Morir de covid-19 o morir de tristeza (y de asco)

Hace muchos años un buen médico y mejor persona, el Dr. Escalada, al decirle que no fumo, después de que él me ofreciera un cigarro, me dijo: “¡pues te morirás de asco!”. Me hizo gracia la frase y se me quedó grabada.

El covid-19 comenzó su expansión hace prácticamente hace un año. El ministerio de salud ya ha reconocido la presencia del primer caso de coronavirus en España el 1 de enero de 2020. La palabra “confinamiento” forma parte de nuestras vidas desde mediados de marzo; las máscaras, el gel hidroalcohólico y los saludos a distancia son tan cotidianos en nuestras vidas, que si falta cualquiera de ellos nos sentimos ya víctimas de algo, no sé de qué.

La sana distancia para reducir la posibilidad de ser contagiados está entre metro y medio y dos metros, pero todavía hay millones de personas que viven encerrados en sus casas. A los niños en México se les ha prohibido ir al colegio, y sigue habiendo cientos de personas que pueden afirmar “hace meses que no veo a mis padres”, “son población de riesgo”, añaden como explicación.

“Mi padre tiene ya 78 años, es población de riesgo”.

¿Riesgo de qué?, ¿de morirse?, ¿de verdad ha tenido que llegar una pandemia de estas dimensiones para que te des cuenta de que tu padre tiene riesgo de morir?.

Yo tengo 52 años, y soy varón. Soy población de riesgo.

Mi hija tiene 19 años. Es población de riesgo.

Todo ser humano es población de riesgo. Todos vamos a morir. La cuestión es de qué.

¿De coronavirus o de tristeza y de asco?

Según la estadística aportada hoy por la Organización Mundial para la Salud, 22 de noviembre de 2020, en el mundo se han contagiado 55,6 millones de personas, de las cuales han fallecido 1,34 millones, es decir un 2,41% de los infectados. Insisto, el 2,41% de los infectados, NO de la población.

Sin embargo, la propia OMS, publicó el 5 de octubre que calculaba que el número de contagios era 22 veces mayor al reconocido, es decir, que el 10% de la población había sido ya infectada.

¿Conoces otra enfermedad que 220% de los enfermos no saben que la han sufrido? ¿Puede seguir considerándose una enfermedad “altamente mortal”?

¡¡Ojalá la diabetes, la esclerosis lateral amiotrófica, la tuberculosis, el cáncer o tan siquiera la gripe produjera un solo enfermo asintomático hasta haberse curado de la enfermedad!!

NO soy negacionista. El virus existe. ES absolutamente necesario tomar medidas de seguridad: mascarillas, higiene manual (todavía nadie me ha explicado qué sentido tiene ducharse entero al venir de la calle), distancia con personas que no pertenecen a nuestro círculo de intimidad; pero lo cierto es que una inmensa parte de la población, por mantenerse a salvo de una enfermedad que según la OMS en la mayoría de los casos pasa desapercibida o con escasos síntomas, han tomado medidas completamente extremas y que están generando unos niveles de patología muy superiores a los causados por el covid.

Los psicólogos nos estamos haciendo de oro, es cierto, no me voy a quejar. Las consultas están llenas de personas afectadas por graves niveles de ansiedad, fobia, insomnio, depresión. Los psicólogos de familia, atendiendo a los restos afectivos de matrimonios destrozados y niños con unos problemas de conducta gravísimos por culpa, NO DEL COVID, sino de unas medidas absolutamente desproporcionadas.

España está demostrando que NO ES NECESARIO evitar a los niños asistir al colegio para controlar los niveles de contagio. Y por lo que veo en México las consecuencias de la enseñanza únicamente a través de la pantalla están siendo devastadoras. NO va a ser nada fácil su recuperación, académica por supuesto, pero afectiva y social, tampoco.

La mascarilla que es absolutamente necesaria, se ha convertido en un claro signo de “presunción de culpabilidad”. Exigimos que todo el mundo lleve mascarilla porque les consideramos “infectados” hasta que demuestren lo contrario, y tenemos un ataque de pánico si vemos que alguien que está a tres metros de distancia y en plena calle se quita la máscara. Es absurdo.

En el peor de los casos, EN EL PEOR DE LOS CASOS, haciendo un cálculo absolutamente desproporcionado, solo el 10% de las personas con las que hoy se cruce estarán infectadas con el COVID-19.

Como mínimo el 90% de las personas con las que interactúe hoy tendrán cualquier otra patología, pero no tendrán covid.

Es mucho más probable que las personas con las que conviva hoy estén sufriendo ansiedad, depresión, miedos, inseguridad, tristeza, hastío, etc.

Desde el pasado mes de marzo he perdido a varios amigos y familiares. Ninguno por covid. Andan caminando, creo, pero están muertos.

Se niegan a ver a sus padres, a sus amigos, o a cualquiera a quienes antes llamaban “personas queridas”. Todos los mensajes de Whatsapp que envían son de alarma, de prevención, de queja, o de humor rancio.

Han muerto de tristeza y de asco. Es muy poco probable que les vuelva a ver. Si algún día el covid desaparece (no ha desaparecido ni la gripe, ni la tuberculosis, ni el sífilis, así que no veo porqué va a desaparecer esta obra maestra de la ingeniería médica) habrán perdido sus facultades sociales y afectivas, serán auténticas piltrafas que conservarán el miedo a que alguien con capacidad de abrazar se les acerque.

Tomar medidas de prevención no significa dejar de hacer una vida muy cercana a la normalidad.

Ponte máscara, lávate las manos y mantén la distancia con aquellos a quienes nunca has llamado íntimos.

A partir de ahí: vete al colegio, ve a trabajar, usa el avión, disfruta de una buena comida o una buena cena con amigos. Al menos con tu cónyuge, con quién con la excusa de la pandemia no tienes un momento de intimidad desde hace meses. De intimidad digo, no un simple polvo.

Y si hace más de un par de semanas que no ves a tus padres o a alguien a quien consideras tan querido como ellos, sal corriendo, ¡pero corriendo! y dales un abrazo bien fuerte, ¡corre!, antes de que se mueran tristeza y de asco.

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¿Qué puedo regalar esta Navidad?

Ya queda poco tiempo para la Navidad y menos aún para que nos volvamos locos con las compras.

En este tiempo, especialmente bajo los efectos de la maldita pandemia, me voy a permitir hacer una sugerencia para los regalos – de este año y del resto de los tiempos.

Te sugiero que no compres cosas. Ni móviles, ni relojes, ni bufandas, ni guantes, ni camisas, ni pantalones. Ni juguetes.

Por prácticos que sean, NO regales cosas: regala TIEMPO o regala EXPERIENCIAS.

Regala una mañana, una tarde o un día entero contigo en el lugar que más le pueda apetecer al destinatario.

Llévatelo al teatro, a un parque de atracciones, a un paseo por el campo, a una conferencia, a ver una película al cine, a pasear por el jardín botánico, al zoo, al circo, a patinar sobre hielo, o a montar en bicicleta, en globo o a caballo, llévatelo a tomar un café con el bollo o la tarta que más le guste, a comer a un restaurante que nunca pensó que podría ir o quédate en casa y comeros un pollo asado sin usar cubiertos.

Regala TIEMPO contigo. Regálale una EXPERIENCIA que pueda conservar para siempre en su corazón.

Todos los objetos se rompen o se pierden o se desgastan o lo que es peor: se cambian al día siguiente de que lo hayas regalado; pero esas cuatro o cinco horas contigo, haciendo eso que tanto le apetece nunca se romperá, nunca se perderá, nunca se desgastará y lo que es seguro: NUNCA QUERRÁ CAMBIARLO. Lo guardará para siempre en su corazón, volverá a ello cuando necesite recuperar un poco de alegría.

Si después de todos estos meses de pandemia y, lo que es peor, de confinamiento obligado o voluntario no hemos aprendido que lo único importante en nuestras vidas son las personas que tenemos alrededor, son las experiencias que construyen nuestra vida y es el tiempo compartido y entregado a los demás, habremos perdido una oportunidad inigualable.

Esta Navidad NO regales cosas. Regala tiempo y regala experiencias. Y asegúrate que TÚ eres parte del regalo.

Será EL MEJOR REGALO.

P.D. La idea de este post no es mía, se la debo a Alicia Bastos. Ella me hizo este regalo.

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La vuelta al colegio en educación infantil y el coronavirus.

