Día internacional de las personas con síndrome de Down.

Hoy es 21 de marzo, día internacional de las personas con síndrome de Down.

Supongo que lo correcto sería hablar de ellos. Dejar constancia de cómo las personas con trisomía 21 constituyen uno de los colectivos que más ha evolucionado en los últimos 25 años y probablemente de los que más van a seguir progresando en los próximos 25.

Debería recalcar cómo su presencia en el mundo hace de él un lugar mucho mejor de lo que sería si los dicapacifóbicos ganaran su batalla y lograran imponernos el aborto sistemático de las personas que no cumplen con sus criterios de qué vidas, qué seres humanos merece la pena que nazcan.

Podría hablar de Bruno, de José María, de Juan Pablo, de Ana María, de Rocío, de Máximo y su hermana Larissa, de Arturo, de Fernanda, y de una larguísima lista de personas que gracias a su paso por mi vida han logrado que pueda mirar al pasado con una enorme sonrisa y mirar al futuro con la mayor de las esperanzas.

Hablar de aquellos que puedo afirmar sin temor a exagerar que dan un profundo sentido a mi vida.

Pero no voy a hacerlo. Hoy quiero escribir sobre otras personas. Quiero hablar de sus familias.

Hay muchos mitos entorno a ellas, algunos fueron inventados para intentar consolar a quien no ha pedido consuelo y otros para acallar la conciencia errónea de quien siente lastima por lo que simplemente ni conoce ni comprende.

He tenido el privilegio (en mi vida todo ha sido un privilegio) de conocer a cientos de ellas, cientos de familias de personas con síndrome de Down y puedo asegurar que tomadas en conjunto lo único que se puede decir es que son gente corriente y moliente.

Las hay inmensamente ricas y también paupérrimamente pobres, algunas muy simpáticas y otras aparentemente aburridas, de todos los colores, tamaños y gustos. Lo único que les diferencia del resto es que han tenido el privilegio (sí, el privilegio, si usted quiere considerarlo una desgracia es también una opción válida, pero permítame elegir cómo valorar la vida de un ser humano) de tener un hijo o un hermano con síndrome de Down, y eso les ha permitido mirar la vida desde un punto de vista que nunca antes habían considerado.

En muchos casos, en la mayoría de los que yo he conocido, les ha permitido ver la vida – su propia vida – de manera mucho más positiva, mucho más esperanzada, mucho más plena de lo que antes habían podido percibir.

En algunos casos, entre los que he conocido podría contarlos con los dedos de una mano, han adoptado una visión pesimista, preocupante, culpabilizante, triste, agobiante de sus vidas.

En ocasiones he oído hablar (cuando quien hablaba no me conocía) de la injusticia y el sufrimiento que una persona con síndrome de Down supone para sus familias, y sin embargo las que yo conozco sacrifican muchos privilegios, muchas oportunidades, muchos placeres, en bien del que tiene trisomía 21 y, si les preguntan, sacrificarían muchos más y sin perder un ápice de alegría si ello fuera necesario.

¿Cómo es posible?

Porque estas familias saben distinguir algo que cada vez más personas de esta sociedad tienden a igualar, mezclar y confundir: el sacrificio y el sufrimiento.

La palabra sacrificio proviene del latín: sacro (sagrado) + facere (hacer): hacer sagrado.

Cuando las familias de una persona con síndrome de Down sacrifican una carrera profesional, unas (o muchas) vacaciones, actividades extraescolares para el resto de los hermanos, dedican horas y horas de coche yendo de una terapia a otra, comen en la sala de espera del logopeda, etc. le están elevando a categoría de sagrado.

Comprenden que todo aquello que pueda ser valorado como una perdida es en beneficio de un bien mayor, que no son ellos. Ni la madre, ni el padre, ni el resto de los hermanos. Es vivir para el bien de otro. Algo que evidentemente golpea de lleno en la esencia de esta sociedad individualista, egocentrista, “selfista”.

El sacrificio es un elemento inalienable del amor, por eso hoy tantos matrimonios fracasan – o por ello tantos se consideran incapaces de comprometerse de por vida.

Por el contrario la palabra sufrimiento, que también proviene del latín: sub (bajo) + ferre (llevar) + mento (modo) – llevar por debajo -, es la antítesis de qué significa tener un miembro de la familia con trisomía 21.

NO, hoy las personas con síndrome de Down no “se llevan por debajo”, no son un sufrimiento, no son un dolor. Al revés, se llevan bien a la vista, a la luz de todos, porque para muchas de estas familias, ellos son su luz.

Lo que constituye un auténtico sufrimiento siguen siendo las actitudes que gran parte de la sociedad sigue mostrando hacia ellos.

Exclusión, discriminación, discapacifobia, hipocresía (véase lo ocurrido en la última gala de los premios Goya de la academia del cine de España). Eso sí que provoca auténtico dolor. Eso sí que “se lleva por debajo”. Esta sociedad oculta bajo una imagen de “tolerancia”, de “aceptación”, de “inclusión” su vocación abortista, su vocación de exclusión – que hoy vivimos de manera patente en el intento de algunos de prohibir los colegios de educación especial.

¿Sacrificios? Muchos.

Las personas con síndrome de Down permiten recuperar el sentido sagrado de la vida de una familia; por eso la palabra más repetida cuando se les pregunta qué significa vivir con una persona con síndrome de Down es: alegría.

Hay quien no lo entenderá nunca, como hay quien no admira el arcoíris.

