Ideología de género

En los tiempos que actualmente vivimos hay quien pretende equiparar las ideologías a las verdades. Toda ideología es, por definición, opinable y cuestinable, por tanto enseñarla como verdad o como doctrina solo puede considerarse un error. La cuestión es si ese error es ingénuo o por el contrario dotado de una intencionalidad muy concreta y perversa. En el siguiente enlace podréis leer la entrevista que se ha publicado  hoy sobre este tema en religion en libertad: Entrevista sobre ideología de género en las aulas.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Instinto materno / instinto paterno

Estimados amigos, comenzamos el año como terminamos el anterior, con una entrevista en un medio de comunicación, en este caso en ACEPRENSA. Esperamos que os guste: entrevista sobre estilos educativos en ACEPRENSA.

 

Publicado en Relación padres - hijos | Etiquetado | 1 Comentario

Tablets, móviles y niños (II)

Queridos lectores, a raíz del artículo publicado hace algunas semanas, el periódico religión en libertad me hizo una entrevista que podéis leer en el enlace adjunto. Espero que os guste: Entrevista sobre tablets, móviles y juego.

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

La normalidad es cada vez más mediocre

Quizás me esté haciendo viejo (prematuramente, no alcanzo los 50), pero llevo años observando y no puedo evitar llegar a la conclusión de que eso que llamamos “una persona normal” es cada vez más mediocre. Naturalmente me incluyo.

Desgraciadamente llegué a la idea con la observación de niños. Hace ya muchos años que comencé a alertar que lo peor que le ha ocurrido en la infancia en los últimos 10 o 15 años es la aparición de canales como Disney Chanel, Nickeledon, Cartoon Network, etc. El acceso a programas “infantiles” 24 horas al día era algo inaudito hasta la aparición de esos canales. La TV está arrasando con la imaginación de los niños. Imaginación es “imagen en acción”, pero si al niño, en lugar de enfrentarle al aburrimiento, a situaciones sin respuesta, a un simple palo y una cuerda, le damos ya hechas las imágenes en acción, su sistema nervioso va a reducir significativamente la capacidad para crearlas por sí mismo.

Qué ingenuo era yo cuando creía que lo peor eran la televisión para niños 24 horas al día. Hoy en día tienen pantalla en el coche, en el parque, en la sala de espera del pediatra y en el restaurante.

Perdón por la autocita, era febrero de 2013 cuando escribí un artículo en este mismo blog alarmado por la falta de capacidad de muchos niños para desarrollar un juego que no fuera con un balón o con una pantalla. (“Mi hijo no sabe jugar”).

Posteriormente comencé a observar y a escuchar historias alarmantes sobre la competitividad insana entre niños pequeños. No estoy hablando necesariamente de acoso escolar, sino de niños de 7 u 8 años con conductas discriminatorias por criterios claramente adultos.

Fui a los expertos, pregunté a profesores, y la conclusión unánime es que los niños (en general, huyamos de la casuística) de hoy son más competitivos, menos imaginativos, tienen menos respeto a la autoridad Y a sus compañeros que hace 15 o 20 años.

Lógicamente no podemos culpar de nada de esto a los niños. La infancia refleja cómo es la sociedad de ese momento, por lo que comencé a mirar a los adultos y fue cuando me encontré un nivel de mediocridad apabullante. Vayamos de lo general a lo particular:

Piensen en los políticos que ocupan la primera fila hoy en España, en Europa y en Estados Unidos (hablo de ellos por no tener conocimiento de otros) y compárenlos con los políticos de hace 15 años. Y ahora con los de hace 30 años. ¿Vamos a mejor o a peor?.

Piensen en la calidad de los periódicos. Piensen en la calidad del lenguaje y del tipo de noticias que se nos ofrecen como relevantes. Ahora recuerden cómo eran los periódicos de hace 15 y de hace 30 años. ¿Vamos a mejor o a peor?.