Uno de septiembre de 2020, estamos a las puertas del comienzo del curso escolar 2020/21 y por fin, el 27 de agosto, hace 4 días, el gobierno de España publica el “acuerdo del consejo interterritorial (es decir para toda España) del sistema de salud, adoptado en coordinación con el consejo sectorial de educación, sobre la declaración de actuaciones coordinadas en salud pública frente al covid-19 para centros educativos durante el curso 2020/21”.

Además de este acuerdo las diferentes comunidades autónomas han publicado sus respectivas normativas para la incorporación a las aulas. Como excedería los fines de este artículo, no he leído todas, me baso en los datos generales conocidos.

Básicamente, para la etapa de educación infantil (de 0 a 6 años) las recomendaciones (que en algunos lugares y casos serán normas) son:

1 – número máximo de alumnos: 20 por aula – no hay referencia al tamaño del aula.

2 – distanciamiento social igual que el resto, de 1,5 metros, aunque “se posibilita que los niños y niñas (sic) de menor edad puedan socializar y jugar entre sí sin tener que mantener la distancia interpersonal de forma estricta”.

3 – NO será obligatorio para los alumnos usar máscara.

4 – Se recomienda mantener una buena ventilación del aula.

Consideremos esas recomendaciones a la luz de las recomendaciones y normas dadas desde la Organización Mundial de la Salud y los diferentes gobiernos para el conjunto de la población:

1 – aforo en lugares cerrados de entre un 50% y un 75% del aforo. Se deberá tener en cuenta el tamaño del local.

2 – distanciamiento social de 1,5 metros.

3 – (Al menos en España) uso obligatorio de la máscara tanto en lugares cerrados como abiertos (no obligatorio para menores de 7 años).

¿Qué significa esto?: Que a las profesoras (me referiré a este colectivo siempre en femenino, ya que la mayoría de los docentes de la etapa infantil son mujeres) de educación infantil se les exige desarrollar su labor profesional en un entorno que para el resto de la población estaría multado.

Todo el mundo habla de la imposibilidad de que los niños mantengan la distancia de seguridad, es evidente, ¿pero podría la profesora mantener la distancia de seguridad? ¿Con niños menores de 6 años?, IMPOSIBLE. La profesora se va a acercar a todos y cada uno de los niños a lo largo del día, a alguno le cogerá la mano para ayudarle a hacer el trazo, con otro se agachará y se pondrá a la altura de su cara para abrocharle el babi y a otro le limpiará los mocos, aunque luego vaya corriendo a lavarse con gel hidroalcohólico.

Educar a niños menores de siete años implica cercanía. Si cree que puede ser hecho de otro modo, usted no ha estado dentro de un aula con niños de esas edades desde que usted entró primero de primaria.

Puede ser comprensible que a los niños menores de 6 años y medio no se les exija el uso de mascarilla, pero eso significa que a la profesora se le exige estar con hasta 20 personas (lo que vienen siendo niños) que no llevan mascarilla, con los que inevitablemente va a tener un contacto cercano, en un entorno cerrado: habrá que ver en qué casos la profesora puede mantener las ventanas abiertas y cuándo, por cuestiones de seguridad – a los niños les encanta asomarse – será imposible abrirlas.

Es el entorno idóneo para provocar el contagio del covid-19.

Se da la paradoja de que se pide a las profesoras estar en semejantes condiciones, pero si al salir del colegio se les olvida ponerse la máscara y van por la calle (al aire libre) sin nadie a su alrededor a 20 metros a la redonda, pueden ser multadas con cientos de euros. ¿Es coherente?.

¿Es coherente esta normativa con las recomendaciones para minimizar las posibilidades de contagio del covid-19?

Me permito recordar que la conclusión a la que llega el estudio publicado el 19 de agosto de 2020 en el Journal of Pediatrics es “Este estudio demuestra que los niños son una fuente potencial de contagio del agente pandémico Sars-Cov-2 a pesar de que sus síntomas sean mas leves o de la falta de síntomas” (Yonker, L., et al: “Pediatric SARS-CoV-2: Clinical presentation, infectivity and immune responses”. Journal of Pediatrics, agosto 2020 ”; DOI: https://doi.org/10.1016/j.jpeds.2020.08.037)

Ahondando en esta línea, un estudio publicado más recientemente todavía con 91 niños infectados por coronavirus concluye que “El análisis sintomatológico en niños no es capaz de detectar a la mayoría de los niños con COVID-19 (SON ASINTOMÁTICOS), y se detecta RNA (MATERIAL GENÉTICO) del SARS-CoV-2, durante un periódo inusualmente largo”, a lo que refieren que “se alcanza una media los 14 días en los casos asintomáticos y los 17,6 días (más de dos semanas) en el conjunto de los casos”. (Mi Seon Han, et al, “Children With Coronavirus Disease 2019 in the Republic of Korea”, Journal of the American Medical Asociation – JAMA Pediatrics, 28 de agosto de 2020; https://jamanetwork.com/journals/jamapediatrics/fullarticle/2770150 )

En resumen: se está poniendo a las profesoras y a los niños – desde los jardines de infancia hasta tercero de educación infantil – en primera línea de contagio del covid-19.

¿Admitirían otros profesionales ser expuestos al coronavirus como lo van a ser las profesoras? Lo dudo muchísimo.

¿No cree que ya va siendo hora de que a los docentes en general y a las profesoras de educación infantil y primaria en particular se les dé el reconocimiento social que se merecen, sin hablar del reconocimiento económico acorde a su responsabilidad, ya que sería entrar en terreno utópico?.

Y por ser prácticos: ¿qué puedes hacer tú?

Depende de tu posición en la sociedad:

  • Si tu hijo va a ser usuario de algún centro escolar antes de la etapa obligatoria, en primer lugar recuerda precisamente eso: la escolarización en España NO es obligatoria hasta primero de primaria (6 años y medio cumplidos). Si no te es imprescindible llevarle, no te sientas obligado ni legal ni moralmente. Contigo estará en las mejores manos.

Hay motivos antropológicos y de desarrollo neurológico que justifican plenamente que la escolarización NO sea obligatoria antes de los siete años. Esos motivos no importan absolutamente nada en esta sociedad, pero por lo menos todavía no es obligatorio.

  • Si vas a llevar a tu hijo a un centro escolar y todavía no va a ir a primaria ni cursos superiores, te recomendaría que escribieras HOY a la dirección del centro agradeciéndoles que abran sus puertas en una etapa no obligatoria ya que gracias a su labor tu puedes incorporarte al trabajo (remunerado o no). Es de bien nacidos ser agradecido.

También te recomendaría que en el mismo correo solicitaras a la dirección del centro que den un reconocimiento explícito Y frecuente a los profesores en general, pero de manera muy clara a aquellas profesionales que se van a exponer al coronavirus como ningún otro profesional lo ha hecho. Puedes proponer que se cree el “día del profesor expuesto”, o algo similar y que cada primer lunes de mes se les mencione de manera especial, por ejemplo.

  • Si en el chat de padres del aula lees críticas a la profesora, recuérdales que las educadoras están haciendo algo que no se ha pedido a NINGÚN otro profesional y que si tienen algún problema que se queden el niño en su casa, ya que no es obligatorio que lo lleven. Y si creen que lo pueden o lo saben hacer mejor que ella que lo demuestren.
  • Si tienes un cargo (de los serios, de los que tienen algo de voz en dirección) en un centro escolar, aboga por que en cada aula – al menos en aquellas donde los niños no van a llevar máscara – haya un medidor de niveles de CO2, que se pueda monitorizar en todo momento si la concentración está dentro de unos límites aceptables (saludables), y en caso contrario que se permita desalojar ese aula, aunque sea temporalmente – recomendación extraída de la entrevista/artículo con el Dr. José Luis Jimenez, experto en aerosoles de la Universidad de Colorado (Estados Unidos). (DOI: https://www.abc.es/ciencia/abci-vuelta-cole-bomba-relojeria-si-ignora-transmision-aerea-coronavirus-202008262248_noticia.html)

A la luz del mismo artículo, aboga también porque en cada aula – al menos en aquellas donde los niños no van a llevar máscara – haya un purificador de aire HEPA.

