El mejor colegio (católico) del mundo

Cualquier colegio tiene como objetivo formar a sus alumnos – enseñar, dotar de habilidades cognitivas y físicas y colaborar en la educación que llevan a cabo los padres.

Hay, entre todas las posibles, unas medidas objetivas que en España – como en muchos otros países – parecen tener especial relevancia: el porcentaje de aprobados en la prueba de acceso a la universidad, la nota media obtenida por el conjunto de los alumnos presentados a esta prueba  y la cantidad de exámenes internacionales de inglés que aprueban sus alumnos.

A priori, cuantos más alumnos aprueben la mencionada prueba, cuanto mejor sea la media de sus notas, y cuantos más exámenes de inglés aprueben sus alumnos, mejor será el colegio.

Cualquier colegio tiene estos datos en el frontispicio de su publicidad – bien sea en su página web, en los folletos o en las presentaciones que hace a los padres de sus alumnos – hay que mantener a los clientes contentos (y hoy en día son mayoría los padres que fijan su interés máximo en esos datos)

Para conseguir esos objetivos da igual que el colegio sea de carácter religioso o aconfesional.

¿Qué aportan entonces los colegios católicos hoy en día? Muchos padres me dicen que buscan un colegio que “comparta nuestros valores humanos”. Pero lo fundamental es lograr que los alumnos puedan optar a la educación superior de mayor calidad y que con el máximo de opciones posibles. En otras palabras: que saquen la mejor nota posible en las pruebas de acceso a la universidad y que sepan mucho inglés (gramática en realidad). Lo demás es considerado (MUY) secundario.

Siendo esta la situación hace varios años me llegó una información que me ha dado bastante que pensar. Me comentaron que un sacerdote de Madrid desea abrir un colegio (¿otro?) con un objetivo principal distinto al planteado hasta ahora.

Su deseo es abrir un colegio en el que TODOS sus alumnos lleguen a ser SANTOS. Este objetivo marcaría la actividad de todo el colegio.

La propuesta inicialmente me sorprendió. Pero … ¡ no está nada mal!.

Enseguida pensé que, en realidad, ese debería ser el objetivo prioritario de cualquier colegio de titularidad católica, porque conseguir una nota muy alta en la prueba de acceso a la universidad o que los alumnos aprendan mucha gramática inglesa, lo puede conseguir cualquier colegio, pero que sus alumnos lleguen a ser santos … eso solo es competencia de los católicos.

Además creo que si algo falta en nuestra sociedad no son ingenieros, médicos, arquitectos y físicos (por nombrar las profesiones de prestigio), ni tampoco maestros, enfermeros, psicólogos, logopedas, etc. (por nombrar a algunas de las muchas que no tienen el prestigio merecido). Nuestra sociedad adolece de SANTOS. Y si los colegios católicos no tienen ese objetivo como absolutamente prioritario, pues ya me contará usted quién va a luchar por ello.

Por otro lado, no es en absoluto incompatible con el objetivo mencionado anteriormente. Más aún, es evidente que hay una relación directa. Recordemos que para alcanzar la santidad se debe demostrar en primer lugar que se han vivido las virtudes humanas en grado heroico. Así que si queremos que los alumnos sean santos tendrán que llegar a la heroicidad en los estudios (luego sacarán la nota que puedan, ese dato concreto será secundario). Pero en el sentido contrario no funciona. Sacar la mejor nota del mundo o saber mucha gramática inglesa NO te hace santo. Peor aún, si lo consigues con la intención equivocada resta puntos (destacar frente a los demás, ser admirado, recibir premios, poder estudiar una carrera con la que después gane mucha pasta, etc.).

Soy consciente de que si se alcanza la esperanza de vida en la España actual, el colegio sólo habrá supuesto el 15% de su tiempo, y por tanto, los alumnos tendrán tiempo más que suficiente como para “perder” toda la santidad que podían haber logrado en sus años escolares, pero si los colegios pusieran la santidad como objetivo prioritario, estoy seguro que un porcentaje significativo de sus “exalumnos” lucharían por serlo a lo largo de toda su vida.

Hoy solo luchan por ser profesionales con un buen sustento salarial y prestigio social. ¡Ah! y por no depender económicamente más que de sí mismos.

