Cómo educar en sobriedad

Lamento escoger un tema tan antipático, pero hay que hablar de todo, de lo que nos gusta y de lo que no, y lo cierto es que de todas las virtudes que debemos esforzarnos en vivir con el fin de alcanzar una vida lo más plena Y SATISFACTORIA posible, la virtud de la sobriedad es la más antipática.

Además, si ya es antipática de por sí, tenemos que admitir que la sobriedad es una virtud profundamente anti-española, que no nos va, que nos cuesta. Nos gusta “vivir bien”, “vivir al día”: nos resulta difícil dejar de gastar el dinero que tenemos, comprar menos de lo que podemos, y hasta comer menos de lo que debemos.

Pero ¿cómo hemos llegado hasta aquí?. Los españoles no siempre hemos sido así de manirrotos, de hecho hace tan solo una o dos generaciones (según la edad que usted tenga, querido lector) vivieron y sufrieron la posguerra. Entonces no hacía falta hablar de sobriedad – no había elección. Pero en tan poco tiempo hemos pasado de una economía de posguerra – de comer lo que haya en el plato, a la generación del pan de molde sin corteza.

Los que vivieron entre los años 40 y 70, después de haberlas pasado canutas como no podemos llegar a imaginarnos, hicieron todo lo posible porque a la siguiente generación no le faltara de nada, y trabajaron como tampoco podemos imaginar para dejarnos en la mejor situación posible. Nosotros, acostumbrados a haberlo recibido todo nos hemos creído que esa forma de hacer es la adecuada, pero lo hemos hecho en una situación económica, hasta hace bien poco, muy desahogada, llegando a ver como normal que los niños solo coman el pan blandito (de molde) y que si no les gusta la corteza paguemos entre 86 céntimos y un euro más por paquete, con tal de no cortar nosotros el borde.

Estamos haciendo la generación más blanda de la historia. Estos ya no saben ni lo que es un bocadillo de panceta (ellos se lo pierden), ni lo que es el palo de regaliz – ahora es todo bollería industrial, bien blandita.

Pero ¿qué importancia tiene vivir la sobriedad en la educación de nuestros hijos?. Resulta una pregunta que en los tiempos de crisis que estamos viviendo puede resultar superflua. ¿Tenemos opción? ¿Podemos seguir viviendo como si siempre fuéramos a tener “de sobra”?

La virtud de la sobriedad tiene un objetivo bien claro: enseñarnos a resaltar lo importante frente a lo superfluo.

La sobriedad, o la austeridad, nos ayuda a diferenciar lo necesario de lo innecesario. Eric Fromm nos enseñó que la única razón para dar un capricho es “¡¿y por qué no?!”.

Los niños por su naturaleza (infantil) van a buscar la satisfacción inmediata, van a intentar cubrir sus deseos YA, sea lo que sea. La sobriedad no es una virtud propia de la infancia, sino que es propia de la madurez. De la madurez, NO de la edad.

En primaria los niños ya conocen el valor de los bienes materiales. No quiere esto decir que conozcan cuánto cuestan los objetos, sino que saben que un Audi es más caro que un Twingo, un smartphone es más caro que un Motorola (de esos que tenían antena extraíble), y que un chalet es más caro que un apartamento. Y saben que los bienes materiales nos sirven para establecer un status frente a los demás, por eso les gustaría tener todo lo posible y lo mejor posible.

Empiezan a ver la importancia de TENER. La austeridad es la virtud que nos permite enseñarles la importancia del SER. La sobriedad nos facilita enseñarles que la cuestión NO es cuánto tienes, y que “porqué sí” no es razón suficiente.

Los bienes tienen un precio y las personas un valor. Si pretendemos satisfacer todos nuestros deseos, sin considerar ambas cuestiones, van a dar valor a lo superfluo – objetos, satisfacciones – y a poner precio a sí mismos – tú (y todos los demás) sois lo realmente importante.

Debemos recordar, además, que los niños tienen dificultades para comprender la enorme escala que hay entre “ser rico” y “ser pobre”. Para ellos, a grandes rasgos, si eres pobre vives en la calle, y si tienes casa, eres rico. No entienden cuánto ganan mamá y papá. “Mis papás tienen dinero, y si no lo tienen que vayan al cajero, que ahí se lo dan”. Además nos oyen decir que no tenemos dinero para caprichos, pero ven que al hacer la compra, en el carrito caben cervezas o Coca-colas, y saben que esas cosas no son necesarias, lo que les permite comprender que en realidad sí podemos comprar de todo, pero todo depende de que mamá o papá quieran.

Hay una medida de saber si en casa vivimos o no la austeridad: ¿cuántos alimentos distintos hay en la mesa de desayuno?. Cuando nosotros crecíamos había dos, o como mucho tres: leche y galletas (y algunas familias también ponían mantequilla). Hoy hay familias que en la mesa de desayuno tienen varios tipos de galletas, magdalenas, y con frecuencia varios tipos de cereales. Y mermelada. Cuantos más alimentos, menos austeridad.

Y ¿cómo podemos enseñarles a ser austeros? (aunque les cueste).

1)     Convencernos de la importancia de la austeridad para que puedan vivir de la manera más plena posible. Si no estamos convencidos ¿cómo podremos vivirlo?.

2)     Tener claro que el NO les ayuda a madurar. Los llantos son parte del crecimiento.

3)     Preguntarnos antes de “claudicar”: ¿y por qué se lo voy a comprar?. Si la respuesta es “¿y por qué no?”, no lo necesita. Piénsatelo.

4)     Momentos clave:

  1. Cumpleaños: NO, NO es obligatorio comprar chuches para los invitados.
  2. Reyes. Bastan 5 regalos. En total. Entre abuelos, padrinos, tíos, y demás familia. 5 en total, 5 como máximo. SÍ, SE PUEDE. SÍ, ES BUENO. ES MUY BUENO PARA ELLOS.
  3. Primera comunión: Centrarnos en LO IMPORTANTE. Es imposible que lo hagan si la celebración y/o los regalos están desproporcionados (y es MUY difícil que no lo estén). Dos GRAVES errores en la primera comunión: regalar móvil o regalar dinero. Ninguno de los dos son adecuados para un niño de 8 o 9 años. Cualquiera de los dos regalos a un niño de esa edad debe ser considerado una ordinariez o una horterada.

Y siempre que sea posible hacerlo en positivo: “tienes lo que necesitas”; “eso cuesta demasiado y tu vales mucho más”. 

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Una respuesta a Cómo educar en sobriedad

  1. Alicia dijo:

    Lo mismo que dice mi profesor de meditación, hay que centrarse más en el Ser y menos en el tener.
    ¡Gracias Nacho!

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