Enhorabuena familias, hoy es vuestro día. ¡Vivan las personas con síndrome de Down! ¡Vivan sus familias!

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Datos y mentiras. La manipulación de la cultura de la muerte.

El pasado 7 de febrero de 2019 oía una noticia en el telediario de la noche de la cadena pública Telemadrid sobre el aborto. La noticia concluía afirmando que desde que en España se aprobó la ley de plazos del aborto de 2010, el número de abortos “no ha hecho más que descender”. Pueden encontrar la noticia también en la página web de rtve.es

Me impactó muchísimo ese dato. Más aún, seré sincero, me enfadó muchísimo. Estaba seguro de que era falso y por tanto, una vez más, nos estaban intentando manipular.

Enfadarse no sirve para nada, salvo que movilice a la acción – positiva.

Decidí confirmar si lo que afirmaban en el telediario de Telemadrid era cierto o falso.

Una de mis páginas favoritas en internet es la del Instituto Nacional de Estadística. www.ine.es

Da información cruda, directa. Datos. Puros datos.

A partir de ahí, viene nuestra labor de análisis.

He visto las estadísticas del aborto en España desde el año 1987 (primer año en el que aparecen publicados) hasta el año 2017 (último año en que hay datos publicados). He revisado los 30 años.

Estos son los datos:

En el año 1987, primer año en el que hay datos, se provocaron 16.766 abortos. Una media de 45,93 abortos cada día del año. Desde ese año, el número de abortos provocados creció año tras año, con alguna leve excepción, hasta el año 2008 que se llegó al récord con la ley original del aborto (conocida como ley de supuestos) de 115.812 abortos (317,29 abortos diarios).

La ley de plazos a la que hacía referencia la noticia que las cadenas de televisión filoabortistas están dando entró en vigor el 5 de junio de 2010. Al año siguiente, 2011, el número de abortos alcanzó el dato más alto de la serie histórica, llegando a los 118.611 abortos (324,96 abortos diarios). Por tanto la aprobación de la ley de plazos del aborto fue el antecedente del mayor número de abortos en un año.

Desde entonces, efectivamente el número de abortos anuales ha ido descendido hasta los 93.131 abortos provocados en el año 2016 (255,15 abortos diarios), pero vio un aumento al año siguiente, el último del que tenemos datos, que alcanzo los 94.123 abortos (257,87 abortos diarios).

Estos son los datos.

Telemadrid y el resto de televisiones que dieron esa noticia mintieron. El número de abortos no ha ido en descenso de manera sistemática desde 2010. Pero lo más importante, usar los datos puros del número de abortos es un claro intento de manipulación. Para poder valorar el número de abortos NO BASTA con el número puro y duro, eso es una UTILIZACIÓN BURDA, MANIQUEA de la estadística, es necesario considerar también el número total de embarazos cada año y ver cuantos de los niños concebidos no llegaron a ver la luz.

Veamos la proporción entre el número total de embarazos (niños nacidos + niños abortados voluntariamente) y los abortos provocados en ese año.

En el año 1987 hubo 426.782 partos y se provocaron 16.766 abortos, es decir hubo un total de 443.548 embarazos. El número de abortos ese año supone el 3,78% del total de los embarazos.

Desde entonces la proporción de abortos con respecto al número total de embarazos ha ido en aumento casi cada año, con alguna leve caída si hacemos una comparación interanual, hasta alcanzar la proporción más alta en el año 2007: el 20,7% de los niños concebidos fueron abortados. Eso significa que uno de cada 5 embarazos acabó con el bebé en el bote de deshechos humanos (supongo que ellos dirán de manera pretendidamente aséptica “deshechos biológicos”). Uno de cada cinco, el 20,7%.

Desde ese año la proporción ha bajado hasta un mínimo del 18,15% de los embarazos terminados en aborto (2014).

En el último año del que se tienen datos, 2017, la proporción de niños abortados respecto al total de los que fueron gestados es del 19,32%.

La proporción de abortos respecto a los embarazos, tras la aprobación de ley de plazos de 2010 descendió los tres primeros años, pero desde 2014 HA SUBIDO AÑO TRAS AÑO.

Es decir, en los últimos 10 años en los que existen registros publicados, prácticamente uno de cada 5 niños concebidos fueron abortados.

Esos son los datos.

Metido de lleno en la revisión estadística me surgió una cuestión.

¿Cuál es la causa más frecuente de defunción en España? Estaba seguro que habría causas mucho más frecuentes que el aborto, pero estaba equivocado.

Los datos publicados para el año 2017 indican que las tres causas más frecuentes de defunción entre los nacidos fueron:

Enfermedades isquémicas del corazón:        32.325

Enfermedades cerebrovasculares:                26.937

Cáncer de pulmón y de bronquios:                 22.089

Sumadas dan un total de 81.351 defunciones. Sumadas las tres causas de defunción más frecuentes no alcanzan el número de abortos provocados. El aborto es por tanto la primera causa de defunción en España. Mueren de manera provocada 2,91 niños en el vientre materno por cada nacido que muera por enfermedad isquémica del corazón, la segunda causa más frecuente de muerte.

Si atendemos a la enfermedad de cáncer, en 2017 los cinco tipos de cáncer más mortales (bronquios y pulmón, colon, páncreas, mama y próstata) sumaron un total de 52.874 defunciones, 41.249 defunciones menos que las provocadas por el aborto.

Estos son los datos.

Ahora la valoración.

En España mueren en el vientre materno de manera provocada casi uno de cada 5 de los niños concebidos.