Estoy convencido de que no hace falta abrir un nuevo colegio cuyo objetivo primero y fundamental sea que todos sus alumnos sean santos. Lo que hace falta es que algún colegio de titularidad católica de los muchos que ya existen se lo plantee. Cuantos más mejor. Pero si hubiera uno, solo uno, ya sería un logro impresionante.

Por si algún directivo – o algún capellán – de algún colegio quiere asumir el reto, permítame humildemente proponerle una idea. Una de las medidas más eficaces, más directas para acercarnos a vivir en el Corazón de Jesús es la adoración al Santísimo Sacramento. Cualquiera que tenga el privilegio de pasar una hora a la semana de adoración frente al Santísimo le podrá decir como el Señor aprovecha esa hora para colmar y rebosar de gracias el corazón del adorador. Si en los colegios hubiera diariamente adoración al Santísimo Sacramento desde la hora de apertura hasta la hora de finalización de las clases, de lunes a viernes, la vida de los alumnos, de los profesores, de los cocineros, del personal de limpieza y de los directivos, de los padres y de muchos de los abuelos de esos alumnos cambiaría en manera y grado que hoy no podemos sospechar.

Soy plenamente consciente de la dificultad que implica poner en marcha una adoración al Santísimo cuasi permanente. Si el horario del colegio es de 9:00 a 17:00 horas, son 8 horas diarias, lo que implica que cuarenta personas deben comprometerse a estar una hora semanal ante el santísimo en un horario muy estricto. Si se quisiera hacer turnos de media hora, tendrían que ser 80 las personas que adquirieran el compromiso semanal. Muy difícil. Pero ¿alguien se atreve a decir “no merece la pena”?

Considerando la dificultad me atrevo a proponer comenzar los jueves – día eucarístico – en la última hora lectiva, de 16:00 a 17:00 por ejemplo, e ir aumentando días y horas según van surgiendo personas que comprenden que la Adoración al Santísimo no es un lujo sino una necesidad.

¿Se imaginan cómo cambiaría un colegio si la mayor preocupación de los profesores, de la dirección y de los padres fuera conseguir que todos llegaran a ser santos (naturalmente ellos inclusive), en lugar de la dichosa nota en las pruebas de acceso a la universidad?

¿Se imagina cómo cambiaría la capacidad de motivación de esos profesores hacia el aprendizaje y el estudio?

Yo no. No puedo ni imaginármelo.

Por supuesto esta solo es una idea. Si la dirección de un colegio se planteara SERIAMENTE proponerse que sus alumnos llegaran a ser SANTOS, tendría que poner en marcha decenas de medidas de manera diaria. Es MUY difícil, pero insisto en la pregunta: ¿alguien se atreve a decir “no merece la pena”?

Un último apunte, si un colegio quiere fijar su prioridad en lograr que todos sus alumnos sean santos, inmediatamente se percataría que la santidad no entiende de “capacidades”. Todos estamos llamados a ser santos y todos, absolutamente todos podemos llegar a serlo, tengamos altas capacidades o tengamos “discapacidad”.

Si un colegio realmente considera la santidad de sus alumnos como la prioridad mayor, sería un colegio incluyente, no discriminativo. Solo si el colegio es inclusivo podemos plantear que realmente desea que sus alumnos sean santos.

Solo un colegio incluyente puede plantearse llegar a ser el mejor colegio (católico) del mundo.

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Querido profesor

Querido profesor,

¡Bienvenido al nuevo curso escolar! Sé que hoy es un día duro, para muchos el primer día después de las vacaciones lo es, pero espero que haya descansado y recobrado fuerzas, ganas e ilusión por el nuevo año.

Le escribo en relación a uno de sus alumnos. Quizás incluso en alusión a dos o tres de ellos, pero permítame personalizarlo en uno en concreto.

Usted todavía no le conoce, aunque es posible que ya le hayan puesto en antecedentes. En cualquier caso, si no le importa le escribiré sobre él.

Es un niño con capacidades diferentes a las del resto de sus alumnos. No sé si sus capacidades intelectuales son muy superiores a las de la media, eso que antes se llamaba “superdotado” o si tiene algún síndrome genético (Down, Williams, Jacobsen, u otro) o si tiene algún tipo de diagnóstico de esos que van precedidos por la palabra “Trastorno” (por déficit de atención, con hiperactividad, negativista-desafiante, espectro autista, etc.).

