La normalidad es cada vez más mediocre

Quizás me esté haciendo viejo (prematuramente, no alcanzo los 50), pero llevo años observando y no puedo evitar llegar a la conclusión de que eso que llamamos “una persona normal” es cada vez más mediocre. Naturalmente me incluyo.

Desgraciadamente llegué a la idea con la observación de niños. Hace ya muchos años que comencé a alertar que lo peor que le ha ocurrido en la infancia en los últimos 10 o 15 años es la aparición de canales como Disney Chanel, Nickeledon, Cartoon Network, etc. El acceso a programas “infantiles” 24 horas al día era algo inaudito hasta la aparición de esos canales. La TV está arrasando con la imaginación de los niños. Imaginación es “imagen en acción”, pero si al niño, en lugar de enfrentarle al aburrimiento, a situaciones sin respuesta, a un simple palo y una cuerda, le damos ya hechas las imágenes en acción, su sistema nervioso va a reducir significativamente la capacidad para crearlas por sí mismo.

Qué ingenuo era yo cuando creía que lo peor eran la televisión para niños 24 horas al día. Hoy en día tienen pantalla en el coche, en el parque, en la sala de espera del pediatra y en el restaurante.

Perdón por la autocita, era febrero de 2013 cuando escribí un artículo en este mismo blog alarmado por la falta de capacidad de muchos niños para desarrollar un juego que no fuera con un balón o con una pantalla. (“Mi hijo no sabe jugar”).

Posteriormente comencé a observar y a escuchar historias alarmantes sobre la competitividad insana entre niños pequeños. No estoy hablando necesariamente de acoso escolar, sino de niños de 7 u 8 años con conductas discriminatorias por criterios claramente adultos.

Fui a los expertos, pregunté a profesores, y la conclusión unánime es que los niños (en general, huyamos de la casuística) de hoy son más competitivos, menos imaginativos, tienen menos respeto a la autoridad Y a sus compañeros que hace 15 o 20 años.

Lógicamente no podemos culpar de nada de esto a los niños. La infancia refleja cómo es la sociedad de ese momento, por lo que comencé a mirar a los adultos y fue cuando me encontré un nivel de mediocridad apabullante. Vayamos de lo general a lo particular:

Piensen en los políticos que ocupan la primera fila hoy en España, en Europa y en Estados Unidos (hablo de ellos por no tener conocimiento de otros) y compárenlos con los políticos de hace 15 años. Y ahora con los de hace 30 años. ¿Vamos a mejor o a peor?.

Piensen en la calidad de los periódicos. Piensen en la calidad del lenguaje y del tipo de noticias que se nos ofrecen como relevantes. Ahora recuerden cómo eran los periódicos de hace 15 y de hace 30 años. ¿Vamos a mejor o a peor?.

Se supone que la televisión nos ofrece un buen reflejo de la sociedad. Piensen ahora en el reflejo que nos ofrece hoy en día las series y los programas españoles “La que se avecina”, “Gym Toni”, “Mujeres, hombres y viceversa”, “Cámbiame”, etc. Y ahora piensen en el reflejo que ofrecían las series de hace 15 y 30 años. ¿Cómo vamos?

Acerquémonos a algo más cotidiano. Piense en el servicio que recibe hoy en día cuando va a un establecimiento público, una tienda o un restaurante, por ejemplo. Y piense en el servicio que recibía hace 10 o 20 años. ¿Vamos a mejor o a peor?

Mi conclusión es clara. Vamos a peor. Las personas normales de hoy – y consecuentemente las relaciones que establecemos entre nosotros – tenemos menor calidad vital comparadas con aquellos que tenían nuestra edad hace 15 y 30 años. Cada vez somos más mediocres.

Las causas son muchas, estoy seguro, pero me quiero centrar en aquellas que considero tienen una repercusión directa en los niños.