El número de abortos provocados supera en más de 60.000 la siguiente causa de defunción.

Estos datos reflejan que la sociedad española, las personas que formamos esta sociedad estamos enfermos. Moralmente enfermos.

Entre el día 13 y el día 26 de enero de 2019 todos los españoles hemos estado pendientes, con el corazón encogido, por la suerte que podía haber corrido Julen, el niño de dos años que había caído a un pozo hasta descender 100 metros de profundidad.

Si ese hecho no hubiera conmovido a alguien sería porque estaba moralmente muerto, no enfermo.

Un solo niño conmovió a todo un país. La vida de un solo niño tiene un valor tan grande que si corre riesgo debemos dejarlo TODO por ir a socorrerlo.

Cualquiera de los días que estuvimos todos pendientes de Julen, murieron más de 250 niños en centros de aborto en España. Nadie se conmovió por ello.

Estamos enfermos.

Si usted está a favor del aborto está moralmente enfermo. No lo digo con la más mínima intención de ofender. Es una sencilla descripción. Pero no es su culpa, está libre de toda culpa: la educación, la formación y la experiencia de vida que ha tenido le ha anestesiado hasta pensar que alguien tiene derecho sobre la vida de otro ser humano.

Si usted está en contra del aborto está moralmente enfermo. No lo digo con la más mínima intención de ofender. Es una sencilla descripción. Pero lo más probable es que en este caso sí sea su culpa. No está enfermo por estar en contra del aborto. Está enfermo por estar en contra y no hacer nada al respecto.

Puede que las personas que están a favor del aborto estén anestesiados moralmente. Pero los que estamos en contra y ni movemos un dedo ni decimos una sola palabra para terminar con esta sangría – nunca mejor dicho – estamos en estado de putrefacción.

La última concentración que hubo en Madrid a favor de la vida y en contra de la cultura de la muerte fue una reunión de cuatro gatos. Hay no estaba ni el 0,01% de los que decimos estar en contra del aborto. Fue una reunión vergonzante.

Somos personas moralmente enfermas que formamos una sociedad moralmente catatónica.

El 3 de febrero de 1993 Santa Teresa de Calcuta fue la encargada de dirigir en Washington D.C. el desayuno de oración nacional. Aquella mañana, afirmó:

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto … Todo país que acepta el aborto no está enseñando a sus ciudadanos a amarse, sino a usar cualquier tipo de violencia para conseguir lo que quieran; por este motivo el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto”.

He reflexionado mucho sobre las palabras de Santa Teresa y he llegado a la conclusión de que, efectivamente podemos considerar que entre 1968, año en que se aprueba el aborto en el Reino Unido y 1973, cuando se aprueba en los Estados Unidos, está el punto de inflexión moral de occidente.

Verdaderamente el aborto constituye la auténtica caja de Pandora de esta sociedad. Estoy convencido de que todos los males morales (violaciones en grupo – manadas – pornografía y pederastia infantil, ideología de género, etc.) tienen como origen la ideología del aborto y la cultura de la muerte.

Pongámoslo en positivo:

Si se acepta como inalienable, indiscutible, irrenunciable, el respeto, la DIGNIDAD y LA VIDA de todo ser humano desde el momento de su concepción, desde que está en el vientre materno, resulta también inalienable, indiscutible e irrenunciable el respeto a la dignidad y a la vida a lo largo de todo su ciclo vital.

¿Quiero decir con esto que las personas que están a favor del aborto no respetan, no aceptan la dignidad y la vida de las mujeres, están a favor de las violaciones en grupo o que están a favor de la pederastia y la pornografía infantil?, NO, en absoluto.

Quiero decir que para los que están a favor del aborto el respeto, la dignidad y la vida de los seres humanos NO es inalienable, no es irrenunciable ni indiscutible, establecen excepciones. Y si estableces una sola excepción al respeto, a la dignidad y a la vida de un solo ser humano eres parte de la cultura de la muerte.

¿Qué puede hacer usted?

¡Hable!, ¡Grite!, ¡Opine! Debemos hablar de lo que está ocurriendo todos los días a todos los que tenemos cerca.

Debemos acabar de una santa vez con el silencio cómplice, el mirar hacia otro lado, el actuar como si no tuviera nada que ver conmigo.

Ninguno de mis hijos, ninguno de mis hermanos, ninguno de mis primos, ninguno de mis sobrinos, ninguno de mis amigos, nadie que yo conozca personalmente se ha caído a un pozo, pero la vida de Julen me concernía personalmente, me conmovía, me afectaba, hablábamos de ello.

¿Usted no conoce a nadie que haya abortado? ¿Ni usted, ni sus hijas, ni sus primas, ni sus sobrinas ni sus amigas, ni nadie que conozca le ha dicho que ha abortado?, ¿cree que por eso entonces ya no le concierne?

¡Están matando a casi el 20% de los niños concebidos! ¡Haga algo! ¡Diga algo! ¡GRITE!

En mi relación con asociaciones y fundaciones pro-vida han sido dos los fenómenos que más me han impactado:

  • Cuando se brinda ayuda a una mujer embarazada para que no recurra al aborto, esa ayuda se continúa aportando a través de apoyo psicológico, económico, laboral, búsqueda de hogar, etc. durante tantos años como esa madre y ese niño necesiten. Años.

 

  • Cuando se brinda ayuda a una mujer embarazada para que no recurra al aborto, pero aún así decide abortar, se le continúa aportando apoyo psicológico, económico, laboral, de búsqueda de hogar, etc. durante tantos años como esa mujer lo necesite. Años.