Si sé que este alumno va a convertirse en su mayor reto este curso. Por lo distinto que es al resto de sus compañeros sin duda va a ser el que más recursos le va a demandar, tanto intelectuales, como técnicos y afectivos. Es el alumno de quien más va a hablar en su casa y al resto de sus colegas docentes.

Su alumno no ha escogido ser así, no puede evitar comportarse de esa forma que tanto distorsiona el aula, aunque sin duda hay veces que se aprovecha y sabe llevar sus “capacidades diferentes” hasta el extremo del beneficio propio.

Los primeros días de clase este alumno le va a someter a usted a toda una batería de pruebas destinadas a conocer sus límites y saber de qué pie cojea. Créame cuando le digo que una gran parte del éxito o el fracaso del resto del curso depende de qué tal responda usted en estos primeros días. Si usted se muestra excesivamente condescendiente, timorato, o da muestras de inseguridad, va a tener un año bastante difícil. Si por el contrario usted se presenta de manera autoritaria, controladora y distante su año será todavía peor.

Asegúrese de mostrarse tal y cómo le gustaría que fuera el profesor si ese niño fuera su hijo. Cercano pero con control. Ponga límites muy claros con mucho cariño. No tenga miedo en mostrar su autoridad – pero recuerde que la única autoridad que recibe respeto es la ejercida con grandes dosis de afecto.

¿Difícil? A estas alturas de su vocación profesional no seré yo quien le descubra que ha sido llamado a la profesión más difícil de todas, y más cuánto más pequeños sean sus alumnos. (Ya sé que hay muchos que consideran que cualquiera puede ser profesor de enseñanza infantil o de colegio, y que cuanto más difíciles son los estudios universitarios para alcanzar un título más importantes son esos profesionales para la sociedad, pero usted y yo sabemos que los que así piensan no durarían ni tres días seguidos en su aula intentando enseñar a sus alumnos – y si sobrevivieran habrían cambiado de tal modo su punto de vista sobre qué significa ser profesor que sabrían que no hay nada más importante ni más difícil que ayudar a un ser humano a convertirse en persona).

Usted sabe perfectamente cómo enseñar a alumnos con capacidades “normales”, esos que ahora se llaman “neuro-típicos”, niños estándar, pero lo más probable es que en la facultad o en la formación posterior no le hayan explicado cómo ocuparse de este alumno. No se preocupe, usted sabe enseñar, trabajar y sacar lo mejor de los niños y este caso no es distinto. No es un síndrome ni un trastorno con piernas. Es un niño. Trátele como tal y verá como llega muy lejos.

Sin duda este alumno va a exigirle más que los demás, en este sentido usted debe decidir si va a sacar lo mejor de usted, va a obligarse a aprender técnicas que nunca antes no había necesitado, buscar herramientas que consigan mantener la atención, no solo de este alumno sino de bastantes más de su aula; o si por el contrario prefiere seguir usando las mismas técnicas y herramientas que siempre ha utilizado, aunque solo sirven para la mayoría. Debe decidir si convierte a este alumno en la palanca que le lleve a ser mejor profesor al final de curso de lo que es hoy o sobrevivir como pueda este curso, que total es solo un año.

Evidentemente cuando usted se jubile no podrá acordarse del nombre de todos los niños que estuvieron en su aula, pero le aseguro que del nombre de este alumno se seguirá acordando. Probablemente se acordará incluso de sus padres.

Cuando les conozca es muy probable que le resulten también … “especialitos”. Usted sabe a qué me refiero. Todos los profesores a los que he preguntado me han reconocido que alguna vez han oído en la sala de profesores la frase “sus padres son también raritos”. Déjeme explicarle porqué.

La emoción básica que caracteriza a sus padres, aunque son expertos en ocultarla, es la de “miedo”. Tienen miedo a que usted trate a su hijo como un “Down”, o como un “hiperactivo”, como un “autista” o como un “maleducado” y no como el niño que es. Tienen miedo a que usted no pueda darle todo lo que su hijo necesita porque saben que tiene muchos más alumnos en el aula. Tienen miedo a usted no se sienta capacitado a trabajar con su hijo porque saben que no ha recibido formación específica para este tipo de niños. Tienen miedo a que le deje aparcado en una esquina, física o afectivamente.