Se supone que la televisión nos ofrece un buen reflejo de la sociedad. Piensen ahora en el reflejo que nos ofrece hoy en día las series y los programas españoles “La que se avecina”, “Gym Toni”, “Mujeres, hombres y viceversa”, “Cámbiame”, etc. Y ahora piensen en el reflejo que ofrecían las series de hace 15 y 30 años. ¿Cómo vamos?

Acerquémonos a algo más cotidiano. Piense en el servicio que recibe hoy en día cuando va a un establecimiento público, una tienda o un restaurante, por ejemplo. Y piense en el servicio que recibía hace 10 o 20 años. ¿Vamos a mejor o a peor?

Mi conclusión es clara. Vamos a peor. Las personas normales de hoy – y consecuentemente las relaciones que establecemos entre nosotros – tenemos menor calidad vital comparadas con aquellos que tenían nuestra edad hace 15 y 30 años. Cada vez somos más mediocres.

Las causas son muchas, estoy seguro, pero me quiero centrar en aquellas que considero tienen una repercusión directa en los niños.

1º. Los padres hemos perdido autoridad. Los motivos son muchos: falta de tiempo en casa, el temor mismo a ser autoridad (Freud generó la idea de que los padres traumatizamos a los niños. Puede que fuera cierto en su época. Habría que leer cuál era su diagnóstico si viviera hoy) y, sin duda, la idea de que para tener una relación afectiva más sana con nuestros hijos no debemos imponer nuestro criterio, sino acomodarnos al del niño – poner en el mismo nivel el criterio de un adulto, que tiene capacidad de prever consecuencias, con el criterio de un niño.

Lo cierto es que cada vez veo más problemas de autoridad en la consulta, y puedo afirmar que cuando los padres no han conseguido establecerse como referente de autoridad en casa invariablemente la relación afectiva entre padres e hijos es conflictiva.

2º La profesionalitis. San Josemaría Escriba acuñó ese término para referirse a una inflamación exagerada (patológica, de ahí el sufijo “itis”) de la importancia que damos a la profesión. En sus propias palabras: “el apegamiento sin medida al propio trabajo profesional, que llega a mudarse en un fetiche, en un fin, dejando de ser un medio” (Carta, 24 – III – 1931). Reconozco que padezco profesionalitis en grado extremo. He probado a justificarme, pero hacerlo no reduce la inflamación. Es una de las enfermedades más extendidas de la sociedad actual. Está destruyendo familias, matrimonios y, sobretodo, personas. No solo la padecemos profesionales liberales, autónomos que vivimos directamente de cada paciente, cada cliente, o cada servicio que prestamos, sino también ejecutivos, taxistas, médicos, logopedas, maestros, charcuteros o trabajadores de una cadena de producción. Como el mal de muchos consuela a los tontos hay quien se consuela al ver que la profesionalitis es un cáncer que afecta a la generalidad de la sociedad. Hay quien piensa incluso que aquél que se esfuerza denostadamente en mantener la familia por encima del trabajo o bien es un vago o bien un iluso que nunca saldrá de pobre (como si padecer esta enfermedad diera dinero). En España se agrava con el síndrome del horario expandido y el “no salir nunca antes que el jefe”.

3º Por supuesto, la omnipresencia de las pantallas. No me estoy refiriendo ahora a los niños, sino a los adultos. Los padres que llegamos a casa, en lugar de siguiendo una zanahoria atada a un palo, como el burro que no deja de caminar, con un teléfono móvil atado a nuestra mano, al que no dejamos de mirar. Si no es para ver que e-mail ha llegado en los últimos dos minutos, es para ver quien ha puesto la tontería más grande en cualquiera de los 56 chats que tenemos en wasap. Reconozcámoslo, somos adictos a la pantalla del móvil (no en vano emite luz azul, que nos hipnotiza).