1º. Los padres hemos perdido autoridad. Los motivos son muchos: falta de tiempo en casa, el temor mismo a ser autoridad (Freud generó la idea de que los padres traumatizamos a los niños. Puede que fuera cierto en su época. Habría que leer cuál era su diagnóstico si viviera hoy) y, sin duda, la idea de que para tener una relación afectiva más sana con nuestros hijos no debemos imponer nuestro criterio, sino acomodarnos al del niño – poner en el mismo nivel el criterio de un adulto, que tiene capacidad de prever consecuencias, con el criterio de un niño.

Lo cierto es que cada vez veo más problemas de autoridad en la consulta, y puedo afirmar que cuando los padres no han conseguido establecerse como referente de autoridad en casa invariablemente la relación afectiva entre padres e hijos es conflictiva.

2º La profesionalitis. San Josemaría Escriba acuñó ese término para referirse a una inflamación exagerada (patológica, de ahí el sufijo “itis”) de la importancia que damos a la profesión. En sus propias palabras: “el apegamiento sin medida al propio trabajo profesional, que llega a mudarse en un fetiche, en un fin, dejando de ser un medio” (Carta, 24 – III – 1931). Reconozco que padezco profesionalitis en grado extremo. He probado a justificarme, pero hacerlo no reduce la inflamación. Es una de las enfermedades más extendidas de la sociedad actual. Está destruyendo familias, matrimonios y, sobretodo, personas. No solo la padecemos profesionales liberales, autónomos que vivimos directamente de cada paciente, cada cliente, o cada servicio que prestamos, sino también ejecutivos, taxistas, médicos, logopedas, maestros, charcuteros o trabajadores de una cadena de producción. Como el mal de muchos consuela a los tontos hay quien se consuela al ver que la profesionalitis es un cáncer que afecta a la generalidad de la sociedad. Hay quien piensa incluso que aquél que se esfuerza denostadamente en mantener la familia por encima del trabajo o bien es un vago o bien un iluso que nunca saldrá de pobre (como si padecer esta enfermedad diera dinero). En España se agrava con el síndrome del horario expandido y el “no salir nunca antes que el jefe”.

3º Por supuesto, la omnipresencia de las pantallas. No me estoy refiriendo ahora a los niños, sino a los adultos. Los padres que llegamos a casa, en lugar de siguiendo una zanahoria atada a un palo, como el burro que no deja de caminar, con un teléfono móvil atado a nuestra mano, al que no dejamos de mirar. Si no es para ver que e-mail ha llegado en los últimos dos minutos, es para ver quien ha puesto la tontería más grande en cualquiera de los 56 chats que tenemos en wasap. Reconozcámoslo, somos adictos a la pantalla del móvil (no en vano emite luz azul, que nos hipnotiza).

Una vez más, perdón por la autocita, pero ya escribí un artículo en este blog aludiendo a esta grave situación. (“Matrimonios digitales”, 19 de marzo de 2013).

Estos tres factores – falta de autoridad, profesionalitis y adicción al teléfono móvil – está provocando una grave degradación personal en los adultos y está revirtiendo rápidamente en los niños.

Lógicamente de nada sirve quejarse, señalar al culpable y seguir en las mismas. Es necesario tomar planes de acción para revertir esta situación. Les animo a hacerlo. Desgraciadamente la mediocridad que nos invade impide que la mayor parte de la gente quiera leer algo que excede de las 1.000 palabras, y yo ya llevo 1.216, así que expondré mi propio plan de acción en otro artículo. Ánimo, huyamos de la mediocridad.

Publicado en Familia, Relación padres - hijos, Uncategorized | Etiquetado | 5 comentarios

Lectura silábica o fonética vs. lectura global

Cada maestrillo tiene su librillo, dice el refranero español, pero para enseñar a leer podemos decir que básicamente existen tres métodos distintas:

  1. Método silábico – con el que aprendimos la mayoría de los adultos que caminamos hoy por estos lares.
  2. Método global – puesto de moda con los programas de lectura para bebés y niños pequeños bajo el paragüas del mal denominado «método Doman».
  3. Método fonético – el último en aparecer y en el que desaparece el nombre de las letras y se usan los fonemas.