No se extrañe por tanto si no le hablan de las dificultades que tiene su hijo, o si se empeñan en contarle todas las cosas que hace en casa y lo bien se porta con ellos. Puede que le dé la impresión de que “no quieren reconocer los problemas de su hijo”. Los conocen, los tienen constantemente presentes y saben que tienen que tienen mucho que trabajar, pero quieren que usted entienda que su hijo NO solo es lo evidente, hay mucho más en este niño y temen que usted no lo alcance a ver.

Es posible, aunque puede que en este caso los padres todavía no hayan llegado a este punto, que también estén cansados. Dese cuenta de que han recorrido un camino muy duro. Primero el diagnóstico, ¡menudo palo!, luego decirlo a la familia y a los amigos y soportar a todo el mundo dándoles consejos de cómo deben actuar, a qué colegio deben llevarle, a qué terapias deben ir, etc. aunque nadie en su entorno ha tenido un niño en su misma situación … y después, cada año ¡a jugar a la lotería!: “a ver qué profesor le toca este año”.

No se moleste querido profesor, pero ha habido algún año en que este niño – y estos padres – han tenido muy mala suerte. Les ha tocado un profesor demasiado joven o demasiado mayor, demasiado estricto o demasiado blandito, y seguro que con demasiados alumnos, pero sencillamente no supo hacerse con él, y lo que para cualquier otro binomio alumno-profesor hubiera sido un año más, para ellos dos (y para sus padres) ese curso fue un infierno.

Por eso es posible que sus padres le parezcan “especialitos”, distantes, obsesivos, quizás “excesivamente exigentes”. Vienen después de haber toreado (o haber sido toreados) en muchas plazas.

Haga todo lo posible por hacerles entender que usted quiere ser el mejor aliado de su hijo. Qué desea hacer todo que esté en su mano para que su hijo llegue lo más lejos posible al margen de lo que consigan el resto de los alumnos.

Explique a sus padres que sabe a su hijo hay que exigirle por quién es y por lo que verdaderamente puede, y que para lograrlo quiere contar con ellos.

Después de veintisiete años trabajando con alumnos parecidos al que este año está en su clase (no hay dos iguales) sé perfectamente que el profesor es siempre cómplice de su éxito.

Gracias por su trabajo con todos y cada uno de sus alumnos, pero sobre todo gracias por dar lo mejor de usted con este alumno. Nunca se olvidará de él. Él y sus padres a usted tampoco.

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Método Padovan. Módulo I.

rev pratica Mod II febrero 2019REORGANIZACIÓN NEUROFUNCIONAL: MÉTODO PADOVAN

En palabras de la Dra. Sonia Padovan: “El método Padovan® es un abordaje simple y al mismo tiempo muy complejo, como todas las leyes y procesos de la naturaleza. Se basa en una recapitulación de las fases del neuro-desarrollo, usada como estrategia para rehabilitar el sistema nervioso: después de perder sus funciones (como en el caso de un accidente); para impulsar el desarrollo (como en los casos de retrasos del desarrollo); para mejorar la calidad del funcionamiento e integración del sistema nervioso (como en los casos de dificultades de aprendizaje, hiperactividad, etc.), actualmente también es muy usado en los casos de procesos degenerativos del sistema nervioso (como Parkinson y Alzheimer), consiguiendo muy buenos resultados”.

La Reorganización Neurofuncional permite una mejora en la maduración del sistema nervioso y una estimulación de nuevas vías neurológicas, lo que supone una terapia adecuada para muy diversos trastornos (TDAH, autismo, parálisis cerebral, dificultades de aprendizaje, síndrome de Down…etc).

FORMACIÓN EN EL MÉTODO PADOVAN®: La formación básica en el Método Padovan® consta de cinco módulos secuenciales, identificados del I a V, con una duración de cuatro días cada uno y dos revisiones prácticas (del Módulo I y del Módulo II), con una duración de dos días cada una. Además de esto, el alumno debe entregar, después de cursar el cuarto módulo y dos meses antes de cursar el quinto módulo, un registro en video aplicando una terapia completa en un paciente, junto con la descripción del caso clínico y la autorización de uso y reproducción de la imagen del paciente, así como realizar un periodo de prácticas de observación (mínimo de diez sesiones de terapia) y recibir sesiones de terapia en sí mismo -como paciente- (mínimo diez sesiones), en una Clínica Padovan o por un Terapeuta Certificado y autorizado para ello.