Una vez más, perdón por la autocita, pero ya escribí un artículo en este blog aludiendo a esta grave situación. (“Matrimonios digitales”, 19 de marzo de 2013).

Estos tres factores – falta de autoridad, profesionalitis y adicción al teléfono móvil – está provocando una grave degradación personal en los adultos y está revirtiendo rápidamente en los niños.

Lógicamente de nada sirve quejarse, señalar al culpable y seguir en las mismas. Es necesario tomar planes de acción para revertir esta situación. Les animo a hacerlo. Desgraciadamente la mediocridad que nos invade impide que la mayor parte de la gente quiera leer algo que excede de las 1.000 palabras, y yo ya llevo 1.216, así que expondré mi propio plan de acción en otro artículo. Ánimo, huyamos de la mediocridad.

Publicado en Familia, Relación padres - hijos, Uncategorized | Etiquetado | 5 comentarios

Lectura silábica o fonética vs. lectura global

Cada maestrillo tiene su librillo, dice el refranero español, pero para enseñar a leer podemos decir que básicamente existen tres métodos distintas:

  1. Método silábico – con el que aprendimos la mayoría de los adultos que caminamos hoy por estos lares.
  2. Método global – puesto de moda con los programas de lectura para bebés y niños pequeños bajo el paragüas del mal denominado “método Doman”.
  3. Método fonético – el último en aparecer y en el que desaparece el nombre de las letras y se usan los fonemas.

Para poder comprender qué método es el adecuado a cada niño debemos tener una idea, aunque sea básica, de cómo es el desarrollo de su sistema nervioso.

Debemos indicar que cuando un niño no muestra dificultades en su desarrollo, de manera muy específica en su desarrollo del lenguaje hablado, podemos afirmar que el niño aprenderá a leer con pocas dificultades independientemente del método enseñanza escogido – siempre y cuando se inicie en el momento adecuado.

Sin embargo encontraremos dificultades en el aprendizaje de la lectura en alguno de las siguientes situaciones:

  1. Cuando un niño muestra dificultades en su desarrollo, de manera muy marcada si tiene o ha tenido dificultades o retraso en el desarrollo de su lenguaje hablado.
  1. Cuando el método de enseñanza escogido se implementa en un momento evolutivamente inadecuado para ese niño.

Por estos motivos es muy importante tener en cuenta el desarrollo neurológico del niño para la elección del método de enseñanza adecuado. El desarrollo neurológico del niño cumple un patrón muy concreto que puede definirse como:

  1. caudalo – cefálico (de abajo hacia arriba) – comienza en la médula espinal y asciende a medida que se van organizando los diferentes niveles cerebrales, terminando en la neocorteza.
  1. Postero – frontal (de atrás hacia adelante) – se organizan antes las zonas dorsales de cerebro, encargadas de la recepción de información (sentidos) que las zonas frontales del cerebro, encargadas de la expresión (movilidad, lenguaje y manualidad). Por este motivo aunque hoy es habitual hablar de “lecto-escritura”, la enseñanza de la lectura debe ser previo a la enseñanza de la escritura.
  1. Derecho – izquierdo. Se organiza antes el hemisferio derecho que el izquierdo. Dado que ambos hemisferios cerebrales hacen un procesamiento de la información diferente es de vital importancia tener este dato muy en cuenta a la hora de escoger el método de enseñanza de la lectura.

En los niños promedio que no han tenido dificultades en su desarrollo es habitual que haya una predominancia del procesamiento de la información por parte del hemisferio derecho hasta los cinco o seis años, momento a partir del cual el hemisferio izquierdo comienza de una manera marcadamente más activa a procesar la información.

El hemisferio derecho hace un procesamiento de la información de manera global, predominantemente pictórica, mientras que el hemisferio izquierdo tiende a hacer un procesamiento de la información analítico, secuencial y lógico.