  • Si tienes algo de voz dentro de tu centro escolar asegúrate de que se da un reconocimiento MUY FRECUENTE a esas profesoras que están en la primera línea del contagio del coronavirus y, por supuesto, si notas que cualquiera de ellas necesita un abrazo porque está saturada del estrés que le supone trabajar en semejantes circunstancias, no se te ocurra recordarle las “normas de seguridad”.
  • Si eres profesora de niños entre 0 y 6 años y medio (etapa de enseñanza infantil), antes que nada: gracias, gracias, GRACIAS, creía que mi admiración por vosotras había llegado al cielo, pero ahora mi admiración tiene que elevarse hasta el infinito.

En primer lugar, NO te sientas obligada a hacer lo que nadie más en esta sociedad va a hacer: meterse cada día en un aula con hasta 20 niños (en los colegios privados pueden llegar incluso a más), que no llevan máscara y dónde te será imposible guardar las distancias de seguridad y donde no será fácil mantener la ventilación adecuada. Nadie te lo puede exigir. NADIE. Si sientes que te supera, acude a tu médico, explícale tu situación y pide una baja por estrés.

Si tienes tu sentido de la responsabilidad hipertrofiado – algo muy habitual entre los docentes en general y entre las profesoras de infantil en particular, entonces te recomiendo:

  • Siempre que te sea posible mantén la puerta del aula abierta, al menos eso ayudará algo a que no se vicie demasiado el aire.
  • Siempre que te sea posible mantén el máximo número de ventanas abiertas (siempre que no haya riesgo para los niños). Si los niños tienen que llevar el abrigo dentro del aula no pasa nada.
  • Cuando te sientas decaída recuerda todas las veces que saliste a las ocho a aplaudir a los sanitarios – que tan merecido se lo tenían (y se lo tienen) – y date la misma ovación.

No te aflijas si no oyes aplausos a tu alrededor, tú sabes muy bien que esta sociedad no es capaz de apreciar la labor de los docentes, y a las de infantil muchos os siguen considerando en el nivel más bajo del escalafón. La sociedad necesita ignorar que podríais llegar a ocupar otras puestos con muchísimo más reconocimiento social, pero que no hay un catedrático, ni un abogado, ni un médico, ni un ingeniero que pudiera superar con éxito una jornada escolar completa con vuestros alumnos. Ni uno.

Por terminar con algo positivo. Aunque no lo hayan pretendido los que han hecho estas normas han creado una situación experimental perfecta – me referiré exclusivamente a los cursos de tercero de infantil (cinco y seis años) y a primero de primaria (seis y siete años) por mantener una cierta coherencia entre las edades para que se pudiera hacer el estudio:

Tenemos un grupo experimental: las profesoras y los alumnos de tercero de infantil, donde los alumnos van sin máscara y;

tenemos un grupo control: los profesores y los alumnos de primero de primaria, donde los alumnos van con máscara.

Si consideramos el conjunto de estos profesores y alumnos en España, los grupos son tan amplios que la influencia de variables extrañas queda minimizado.

Si alguien se ocupara de llevar la estadística de los contagios en estos grupos, podría compararse al final de curso escolar y comprobar si hay diferencias estadísticamente significativas entre ambos; sería una constatación de la eficacia de la máscara, lo contrario sería equivalente a decir que, al menos en esas edades, la máscara no era necesaria.

No es de esperar que nadie de ningún ministerio ni de ninguna consejería de educación o de salud se plantee hacer semejante estudio, ellos bastante tienen con improvisar, pero creo que es un estudio muy interesante. Y sencillo.

No quiero terminar sin decir que aunque he centrado este artículo en las profesoras de la etapa de educación infantil, es perfectamente extensible, y mi admiración es absolutamente equivalente, a los profesores de educación especial ya que a sus alumnos tampoco se les exige el uso de la máscara y por tanto se van a ver expuestos al mismo riesgo.

A todos: gracias, GRACIAS, GRACIAS. Os doy mi más sincera ovación.

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Hijos y calidad de vida

Leo en la contraportada del periódico El Mundo (22 de junio de 2020) una cita de una tal Samanta Villar – periodista – según la cual “tener hijos es perder calidad de vida”. Me llama la atención la frase, más aún a la luz de un artículo leído hace tan solo cuatro días en otro diario, en este caso ABC (18 de junio de 2020), que indicaba que “el 82,8 % de los españoles tienen, han tenido o tendrán menos hijos de los que les gustaría”.

Si fundimos estas dos fuentes de información podemos concluir que el 82,8 % de los españoles desea tener menos calidad de vida.

Supongo que la periodista haría su afirmación en base a su experiencia maternal. Si es así solo puedo decir que lo lamento por ella y, cómo no, por su/s hijo/s.

Creo que el quid de la cuestión está en cómo valoramos la “calidad de vida”, y permítanme una aclaración antes de seguir adelante: por lo que a mí respecta, que cada uno la valore como le de la real gana. Que cada cual establezca su escala de valores y a partir de ahí que los demás hagan lo propio. Así que hubiera sido muy apropiado que la Sra. Villar hubiera puntualizado un poco más, hubiera sido más correcto – creo yo – si hubiera dicho: “tal y cómo yo (Samanta Villar) conceptualizo la calidad de vida, tener hijo(s) me ha supuesto una merma”.

Reconozco que tener hijos suele acarrear una serie de pérdidas: poder adquisitivo – que se dirige al sustento, educación y caprichos de los vástagos en lugar de otros fines -; con frecuencia pérdida de tiempo de sueño; habitualmente pérdida de tiempo para actividades personales; y en muchas ocasiones, especialmente entre las mujeres – ¡pongámonos reivindicativos! – también una pérdida de las opciones de desarrollo profesional.

Si esos bienes – porque bienes son – se consideran parte de la “calidad de vida”, habrá que reconocer la verdad del axioma.

Ahora permítanme dar mi visión de los elementos que componen la calidad de vida. Es mí opinión, nada más lejos de pretender que sea trasladable al resto de la población, mucho menos a usted, que está leyendo este artículo.

Llevo muchos años argumentando que la calidad de vida depende de dos factores y en algunas personas – pero solo en algunas – de tres.

El primer elemento es la calidad de la relación que mantenemos con nosotros mismos – y aunque no puedo explayarme, déjeme puntualizar que la tan manida “autoestima” sería solo uno de los elementos de esa relación, pero no el todo.

El segundo elemento es la calidad de la relación que mantenemos con los demás.

Considero que si una persona tiene una buena relación consigo mismo Y con las demás personas de su entorno – más Y menos cercano – tendrá una magnífica calidad de vida independientemente de poder adquisitivo, su estado de salud, el tiempo que tenga para dormir y sus opciones de desarrollo profesional.

Concretando: si alguien es pobre en el sentido estricto de la palabra, está enfermo en grado terminal, no tiene la más mínima posibilidad de desarrollo profesional pero goza de una buena relación consigo mismo Y con los demás, entonces tiene la mejor calidad de vida a la que puede aspirar.

Pongámoslo al contario: si una persona tiene un magnífico poder adquisitivo, goza de una excelente salud, puede dormir tanto como su cuerpo necesita y tiene un magnífico estatus profesional y unas opciones de desarrollo todavía mayores, pero NO tiene una buena relación consigo misma Y con los demás, entonces su calidad de vida – insisto, desde mi punto de vista – es absolutamente deficiente.

Desde esta perspectiva, tener hijos podrá mejorar o empeorar la calidad de vida, todo dependerá de la calidad de la relación que establezcamos con él (o con ellos). Así que, supongo que el efecto será variable a lo largo de la vida. Aunque también hay que reconocer que tener hijos nos abre todo una serie de posibilidades de desarrollo y enriquecimiento de las capacidades personales que también afectarán a cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

En mi caso, debo reconocer que cada uno de mis cuatro hijos me permiten decir que mi calidad de vida – gracias a mi relación con cada uno de ellos y a cómo me relaciono conmigo mismo desde que soy su padre – ha mejorado estratosféricamente.

Sin duda. Mi calidad de vida sería infinitamente peor si ellos no hubieran sido mis hijos. Gracias a los cuatro, cualquiera de vosotros podéis afirmar sin el más mínimo temor a equivocaros: “Yo hice a mi padre mejor persona y su calidad de vida fue mucho mayor gracias a mí”. – Me encantaría poder asegurar lo mismo con respecto a mis propios padres, ya llegará el momento cuando puedan decírmelo.

No quiero terminar sin mencionar el tercer elemento que creo que algunas personas – pero solo algunas – también incluimos en nuestra ecuación de la calidad de vida, y es, para aquellos que tenemos fe, nuestra calidad de la relación con Dios.