Para poder comprender qué método es el adecuado a cada niño debemos tener una idea, aunque sea básica, de cómo es el desarrollo de su sistema nervioso.

Debemos indicar que cuando un niño no muestra dificultades en su desarrollo, de manera muy específica en su desarrollo del lenguaje hablado, podemos afirmar que el niño aprenderá a leer con pocas dificultades independientemente del método enseñanza escogido – siempre y cuando se inicie en el momento adecuado.

Sin embargo encontraremos dificultades en el aprendizaje de la lectura en alguno de las siguientes situaciones:

  1. Cuando un niño muestra dificultades en su desarrollo, de manera muy marcada si tiene o ha tenido dificultades o retraso en el desarrollo de su lenguaje hablado.
  1. Cuando el método de enseñanza escogido se implementa en un momento evolutivamente inadecuado para ese niño.

Por estos motivos es muy importante tener en cuenta el desarrollo neurológico del niño para la elección del método de enseñanza adecuado. El desarrollo neurológico del niño cumple un patrón muy concreto que puede definirse como:

  1. caudalo – cefálico (de abajo hacia arriba) – comienza en la médula espinal y asciende a medida que se van organizando los diferentes niveles cerebrales, terminando en la neocorteza.
  1. Postero – frontal (de atrás hacia adelante) – se organizan antes las zonas dorsales de cerebro, encargadas de la recepción de información (sentidos) que las zonas frontales del cerebro, encargadas de la expresión (movilidad, lenguaje y manualidad). Por este motivo aunque hoy es habitual hablar de “lecto-escritura”, la enseñanza de la lectura debe ser previo a la enseñanza de la escritura.
  1. Derecho – izquierdo. Se organiza antes el hemisferio derecho que el izquierdo. Dado que ambos hemisferios cerebrales hacen un procesamiento de la información diferente es de vital importancia tener este dato muy en cuenta a la hora de escoger el método de enseñanza de la lectura.

En los niños promedio que no han tenido dificultades en su desarrollo es habitual que haya una predominancia del procesamiento de la información por parte del hemisferio derecho hasta los cinco o seis años, momento a partir del cual el hemisferio izquierdo comienza de una manera marcadamente más activa a procesar la información.

El hemisferio derecho hace un procesamiento de la información de manera global, predominantemente pictórica, mientras que el hemisferio izquierdo tiende a hacer un procesamiento de la información analítico, secuencial y lógico.

Por este motivo la discusión que ha existido y que existe entre los diferentes métodos de enseñanza de la lectura es meramente teórica y fruto de desconocimiento de las bases neurológicas que subyacen a la lectura.

Dado que un niño promedio hace un análisis predominantemente global y pictórico de la información hasta los cinco o seis años (propio del hemisferio derecho), NO es correcto utilizar un método analítico (silábico o fonético) antes de los seis años.

Por el contrario si el niño ha tenido un desarrollo adecuadoNO es correcto utilizar un método global a partir de los seis años.

Para lograr una maduración del sistema nervioso y de manera específica de su hemisferio derecho, de tal forma que pueda activar lo antes posible el procesamiento analítico, es muy importante favorecer antes de los seis años (en niños promedio, en niños con dificultades puede ser necesario más tiempo) el procesamiento global.

Esperamos que esta explicación ayude a comprender por qué muchos niños muestran dificultades para el aprendizaje de letras, fonemas, números y sílabas, que constituyen meras abstracciones y por tanto serán procesadas por el hemisferio izquierdo que aún no han activado, y sin embargo aprende con mucha más facilidad concreciones (“E de ELEFANTE”).

