En los últimos meses han aumentado significativamente las demandas y las ocasiones que he tenido para enfrentarme a la cuestión de la enseñanza bilingüe de niños con síndrome de Down y otras alteraciones neurológicas.
Cronológicamente comenzó el curso pasado, cuando atendí a unos padres de un niño con un alteración neurológica severa que habían venido a trabajar a España. El padre es francés y la madre polaca, recién aterrizados y haciéndose a su nuevo hogar. El segundo caso eran unos padres portugueses con una niña con síndrom de Down. En ambos casos una de las primeras medidas que tomaron fue escolarizar a sus hijos en un jardín de infancia y los dos matrimonios recibieron el mismo “insistente” consejo: si querían que el niño se adaptara a su nuevo entorno y querían NO perjudicarle en el desarrollo de su lenguaje DEBÍAN hablarles en español.
Se daba la circunstancia de que ninguno de los cuatro hablaba el español ni para pedir la hora, por lo que ese “consejo” generó gran inquietud en los padres. Por la información que habían recibido, hablar a sus hijos en el idioma que ellos conocían les iba a perjudicar.
Cuando les atendí hice lo posible por tranquilizarles. En primer lugar era absolutamente ridículo que les intentaran hablar en un idioma que ellos apenas conocían, eso sí que podía ser perjudicial.
En segundo lugar hablar a un niño, a cualquier niño, tenga o no una alteración neurológica, de manera CONSITENTE en dos, tres o cuatro idiomas, es NEUROLÓGICAMENTE altamente beneficioso.
Si un niño tiene problemas de lenguaje, NO se va deber a ser expuesto a dos idiomas.
La CLAVE. El punto fundamental es que si un niño (tenga o no una alteración neurológica) es expuesto a dos (o tres o cuatro) idiomas NUNCA, JAMÁS, se le debe exigir expresarse en ninguno de los dos. Debe ser el niño el que elija en todo momento el idioma que quiere utilizar.
Soy profesional, pero por encima de todo soy padre. A mis tres hijos mayores les hablé en inglés desde el día de su nacimiento hasta que la tercera cumplió tres años (la mayor y el segundo tenían 5 y 4 años respectivamente). El desarrollo del lenguaje de los dos mayores fue precoz y muy rico (exclusivamente en español, ya que aunque comprendían absolutamente TODO cuando se les decía en ingles, apropiado naturalmente a su edad, NUNCA quisieron usar el inglés y NUNCA se lo exigimos –aunque en el colegio demostraban un dominio completo del idioma). Por el contrario el desarrollo del lenguaje de la tercera mostró un severo retraso. Sus respuestas al lenguaje hablado eran limitadas y con tres años no decía ni diez palabras. Tuve miedo y a pesar de que estaba convencido del enorme beneficio del bilingüismo dejé de hablar en inglés. Hasta la fecha no me lo he perdonado.
El retraso del lenguaje de María no era por estar expuesta a un padre anglo-parlante. Tenía otros motivos de mucha más entidad y si yo hubiera seguido hablándoles a todos en inglés NO hubiera agravado en lo más mínimo la situación. Tuve miedo. Soy padre.
La semana pasada tuve el enorme privilegio (todo, absolutamente todo en mi vida es un privilegio) de estar en Laredo, Texas, y estuve con un gran número de niños con síndrome de Down. Todos ellos viven en un entorno familiar hispano hablante (sus padres son mexicanos, residentes bien en México o bien en Estados Unidos), pero algunos de ellos están escolarizados en jardines de infancia (0 – 6 años) o colegios exclusivamente angloparlantes. Varios de ellos, no sé bien si fueron cuatro o cinco, de entre tres y 8 años demostraron, SIN PEDÍRSELO, que eran completamente capaces de pasar de un idioma a otro sin la más mínima dificultad. Hablaban los dos idiomas con un acento precioso, bien mejicano o bien estadounidense.
Los niños que vi tenían los mismos problemas de lenguaje que otros niños con síndrome de Down que viven en un entorno monolingüe. Me ayudó muchísimo a confirmar lo que siempre he creído: el bilingüismo es beneficioso para los niños en general y para los niños con algún problema neurológico en particular.
Insisto siempre y cuando se cumplan dos premisas:
1) La persona que les habla en el segundo idioma SOLO debe usar ese idioma y;
2) NUNCA se les debe exigir utilizar un idioma concreto para expresarse.
Perdonar, hijos míos, por no haber sido fiel a mis conocimientos y haberos robado el privilegio del bilingüismo. Soy padre y los profesionales consiguieron hacerme dudar.