Y les aseguro que la calidad de esa relación pasa por etapas mejores y peores. Y cuando pasa por una buena fase, sin duda la calidad de nuestra relación con nosotros mismos y con los demás también experimenta un nivel mucho mejor que cuando nuestra relación con Dios está en sus horas bajas, pero ese será otro tema.

Hijos y calidad de vida. Estoy convencido de que mis hijos son causantes directos de mi magnífica calidad de vida. ¡Ojo!, los padres también somos una enorme influencia en la calidad de vida de los hijos. Hagamos lo posible porque sea la mejor posible o, al menos, no estropeársela.

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Formación en el Método INPA©

Tras el éxito de las dos primeras ediciones, estamos encantados de abrir la tercera edición de la formación en el Método INPA©

En esta ocasión será una edición exclusivamente ON LINE, completamente en directo.

Formación en Método INPA ©

Integrated Neurodevelopmental Potential Aimed Method ©

Modulo I: Introducción al método INPA ©– Funcionalidad del sistema nervioso central y su papel en el desarrollo, aprendizaje y conducta del niño.

Objetivo: Comprender la función de las diferentes estructuras del sistema nervioso central en el desarrollo y en el aprendizaje para entender sus dificultades, su potencialidad y cómo trabajar con ellos.

A quién está dirigido: Profesores, psicólogos, logopedas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, estudiantes de estos grados y padres de niños y jóvenes con dificultades en su desarrollo y en su aprendizaje, diagnosticadas o no.

Quien lo imparte: Nacho Calderón. Director de INPA y desarrollador del método del mismo nombre. Con más de 28 años de experiencia en el diagnóstico, tratamiento y diseño de programas para niños y jóvenes dificultades del desarrollo y del aprendizaje.

PROGRAMA:

1 – ¿Qué es el método INPA ©?

2 – Bases teóricas del método INPA ©

  • Concepto de Organización Neurológica
  • Filogenia y ontogenia
  • Desarrollo del sistema nervioso central

3 – Diagnósticos y funcionalidad

  • Diagnóstico radiológico y electroencefalográfico
  • Diagnóstico etiológico
  • Diagnóstico sintomatológico
  • Diagnóstico funcional

Fecha: Viernes 3 de julio de 2020

Horario: De 15:30 a 20:30 hora de España. (8:30 a 13:30 hora de México.)

Modulo II: Método INPA © – bases de la evaluación.

Objetivo: Comprender los objetivos de la evaluación y conocer las funciones básicas del desarrollo que tendrán un papel en el funcionamiento general del niño. Comprender la evaluación en un caso y acercarse al papel de la familia.

A quién está dirigido: Profesores, psicólogos, logopedas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, estudiantes de estos grados y padres de niños y jóvenes con dificultades en su desarrollo y en su aprendizaje, diagnosticadas o no.

Quien lo imparte: Nacho Calderón. Director de INPA y desarrollador del método del mismo nombre. Con más de 28 años de experiencia en el diagnóstico, tratamiento y diseño de programas para niños y jóvenes dificultades del desarrollo y del aprendizaje.

PROGRAMA:

1 – Principios de la evaluación

  • Objetivos de la evaluación: ¿diagnóstico, pronóstico o tratamiento?
  • El sistema nervioso: funciones aferentes, eferentes y procesamiento.
  • Neuropsicología del desarrollo – funciones y etapas básicas del desarrollo

2 – A propósito de un caso

  • ¿A quién vamos a evaluar? – las diferentes perspectivas sobre un solo niño
  • Posibles causas de sus dificultades:
    • Fisiológicas.
    • Sensoriales.
    • Maduración del sistema nervioso – desarrollo neuromotor.
    • Memoria.

3 – La respuesta de la familia – sesión disponible en youtube

Fecha: viernes 10 de julio de 2020

Horario: De 15:30 a 20:30 hora de España. (8:30 a 13:30 hora de México.)

Precio por cada módulo 100,00€

INSCRIPCIONES: metodoINPA

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Cierre de los colegios de educación especial, ¿bulo o realidad?

La noticia de que el Gobierno de España va cerrar los colegios de enseñanza especial es falsa.

NO los va a cerrar, los va a VACIAR. La diferencia es sutil, pero suficiente para que interesadamente el gobierno se queje de que es un “bulo” más sobre su (pésima) gestión.

Y tal y cómo está preparado el proyecto de ley de educación, NO va a ocurrir el próximo curso escolar, es decir, los alumnos con discapacidad que en este momento están matriculados en un colegio de enseñanza especial no van a ver peligrar su plaza ni van a ser reubicados (espero) mientras dure su escolarización (espero, pero no lo sé y sería un estúpido si me fiara de las palabras de ningún miembro de este gobierno).

¿Entonces porqué tanto revuelo, tanto alarmismo?

Porque esta guerra se pierde o se gana HOY. Los padres y los alumnos con discapacidad que ya están matriculados (creo que) no están preocupados por su plaza – pero están en pie de guerra y dispuestos a luchar por las próximas generaciones de personas con discapacidad.

Son personas con conciencia. Son personas que saben lo duro que es la escolarización de un hijo con discapacidad. Muchos de ellos han intentado la escolarización en un colegio de integración y se han encontrado con un sistema incapaz de responder a las necesidades de sus hijos, (insisto en que soy y sigo siendo un férreo defensor de la escolarización inclusiva, pero no voy a mentir ni voy a cerrar los ojos a las evidencias). Saben la zozobra que supone tener que elegir cuál es la mejor opción para sus hijos (enseñanza integrada o especial) después de haberse visto bombardeados por decenas de opiniones enfrentadas, desde su familia a profesionales. Han sufrido, han batallado, han pasado noches sin dormir y han soportado dolores de cabeza dando vueltas a una decisión que para el resto de los padres es infinitamente más sencilla y finalmente han encontrado el lugar idóneo para sus hijos y ahora se encuentran con que el proyecto de ley de educación de este gobierno de Unidas (sic) Podemos y el PSOE, quiere vaciar progresivamente los colegios de enseñanza especial y negar esa opción a las futuras generaciones de niños con discapacidad y NO PUEDEN PERMANECER IMPASIBLES ANTE ESTE ATROPELLO A LA LIBERTAD.

Entiendo que si usted no tiene un hijo con discapacidad esté algo perplejo ante toda esta situación o piense que está sobredimensionada. Permítame explicarle como funciona la escolarización en estos casos para que entienda algo mejor la situación.

¿Usted tiene hijos?

¿Les ha llevado al colegio que usted a querido, o le han impuesto el sistema escolar?

A los padres de niños con diagnóstico de discapacidad se les IMPONE el sistema escolar al que debe atender.

Cuando un niño tiene una condición bien genética o de otro tipo que le lleva a ser encuadrado dentro de un diagnóstico de discapacidad (intelectual, física o sensorial) su escolarización NO es elegida por los padres, sino por un “equipo de orientación” dependiente de la consejería de educación (sic) – debería llamarse de enseñanza o escolarización – de su comunidad autónoma. Ese equipo de orientación determinará a partir de su evaluación (habitualmente realizada en un día) a qué tipo de escolarización debe tener acceso:

a) De integración – colegio de enseñanza ordinaria con apoyos (maestro de pedagogía terapeútica, logopedia, maestro con especialidad en audición y lenguaje, adaptación curricular significativa, etc.).

b) Aula de enseñanza especial (habitualmente para niños con diagnóstico dentro del espectro de autismo) en un colegio de enseñanza ordinaria – considerado por tanto también colegio de integración. Esta opción es absolutamente minoritaria, ya que son MUY POCAS las aulas especiales dentro de colegios ordinarios.

c) Escolarización especial.

Si el dictamen es para escolarización en un colegio de integración, A DÍA DE HOY, los padres todavía pueden elegir llevarle a un colegio de enseñanza especial, sea el colegio público, concertado o privado. Esta capacidad de elección de los padres con la nueva la ley sería eliminada.

Si el dictamen es que el niño DEBE ir a escolarización especial, la única posibilidad es que los padres puedan llevar a su hijo a un colegio de integración es que el colegio sea PRIVADO y que le admita. Básicamente sus posibilidades son nulas.

¿Y porqué querrían unos padres llevar a su hijo, a una modalidad de escolarización diferente a la que el equipo de orientación (profesionales muy cualificados – lo escribo sin ninguna ironía) ha establecido?