Por este motivo la discusión que ha existido y que existe entre los diferentes métodos de enseñanza de la lectura es meramente teórica y fruto de desconocimiento de las bases neurológicas que subyacen a la lectura.

Dado que un niño promedio hace un análisis predominantemente global y pictórico de la información hasta los cinco o seis años (propio del hemisferio derecho), NO es correcto utilizar un método analítico (silábico o fonético) antes de los seis años.

Por el contrario si el niño ha tenido un desarrollo adecuadoNO es correcto utilizar un método global a partir de los seis años.

Para lograr una maduración del sistema nervioso y de manera específica de su hemisferio derecho, de tal forma que pueda activar lo antes posible el procesamiento analítico, es muy importante favorecer antes de los seis años (en niños promedio, en niños con dificultades puede ser necesario más tiempo) el procesamiento global.

Esperamos que esta explicación ayude a comprender por qué muchos niños muestran dificultades para el aprendizaje de letras, fonemas, números y sílabas, que constituyen meras abstracciones y por tanto serán procesadas por el hemisferio izquierdo que aún no han activado, y sin embargo aprende con mucha más facilidad concreciones (“E de ELEFANTE”).

Para contribuir a su desarrollo de poco sirve pretender acelerar la activación del hemisferio izquierdo presentándole abstracciones (letras, fonemas, números y sílabas), más aún si tenemos en cuenta que ni siquiera en los niños promedio de cuatro o cinco años debe ser este el hemisferio con mayor carga de procesamiento de la información. Por el contrario cuanto más madure y mejor organizado esté su hemisferio derecho, a través de la correcta exposición a material global, más cerca estaremos de que, en el momento adecuado, su hemisferio izquierdo comience a procesar información.

Cuando a un niño le cuesta aprender a leer, debemos no solo mirar qué dificultades presenta el niño, sino considerar muy seriamente si estamos utilizando el método de enseñanza adecuado a ese niño y replantearnos cómo  llegar hasta su sistema nervioso.

Debemos recordar siempre que la enseñanza debe ser siempre personalizada, si el niño no aprende o le cuesta hacerlo, puede que el problema sea el niño, puede que sea el sistema, pero lo más probable es que sea la combinación de ambos.

Publicado en Uncategorized | 1 Comentario

Tablets, móviles y niños

La presencia en nuestras vidas de dispositivos electrónicos que utilizan internet (teléfonos móviles y tablets) es, a todas luces, inevitable – lo cual no es malo – pero su uso está rápidamente alcanzando dosis que nadie puede negar que constituyen un abuso.

Me gustaría compartir con ustedes las observaciones que a lo largo de los últimos años he podido hacer desde el privilegiado sillón de neuropsicólogo infantil (y por tanto terapeuta de familia).

Siempre me he mostrado muy crítico del abuso que se ha estado haciendo de la televisión. Sus efectos han sido marcadamente nocivos y son numerosísimos los estudios que lo demuestran. Inocentemente durante mucho tiempo pensaba que la televisión y los móviles o las tablets eran equivalentes, que sus efectos eran comparables. Desgraciadamente los efectos de éstos últimos son mucho más nocivos.

De la televisión siempre he dicho que es nociva en un doble sentido:

  1. Por el efecto hipnótico que ejerce, reduciendo las conexiones entre la corteza prefrontal (parte pensante del sistema nervioso) y el resto del encéfalo hasta niveles básicos de supervivencia. Por eso es tan descansado ver la televisión, por eso tantos adultos al llegar la noche decimos (me incluyo) “Estoy tan cansado que sólo quiero ver la televisión”. La pantalla ejerce un efecto hipnótico de tal calibre que literalmente dejamos de pensar (actividad que consume una gran cantidad de oxígeno) y pasamos a procesar la información que llega a través de nuestros ojos de a unos niveles insultantemente básicos. Por cierto, cuanto más tiempo se está expuesto a este efecto hipnótico, más difícil resulta salir de él
  2. Por lo que ver la televisión impide. Mientras se está viendo la televisión no se hacen otras cosas mucho más productivas. En el caso de los niños, particularmente, la televisión les impide estar jugando, que es la función más importante para el desarrollo del sistema nervioso. Hoy en día las habilidades de juego de los niños se han reducido gravísimamente.