REQUISITOS PARA LA FORMACIÓN EN EL MÉTODO PADOVAN®: Profesionales del área de la salud con posibilidad de atención clínica o estudiantes del área de la salud en proceso de formación académica (universitaria) habiendo aprobado, como mínimo, el 50% del total de los estudios. En ambos casos es necesario el envío al organizador de los documentos acreditativos. Dichos profesionales se engloban en las siguientes disciplinas: Psicología, Logopedia, Terapia Ocupacional, Fisioterapia, Enfermería, Medicina, Odontología.

DATOS DEL CURSO:

  • Fechas: del sábado 12 al martes 15 de octubre de 2019
  • Lugar: Centro NEUROFUNCIONAL MADRID C/ Islas Aleutianas núm 3, 28035, Madrid. Líneas de autobús núm 42 y 64.
  • Horario aproximado: de 9.00 a 13.00 y de 14.30 a 17:00
  • Imprescindible traer ropa cómoda para la parte práctica. · Precio del curso completo: 600 € (comida no incluida)
  • Plazas limitadas (se asignarán por estricto orden de inscripción)
  • 3 plazas reservadas para alumnos repetidores con un descuento del 35% del precio total del curso.

INSCRIPCIÓN Y PAGO: Para la reserva de plaza e inscripción en el curso deberá enviarse la ficha rellena así como la fotocopia del título universitario o el documento acreditativo de los estudios en curso a la dirección de correo cursospadovanmadrid@gmail.com

Una vez recibida la documentación y en el caso de disponer de plazas, el alumno recibirá un email con los datos bancarios donde realizar el ingreso o la transferencia del 50% del curso (300€) para la reserva de plaza, indicando en concepto nombre y apellido más “Módulo I Padovan” (el resto del pago se abonará 15 días antes del comienzo del curso).

Tras realizar el pago de la reserva, se debe enviar el comprobante del mismo por email y una vez recibido le será confirmada su plaza.

ANULACIONES: Se devolverá el 50% del importe de la matrícula (150€) en aquellas anulaciones que se presenten con, al menos, 15 días naturales anteriores al comienzo del curso. En el caso de llenarse las plazas disponibles, se abrirá una lista de espera que se respetará tanto para las posibles anulaciones como para la inscripción en el próximo grupo de formación.

Centro Neurofuncional Madrid Calle Islas Aleutianas, 3 28035;

Telf: 91 605 98 78 – Móvil: 689 005 877

Email: centroneurofuncional@gmail.com

http://www.neurofuncionalmadrid.com

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Enfadarse con Dios

Cuando ocurre una desgracia – “prematura” o quizás inesperada – es frecuente que la gente se enfade con Dios. No les culpo. Más aún, creo que en muchos casos es terapéutico. En cualquier caso es un acto de fe: solo se puede enfadar alguien con aquel que sabe que existe.

Sin embargo Dios tampoco nos prometió una vida hasta los 83 años. Ni unos hijos sin ninguna enfermedad. Ni morir mientras estamos plácidamente dormidos.

Y es cierto que Dios si tiene un contrato conmigo (y también con usted). Él lo llama “alianza”. Es un contrato tan serio que Él lo firmó con su propia sangre.

Según ese contrato Dios mandó a la tierra a su único Hijo para que llegara hasta la muerte, como cualquier otro hombre, pero en su caso se entregaría voluntariamente – así que no fue inesperada aunque sí “prematura” según nuestros cánones – y a cambio de su entrega YO tendré vida eterna (y usted también).

¿Así de simple?, y ¿qué me pide a cambio?, porque una transacción tan gorda, seguro que pide algo. Pues sí. Me pide que crea en Él – en Jesucristo hombre y Dios, muerto y RESUCITADO – y que ame a los demás como Él me ama.

La verdad es que no es fácil, pero considerando lo que me espera … salgo ganando seguro.

Así que contrato hay, pero en ninguna cláusula se especifica tiempo ni modo de cuándo podremos cobrar lo nuestro. Todo debe ser admisible. TODO.