Piense un momento en sus hijos, ¿Les lleva a un colegio bilingüe o monolingüe?. ¿Qué le parecería que un grupo de profesionales muy cualificados determinara después de una evaluación realizada en un máximo de cuatro horas (estoy siendo muy generoso) si tienen o no derecho a ir a un colegio bilingüe y usted tuviera que ADMITIR ese dictamen independientemente de su opinión y sus circunstancias?

¿No le resultaría molesto a usted no tener capacidad de decisión respecto a la escolarización de sus hijos y verse obligado a delegarla en un “equipo de orientación”?

Los padres lo único que quieren es poder elegir el colegio de su hijo, igual que usted, igual que cualquiera.

Pero recordemos las palabras de María Isabel Celaá Diéguez, ministra de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España el 17 de enero de 2020, en la rueda de prensa que prosigue al consejo de ministros: “no podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres“.

Básicamente lo que ocurre, A DÍA DE HOY es que la libertad de elección de modalidad de escolarización para padres de niños con discapacidad está BASTANTE LIMITADA, pero al menos queda algo de libertad.

Lo grave, la razón por la que los padres y muchísimos profesionales nos hemos levantado en pie de guerra es que pretenden dar un giro más de tuerca a la limitación de la libertad de los padres, ya que lo segundo que pretenden los grupos parlamentarios de Unidas (sic) Podemos y el PSOE es cambiar los criterios de esa valoración de los equipos de orientación, haciendo que para que un alumno sea aconsejado ir a un colegio de enseñanza especial, o bien tendrá que encontrarse en un estado cuasi vegetativo o bien en un estado de agitación y descontrol de sus movimientos y/o voluntad tal que fuera peligroso para sí mismo o para los demás que estuviera en un colegio con un alto número de alumnos por aula.

El gobierno NO VA A CERRAR COLEGIOS de enseñanza especial, va a:

  1. Cambiar los criterios del dictamen de los equipos de orientación para que prácticamente el 98% de los alumnos con discapacidad sean asignados a escolarización integrada y,
  2. Va a hacer que dicho dictamen sea de obligado cumplimiento y/o
  3. Eliminar los conciertos actualmente existentes con los colegios de enseñanza especial.

De esa forma los colegios de enseñanza especial se irán vaciando poco a poco, según vayan terminando su etapa escolar los alumnos que tienen actualmente matriculados.

Además para cuando este macabro objetivo llegue a su fin (objetivo fijado en diez años), espero, confío y deseo que ninguno de los que están hoy en el consejo de ministros sigan ahí, espero que ni siquiera estén en el parlamento, así que el liberticido habrá sido consumado y sus ejecutores se habrán ido de rositas.

¿Porqué es tan importante esta guerra? Por que es una guerra por la libertad.

Es una guerra por mantener la patria potestad de los padres.

Puede que usted no tenga hijos con discapacidad, pero le aseguro que, como diría Carmen Calvo Poyato (Cabra, 7 de junio de 1957) actual vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática del Gobierno de España, “le va la vida en ello”.

Después de esta guerra – gane quien gane – el gobierno de Unidas (sic) Podemos y el PSOE va a ir a cercenar más libertades de los padres, especialmente en el terreno de la enseñanza y la escolarización. ¿Va usted a luchar, o va a creerse que es un bulo?.

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Educación inclusiva sí, ESPECIAL TAMBIÉN.

Cualquiera que haya leído alguno de los artículos que he escrito en este blog sobre la escolarización, enseñanza, y educación de personas con discapacidad, o que me conozca profesionalmente, sabe que soy un férreo defensor de la inclusión educativa.

Llevo 28 años trabajando con niños y jóvenes con discapacidad, tanto intelectual, como sensorial o física, lo hago con personas que viven en al menos 5 países distintos en tres continentes y esto me ha permitido conocer el estado de la enseñanza y de la escolarización de personas con discapacidad en lugares y entornos muy distantes y muy distintos.

Insisto, soy un férreo defensor de la inclusión educativa, y lo soy a pesar de que puedo afirmar sin el más mínimo temor a equivocarme que la inclusión educativa, a día de hoy, abril de 2020, sigue sufriendo de gravísimas deficiencias.

Pero, más allá de mi experiencia, la propuesta de varios grupos parlamentarios (PSOE Y UNIDAS (SIC) PODEMOS) de reducir los colegios de enseñanza especial a una mínima función, limitando su existencia prácticamente a alumnos que requieran una “atención muy especializada” – tal y cómo aparece en la Disposición adicional cuarta del proyecto de la Ley de Educación – y una función de “centros de referencia y apoyo” resulta una absoluta ESTUPIDEZ, y una completa CANALLADA.

Los colegios de enseñanza especial hacen una labor encomiable, insustituible. Más aún, tal y cómo está la escolarización inclusiva hoy en día en España, cada vez estoy más convencido, muy a mi pesar, de que probablemente el futuro de la enseñanza de personas con discapacidad intelectual pase por una mejoría y una potenciación de los colegios de enseñanza especial.

Lo que puedo asegurar es que las administraciones públicas – ayuntamientos, comunidades autónomas y el gobierno – está haciendo POCO o NADA por mejorar la enseñanza inclusiva, salvo crear legislación, burocracia y pedir evaluaciones e informes a personal altamente cualificado pero que se ve obligado a emitir dictámenes tras sucintas evaluaciones de niños a los que no conocen más allá del día de la evaluación, sin tener en cuenta la opinión, ni la capacitación, ni la implicación de los padres.

La frase de la disposición adicional cuarta asegurando que “El Gobierno, en colaboración con las Administraciones educativas desarrollará un plan que, en el plazo de diez años … los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para poder atender en las mejores condiciones al alumnado con discapacidad” es, en el mejor de los casos una auténtica quimera. Pero es más realista decir que es EVIDENTE y absolutamente INNECESARIO.

Léase con detenimiento: perdón por repetirme, no creo que usted sea tonto pero es que es una trampa tan evidente, que puede pasar desapercibida:

¿Para qué dedicar diez años ¡DIEZ AÑOS! a “desarrollar un plan” ¡un plan!, cómo les gusta esa palabra a los políticos, “para que los centros ordinarios cuenten con los recursos necesarios para atender a los alumnos con discapacidad”? ¿Para qué, si los centros de enseñanza especial YA TIENEN ESOS RECURSOS?, y si no los tienen, ¡dénselos! les aseguro que los profesionales de esos colegios saben perfectamente cómo utilizarlos.

Son ustedes, señores diputados, senadores y demás chupatintas de la política, los que no tienen ni idea de escolarización, enseñanza, ni educación y no tienen ni idea de qué hacer, salvo “hacer un plan”.

Es un evidente atentado contra lo más sagrado en una sociedad después de la vida, que es la libertad.

Por supuesto ambos partidos tienen como bandera estar a favor del aborto de un bebé por el hecho de que su código genético no coincida con unos estándares que consideran “aceptables”.

La defensa que hacen estos partidos del aborto de las personas con condiciones genéticas no estándar es la muestra más evidente y más clara de su nulo respeto y su desprecio absoluto por la vida de las personas con discapacidad intelectual.

No les importan una higa.

Pero una vez que la persona con discapacidad intelectual ya ha salido del vientre MATERNO y está en la tierra no puede ser eliminada y … habrá que educarla, pero … ¿quién debe ser responsable de su educación?

El 17 de enero de 2020 María Isabel Celaá Diéguez (Bilbao, 23 de mayo de 1949), ministra de Educación y Formación Profesional del Gobierno de España, afirmó en la rueda de prensa que prosigue al consejo de ministros que: “no podemos pensar de ninguna de las maneras que los hijos pertenecen a los padres“.

Este es el quid de la situación.

Desde la ideología de estos dos partidos – ideología comunista que caracteriza a la agrupación política Unidas (sic) Podemos y que está impregnando a sus socios de gobierno, el PSOE – debe ser el estado (al que confunden o sencillamente equiparan con el gobierno) quien tome las decisiones respecto a la educación de sus súbditos, ya que la educación, cuando se ejerce de manera eficaz, puede producir como resultado la libertad intelectual del ciudadano, y esto es inadmisible para ambos grupos parlamentarios.

¿Qué interés tienen estos políticos en la inclusión de los niños y jóvenes con discapacidad intelectual? ¿Realmente buscan lo mejor para el alumno?

NO, en absoluto. Sus intereses son espurios.

El único interés que realmente les mueve es tener el control sobre la escolarización, la enseñanza y, en la medida que puedan, la educación de los niños, tengan o no discapacidad.