Para contribuir a su desarrollo de poco sirve pretender acelerar la activación del hemisferio izquierdo presentándole abstracciones (letras, fonemas, números y sílabas), más aún si tenemos en cuenta que ni siquiera en los niños promedio de cuatro o cinco años debe ser este el hemisferio con mayor carga de procesamiento de la información. Por el contrario cuanto más madure y mejor organizado esté su hemisferio derecho, a través de la correcta exposición a material global, más cerca estaremos de que, en el momento adecuado, su hemisferio izquierdo comience a procesar información.

Cuando a un niño le cuesta aprender a leer, debemos no solo mirar qué dificultades presenta el niño, sino considerar muy seriamente si estamos utilizando el método de enseñanza adecuado a ese niño y replantearnos cómo  llegar hasta su sistema nervioso.

Debemos recordar siempre que la enseñanza debe ser siempre personalizada, si el niño no aprende o le cuesta hacerlo, puede que el problema sea el niño, puede que sea el sistema, pero lo más probable es que sea la combinación de ambos.

Publicado en Uncategorized | 3 comentarios

Tablets, móviles y niños

La presencia en nuestras vidas de dispositivos electrónicos que utilizan internet (teléfonos móviles y tablets) es, a todas luces, inevitable – lo cual no es malo – pero su uso está rápidamente alcanzando dosis que nadie puede negar que constituyen un abuso.

Me gustaría compartir con ustedes las observaciones que a lo largo de los últimos años he podido hacer desde el privilegiado sillón de neuropsicólogo infantil (y por tanto terapeuta de familia).

Siempre me he mostrado muy crítico del abuso que se ha estado haciendo de la televisión. Sus efectos han sido marcadamente nocivos y son numerosísimos los estudios que lo demuestran. Inocentemente durante mucho tiempo pensaba que la televisión y los móviles o las tablets eran equivalentes, que sus efectos eran comparables. Desgraciadamente los efectos de éstos últimos son mucho más nocivos.

De la televisión siempre he dicho que es nociva en un doble sentido:

  1. Por el efecto hipnótico que ejerce, reduciendo las conexiones entre la corteza prefrontal (parte pensante del sistema nervioso) y el resto del encéfalo hasta niveles básicos de supervivencia. Por eso es tan descansado ver la televisión, por eso tantos adultos al llegar la noche decimos (me incluyo) «Estoy tan cansado que sólo quiero ver la televisión». La pantalla ejerce un efecto hipnótico de tal calibre que literalmente dejamos de pensar (actividad que consume una gran cantidad de oxígeno) y pasamos a procesar la información que llega a través de nuestros ojos de a unos niveles insultantemente básicos. Por cierto, cuanto más tiempo se está expuesto a este efecto hipnótico, más difícil resulta salir de él
  2. Por lo que ver la televisión impide. Mientras se está viendo la televisión no se hacen otras cosas mucho más productivas. En el caso de los niños, particularmente, la televisión les impide estar jugando, que es la función más importante para el desarrollo del sistema nervioso. Hoy en día las habilidades de juego de los niños se han reducido gravísimamente.

Como dijo un filoso en un debate sobre la televisión «Yo no tengo televisión porque me quita mucho más de lo que me da»

Estos dos efectos nocivos de la televisión siguen siendo verdad cuando nos referimos a los teléfonos móviles y las tablets, pero debemos ahondar de manera más concreta.

La luz azul que emiten esos dispositivos ejerce un efecto hipnótico mucho más potente sobre nuestro sistema nervioso, de ahí que su poder adictivo sea mucho mayor que el de la televisión. Es mucho más difícil desengancharse – sea tras un uso puntual, o sea desde la adicción – de esos malditos aparatos que de lo que ya de por sí es desengancharse de la televisión. El pasado 1 de junio de 2016 el Instituto de Estudios Familiares – Family Watch – publicó un artículo en el que demostraba el incremento de la violencia de hijos hacia padres y cómo esta violencia está mediatizada en gran medida por el mal uso de los dispositivos electrónicos – el enfrentamiento entre los padres y los hijos es mucho más intenso cuando el tema de discusión es el teléfono móvil, la tablet o similar que por cualquier otra cuestión.