Las asociaciones pro-vida como Red Madre y otras muchas acompañan a las madres, aborten o no, durante tanto tiempo como lo requieran.

Dos de cada diez niños concebidos en España son abortados.

El aborto es la primera causa de defunción en España.

¿Vas a seguir guardando silencio?

* Los datos presentados NO INCLUYEN los abortos provocados por la utilización de la píldora abortiva ni los abortos provocados en procesos de fecundación in vitro, por lo que los números aquí expresados no son tan crueles como la realidad. Hoy van a morir más de 250 niños en España víctimas del aborto; hoy va a haber más de 250 madres víctimas del aborto. ¿Vas a seguir guardando silencio?.

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Cambio de cultura

La primera luz roja que vi fue cuando hace años comencé a oír hablar desde el think tank Family Watch de la gravísima situación demográfica a la que nos estábamos dirigiendo. En diciembre de 2018, el mes pasado, el Instituto Nacional de Estadística presentó los datos definitivos de nacimientos en España en 2017 y los provisionales del primer semestre de 2018, la conclusión: el número de nacimientos en España ha descendido hasta el nivel más bajo desde que se recogen datos, en 1941. Según Alejandro Macarrón, presidente de la fundación Renacimiento Demográfico, la realidad es que el número de nacimientos ha descendido a niveles del siglo XVIII. Como él mismo explica, este cambio en la demografía no puede explicarse por meras cuestiones económicas, sino aludiendo a un profundo cambio cultural que afecta a todas las dinámicas entre las personas.

La segunda luz roja que observo con creciente frecuencia en el trabajo diario en la consulta con familias, es el cambio en sus prioridades, en las relaciones entre los padres y los hijos y entre los cónyuges. Es evidente que hay una búsqueda cada vez más marcada de que sean otros los que solucionen los problemas de la familia: padres que llevan a su hijo a urgencias del hospital porque se ven incapaces de que se tome la medicina y pretenden que sea el médico de guardia quien se la de; padres que contestan e-mails o mensajes de whatsapp mientras están atendiendo a la consulta de su hijo; padres que piden que les escribamos la carta de los Reyes Magos de sus hijos, porque ellos no saben qué les conviene; hijos que imponen a sus padres aficiones, horarios, menús y caprichos bajo amenaza y cumplimiento de auténticas agresiones verbales y en ocasiones físicas.

La tercera luz roja es la puesta en marcha de políticas educativas y sociales neocomunistas enmascaradas bajo los términos de ideología de género y feminismo de género, impuestas en la sociedad bajo el esquema cultural del “pensamiento único”: Quienes no estamos de acuerdo con esas ideas no podemos formar parte de la sociedad que están pretendiendo crear y debemos ser condenados al ostracismo. Desde esta visión el estado tiene la potestad de educar a los niños ya que los padres no son profesionales y están por tanto incapacitados para ejercer la educación. Se les educará de acuerdo a los principios de esta ideología, aún cuando los padres no quisieran.

Es evidente que se está produciendo un profundo cambio cultural.

La característica fundamental de esta nueva cultura y que puede servir para denominarla es el individualismo.

El objetivo fundamental de los miembros de esta sociedad es la realización personal a través de la autosatisfacción.

YO soy el centro de mi vida. El objetivo fundamental de cada individuo debe ser su propia realización y todo lo demás (y todos los demás) puede(n) servir a este fin.

Desde esta perspectiva puede haber diferentes niveles de complejidad. Si tengo un nivel de inmadurez suficiente, me conformaré con tener alimento – que me idealmente proveerán mis padres – y un trabajo que me satisfaga y a su vez que cubra las aficiones que me plazcan y me acerquen a un sentimiento momentáneo de saciedad.

Si por el contrario tengo una organización mental más elaborada, puedo aspirar a tener satisfacciones más complejas, tales como el prestigio, el reconocimiento social – merecido o sencillamente mediático, vía facebook, instagram, etc. incluso aspirar a la satisfacción a través de la cultura o incluso del voluntariado.

Desde que en los años 60 y 70 se desarrolló el concepto de “sentirse realizado” y a las mujeres se les dijo que para lograrlo debían incorporarse al mundo laboral se nos ha inculcado que únicamente en ese ámbito podemos alcanzar la “realización personal”. Es el trabajo, y no la familia, el que nos permite sentirnos realizados. Más aún, con frecuencia la familia es un obstáculo para la realización personal.

Así se entiende que el matrimonio como prioridad vital sea un absurdo. ¿Cómo voy a comprometerme para toda la vida?, yo estaré a tu lado mientras tú me sirvas para satisfacer mi desarrollo personal y, recíprocamente, ¿cómo te voy a pedir que te cases conmigo para siempre, si tengo plenamente asumido que no soy lo más importante en tu vida?

¿Y los hijos?, ya no son el fruto natural de una unión vital entre un hombre y una mujer, sino que son uno más de los elementos de satisfacción para mi desarrollo personal. Si tengo hijos será si me apetece y cuando me convenga: cuando mi carrera profesional esté encauzada y tenga las posibilidades de darles una red de atención que me permita continuar con el objetivo de sentirme realizado: guardería y colegio de 8:00 hasta las 17:00 y después, si hace falta, actividades extraescolares.

Los hijos ahora son considerados – de manera completamente irreal – un derecho individual. Nada ni nadie puede privarme de tener un hijo cuando quiera, sean cuales sean mis circunstancias: casado, soltero o con 61 años, y por tanto cualquier método es igualmente legítimo: adopción, fecundación in vitro o compra de un niño a través de la mal llamada “maternidad subrogada”.