El proyecto de Ley de Educación que han presentado y de manera particular la disposición cuarta es un atentado contra la libertad de los padres a la libre elección de enseñanza y de escolarización de sus hijos. Ese el único interés que les mueve: tener el control de la escolarización, la enseñanza y, en la medida que puedan, la educación de los niños y reducir a la mínima expresión las capacidad de elección de los padres sobre la libertad de sus hijos.

Sí a la inclusión educativa, por supuesto, pero NUNCA, ¡JAMÁS!, A COSTA DE LA ENSEÑANZA Y LA ESCOLARIZACIÓN ESPECIAL.

Ambas formas son válidas y son necesarias.

Sí a la libertad de enseñanza. Sí a la libertad de los padres. Si a la libertad.

Señores políticos, saquen sus asquerosas manos de la educación.

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¿Qué es educar?

La labor del pintor es pintar. Y todos sabemos qué hace un pintor.

La labor de la pianista es tocar el piano. No hace falta explicarlo.

La labor de una bioquímica molecular es investigar. Sin tener un conocimiento detallado de qué hace, más o menos todos tenemos una idea bastante clara de qué hace una bioquímica.

La labor de los padres es educar. Y eso ¿cómo se hace?.

Para poder tratar el tema, permítanme utilizar la definición que aporta José Ramón Ayllón en un magnífico volumen[1]: “¿Qué es educar? Sabemos que se trata de una acción compleja que se ejerce sobre el ser humano para ayudarle precisamente a ser humano”. (Subrayado mío).

Educar, por tanto, es esa “acción compleja” encaminada a potenciar en nuestros hijos esas características que consideramos propiamente humanas.

Por reducción al absurdo, podemos decir que potenciar aquello que no caracterice al ser humano no es educar:

  • patinar no es característicamente humano, podemos ser profundamente humanos sin saber patinar, por tanto no parece importante en el proceso de educar a alguien.
  • Jugar a las cartas tampoco es característico de los humanos.
  • Ser abogado tampoco es una característica definitoria del ser humano.

¿Quiere decir esto que por tanto no debemos enseñar a nuestros hijos a patinar, a jugar a las cartas o a ser abogados?, naturalmente que no, es bueno que nuestros hijos aprendan esas tres cosas y otras muchas más, pero no pasaría nada si no lo aprendieran.

¿Qué debemos enseñar entonces, qué debemos potenciar en nuestros hijos para hacerles personas educadas?.

A priori eso lo deben decidir ustedes. Al fin y al cabo vivimos en un momento histórico caracterizado por el relativismo moral, así que “todo depende”. Son sus hijos – aunque la ministra de educación de España haya afirmado que “los hijos no pertenecen a sus padres” (sic) – y por tanto ustedes dos son los que deben establecer cómo educarles, como facilitar a que lleguen a ser plena y profundamente humanos.

Permítame dar un listado de alguna de las características que considero están presentes en las personas educadas:

  • el respeto
  • la libertad (y consecuentemente la responsabilidad)
  • la capacidad para expresar afecto
  • la reciedumbre
  • la lealtad
  • la fraternidad
  • el sentido del humor
  • la sinceridad
  • la coherencia de vida
  • la honradez
  • la alegría
  • la justicia
  • la gratitud
  • la generosidad
  • la perseverancia
  • la bondad
  • la honestidad
  • la cercanía
  • la empatía
  • el coraje
  • valorar el trabajo
  • la paciencia
  • la humildad
  • la disponibilidad
  • la adaptabilidad
  • la discreción
  • espíritu crítico
  • saber estar

Seguramente se me ha olvidado alguna característica, no duden en añadirla.

Pero es probable que usted esté leyendo estas líneas y pensando … “pero si mi hijo tiene solo 18 meses, y yo lo único que quiero es que me obedezca y saber qué hacer cuando tiene una rabieta” o “si mi hija tiene 14 años, y no soporta ni que le pregunte qué tal ha pasado el día”, “¿porqué me habla de cuando tenga más de cincuenta años y de un listado de valores nada propios de un niño?”.

Me alegra que se haga esa pregunta, eso significa que estamos hablando de lo mismo, sólo que usted está pensando en el proceso y yo me estoy refiriendo al resultado (deseable).

Enseñar a recoger su cuarto, enseñar a compartir sus juguetes con su hermano, a saludar cuando llegamos a casa de los abuelos, a pedir perdón cuando se han equivocado y a perdonar cuando han sufrido un daño, enseñarles a aguantar el tipo cuando la ira les corroe, etc. son las herramientas para dotarles de las características que deseamos puedan lucir el resto de su vida. Aprender el uso de una herramienta requiere mucha práctica, implicará muchos errores y, habitualmente, es aburrido y la mayoría de los niños y los jóvenes prefieren hacer cualquier otra cosa – no les culpo. Eso es lo normal. NO crea que está “educando mal” porque no consigue que su hijo haga esas cosas. Educar es un proceso que dura toda nuestra vida. Los resultados se podrán comenzar a medir cuando les toque a nuestros hijos educar a los suyos. Hasta entonces, todo está en proceso.

Llevo años diciendo que educar es el único verbo que cuando lo pronuncia un padre o una madre en primera persona solo lo puede conjugar en gerundio: educando.

Eso me lo enseñó mi madre. Le gustaba decir: “me paso el día educando”. Se lo oí decir desde que yo era pequeño hasta el día que murió. De hecho, después de su muerte siguió educándome. Supongo que lo harán todas las madres. Recuerdo muy bien los diez primeros minutos después de su muerte. En mi mente comencé a oír toda una serie de consejos y de frases que me había dicho a lo largo de toda su vida y que, de camino hacia el Cielo, quería dejarme muy claritas y que no las olvidara.

No pretenda conjugar el verbo en pretérito: “eduqué” – usted terminará de hacerlo diez minutos después de su fallecimiento. Aunque entonces el menor de sus hijos tenga sus propios nietos, usted seguirá educando.

No crea que puede conjugar el verbo educar en futuro: “educaré” – si usted ya tiene hijos no puede posponer la acción de educar ni un segundo. Si no tiene hijos recuerde el gran adagio: “yo era mejor padre cuando no tenía hijos”.

Si se empeña en hacerlo bien dejará a sus hijos el mejor legado posible. Perdóneme la autocita, pero si quiere saber qué va a dejar a sus hijos a través de una buena educación le animo a leer en este mismo blog, “cómo hacer testamento” https://educarconsentido.com/2014/09/29/como-hacer-testamento/

Educar, ayudar a nuestros hijos a ser plenamente humanos. Es la labor más compleja a la que se va a enfrentar en toda su vida. No se me ocurre nada que merezca más la pena. Ánimo.

[1] José Ramón Ayllón. Diez Calves de la educación. Editorial Styria, 2005. Página 16.

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La importancia de ser padre (o madre).

El único reproche que me atrevo a hacer a las generaciones que nos han precedido es el de no habernos educado en la importancia de la familia, del matrimonio y de los hijos. En mi generación a la mayor parte de los chicos, cuando crecíamos, nos insistían en la importancia de estudiar para “llegar a ser hombres de provecho”. A las chicas se les insistía en que debían estudiar para “no depender económicamente de los hombres”. Tenían que formarse para “sentirse realizadas en el trabajo”.

Si a cualquiera de nosotros al preguntarnos “¿qué quieres ser de mayor?”, se nos hubiera ocurrido responder “papá” o “mamá”, hubiera provocado o la hilaridad o angustia, y desde luego no hubiera sido tomado muy en serio.

No conozco a nadie que en su infancia y juventud le enseñaran que lo más importante en la vida es ser un buen marido, o una buena esposa y un buen padre o madre. Eso no da dinero y por tanto carece de importancia.

En nuestro crecimiento se nos insistió hasta la saciedad en la importancia de la formación y del trabajo, y nadie mencionó siquiera que el centro de nuestra vida iba a ser nuestra familia.

Además, puedes ser un magnífico jardinero, o una magnífica cirujana, o un magnífico taxista o un pésimo político, pero si no eres el mejor para tu cónyuge y tus hijos ¿qué importa?. Usted podrá ser el mejor en su profesión, podrá ganar dinero a espuertas, pero si en casa usted es prescindible, ¿es eso lo que quiere?.

