Novena entrega de Jesús. Su Espíritu.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Novena entrega. Desde la cruz. Jesús entrega su Espíritu al Padre.

“Y Jesús, clamando con voz potente dijo: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu»” (Lc 23, 46).

Nos has entregado tu cuerpo y tu sangre, tu humanidad, tu cruz … pero tu Espíritu debes entregárselo al Padre, nosotros no estamos todavía preparados.

“Y en esto el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se partieron” (Mt 27, 51) Pero, ¿acaso se rasga mi alma?, ¿acaso tiembla, o se parte mi corazón?, ¿o me quedo impasible, viendo estremecerse todo a mi alrededor, como si las piedras y las telas tuvieran más conciencia que yo?.

Nada. No puedo hacer nada. Mi vida, que es la tuya, se ha quedado vacía. Ni tiemblo ni me rompo porque no hay ya nada en mí.

Si Tú no tienes vida, a mí ¿qué me queda?

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Octava entrega de Jesús. La humanidad y su Madre.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Octava entrega. Desde la cruz. Jesús entrega la humanidad a su Madre y su Madre a la humanidad.

“Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre»” (Jn 19, 26-27).

¿Quién es ese al que tu amabas?, ¿no tiene nombre? Lo tiene, tiene el nombre de todo aquel te mira y cree en ti, a quien tu amas.

¡Qué delicado eres! No quisiste que apareciera ningún nombre para que cada uno supiéramos que somos nosotros “el discípulo al que ama”.

No podría vivir de otro modo, ¿cómo vivir pensando que no me amas?

Y me lo dices ahí, en tu agonía. Me entregas a tu madre. Me diste la vida, estás entregando la Vida, y te quedan fuerzas para dar el más preciado bien que nadie puede tener.

Pero a veces la mediocridad se hace fuerte en mí y pienso ¿quién se cree este para entregarme, acaso le pertenezco, acaso soy yo su hijo?, ¿quién eres tú Jesús, acaso tú eres mi Padre?, y me respondes “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe?, quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 13, 9).

Y vuelvo a mirarte queriendo ver al Padre, pero veo tu cuerpo completamente llagado, te veo completamente entregado.

Ahora miro a María y veo a mi Madre, y veo sus ojos clavados en ti y me abrazo a ella queriendo consolarla, pero en mi abrazo es ella mi consuelo.

“No os dejaré huérfanos” (Jn 14, 18) Lo tenías todo previsto. Por eso querías que estuviera aquí, frente a ti, junto a nuestra Madre. Quieres que me entregue a ella.

Y María, que tiene el alma tan llagada de dolor como tu cuerpo oye tus palabras y cierra los ojos, como asintiendo; ahora no puede pensar en otro más que en ti, no piensa ni en Juan, ni en mi, ni en ninguno de sus otros hijos, pero “conservaba todo esto en su corazón” (Lc 2,51). Conserva tus palabras y conserva a tus hijos, a sus hijos.

“Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio” (Jn, 19, 27) ¿Quién recibió a quién?

María nos recibió desde el primer instante, ella también aceptó la voluntad del Padre, “Hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38). Juan te acogió. Sí Madre, yo también deseo acogerte en mi corazón “como algo propio”.

Y viendo el enorme dolor que sientes ante Jesús entregado sé que sigues sufriendo, ¡Cuánto dolor tienes Madre por todos esos hijos que no te quieren recibir en su corazón!, ¡Cuánto dolor hay en esos corazones que no te han acogido!

“Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5), si tan solo te recibiéramos, si fuéramos capaces de acoger esta entrega, ¡qué vida tan plena tendríamos contigo en nuestro corazón!

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Séptima entrega de Jesús. Sus vestiduras.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Séptima entrega. Monte Calvario. Jesús entrega sus vestiduras.

“Los soldados cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida de unas sola pieza de arriba abajo” (Jn, 19, 23).

Ya estás elevado en la cruz pero ellos ni te miran. Les has entregado tu ropa y desnudo entregas la Vida al mundo. Ellos ni te miran. Están pendientes del “botín”. ¿No estaba allí María, tu madre?, podrían, al menos, haberle dado a ella lo que a ti te pertenece, pero después de lo que te han hecho, ¿qué respeto te van a dar? ¿cabe esperar alguna compasión por ti?

Hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Como si el reparto equitativo de lo robado hiciera justicia.

Y la túnica “No la rasguemos, sino echémosla a suertes, a ver a quién le toca” (Jn 19, 24). ¡Ignorantes!, no sabían que esa túnica no podía rasgarse, así lo había ordenado Dios: “Confeccionarás el manto del efod todo él de púrpura violácea. Llevará en el centro una abertura para la cabeza, con un dobladillo alrededor, como la abertura de un coselete, para que no se rasgue” (Ex 28, 31).

Caifás se rasgó las vestiduras, él ejercía de sumo sacerdote ese año. Pero su cargo, su vestido, su honra eran mundanas. Efímeras. Rompibles.

