos a considerar la denominada CARTA COMPROMISO, fechada el 12 de febrero del presente año y firmada por la Profesora A. R. C.

En dicha carta se solicita a los padres que se comprometan a:

“1. Entregar reporte de la valoración actualizada del especialista al cual acude periódicamente mi hijo”

“… De no entregar el documento requerido periódicamente, acataremos la decisión que aplique el colegio.”.

Personal y profesionalmente me resultan altamente sorprendentes los términos expresados en la mencionada CARTA COMPROMISO.

Se exige a los padres un compromiso del cual NO se pueden hacer responsables, ya que la elaboración de ese reporte me corresponde exclusivamente a mi.

Considero parte de mi labor profesional la elaboración de informes, y a ello dedico una buena cantidad de horas semanales, pero en 23 años de experiencia nunca se me ha requerido en los términos expresados en mencionada CARTA COMPROMISO, ni siquiera cuando se me ha solicitado un informe por parte de las autoridades judiciales.

La mencionada CARTA parece más reflejar una coerción que un compromiso.

Los términos utilizados NO son los propios ni los adecuados a una institución educativa ni son los esperables en un deseo de colaboración interdisciplinario: colegio, padres, profesionales.

Considero esta colaboración altamente provechosa y recomendable para facilitar la evolución de cualquier paciente. Por ello tengo por costumbre enviar un cuestionario a los padres para que se lo hagan llegar al personal docente que trabaja con su hijo. Ustedes conocen bien dichos cuestionarios ya que su personal lo ha cumplimentado en varias ocasiones. Me permito repetir los términos utilizados en dicho cuestionario:

“Estimado/a profesor/a,

Su alumno/a está siguiendo un programa neuropsicológico y psicopedagógico pautado por Neurological Rehabilitation International Consultants / INPA y realizado en su casa bajo la supervisión de sus padres.

Para poder tener un conocimiento más adecuado del niño/a, agradeceríamos que nos respondiera este breve cuestionario y se lo entregue completado a sus padres con la mayor brevedad posible para poder valorarlo en su revisión, que tendrá lugar en los próximos días.

Sería conveniente que hiciera copias y se lo entregara al resto de profesores/as que le imparten clase o a otras personas involucradas en su educación.

Muy agradecidos por su colaboración.”

La negrita ha sido añadida en esta ocasión.

Su institución ha tenido a bien colaborar completando estos cuestionarios, y se lo agradezco enormemente. Otros muchos colegios renuncian a ello.

A. es un niño que por sus características conductuales puede hacer marcadamente difícil su integración en un salón escolar. Pero entiendo que los colegios NO están diseñados exclusivamente para alumnos fáciles, ni sólo para los buenos estudiantes, ni únicamente para niños de una determinada etnia, color, estatura o condición genética.

Con frecuencia, cuando visito el colegio de un paciente cuya conducta es manifiestamente mejorable, la frase o sentencia que más tarde o más temprano aparece por parte de los docentes es “el problema de este niño son sus padres”.

Los padres son la mayor parte de las veces culpados por la mala conducta de sus hijos. Puede que no falte razón y que los padres deban cambiar su manera de tratar y educar a al niño, pero con hacer una sentencia que culpabiliza a los padres no se soluciona nada. Si tal es el caso, entonces se debe ofrecer a los padres estrategias, formación y apoyo para que puedan llevar a cabo ese cambio.

Los padres de A. realizan desde hace seis años, tres veces al año un viaje de 1550 kilómetros (por trayecto) para venir a recibir un programa neuropsicológico y psicopedagógico que ayude al desarrollo de su hijo.

Si ellos son el problema, o parte del problema de la conducta de A. sin duda están poniendo mucho de su parte para ser también la solución o al menos parte de ella.

Coerciones como la que aparece en su CARTA COMPROMISO no parecen contribuir excesivamente a la solución del problema.