Con esta educación que hemos recibido, ¿cómo extrañarnos de que cuando alguien sospecha de que su familia, su marido, su mujer o sus hijos, están interfiriendo con su desarrollo profesional, decida coger la puerta?. Sin duda no es una salida fácil, pero si cuando nosotros crecíamos se nos inculcó que lo importante es el trabajo y nadie nos educó para ser el mejor marido y padre o la mejor esposa y madre posible, ¿cómo vamos a luchar por llegar a serlo?

Pero después de más de veinticinco años ejerciendo de psicólogo clínico y de neuropsicólogo con niños, la evidencia me ha enseñado una conclusión bien distinta. En nuestra experiencia lo más importante que hacemos en toda nuestra vida es nuestra labor dentro de nuestra familia, como esposos y como padres y, además, los padres somos la solución a muchos de los problemas de nuestros hijos. Más aún. Los padres queremos ser la solución.

Salvo que el padre o la madre, o los dos, sufran algún tipo de patología que les impida ejercer su labor dentro de parámetros saludables, los padres, todos, queremos lo mejor para nuestros hijos, queremos hacer lo mejor por nuestros hijos y nos esforzamos cotidianamente por hacerlo.

¿Significa esto que lo conseguimos?, ¿Acaso siempre acertamos y siempre hacemos lo correcto y lo mejor por los hijos?. Ni mucho menos, somos humanos.

Ser humano implica, inevitablemente, cometer errores, pero esto no nos puede llevar a la idea de que entonces estamos incapacitados para ser padres.

Pensarlo sería equivalente a decir que un médico, dado que va a cometer errores, es la causa de los problemas de sus pacientes. Un profesor, dado que va a cometer errores es la causa de los problemas de sus alumnos, una astronauta, dado que va a cometer errores, es la causa de los problemas de la N.A.S.A.

En mi experiencia, habiendo trabajado con miles de padres, he llegado a la conclusión de que los mejores padres, los más abnegados, los más dedicados, los más concienciados y concienzudos cometen entre cinco y diez errores diarios. Nunca menos de cinco.

Esto no hace que su labor sea prescindible, o que sus errores provoquen grandes desgracias en sus hijos. Sencillamente forma parte de la labor de ser padre, y el “pago” de esos errores forma parte del desarrollo de sus hijos.

Todos hemos sufrido esos errores. Pretender que no existan es absurdo.

Ser padre (y naturalmente madre), es la labor más importante de cuantas se pueden realizar en la vida. La más. Sólo equiparable a ser marido o esposa.

Si usted ya tiene hijos, nada de lo que haga en la vida será más importante.

Puede que usted sea una ginecóloga que a lo largo de su carrera haya ayudado a nacer a miles de niños. Puede que incluso algunos de esos niños haya vivido gracias a su profesionalidad, pero su labor como madre, aunque sea de uno solo es mucho más importante y aporta más a la sociedad que toda su labor profesional.

Quizás usted es bombero, y en su vida ha apagado miles de incendios y salvado la vida de decenas de personas. De alguna incluso sabrá sus nombres y apellidos y a usted nunca le olvidará. Pero si es padre, después de salvar esa vida, al llegar a casa le queda la labor más importante de ese día, ejercer de padre.

¿Qué puede haber más importante que contribuir decisivamente a un ser humano a crecer?. De hecho, ¿acaso hay una labor que requiera más tiempo?. Nuestra función de padres, cumplir nuestro objetivo, eso que llamamos de manera genérica “educar”, lleva al menos dieciocho, veinte o más años.

Salvar la vida de un ser humano se hace en minutos, lograr que esa vida se desarrolle completamente, intentando acercarla el máximo posible a su potencial, requiere décadas.

El hecho de que ser padre (o madre) sea una labor no remunerada hace que sea menospreciada por el conjunto de la sociedad y por muchas personas en particular.

Muchas personas que ostentan un cargo o una posición social “elevada” consideran que su labor para la sociedad es más importante que la de cualquier madre o padre. Admitámoslo, en esta sociedad nuestra “tanto ganas, tanto vales”.

Si usted no realiza un trabajo remunerado y su labor vital es dedicarse a su familia, a su esposa (o a su esposo) y sus hijos, tenga por seguro que está realizando la aportación más importante posible a esta sociedad.

Y lo que es más importante, sólo usted puede hacerlo. La sociedad actual afirma, sutil e implícitamente, que una madre o un padre, que usted es prescindible, sin embargo no solo esto no es cierto sino que usted, en su labor como padre o madre, es insustituible.

Supongamos que por algún motivo, no se me ocurre ninguno bueno, usted no puede seguir ejerciendo de padre y es apartado definitivamente de sus hijos. Pensemos que ante esta desgraciada situación su cónyuge se casa con otra persona, que pasará a realizar “su papel”, y que, además, ejerciera de padre (o madre) de manera idónea. ¿Cree usted que el resultado de quiénes son y cómo son sus hijos sería exactamente el mismo que si usted hubiera podido seguir con su vida?

En breve, ¿da igual que sea usted o cualquier otro el padre o madre de sus hijos?.

Sinceramente, no lo creo. Hagamos un análisis más detallado.

Genéticamente cada uno de sus hijos es un ser único en el mundo y en la historia. No existe, ni ha existido, ni existirá ninguna otra persona con la misma carga genética que cada uno de sus hijos, salvo que haya tenido gemelos unicigóticos. En este caso tiene dos hijos que son genéticamente idénticos, pero ¿son iguales? ¿Son sus variables de personalidad, sus formas de ser idénticas?.

Pues bien, de la misma manera que su aportación genética ha sido única, irrepetible, específica para cada uno de sus hijos, también su aportación como padre o madre, su influencia va a ser única e irrepetible. Sin usted ninguno de sus hijos llegaría a ser tal y como va a ser. Para lo bueno y para lo malo.

Más aún, no sólo usted es insustituible, lo auténticamente único, irrepetible es su labor junto a su cónyuge. Su labor como PADRES. De la misma manera que cada uno de ustedes ha aportado un 50% del código genético que ha culminado en su maravilloso hijo, su aportación en la educación de sus hijos sólo puede ser entendida en conjunción con la de su marido o su esposa.

Y sus hijos les necesitan a los dos. Necesitan a mamá y a papá. Los niños no necesitan una “figura materna”, ni una “figura paterna”. Necesitan un padre y una madre de carne y hueso.

Las únicas figuras que sé que tienen alguna utilidad son las del Belén.

No termino de entender qué es una “figura materna”, no sé si es un maniquí sentado en el sofá de casa, o si la señora que viene a limpiar la casa dos horas, tres veces por semana, vale, o el conserje de casa es una “figura paterna” adecuada.

A veces he oído que el abuelo, que vive con su hija y sus nietos “hace de figura paterna”, pero me pregunto ¿entonces cuándo ejerce de abuelo?, ¿Será que en este caso esos niños ya no solo no tienen padre, sino que además tampoco tienen abuelo, y lo que tienen es un sucedáneo o un híbrido de ambos?

Padres. En español padres hace referencia a una madre y a un padre[1]. Sin alguno de esos dos elementos la vida humana no puede existir. Si falla uno de los dos, la vida humana ya concebida no será la misma.

Si usted es madre, si usted es padre, enhorabuena y gracias por haber querido asumir y ejercer la tarea más apasionante y más creativa y más difícil de todas las posibles. Gracias.

[1] Sea adoptivo o no.

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Sin papá o sin tablet, ¿qué es peor?

No existe en este momento ninguna labor honesta, generosa y abnegada que sea más denostada, criticada o menospreciada que la de ser padres.

Los padres somos criticados por psicólogos, psiquiatras, profesores, “educadores”, periodistas, presentadores de televisión y radio y vecinos en general.

¿Por qué? Eso habría que preguntárselo a ellos. Supongo que todo comenzó hace algo más de cien años, cuando Sigmund Freud comenzó a publicar su obra, culpando a los padres de las patologías de sus pacientes. Y puede que tuviera razón, al fin y al cabo vivía en Austria en la época Victoriana, en un momento en que las relaciones entre padres e hijos, hombres y mujeres y entre esposos se establecían de acuerdo a costumbres y reglas no escritas muy distintas (y muy distantes) de aquellas con las que hemos crecido nosotros y, sin duda, de las costumbres y formas de relación que hoy imperan.

Quizás la educación que caracterizaba a la Europa de finales del siglo XIX y comienzos del XX, pudiera facilitar la aparición de ciertas patologías, pero sin duda no es ese el estilo educativo que hoy practicamos.