Como dijo un filoso en un debate sobre la televisión “Yo no tengo televisión porque me quita mucho más de lo que me da”

Estos dos efectos nocivos de la televisión siguen siendo verdad cuando nos referimos a los teléfonos móviles y las tablets, pero debemos ahondar de manera más concreta.

La luz azul que emiten esos dispositivos ejerce un efecto hipnótico mucho más potente sobre nuestro sistema nervioso, de ahí que su poder adictivo sea mucho mayor que el de la televisión. Es mucho más difícil desengancharse – sea tras un uso puntual, o sea desde la adicción – de esos malditos aparatos que de lo que ya de por sí es desengancharse de la televisión. El pasado 1 de junio de 2016 el Instituto de Estudios Familiares – Family Watch – publicó un artículo en el que demostraba el incremento de la violencia de hijos hacia padres y cómo esta violencia está mediatizada en gran medida por el mal uso de los dispositivos electrónicos – el enfrentamiento entre los padres y los hijos es mucho más intenso cuando el tema de discusión es el teléfono móvil, la tablet o similar que por cualquier otra cuestión.

Creo que la página web del Family Watch debería ser la cabecera de internet de cualquier padre o profesor. http://www.thefamilywatch.org/.

Una de las grandes diferencias que existen entre la TV y los dispositivos con conexión a internet es la “interactuación”. La televisión – al menos la tradicional, la que no tenemos conectada a internet – implica una pasividad por parte del sujeto, solo puede verla, mientras que los móviles o las tablets permiten “bucear”, buscar, cambiar, jugar, responder, etc. A priori esta es una gran ventaja. El usuario tiene un control sobre qué hacer, no hay una pasividad tan apabullante.

Sin embargo, en mi experiencia esa capacidad para buscar, para interactuar, se convierte, en algunos casos, en el peor enemigo. A menudo veo niños que, aún sin saber leer, sin ni siquiera edad para hacerlo, son capaces de dominar una tablet al grado de entrar en la página web de su elección – con frecuencia YOUTUBE – y encontrar el video de su elección. Impresionante podríamos concluir. El problema es que rara vez el niño termina de ver ese video. Antes de que acabe ya habrá seleccionado otro de la lista que aparece a la derecha de su pantalla, y así hará, sucesivamente, saltando de un video a otro, sin terminar de ver ninguno de ellos.

En el extremo más patológico he visto jóvenes con diagnóstico de autismo enganchados a una determinada escena – de entre 5 y 25 segundos de duración – y repitiendo esa maldita escena durante horas. La rebobinan y vuelven a ver, constantemente.

Conozco un joven que es capaz de poner esa misma escena, de manera perfectamente sincronizada en tres dispositivos diferentes, produciéndole unos niveles de excitación orgásmicos.

No digo que las tablets o los móviles produzcan autismo, ni mucho menos, pero sin duda agravan y potencian los síntomas característicamente autistas.

Sin llegar a ese tipo de patología, lo que es indiscutible es que las tablets y los móviles están haciendo estragos en dos áreas muy concretas:

  1. Están reduciendo la capacidad de atención de los niños de manera dramática. La maldita luz azul que emiten esos dispositivos ejerce tal nivel de estimulación en el sistema nervioso que cuando se le requiera de nuevo atender de manera sostenida va a exigir niveles semejantes de estimulación, como ningún profesor, al menos hasta la fecha, es capaz de emitir una luz semejante, le va a ser muy difícil atraer y mantener la atención de sus alumnos. Pregunten a cualquier profesor con más de 10 años de experiencia en enseñanza infantil o primaria si la enseñanza de hoy es igual a la de hace diez años y si es más fácil o más difícil enseñar. Si van a hacer la pregunta, les recomiendo que reserven un buen rato para hacer una escucha atenta de una situación dramática.