Y es cierto, hay tragos que no son nada fáciles. La mente humana no está preparada para la enfermedad de un niño y mucho menos para su muerte, pero debemos preparar el corazón, es el único lugar donde se puede acoger el sufrimiento.

La vida es frágil. Tener conciencia de ello me ayuda a disfrutarla mucho más. La mía y la de todos los que me rodean. Y cuando llegue lo inevitable, a mi y a cualquiera de mis amores de la tierra … solo le pido a Dios que me conceda un lugar en Su Corazón donde poder agradecerle todo lo recibido.

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Curso de especialización en neuroeducación y tecnoadicciones.

Queridos amigos,
Estoy encantado de presentaros la nueva edición del Curso de Neuroeducación y Tecnoadicciones.
La primera edición del curso la hemos impartido este año exclusivamente para funcionarios y personal de la Comunidad Autónoma de Madrid – concejales del área de familia, policías municipales, responsables de áreas de educación, etc. – y ha sido tal el éxito y el aprovechamiento que los propios asistentes nos han animado a abrir este curso a todo aquella persona que pueda estar interesada en el buen uso de las tecnologías.
La primera mitad del curso, parte presencial, tendrá lugar en Madrid entre los días 12 y el 14 de julio, de viernes a domingo. La segunda parte del curso, parte online, la realizará cada uno desde su domicilio entre los días 12 a 28 del mismo mes.
Podéis ver toda la información en nuestra página webwww.tecnoliving.es
Espero veros en el curso, un abrazo,
Nacho Calderón
Psicólogo Clínico
Director de Tecnoliving Smart School
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La vida es frágil.

Evidentemente me estoy haciendo mayor. Creo que solo eso puede explicar mi creciente consciencia de la fragilidad de la vida:

En este momento estoy sano, dentro de un momento podría dejar de estarlo.

Ahora mismo tengo cuatro hijos, en un instante podría perder uno (o todos).

Mi trabajo me llena plenamente pero un traspiés inesperado podría hacerme perder todo.

Hoy mi familia está plenamente unida y mañana, por un quítame de ahí esas pajas, dejar de hablarnos para siempre.

La vida es frágil.

No me agobia, no me preocupa. Es sencillamente tomar consciencia de la esencia de vivir.

La estadística nos dice que la esperanza de vida en España es de casi 83 años. Es curioso como ante ese dato – que además de las mediciones matemáticas nuestra experiencia nos confirma – nuestra mente ha decidido que eso es lo esperable. Y lo curioso es que si no se cumple, nos consideramos estafados.

Hemos decidido que tenemos “derecho” a vivir más de 80 años. Y a morir sin sufrimiento. Hay quien habla de “muerte digna”, como si hubiera algo indigno en morir, sea como sea.

Todos queremos morirnos mientras dormimos. Y sin haber sufrido antes. Si la muerte nos acontece despiertos y repentinamente … mal, otra estafa. Si la muerte espera a que pasemos meses o años postrados, con dolor, con necesidad de ayuda hasta para comer … más valía que hubiera llegado antes.

Y yo me pregunto … ¿quién nos metió en la cabeza esa idea?

¿Dónde está escrito que lo frecuente es lo correcto y lo contrario es una estafa?

La vida es frágil. Muy frágil. Desde el instante de la fecundación todo es un camino lleno de peligros.

Cada día que llego a la cama – yo y los que me rodean – vivitos y coleando, un privilegio. Y si entre los que somos familia mantenemos los lazos de la comunicación y el cariño ¡una maravilla!, y si encima mantengo un trabajo remunerado y que me llena, entonces no puedo aspirar a nada más.

Y el día que no ocurra – el día que llegue a la cama sin trabajo o sin vida – la mía o la de alguno de los que me rodean – pues será antes de lo esperado o no, será como me hubiera gustado o no, pero en ningún caso será una estafa porque nadie me ha prometido ni asegurado nada.