Lo que sí ha quedado en nuestra sociedad es el hábito de culpabilizar a los padres de los problemas de sus hijos. Sin duda ninguna la frase que más he oído a profesores, psicólogos, psicopedagogos y directores de colegio, cuando he ido a interesarme por la evolución de un niño ha sido: “el problema de este niño son sus padres”.

La labor de los padres no sólo es criticada de manera habitual, sino que hoy en día es claramente menospreciada y se considera perfectamente prescindible. ¿Exagero?. Les propongo que hagan un pequeño ensayo. La prueba que les voy a proponer consta de dos partes, y la explicación será algo prolija, les ruego que me sigan.

Primera parte: La próxima vez que tenga ocasión plantee la siguiente situación a un grupo de amigos: cuente que su hermano, o su prima o un amigo, da igual, ha decidido tener un hijo a pesar de estar soltero y sin compromiso. Ya ha cumplido treinta años, ya tiene una buena posición laboral y cree que ha llegado el momento de tener un hijo, pero al no estar ni casado o casada, ni convivir con nadie, ni tener una relación estable con otra persona ha decidido tenerlo solo, bien adoptando, o bien, si es mujer, por fecundación in vitro o sencillamente, buscando alguien con quien tener una relación sexual completa en una fecha en la que sea fértil para quedarse embarazada.

Existen diferentes variables que van a influir en las opiniones que recoja sobre esta historia:

En primer lugar, naturalmente, está cómo plantea usted la historia. Si usted la plantea permitiendo que bien el tono o bien las palabras que utiliza denoten que está a favor o en contra de la decisión de “su amigo”, es muy posible que influya en la respuesta, así que le recomendamos que intente mantener un tono neutro y que cuide que sus palabras no incluyan juicios de valor, así facilitará que sus amigos expresen lo que piensan sin temor a contrariarle a usted, que es quién ha contado la historia.

En segundo lugar es muy probable que las opiniones sean distintas si el protagonista de la historia es hombre o mujer. Para comprobarlo puede hacer este pequeño ensayo en diferentes círculos, cambiando de protagonista. Habitualmente recibe una opinión mucho más positiva cuando contamos que es una mujer quien ha decidido tener un hijo soltera. La mujeres, se asume, tienen ese instinto maternal, esa necesidad biológica de ser madres, e incluso este instinto les dota de unas habilidades naturales para ejercer de madres que les facilita la tarea. Por el contrario si es un hombre el que ha decidido tener un hijo soltero la historia parece ser menos creíble, menos natural. Es probable que haya incluso quien piense que ese sujeto que quiere tener un hijo él solo es homosexual. Extraiga usted de esos comentarios sus propias conclusiones.

En tercer lugar es probable que las opiniones también sean distintas si plantea esta situación exclusivamente a un grupo de hombres o exclusivamente a un grupo de mujeres. La situación ideal es en la que en el grupo hay tanto hombres como mujeres, normalmente los de puntos de vista son mucho más variados y enriquecen mucho la conversación. Extraiga usted de este hecho sus propias conclusiones.

Y sin duda un aspecto que influirá significativamente en las opiniones que tengan sus amigos sobre el hecho que una persona haya decidido tener un hijo estando soltero, será el medio escogido para ser padre o madre. Naturalmente si es hombre sólo podrá optar por la adopción, ya que la opción denominada “vientre de alquiler” no es legal en España, pero si el protagonista de su historia es una mujer podría optar por adoptar, o por quedarse embarazada a través de la fecundación in vitro, o podría estudiar su ciclo menstrual para así mantener relaciones sexuales completas con un hombre durante el periodo fértil y así quedarse embarazada de manera natural. El hombre (el donante como se le llama en los “bancos de semen”) no tendría por qué saber que estaba siendo utilizado concebir un hijo (e incluso es probable que prefiriera no saberlo). Si plantea esta última situación a un grupo de hombres, que su amiga va a buscar a alguien para poder mantener relaciones sexuales y quedarse embarazada, verá como no tarda alguno de ellos en ofrecerse voluntario. Extraiga usted de ese comentario sus propias conclusiones.

Pero al margen del “voluntarismo” de algunos hombres por dejar embarazada a una mujer sin asumir la responsabilidad que ello conlleva, fíjese en las opiniones que despierta la decisión de “su amigo” (o “amiga”).

Las opiniones que reciba pueden variar desde el rechazo completo a que nadie tenga hijos estando soltero, independientemente de que sea adoptado o concebido por otra vía, hasta la opinión de que es una idea maravillosa, que denota “valentía” y provoca admiración. En cualquier caso hoy en día no es extraño conocer a alguna persona soltera que ha adoptado a uno o varios niños, mucho menos extraño es hablar de “familias monoparentales”. Esta situación está siendo aceptada en nuestra sociedad sin excesivas dificultades.

Hasta aquí la primera parte de nuestra pequeña investigación. La segunda parte es más sencilla. El modus operandi es el mismo, plantee en una conversación con amigos que usted ha decidido eliminar todas las televisiones y pantallas (tablets) de su casa; indique que ha pensado, junto con su cónyuge (o usted sola si es madre soltera) que no quiere que sus hijos estén expuestos diariamente a las pantallas, más allá de lo necesario para los estudios o el trabajo. Apunte que naturalmente no le importa que la vean de vez en cuando, si van a casa de amigos o de los abuelos, pero que prefiere que en su casa no haya pantallas, ni televisiones ni tablets. A continuación reclínese y escuche atentamente. Por mi experiencia le diré que es probable que oiga opiniones poco ponderadas, incluso alguien eleve el tono de voz. Será muy poco probable que oiga que su decisión es “valiente” y en cambio es fácil que alguien diga que sus hijos “van a salir raritos”. En mi experiencia ha ocurrido siempre que lo he planteado.

El resultado más frecuente de nuestro pequeño ensayo es que una gran parte de las personas que forman nuestra sociedad consideran que tener un hijo siendo soltero o soltera es una decisión “valiente”, que crecer sin padre o sin madre no afectará significativamente al desarrollo del niño, ni a sus relaciones con los demás, y sin embargo crecer sin televisión y sin tablet hará que el niño crezca “siendo rarito”, que alterará su desarrollo y que tendrá dificultades en las relaciones sociales. Extraiga usted sus propias conclusiones, y permítame que exprese las mía.

La conclusión es que, en opinión de muchas personas, en una casa, en un hogar, puede faltar sin ningún problema el padre o la madre, pero bajo ningún concepto debe faltar la televisión y las tablets, ya que conllevaría graves riesgos para el desarrollo normal del niño.

Si efectivamente, tal y como muchas personas afirman, no existe ninguna carencia ni ningún problema por que un niño crezca sin padre o sin madre, y da igual crecer en una familia monoparental o en una familia formada por un padre y una madre, entonces la labor de uno de los dos, del padre o de la madre, es absolutamente prescindible.

La sociedad actual propone que los padres o las madres no hacemos ninguna falta. Basta con que haya uno de los dos, tal y cómo decíamos al comienzo de este razonamiento: el padre (o la madre) es prescindible, sobra. Esto es grave. Más aún. Es muy grave. (Y si le molesta mi opinión cambie de blog, pero permítame ejercer mi libertad de pensamiento y de expresión).

Esta es la situación de la sociedad actual. No sólo considera en gran medida que los padres somos los culpables de los problemas, e incluso de las patologías mentales que puedan sufrir nuestros hijos, sino que, además, somos prescindibles.

Ahora, querido lector, piense en términos personales, piense en usted mismo. ¿Quién es usted?, ¿cómo ha llegado a ser quién es?. ¿Qué influencia ha tenido en usted y en quién es, su padre y su madre? ¿Sería usted el mismo si hubiera crecido sin su madre o su padre? ¿De cuál de los dos podría haber prescindido, sin que hubiera tenido la más mínima influencia en usted?

Quizás usted ha crecido siendo huérfano de padre o de madre, o, sencillamente, es usted hijo de una madre o de un padre soltero. ¿Cree que hubiera sido distinto, hubiera crecido en un entorno distinto, si hubiera tenido a su madre o a su padre junto usted?

Por otro lado, si usted ya es madre o padre, ¿cree que sus hijos crecerían igual sin usted?. Si prescindiéramos de usted y sus hijos crecieran únicamente con su cónyuge, ¿crecerían exactamente igual?.

Esto es lo que la sociedad actual está gritando: usted o su cónyuge son prescindibles. Reflexione pausadamente sobre esta idea y extraiga usted sus propias conclusiones.

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