De igual manera se nos impone como un derecho el poder terminar con la vida del no nacido si “no es el momento adecuado a mis circunstancias”.

En esta cultura individualista todos, TODOS – novios, cónyuge, padres, hijos, vecinos – somos únicamente medios potenciales para satisfacer al otro en su búsqueda de sentirse realizado.

Resulta completamente lógico en este entorno la aparición y el crecimiento de idealismos ecologistas, animalistas y veganos. El ser humano, por su capacidad de abstracción y raciocinio necesita ideales a los que mirar y con los que vivir, pero en una sociedad característicamente individualista y con una carga ideológica neocomunista tan fuerte, en la cual la persona es despreciada, se hace necesario buscar ideales en otros lares: el planeta y sus animalitos. En la búsqueda de la trascendencia – inevitable en el ser humano – carece de sentido seguir mirando a nuestros congéneres y menos aún a Dios, y se vuelve, como en las creencias de las culturas primitivas, a la tierra y al resto de sus habitantes.

Lógicamente una sociedad apoyada en estos principios tiene como perspectiva un crecimiento de la soledad hasta dimensiones pandémicas.

Cuando el ser humano, después de una vida cuyo objetivo haya sido primordialmente su realización personal a través de la autosatisfacción, se vea incapacitado para alcanzarla deberá recurrir casi inevitablemente a la eutanasia, de ahí la urgencia de algunos por aprobarla en nuestro país.

Los economistas insisten en que muy pronto no va a haber dinero para pagar las pensiones de los jubilados, y nos azuzan con el miedo a la pobreza en la vejez, pero estoy convencido de que ese es el menor de los problemas. Oía en la radio que en Japón, que tiene unas características demográficas similares a las nuestras, se venden ya más pañales para ancianos que para niños. La cuestión no está en si tendremos dinero para comprarlos, sino quién estará ahí para cambiarnos los pañales cuando seamos viejos.

Buscar la realización personal a través de la autosatisfacción es una visión castrante del ser humano.

El ser humano, como animal, es esencialmente social y como ser racional es inevitablemente espiritual.

Negar esas dos dimensiones, hacer al individuo el fin de sí mismo, es negar la posibilidad de alcanzar el potencial inherente a su código genético, a su esencia.

Yo no soy la persona más importante en mi vida. Mi realización personal está en lo que aporto a los demás, no a la sociedad, sino a personas concretas, mi cónyuge, mis padres, mis hijos, mis hermanos, mis amigos y, en mi caso, mis pacientes, aun cuando lo que aporte sean únicamente necesidades.

Hay quien dice que el momento que vivimos es el comienzo de la era del poscristianismo. Si contraponemos esta sociedad esencialmente individualista a la frase que D. José Pedro Manglano afirma que caracteriza(ba) a los (primeros) cristianos: “sabe decir sí a los hermanos quien sabe decir no a sí mismo”, sin duda la cultura del poscristianismo ha llegado.

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Regalos de Navidad.

¿Cómo podrán los Reyes Magos transportar tantísimos regalos? ¿De verdad sólo usan tres camellos, o esos son sólo los que nos enseñan? Son misterios que nunca llegaremos a descubrir pero que cada año despiertan mi curiosidad.

Me gustaría, desde la más sincera humildad, poner mi pequeño granito de arena y dar alguna idea a los Reyes Magos para que, conservando todo su amor, no hagan más locuras de las estrictamente necesarias.

1) A pesar de que las listas que escriben los niños a los Reyes pueden están cercanas al concepto matemático de GOOGLE – “número más alto conocido sin llegar a ser infinito” -, no es en absoluto recomendable intentar cubrirla. Así que al margen del presupuesto que podamos haber establecido por cabeza, mi recomendación es marcar un MÁXIMO de regalos por persona, muy especialmente si es niño. En concreto mi recomendación son, como MÁXIMO, cinco regalos (5).  Cinco en TOTAL. La cuestión entonces está en distribuirlos.

Veamos, si nuestros hijos tienen la suerte de tener a sus cuatro abuelos, es habitual que los Reyes dejen alguno en cada una de sus casas (ya van dos regalos). También es frecuente que dejen un regalo en casa de los padrinos – pensemos que son un matrimonio – (ya van tres), así que bastaría con que en casa los Reyes Magos trajeran 2 regalos. (Si los padrinos no son matrimonio y cada uno le pide a los Reyes un regalo, en casa basta con que los Reyes dejen un regalo). Si, si, ha leído bien, basta con que en casa dejen UN (1) regalo.

CINCO REGALOS EN TOTAL como máximo, si no lo alcanzamos y nos quedamos en UNO, es fantástico. – (no vale hacer la trampa de pedir 5 al Niño Jesús para que lo traiga el 25 de diciembre y otros 5 a los Reyes).

Cinco regalos es la cantidad que  el cerebro del niño (y también un adulto) puede asumir sin provocar ninguna sobredosis de egoísmo, autosuficiencia, o “melomerezcotodo”.

Cada vez conozco más niños con el síndrome de “melomerezcotodo”. Son niños difícilmente soportables hasta para sus padres quienes, en ocasiones, también lo sufren: “me merezco ir al gimnasio” (o a padel o a la “desconexión” que sea), “me merezco un trabajo que no sea mileurista (y por eso llevo tres años en el paro)”, “me merezco una pareja que no se le hayan caído las carnes (y por eso cambio tan a menudo)”, “me merezco cambiar de móvil, porque en el que tengo ya no me caben más selfies”.