Tu llevas la túnica de Sacerdote eterno y hoy por tres veces te has despojado de ella.

La primera para lavarnos los pies. “El criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía” (Jn 13, 16). Te hiciste nuestro criado al lavarnos los pies, por eso te quitaste el manto, para que viéramos tu humillación hasta en tu vestido.

La segunda para preservar tu manto de los latigazos “lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura. Y terminada la burla le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar” (Mt 27, 28, 31). Sufriste sobre tu piel el daño de nuestro pecado, pero cuidaste como sagrado el símbolo de tu sacerdocio.

Por fin, entregas a los que te vamos a matar también tu túnica, tu sacerdocio.

¡Pero volverás a llevarlo! “y en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón de oro” (Ap 1, 13) y en ella veremos escrito quién eres: “En el manto y en el muslo lleva escrito un título: «Rey de reyes y Señor de señores»” (Ap 19, 16)

Avergonzado me atrevo a mirarte, solo queda en ti la corona de espinas, como diadema, como había ordenado el Señor que debía llevar el Sumo Sacerdote: “Harás también una diadema de oro puro, y grabarás en ella, como en un sello: «Consagrado al Señor»” (Ex 28, 36) y la llevas para indicar que cargas con nuestras culpas al ofrecerte como Cordero Pascual al Padre: “Estará sobre la frente de Aarón, pues Aarón cargará con la culpa en que hayan incurrido los hijos de Israel al hacer sus ofrendas sagradas” (Ex 28, 38).

Entregaste las vestiduras de Sacerdote Eterno, pero dejaste sobre tu piel el símbolo de tu entrega.

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Sexta entrega de Jesús. Su Cruz.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Sexta entrega. Camino del Calvario. Jesús entrega su Cruz.

“Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús” (Lc, 23, 26).

Entregas tu Cruz. Incluso tu Cruz. Simón tuvo miedo. ¡Claro!, ¡cómo no tener miedo!

¿Quién no ha tenido miedo de cargar una cruz, más aún si no es la suya? Si ayudo a enfermos de sida ¿no me contagiaré?; si llevo a las personas con discapacidad al cine ¿no me tendrán por uno de ellos?; yo no voy los domingos a casa de mi suegra, para que no se acostumbre y no vaya a creerse que es mi obligación. Paso de ir de voluntaria con las monjas, no vaya a escuchar la vocación del Señor.

¡Qué miedo da la Cruz! ¡Que no, que yo no la quiero!

Pero Simón cargó con tu Cruz. El cirineo fue el primero en seguir tus pasos hacia el calvario “y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús” (Lc, 23, 26). Déjame ir detrás de ti, Simón. Te llamas igual que Pedro …

Cargar con la Cruz de Jesús. Hoy sabemos que es el mayor privilegio. Tú nos habías dicho “a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga»” (Lc, 9, 23).

Pero ahora entregas tu Cruz.

Tal y cómo nos dijiste, para llevar la Cruz hay que negarse a sí mismo. No puedo decir “esa no es mi cruz”. Para llevar la Cruz de Cristo, la cruz de mi hermano, de mi hijo, de mi cónyuge, de mis padres, “yo” no importo, mi cruz no importa.

“Niégate a ti mismo” me dices. Como el cirineo. Ya no es Simón. Ahora es el que lleva tu Cruz.

Así me enseñas: no basta con que tome mi cruz de cada día. Tengo que tomar la cruz de mi prójimo.

Entregaste tu Cruz a Simón, a uno que pasaba por ahí. Señor, enséñame a cargar la Cruz del que pase a mi lado. Permíteme ver en su desdicha tu Cruz, para cargarla y llevarla “detrás de Jesús”.

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Quinta entrega de Jesús. Su perdón.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Quinta entrega. Casa de Anás. Jesús entrega su perdón a Pedro.

“El Señor, volviéndose, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces»”. (Lc 22, 61).

Pedro cumplió tu palabra. “¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!” (Pregón Pascual del Sábado Santo). ¡Gracias Pedro!, arrancaste del Señor la mirada de perdón.

Esa noche hacía frío pero el único que busca el calor del fuego era Pedro. El Corazón de Jesús estaba encendido por amor a los hombres. El corazón de los del sanedrín ardía de odio. Pero Pedro estaba encerrado en sí mismo, en su egoísmo. Estaba atento a sí mismo, ¡qué frío!

Todos reconocen a Pedro, le han visto tantas veces con Jesús, siempre ahí, a su lado. Pero ahora le niega. También todos me conocen. Siempre en la parroquia, todos los domingos en Misa, en todos los saraos místicos, pero cuando llega la hora de la pasión … cuando llega el momento de la entrega … cuando creo que nadie me conoce …

Más tarde Jesús suplicará el perdón del Padre por los que no saben lo que hacen, pero tú sí sabías lo que hacías ¿verdad Pedro?, Él te lo había avisado. ¡Te entiendo tan bien! ¿Tres veces? ¡Incontables las veces que yo le he negado!, ¡incontables!