Si, las tablets y los teléfonos móviles están produciendo déficit de atención. Estamos llenando las aulas de anfetaminas (concerta, rubifem, stratera, etc.), pero mientras sigamos llenando sus vidas de horas de pantalla, va a ser muy difícil que dicha medicación no siga aumentando sus índices de venta.

  1. Está reduciendo la socialización – el encuentro persona a persona – entre los niños y los jóvenes. Hoy en día es frecuente ver en plazas, restaurantes y parques a un grupo de niños mirando lo que hace otro en su móvil. No hablan, no juegan, solo miran lo que hace otro. Si son varios los que tienen móviles, se sientan en fila, uno junto al otro y se dedican a jugar en paralelo.

Recientemente me contaba la madre de un chico de 12 años que los niños de su clase ya no quedan en una casa los viernes o los sábados, en su lugar, quedan a determinada hora para conectarse a través de internet, con un determinado juego, cada uno desde su casa, sin verse, y pasan dos o tres horas frente a la pantalla.

Sin duda cada día soy más viejo. Puede que no esté siendo capaz de seguir el ritmo de los tiempos, pero lo que no tengo duda es que lo que veo en la consulta, cada vez con más frecuencia, es particularmente grave.

Me dicen que no debo denostar los dispositivos en sí, que todo en su justa medida es positivo y lo nocivo es el abuso. Absolutamente de acuerdo. Pero admitamos que por cada matrimonio que sabe enseñar a sus hijos a hacer un uso adecuado de las pantallas, hay no menos de 20 padres que ni saben hacerlo, ni saben qué hacen sus hijos con esos dispositivos y, desgraciadamente, ni se plantean que deben cuestionárselo.

Por terminar con algunos consejos concretos que tanto gustan a esos matrimonios ávidos de recetas fáciles y rápidas sobre cómo educar:

  1. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de ir al colegio. Tampoco en el trayecto al colegio.
  2. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) durante el desayuno, comida, cena o merienda. Tampoco papá debe estar viendo las noticias o el deporte cuando estamos sentados a la mesa.
  3. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de estudiar o hacer deberes.
  4. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) en un restaurante, bar, o similar. Si no dejan comer tranquilos a la familia, NO se preocupe.  Así han sido siempre las comidas  en familia. Eso es hacer familia. Es una magnifica ocasión para educarles, no la desperdicie.
  5. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan que el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) sustituya los juguetes, el deporte, salir con amigos o ir a ver a los abuelos.
  6. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona menor de 14 años. Si se lo quieren comprar sus padres, allá ellos, tienen derecho a equivocarse, usted no.
  7. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona mayor de 14 años sin antes consultarlo a sus padres.
  8. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un desarrollo neurológico no óptimo (con diagnóstico de déficit de atención, hiperactividad, retraso en el desarrollo, autismo, trastorno del lenguaje, síndrome de Down, síndrome de Williams, o cualquier otro trastrono, genético o no, que afecte al sistema nervioso central) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio.
  9. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en su punto álgido de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 0 y los 7 años) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar.
  10. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en el momento clave de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 8 y los 14 años) utilice una tablet o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio. No le permita tener un teléfono móvil.
Publicado en Colegio, Educación, Relación padres - hijos | Etiquetado | 5 comentarios

Vivir de prestado

Esta mañana, al despertar, comencé a imaginar cómo sería si nada de lo que tengo me perteneciera. Ni la cama donde estaba tumbado, ni el pijama que llevaba puesto, ni los muebles, ni los libros, ni la casa, nada. Todo sería prestado. Todo a mi absoluta disposición, pero nada realmente mío. Todo susceptible de ser reclamado en cualquier momento y de inmediato por su dueño.