Como no quisiera terminar esta misiva simplemente señalando lo que considero una gran falta de respeto hacia los padres de A. y secundariamente también hacia mi, sino aportar alguna posibilidad de mejora, les ofrezco las siguientes soluciones:

  • Que la tutora, la directora, y/o la orientadora acompañen a A. y a su familia en la próxima cita, y poder así tratar de primera mano cómo abordar las dificultades que están encontrando. Algunas familias así lo hacen y considero que es una medida altamente productiva. Por otro lado les da la oportunidad de convivir con A. y su familia durante tres o cuatro días y comprobar cómo es su día a día fuera de su salón. Considero que puede ser una experiencia altamente formativa.
  • Que la tutora, la directora y/o la orientadora asistan al 6º Congreso Síndrome de Down que la Asociación Familia, Salud y Desarrollo en Síndrome de Down llevará a cabo los próximos 13, 14 y 15 de octubre del presente año en la ciudad de Monterrey. Es un Congreso altamente didáctico, con muchas ponencias dedicadas a la integración escolar y a la labor de los colegios.
  • Que se permita contar con una profesora de apoyo, también llamada de manera coloquial profesora sombra, que ayude en su labor a la profesora titular. Según he sido informado la familia ha ofrecido en varias ocasiones pagar la presencia de este profesional, pero no ha sido admitido. Si así lo decidieran estaría gustoso en darles el listado de tareas que creo que una profesora auxiliar puede y debe cumplir, ya que con frecuencia tengo la experiencia de conocer la labor de alguna profesora sombra que responde a dicho título por hacer sombra al alumno, en lugar de auxiliar a la maestra titular en su labor docente.

Sin otro particular,

Ignacio Calderón Castro

 

 

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Profesiones dignas

Recuerda que la profesión nunca dignifica a la persona, es la persona quien, en algunos casos, dignifica la profesión.

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El colegio no prepara para la vida (laboral)

Una grandísima parte de la población está convencida de que el colegio al que asistimos tiene una gran importancia en tu vida (laboral). Según esa perspectiva los que hemos tenido o tienen la suerte de ir “a un buen colegio” (entienda usted por eso lo que quiera o pueda), deberían tener un futuro laboral más halagüeño que aquellos que los que han ido “a un colegio corriente” (entienda usted por eso lo que quiera o pueda).

Hoy en día los grandes reclamos publicitarios de los “buenos” colegios son “la excelencia académica” y el bilingüismo. Se asume que si un colegio consigue aportar esas dos “joyas” el futuro (laboral) del niño – cuando llegue a ser adulto – está prácticamente garantizado o por lo menos será mucho mejor que si hubiera ido a otro colegio que no hubiera podido ofrecer alguno de esos bienes tan preciados por los padres.

En primer lugar considerando únicamente cómo está el mercado laboral, pensar que el colegio donde estudias tiene alguna relación con las posibilidades de encontrar un trabajo o las posibilidades de que el trabajo a encontrar sea mejor o peor resulta absolutamente irrisorio.

Ahondando en el argumento anterior, a lo largo de mi vida laboral me han llegado cientos de currículums, en ninguno de los cuales recuerdo haber visto ninguna referencia al colegio donde el interesado cursó sus estudios.

En segundo lugar, ¿qué es eso de “la excelencia académica”?. Dado que éste no es el lugar adecuado para hacer un análisis pormenorizado del tema permítanme que me quede con lo que las páginas web de la mayoría de esos colegios resaltan, los directores pavonean y los padres pierden el oremus al leerlo u oírlo: 98% (o 99 o 100) de aprobados en selectividad.

Permítanme que me repita como el ajo con respecto a la tan cacareada “excelencia académica”:

Como ya escribí en algún artículo de este blog: “Sr. director, NO me hable de “excelencia académica” si no me puede asegurar la “excelencia docente” de su claustro”. No lo digo yo, lo dice el informe Mckinsey de 2007 titulado “Cómo hicieron los sistemas educativos con mejor desempeño del mundo para alcanzar su objetivo”:

“1. La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes.

  1. La única manera de mejorar sus resultados es mejorando la instrucción.”

Pero ¡qué poco se oye hablar de excelencia docente! En no pocas ocasiones he oído quejas, he sufrido las consecuencias de un pésimo docente, y he visto el resultado de ponerlo en conocimiento de la dirección del centro. Las dos respuestas más frecuentes son:

  1.  “Es una institución dentro del colegio”.
  2.  “El colegio no tiene los fondos para pagarle la indemnización”.