El Señor mira a Pedro, como me mira a mí cada vez que le niego. Pero no juzga, no nos juzga. “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él” (Jn 3, 17); El Señor no juzga, no condena. Jesús perdona. Con solo una mirada Jesús salva.

Señor, ¡enséñame a mirar sin juzgar!, ¡enséñame a no condenar! Jesús, si tan solo supiera perdonar …

“Y, saliendo afuera, lloró amargamente” (Lc, 22, 62). ¿Cómo no llorar? Lágrimas de vergüenza. Ese será el dolor por mi pecado, porque la culpa, la expiación ha caído entera sobre tu carne. Entregas tu cuerpo para que yo solo tenga que pedir perdón.

Ahora me entregas tu mirada. Entregas tu perdón.

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Cuarta entrega de Jesús. Su humanidad.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Cuarta entrega – Jesús entrega su humanidad a los hombres.

“Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron «A Jesús, el Nazareno». Les dijo Jesús «yo soy»” (Jn, 18, 4-5).

Yo soy. “Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues si no creéis que “Yo soy” moriréis en vuestros pecados” (Jn, 8, 24).

Aquellos hombres te creyeron y te prendieron, pero pensaron que eras solo un nazareno, solo un hombre. No entendieron que “Yo soy” es tu nombre, “Yo soy el que soy” (Ex, 3, 14).

Prendieron a Jesús el nazareno, al que se señaló a sí mismo con el nombre de Dios. Así ya no morirán en su pecado, ahora, hasta los que te prendemos, los que salimos a por ti en la oscuridad de la noche, hasta los que nos ocultamos tras las antorchas para llevarte a la tortura seremos salvados, porque eres Tú quien morirás por nuestros pecados.

No es creíble, ¡no es creíble a qué te vas a entregar!

¿De verdad vas a sufrir semejante tortura? ¿De verdad lo quieres hacer por mí? ¿De verdad una vez más?

¿Hasta cuándo Señor?, ¿hasta cuándo?, ¿Cuántas Misas más vas a entregarte?

Entregas tu humanidad a mi pecado que se crece y se engríe, te escupe, te abofetea y te flagela. ¿Y mi amor por ti? Escondido. Aterrorizado. Avergonzado. Cobarde, muy cobarde.

 “Y a Jesús lo entregó a la voluntad de ellos” (Lc, 23,25).

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario

Tercera entrega de Jesús. Su voluntad.

Oración de acompañamiento a Jesús en su entrega del Jueves y el Viernes Santo.

Tercera entrega – Huerto de Getsemaní. Jesús entrega su voluntad.

“Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres Tú” (Mt. 26, 39).

Entregas tu voluntad. Este es tu alimento: “Mi alimento es hacer su voluntad y llevar a término su obra” (Jn, 4, 34).

Jesús verdadero Dios y verdadero hombre. Y el hombre se entrega a la voluntad de Dios.

Tres veces repites la misma oración al Padre. Como las veces que preguntaste a Pedro si te amaba. Como las veces que eleva el sacerdote tu cuerpo en la Santa Misa.

Para esto has venido. Para hacer Su voluntad. Para enseñarnos a hacer Su voluntad.

Tiemblas y te estremeces. Y sudas sangre. Aceptas el castigo de los pecadores, Tú, que no has cometido pecado.

¿Cómo no vas a temblar al entregar tu voluntad?

¿Existe algo más íntimo que la voluntad? ¿Si entrega su voluntad, qué queda del hombre?

Y pienso … ¿Cuántas veces he pedido a Dios que cumpla MI voluntad? ¿Cuántas veces he llorado – de rabia – y he temblado – de impotencia – porque Tú, sí Tú, Dios, no has querido cumplir mi voluntad?

Y he creído acercarme a Ti solo para reprocharte que parece, una vez más, que te has dormido.

Míralos, ahí están, Juan, Santiago y Pedro, los tres dormidos, como yo, como todos. Quizás sea necesario dormir para no ver lo que no podemos comprender. ¡Entregar tu voluntad!

Entregas tu voluntad para hacer la Suya, pero ¿cuál es la voluntad del Padre?: “que todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna y yo le resucitaré en el último día” (Jn, 6, 40).

“No se haga como yo quiero, sino como quieres Tu” (Mt. 26, 39). Necesitas decirlo tres veces. Ya no hay duda. La entrega es total. Te entregas Tú para que no se pierda ninguno. Para encontrar la oveja perdida. Para rescatar a todo pecador. Para resucitarnos en el último día. Tres veces para que el Padre acepte tu entrega: entregas tu voluntad en rescate por todos.

“Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores” (Mt, 26, 45).

Ya podemos dormir y descansar. Vas a cumplir la voluntad del Padre. Has aceptado ser pago de nuestra salvación.

Ya podemos descansar.

Publicado en Semana Santa. Oración. | Etiquetado , | Deja un comentario