Después comencé a pensar que tampoco mi trabajo me perteneciera. Algo así como si yo fuera un interino sustituyendo al verdadero dueño de su puesto de trabajo que por algún motivo estaba ausente, pero que podría regresar de un día para otro y yo tuviera que dejar toda mi labor sin opción ninguna a reclamar nada.

Seguí pensando. Llegué a mis hijos. Pensaba como sería si tampoco fueran míos, sino los hijos de alguien, de otros padres, que por algún motivo querían que los educáramos nosotros lo mejor que pudiéramos pero tampoco fueran nuestros. Serían niños que tenemos “en acogida”, pero de nuevo, que en cualquier momento sus padres de verdad pudieran exigir su regreso, aunque no pidieran cuentas de lo bien o lo mal que hubiéramos hecho nuestra labor como padres subrogados.

Finalmente llegué a mi esposa, y pensé como sería si ella también fuera “un préstamo”. Alguien puesto a mi lado para sentirme amado y para que pudiera sentir la felicidad de amar a alguien, pero que en cualquier momento podría también ser reclamado y desaparecer de mi vida.

Lógicamente toda la idea provocaba en mí un sentimiento de angustia bastante profundo, pero a la vez también de agradecimiento. Si todo fuera prestado, tendría que estar muy agradecido, porque todo lo que tengo es bueno.

¿Quién me habría prestado todo esto? y ¿qué me pediría a cambio? Nadie presta a cambio de nada, a no ser que sea algo muy pequeño, de poco valor o por muy poco tiempo. Pero todo lo que yo poseo, en realidad, toda mi vida, y por tantos años, sin duda me pedirían algo.

Y pensé de inmediato, sin la más mínima duda, sin mediar medio segundo desde la pregunta hasta la respuesta: “la voluntad”.

Decir “deme la voluntad” en español significa: “deme usted lo que quiera”, lo que considere oportuno. Y pensé que sería un muy generoso por parte del dueño pensar que yo le pusiera precio a todo, pero también me di cuenta que, en realidad, yo no podría dar nada, ya que nada me pertenecería. No podría pagarlo de ninguna forma.

Y volvió a mi la idea: “quiero TÚ voluntad”. Entonces tuve una sensación de claridad pero también de agobio. No se trataría de dar lo que yo quisiera, sino de que MI voluntad fuera la del dueño. Yo debería cumplir y hacer exactamente lo que deseara aquel que me había prestado todo.

Y sin solución de continuidad comencé a repasar el Padre Nuestro, y pensé que todo lo que tengo, en concreto mi familia, sería el cumplimiento del “venga a nosotros tu reino”, y que todo lo que poseo se acomodaría a “danos hoy nuestro pan de cada día”, pero que por eso, entre las dos oraciones está el “hágase tu voluntad”.

Pensé que para poder cumplir Su voluntad yo tendría que “entregar” la mía. Que mi voluntad fuera exactamente la Suya.

Pero ¿cómo podría yo cumplir su voluntad?, primero tendría que conocerla, y para ello tendría que … ¡a sí!, rezar. Pero debería entonces rezar mucho.

Fue entonces cuando pensé: “todo esto es pura imaginación”, ya que en realidad, aunque procuro “cumplir su voluntad”, nunca he supeditado la mía, nunca, realmente, me he planteado dejar de tener “mi voluntad”, y a pesar de ello nunca se me ha reclamado nada de lo que tengo y que, supuestamente, sería prestado. Así que todo el recorrido que había hecho estaba completamente equivocado, nada de lo que yo tengo sería prestado, ya que nunca habría cumplido con el pago, y nunca jamás se me ha reclamado.

Y fue cuando entendí que no estaba imaginando nada, sencillamente, llevaba un rato rezando.

Publicado en Fe | Etiquetado | Deja un comentario