Queremos vivir bajo la ficción de que el sufrimiento es en todo caso evitable. Creemos que el ser humano ha logrado tal grado de desarrollo que puede controlar desde el inicio de la vida – te engendro, te congelo mientras no te desee, ahora te deseo, ahora te implanto en mi útero, y si no eres como quiero te aborto antes de que nazcas y después si tu vida alcanza suficiente sufrimiento te ayudaré a acabar con ella … que la incertidumbre intrínseca a la vida, o el simple hecho de cumplir con sus etapas nos aterra: botox en la cara, implantes en las tetas, vientre plano a golpe de gimnasio o de cirugía – ombligo nuevo y hasta labios vaginales de 14 años al llegar a la menopausia.

Estamos tan acostumbrados a los edulcorantes artificiales y a la cocina precocinada que esperamos que nuestra vida sea igual:  artificialmente dulce, perfectamente enlatada, con sabores y experiencias completamente predecibles y con fecha de caducidad a elegir.

La vida es frágil, pero mucho más que eso es completamente bella. Quien se empeña en mantenerla bajo su estricto control, cambiando a tan alto precio cualquier circunstancia que no se amolde a sus deseos y eliminando cualquier aspecto que no refleje su modelo de belleza – incluso en la muerte,  es evidente que no ha conseguido aceptarla en toda su esencia. Hay quien vive de tal modo que cabe pensar que la detesta.

No he firmado ningún contrato, por eso lo espero todo de ella. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida, acepto de la vida lo que me venga. La vida es frágil, en eso nos parecemos, creo que por eso me gusta tanto.

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Disney y Netflix son pro-aborto

Qué pensaría si una empresa decidiera retirar sus inversiones en un estado porque la legislación iba a endurecer las condiciones para la pena de muerte. Es decir, si una empresa dijera a bombo y platillo que está a favor de la cultura de la muerte.

Eso es lo que ha ocurrido con Netflix y con Disney, han amenazado con retirar sus inversiones en el estado de Georgia porque los legisladores, en uso de su obligación por el mandato de los ciudadanos del estado, han promovido una ley que restrinja la edad gestacional legal para provocar abortos – muertes de bebés en el vientre de sus madres.

Si Netflix y Disney consideran que no deben permanecer ajenas a la legislación, igualmente yo no debo permanecer indiferente a sus actuaciones.

Es cierto que las inversiones de esas empresas en el estado de Georgia son multimillonarias, y por tanto su retirada tiene consecuencias sociales significativas en una parte importante de sus ciudadanos, mientras que el hecho de que yo no vuelva a ver ni una solo película – ni en versión pirata – de ninguna de esas dos empresas tiene el mismo efecto que la caída de un pelo sobre el movimiento de traslación de la tierra, pero si tiene mucha importancia sobre quién soy, qué significa mi paso por el mundo y qué sentido tienen mis acciones.

Soy un ser humano, y eso me confiere cierta responsabilidad en la vida de cualquier otro de mis congéneres. Participar activamente o contribuir, mirando a otro lado, a interferir con la vida de una persona, más aún si es un niño, y más significativamente si aún no ha nacido no puede ser inocuo a mi persona.

Mis actos son significativos, al menos para aquellos que son mi familia, y no, NO es lo mismo vivir contribuyendo a financiar empresas que AMENAZAN con retirar inversiones si se reduce la edad gestacional hasta la cual está permitido el aborto, que vivir denunciando estas amenazas.

¿Sirve de algo escribir esto? No me puede importar menos. No es cuestión de eficacia. Es cuestión de respetar la vida humana desde el instante de su inicio, en la fecundación hasta su final natural. Es cuestión de coherencia. Es cuestión de saber que soy insignificante para Netflix y Disney, pero soy lo más importante para mi familia y no puedo vivir como si la muerte de un solo niño en el vientre materno me fuera ajena.

Lamento recordar que el aborto en España causa al menos 258 muertes diarias. A día de hoy, 3 de junio de 2019, las víctimas del aborto en nuestro país este año ascienden a más de 39.732 niños y más de 39.732 madres.

El aborto es la primera causa de defunción en España, la segunda causa, las enfermedades hipóxico isquémicas provocan 89 muertes diarias en España, un total de 32.325 muertes en todo el año 2017, el último del que tenemos registro. Menos de un tercio que el aborto.

¿Podemos seguir mirando hacia otro lado y pensar que no va con nosotros?.

Yo no.

No me hace falta que esas dos grandes empresas cumplan su amenaza. Me basta lo que ya han hecho. Adiós Netflix adiós Disney de mi vida.

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