El síndrome de “melomerzcotodo” está causando estragos en los matrimonios, en las relaciones entre los padres y los hijos y en las relaciones laborales.

2) Regalar algo que si no se lo traen los Reyes Magos, nunca lo tendría. ¡SEAN SORPRENDENTES! ¿Un móvil? ¿De verdad? ¡Vaya regalo cutre!. Por caro que sea. ¡Va a tener uno el resto de su vida!. No solo va a tener móvil el resto de su vida, sino que lo va a tener ¡como máximo! a 3 metros de distancia. (Mire ahora a su alrededor y localice el suyo, ¿a qué distancia está?). Un querido amigo que regenta varios tanatorios confirma mis sospechas: “Ya no tiene nada de raro que pidan que se les entierre con el móvil”. Ahí lo dejo.

Reyes Magos, por favor, que se note vuestra condición, regalar algo que pueda recordarse muchos años más tarde. (Ya ni me acuerdo cuándo me regalaron dos entradas para ir al teatro, pero el regalo nunca lo olvidaré).

Regalen flores, aunque sean efímeras. Pero el mensaje es evidente: Te quiero.

Regalen algo que pueda ser recordado porque en su esencia conlleva belleza.

Regale algo que no se encuentra en amazon. Verá como sorprende.

3) Sería buenísimo que los Reyes Magos trajeran a cada miembro de la familia un regalo de tiempo. Sí. Que trajeran una tarde o un fin de semana.

“Vale por una tarde entera dedicada a jugar a lo que tu quieras con tu padre – ¡SIN MÓVILES, TABLETS, VIDEOJUEGOS, NI NADA!”.

“Vale por un día y una noche con tu cónyuge en un lugar tranquilo – ¡SIN MÓVILES NI NADA!”. (El lugar tranquilo puede ser nuestra casa, sin niños, sin armarios que ordenar, sin “temas urgentes que responder”, solos tu y yo). Si esto le suena a aburrimiento y no sabría que hacer 24 horas a solas y “sin nada que hacer” con su cónyuge, busque ayuda urgente. Muy urgente. NO lo digo de manera retórica, lo digo muy en serio. Si pasar 24 horas en casa con su cónyuge le huele a aburrimiento su vida está en grave peligro. Busque ayuda.

“Vale por una tarde entera con la abuela en donde ella elija”.

Por supuesto los regalos de tiempo deben cumplir dos requisitos:

a) Debe ser tiempo compartido – nada de tiempo para ti solo.

b) Deben llevarse a cabo en un máximo de un mes desde que se entregan, ya que de lo contrario lo más probable es que duerman el sueño de los deseos no cumplidos.

4) Si su hijo todavía está en edad de juguetes: ¡QUÉ SEA DIVERTIDO!. Qué manía les ha dado a algunos padres con los dichosos “juguetes didácticos”. ¡Qué pesados!. El juguete debe divertir NO enseñar.

De verdad que estamos locos. Ahora está de moda el “juguete didáctico” y a la vez “la enseñanza lúdica”. ¿Por qué no dejamos las cosas en su sitio natural?: “juguete lúdico” y “enseñanza didáctica”?

5) Cuando los hijos son mayores, no importa la edad que tengan – como si tienen 44 años , padres, por favor os lo pido, no os los llevéis de compras a “hacer de Rey Mago”. Es la forma más triste de matar una de las pocas ilusiones que nos quedan. No hagáis “como si no”. No hagáis como si los Reyes Magos no existieran.

Feliz Navidad.