Creo que la página web del Family Watch debería ser la cabecera de internet de cualquier padre o profesor. http://www.thefamilywatch.org/.

Una de las grandes diferencias que existen entre la TV y los dispositivos con conexión a internet es la «interactuación». La televisión – al menos la tradicional, la que no tenemos conectada a internet – implica una pasividad por parte del sujeto, solo puede verla, mientras que los móviles o las tablets permiten «bucear», buscar, cambiar, jugar, responder, etc. A priori esta es una gran ventaja. El usuario tiene un control sobre qué hacer, no hay una pasividad tan apabullante.

Sin embargo, en mi experiencia esa capacidad para buscar, para interactuar, se convierte, en algunos casos, en el peor enemigo. A menudo veo niños que, aún sin saber leer, sin ni siquiera edad para hacerlo, son capaces de dominar una tablet al grado de entrar en la página web de su elección – con frecuencia YOUTUBE – y encontrar el video de su elección. Impresionante podríamos concluir. El problema es que rara vez el niño termina de ver ese video. Antes de que acabe ya habrá seleccionado otro de la lista que aparece a la derecha de su pantalla, y así hará, sucesivamente, saltando de un video a otro, sin terminar de ver ninguno de ellos.

En el extremo más patológico he visto jóvenes con diagnóstico de autismo enganchados a una determinada escena – de entre 5 y 25 segundos de duración – y repitiendo esa maldita escena durante horas. La rebobinan y vuelven a ver, constantemente.

Conozco un joven que es capaz de poner esa misma escena, de manera perfectamente sincronizada en tres dispositivos diferentes, produciéndole unos niveles de excitación orgásmicos.

No digo que las tablets o los móviles produzcan autismo, ni mucho menos, pero sin duda agravan y potencian los síntomas característicamente autistas.

Sin llegar a ese tipo de patología, lo que es indiscutible es que las tablets y los móviles están haciendo estragos en dos áreas muy concretas:

  1. Están reduciendo la capacidad de atención de los niños de manera dramática. La maldita luz azul que emiten esos dispositivos ejerce tal nivel de estimulación en el sistema nervioso que cuando se le requiera de nuevo atender de manera sostenida va a exigir niveles semejantes de estimulación, como ningún profesor, al menos hasta la fecha, es capaz de emitir una luz semejante, le va a ser muy difícil atraer y mantener la atención de sus alumnos. Pregunten a cualquier profesor con más de 10 años de experiencia en enseñanza infantil o primaria si la enseñanza de hoy es igual a la de hace diez años y si es más fácil o más difícil enseñar. Si van a hacer la pregunta, les recomiendo que reserven un buen rato para hacer una escucha atenta de una situación dramática.

Si, las tablets y los teléfonos móviles están produciendo déficit de atención. Estamos llenando las aulas de anfetaminas (concerta, rubifem, stratera, etc.), pero mientras sigamos llenando sus vidas de horas de pantalla, va a ser muy difícil que dicha medicación no siga aumentando sus índices de venta.

  1. Está reduciendo la socialización – el encuentro persona a persona – entre los niños y los jóvenes. Hoy en día es frecuente ver en plazas, restaurantes y parques a un grupo de niños mirando lo que hace otro en su móvil. No hablan, no juegan, solo miran lo que hace otro. Si son varios los que tienen móviles, se sientan en fila, uno junto al otro y se dedican a jugar en paralelo.

Recientemente me contaba la madre de un chico de 12 años que los niños de su clase ya no quedan en una casa los viernes o los sábados, en su lugar, quedan a determinada hora para conectarse a través de internet, con un determinado juego, cada uno desde su casa, sin verse, y pasan dos o tres horas frente a la pantalla.