Así que los alumnos van a sufrir y a pagar en sus cerebros la legislación laboral actual (retrógrada y decimonónica) de España, pero mientras se sigue hablando de la excelencia académica de ese centro (basándose únicamente en los resultados de selectividad, no en la calidad de su cuerpo docente).

Respecto al bilingüismo. Cualquiera que trabaje con niños dentro del sistema educativo español sabe que en la mayoría de los colegios denominados “bilingües” (no todos) se limitan a dar un número más o menos extenso de asignaturas en inglés. Que el alumno esté entendiendo lo que se limita a replicar como un loro en los exámenes, que tenga alguna utilidad para el manejo del inglés cuando salga al extranjero o que esa sea la forma adecuada de enseñar un idioma, eso, es harina de otro costal. Lo importante es cubrir el número de horas suficiente para decir que el colegio “es bilingüe”. Otra cosa muy distinta es que lo lleguen a ser sus alumnos.

Como me reconocía la directora de un colegio hace muy pocas semanas “esto del bilingüismo está haciendo un daño terrible a la enseñanza, terrible”.

El problema del sistema de enseñanza español es muy complejo, por ello me ceñiré a uno de los aspectos fundamentales: su obsesión y conformismo por trasmitir y exigir del alumno SOLO conocimientos.

En los últimos meses he tenido la oportunidad de hablar con varios directores de centros bien de sistema de enseñanza británico o bien de colegios que dentro del sistema de enseñanza español están luchando por mejorar de manera sustancial su labor y todos coinciden en lo mismo:

“Nuestro objetivo es dotar a los alumnos de conocimientos Y HABILIDADES”.

Y curiosamente todos resaltan las mismas:

  • habilidades para trabajar en equipo
  • habilidades deportivas
  • habilidades musicales
  • habilidades para hablar en público
  • habilidades sociales (inteligencia emocional) – en el aula Y en el patio.
  • habilidades de liderazgo
  • habilidades de resolución de problemas
  • habilidades de pensamiento multidisciplinar: utilizan la clase de arte, matemáticas y biología para aprender un mismo tema (el esqueleto humano) o matemáticas para comprender a Kandinsky, o arte para comprender las leyes matemáticas de la proporción.
  • habilidades para la expresión escrita

Por resaltar tan solo la última. Este fin de semana me contaba un padre ejemplar que su hija que cursa 3º de E.S.O. en Estados Unidos está “sufriendo” en la clase de escritura (writing). NO por el idioma, ella es bilingüe de verdad, sino por la dificultad para lograr “escribir bien”. (Esa habilidad es muy importante para una inmensa mayoría de trabajos – tiene gran relación con la vida)

En España dedicamos las clases de lengua a hacer los análisis sintácticos y morfológicos a las frases más absurdamente enrevesadas que se puedan pensar.  (Ruego que alguien me lo explique qué relación tiene con la vida (laboral)).

¡Ojo! NO estoy tratando de argumentar que los contenidos y las habilidades que se aprenden en el colegio tengan que tener una relación con la vida (laboral) o un valor pragmático.

Si exigimos que la enseñanza tenga siempre un sustrato práctico habremos acabado radicalmente con el sentido cultural, que es básico en el aprendizaje, y de manera muy particular en la etapa escolar.

Mi intención es sencillamente erradicar esa falacia de que el colegio (y su calidad) tiene una relación con la futura vida (laboral) de los niños. El objetivo de los colegios españoles (dentro del establishment) es obtener las mejores calificaciones en selectividad, pero qué relación existe entre la nota de selectividad y el éxito en la vida (laboral) – y no me refiero solo al éxito económico, sino de satisfacción (vital o laboral) en su sentido más amplio – es algo que al menos el común de los padres desconocemos y por tanto establecer una conexión entre ambos conceptos es una mera estratagema publicitaria.

El año pasado me preguntaba un padre porqué consideraba yo que era más adecuado para su hijo (de 3 años) que fuera a un colegio de sistema británico de enseñanza que a un colegio de sistema español, uno de esos colegios con solera, de los de Madrid de toda la vida (al que él había ido). Mi respuesta fue simple (en todas las acepciones del término simple): “no creo que donde estudie tenga ninguna relación con qué llegará a ser en su vida, así que, por lo menos, que los años de escolaridad los disfrute, se lo pase bien aprendiendo en el aula y no se pase la tarde haciendo deberes”.

 

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