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Cuestión de sentimientos

La noticia del día (8 de noviembre de 2018) es que Emile Ratelband, un holandés cuyo parto ocurrió hace 69 años, ha emprendido acciones legales para que se le reconozca como persona veinte años más joven. Así se siente y por tanto se considera discriminado cuando en plataformas digitales de relaciones personales no accede a las mujeres que le gustaría y cuando en las ofertas de trabajo le descartan por “su edad”.
Me uno moralmente a Emile. Más aún, tengo sólidos argumentos a mi favor. Ya el psicólogo de mi colegio explicó a mi madre que yo era “muy inmaduro”. Como si ella no lo supiera. Probablemente se debe a las circunstancias de mi parto, que no vienen al caso relatar. Esa inmadurez siempre me ha acompañado. Así que aunque mi cuerpo está a punto de cumplir 50 años mi organización neurológica y mi madurez afectivo-emocional está aproximadamente entre los 38 y los 41 años.
Sin duda, yo me siento mucho más joven de lo que mi documento nacional de identidad dice que soy.
Y no tengo el más mínimo interés en ligar – ni por redes sociales ni en vivo y en directo – (los que conocen a mi mujer saben que no hay ninguna otra que pueda acercarse a sus virtudes ni a mi corazón), ni tengo ganas de encontrar trabajo, por lo que a este tema respecta preferiría tener 16 años más y estar disfrutando ya de la jubilación.
No tengo un interés particular en tener menos edad, sencillamente me siento un hombre de aproximadamente 40 años, uno arriba o uno abajo. ¡Me siento así!
Y la cosa va de sentimientos, ¿o no?
Rachel Dolezal (hoy llamada Nkechi Amare Diall) es hija de madre y padre caucásicos y hasta donde se sabe en su familia no ha habido ningún afroamericano, pero ella siempre se ha sentido una persona de piel negra. Llegó a ser presidenta de la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color (NAACP – por sus siglas en inglés), hasta que alguien se enteró del color de piel de sus ancestros y le hicieron dimitir. Esa es solo una de las múltiples discriminaciones que ha sufrido por culpa de que no se le hayan respetado sus sentimientos.
Leanne una australiana que – si no tiene problemas con su fecha de nacimiento – ha cumplido ya 40 años, afirma que siente que es una yegua (llamada Shyanne) atrapada en el cuerpo de una mujer (pueden encontrar videos suyos en Youtube). Y no es la única persona en situación similar. Al parecer hay más animales humanos que sienten que no pertenecen a nuestra especie.
Y un número de personas nacidas en el Bajo Ampurdán o en Segarra o en el Alto Penedés y otras comarcas cercanas afirman NO sentirse españoles a pesar de haber nacido en un lugar que desde los romanos ha sido parte de Hispania, Al Andalus o España, o como se le haya querido llamar.
Y “naturalmente” hoy no es cuestionable si una persona con un pene de significativo tamaño y unos testículos como los del caballo de Espartero se siente mujer.
Al parecer hoy lo único que importa son los sentimientos. El cuerpo (con pene o con vagina, con forma humana o equina, nacido en aquí o allá) es indiferente, lo que importa es lo que “yo me siento”.
Y ahí quería yo llegar. Porque a pesar de haber nacido en 1968 me considero un hombre de aproximadamente 40 años, pero lo que es más importante es que a pesar de haber nacido en Madrid, siempre me he sentido Caimanés. Concretamente Boddenense – oriundo de Bodden Town. Es por esto que no entiendo porqué tengo que pagar impuestos, los ciudadanos de las Islas Caiman estamos exentos de hacerlo, pero no le entra en la cabeza a los inspectores del del ministerio de hacienda de España que año tras año me persiguen y me discriminan tratándome como si fuera un súbdito español cualquiera.
Y no solo me siento 10 años más joven y ciudadano Caimanés, también me siento asqueado. ¡Asqueado hasta la médula! de esta sociedad falaz y manipuladora, que intenta imponer el pensamiento único – enmascarado tras la ideología de la posverdad.
El ser humano se define a sí mismo como animal racional – dotado de capacidad para el razonamiento – pero hoy se nos dice que el razonamiento es irrelevante, lo único que importa es el sentimiento. Pretenden convencernos de que realidad hay que ignorarla y son los sentimientos lo que define quién eres.
Y si hay alguien que esté dispuesto a poner en cuestión esta aberración ideológica debe ser considerado un retrógrada con ínfulas totalitarias y se le debe prohibir la libertad de expresión – que solo existe para los que están dispuestos a expresar opiniones acordes con el pensamiento único.
Una vez más el diccionario de la Real Academia de la Lengua viene en mi auxilio:
“Posverdad: Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”.
Pues eso: si alguien se siente eternamente joven, de sexo líquido, caimanés, y equino, ¿quién son los demás para cuestionarlo? Nadie, no somos nada ni nadie.
Pero aunque te sientas eternamente joven el tiempo sigue avanzando; aunque te sientas únicamente catalán, vasco o madrileño, la historia, la legalidad y tu pasaporte es el que es; aunque te sientas hombre, mujer, caballo, perro, blanco o negro, tu genética no se altera por tus sentimientos.
Nadie te puede decir cómo te debes sentir. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Pero la realidad es tozuda, el ser humano es racional, aunque tantas veces demuestre que es irrazonable y la posverdad es una distorsión con el fin de manipular.

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21 de marzo. Día del síndrome de Down.

El 21 de marzo celebramos el día internacional de las personas con síndrome de Down, un día dedicado a celebrar – repito a CELEBRAR – su vida, su existencia, su ser.

Es un día característicamente agridulce. Los que tenemos el privilegio de vivir junto a personas con trisomía 21 sabemos que nuestras vidas han sido enriquecidas con su presencia. Nos han aportado una riqueza que es difícil que otras personas hubieran podido dar. Esto nos llena de alegría, aunque sabemos que lo importante NO es todo lo que nos aportan, sino que lo importante es, sencillamente, su ser.

A la vez es un día amargo ya que no podemos olvidar los cientos – repito CIENTOS – de niños con trisomía 21 que no llegan a nacer por culpa de un sistema nacional de “salud” diseñado, dirigido y obsesionado con eliminar completamente su existencia.

¿De cuántos muertos estamos hablando?

En el año 2015, el último del que tenemos registros de nacimientos de personas con trisomía 21, nacieron en España un total de 427.017 niños. De acuerdo a los datos de incidencia de síndrome de Down en España en años previos a la aprobación del aborto (15 por cada 10.000 nacimientos), en 2015 habrían nacido 640 niños con síndrome de Down. Lo cierto es que nacieron 269, un 58 % menos de lo que era esperable.

371 niños abortados en el vientre materno en el año 2015 por tener trisomía 21.

371 madres que no olvidarán y que sufrirán los remordimientos que otros debían asumir en solitario.

Es difícil CELEBRAR cuando se tiene en mente que son más los asesinados que los nacidos.

Podría escribir sobre lo maravillosa que es la vida. Con y sin síndrome de Down.

Podría hablar de Blanca, de Rocío, de Bruno, de Jimena, de Juan Pablo, de los cientos de personas con síndrome de Down que he tenido el privilegio de conocer a lo largo de mi vida.

Podría ignorar los abortos.

Pero si los ignoro sería cómplice.

Cuando pienso en lo difícil que es para unos padres en España (y en tantas partes del mundo) lograr que su hijo con discapacidad llegue a nacer – con TODO el sistema de “salud” en su contra, al que hay que sumar la presión de familiares, compañeros de trabajo, medios de comunicación, etc. no puedo evitar recordar un poema:

“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,                                                                  guardé silencio,                                                                                                                                      ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

Martín Niemöller, pastor luterano.

El aborto de personas con discapacidad en España y en el resto del mundo es el nuevo HOLOCAUSTO.

Mi hijo me pregunta muchas veces cómo es posible que los alemanes de bien permitieran la atrocidad del nacional socialismo. La respuesta es actual: de la misma manera que los españoles de bien estamos permitiendo la atrocidad del aborto.

El 21 de marzo tenemos mucho que celebrar, pero desgraciadamente también mucho de lo que avergonzarnos.

Celebremos sin olvidar. Disfrutemos de la alegría que significa vivir. La maravilla que es compartir este planeta con personas de toda raza, religión, edad, ideología y condición genética. De cualquiera. Luchemos porque no se excluya a nadie. A NADIE.

Las personas con trisomía 21 nos recuerdan que si nosotros tenemos derecho a vivir, ¿quién puede ser tan arrogante como para negárselo a ellos?

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Soy un héroe. O no.

Llevo años pensando que soy un héroe. A veces incluso un súper héroe.

Llego a casa, los niños cada uno en su cuarto, se supone que estudiando pero vete tú a saber.

Voy a ponerme un vaso de algo … saco el friegaplatos y me cuelgo una medalla.

Mi esposa todavía no llega.

Voy al tendedero. La ropa tendida ya está seca, hay una lavadora puesta que ya ha terminado y el cesto sigue lleno.

Destiendo la ropa tendida, incluso enrollo los calcetines (mira que lo odio), saco la ropa limpia de la lavadora (pierdo el tiempo en buscar siempre las pinzas del mismo color para cada prenda, sé que es una tontería, pero alguna manía hay que tener) y meto toda la ropa blanca dentro de la lavadora para ponerla al día siguiente (si la pongo ahora se nos va a olvidar sacarla antes de acostarnos y la ropa húmeda, toda la noche ahí dentro, huele fatal).

Termino y doy una vuelta al ruedo. Dos orejas. El público se viene arriba.

A veces incluso llevo a algún niño al médico, ¡y en horas de trabajo! Superman será más guapo, pero no es más héroe que yo.

Mientras yo hago todo eso ella ha ido a la tintorería, ha pasado por la papelería a comprar lo último que han pedido del colegio de la pequeña, ha pasado por la carnicería, y no sé qué más. Todo después de sus siete horas y media de trabajo remunerado (1/3 de lo que le corresponde de acuerdo a la responsabilidad que asume. Cobra exactamente 1/3 de lo que le corresponde. Es maestra) Antes de ir al trabajo (remunerado) había dejado toda la casa recogida.

Ella no se considera ninguna heroína. Al contrario. Piensa que nunca llega a todo y le agobia.

Ella hace lo que toca. Y yo pienso, “no aprecia todo lo que hago”.

Por fin llega. ¿Qué cenamos? A mí solo se me ocurre preguntarlo. La respuesta o salta a la vista al abrir la nevera o yo no soy adivino.

Los fines de semana no perdono la siesta. Mientras ella “recoge” la cocina. Eso significa que le da un “fregao” de arriba abajo. Logra limpiar azulejos que en mi vida se me hubiera ocurrido que existían. Eso sí, desde antes de comer ya me está diciendo “tienes ojitos de siesta”. Y yo me dejo querer. Soy un super héroe.

Hace años, bueno meses, que aprendí a no darle cuenta de cada tarea doméstica que hago. Su mirada lejos de reflejar la admiración que yo esperaba, alternaba entre la incredulidad (por contárselo, no porque lo hubiera hecho) y la paciencia al borde del agotamiento.

Si cada vez que hago lo que me corresponde me creo que le estoy haciendo un favor y de cada diez tareas que ella realiza yo me entero de una, ¿soy un héroe o un imbécil?. Pregunta retórica: evidentemente lo segundo.

No soy mala persona. Sencillamente no veo el mundo ni la vida como la ve mi mujer. Podría culpar a mi educación, pero creo que ya tengo añitos como para asumir mi propia conducta sin mirar al cementerio.

No, no basta con hacer lo que me corresponde. ¡Me queda tanto por mejorar / madurar!:

  • Entender que lo que ME corresponde no LE correspondía. No es ningún favor.
  • Entender que ella hace mucho más de lo que me doy cuenta, y por tanto abrir más los ojos, a ver si consigo enterarme de algo.
  • Hacer todo lo que pueda, porque por mucho que haga, nunca voy a alcanzar todo lo que ella ya ha hecho.
  • Reconocer, de manera explícita, todos los días, muchas veces, con cada cosa que haga y que ¡por fin! me de cuenta, que lo ha hecho y agradecérselo y
  • Por último dejarme de tonterías, hacer todo y hacerlo por un único motivo: por amor. A ella, a los niños y a mi mismo. Sé que ese es el motivo por el que ella lo hace todo. No se lo cuestiona. No se trata de ser más o menos responsable, es cuestión de cómo y cuánto amo. Mientras siga haciéndolo por ganar puntos frente a alguien (incluido yo mismo) significará que todavía estoy en un grado de madurez propia de seguir llevando pañales.

¡Qué vergüenza haber pensado alguna vez que soy un héroe!

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