Sin duda cada día soy más viejo. Puede que no esté siendo capaz de seguir el ritmo de los tiempos, pero lo que no tengo duda es que lo que veo en la consulta, cada vez con más frecuencia, es particularmente grave.

Me dicen que no debo denostar los dispositivos en sí, que todo en su justa medida es positivo y lo nocivo es el abuso. Absolutamente de acuerdo. Pero admitamos que por cada matrimonio que sabe enseñar a sus hijos a hacer un uso adecuado de las pantallas, hay no menos de 20 padres que ni saben hacerlo, ni saben qué hacen sus hijos con esos dispositivos y, desgraciadamente, ni se plantean que deben cuestionárselo.

Por terminar con algunos consejos concretos que tanto gustan a esos matrimonios ávidos de recetas fáciles y rápidas sobre cómo educar:

  1. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de ir al colegio. Tampoco en el trayecto al colegio.
  2. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) durante el desayuno, comida, cena o merienda. Tampoco papá debe estar viendo las noticias o el deporte cuando estamos sentados a la mesa.
  3. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) antes de estudiar o hacer deberes.
  4. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) en un restaurante, bar, o similar. Si no dejan comer tranquilos a la familia, NO se preocupe.  Así han sido siempre las comidas  en familia. Eso es hacer familia. Es una magnifica ocasión para educarles, no la desperdicie.
  5. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permitan que el uso de pantallas (TV, tablet, móvil, o similar) sustituya los juguetes, el deporte, salir con amigos o ir a ver a los abuelos.
  6. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona menor de 14 años. Si se lo quieren comprar sus padres, allá ellos, tienen derecho a equivocarse, usted no.
  7. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia regale una tablet, un teléfono móvil, o similar a una persona mayor de 14 años sin antes consultarlo a sus padres.
  8. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un desarrollo neurológico no óptimo (con diagnóstico de déficit de atención, hiperactividad, retraso en el desarrollo, autismo, trastorno del lenguaje, síndrome de Down, síndrome de Williams, o cualquier otro trastrono, genético o no, que afecte al sistema nervioso central) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio.
  9. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en su punto álgido de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 0 y los 7 años) utilice una tablet o un teléfono móvil o similar.
  10. Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia permita que una persona con un sistema nervioso en el momento clave de desarrollo neurológico (cualquier niño entre los 8 y los 14 años) utilice una tablet o similar más de 30 minutos seguidos. Nunca más de 90 minutos al día – y solo en días sin colegio. No le permita tener un teléfono móvil.
Publicado en Colegio, Educación, Relación padres - hijos | Etiquetado | 6 comentarios

Vivir de prestado

Esta mañana, al despertar, comencé a imaginar cómo sería si nada de lo que tengo me perteneciera. Ni la cama donde estaba tumbado, ni el pijama que llevaba puesto, ni los muebles, ni los libros, ni la casa, nada. Todo sería prestado. Todo a mi absoluta disposición, pero nada realmente mío. Todo susceptible de ser reclamado en cualquier momento y de inmediato por su dueño.

Después comencé a pensar que tampoco mi trabajo me perteneciera. Algo así como si yo fuera un interino sustituyendo al verdadero dueño de su puesto de trabajo que por algún motivo estaba ausente, pero que podría regresar de un día para otro y yo tuviera que dejar toda mi labor sin opción ninguna a reclamar nada.

Seguí pensando. Llegué a mis hijos. Pensaba como sería si tampoco fueran míos, sino los hijos de alguien, de otros padres, que por algún motivo querían que los educáramos nosotros lo mejor que pudiéramos pero tampoco fueran nuestros. Serían niños que tenemos “en acogida”, pero de nuevo, que en cualquier momento sus padres de verdad pudieran exigir su regreso, aunque no pidieran cuentas de lo bien o lo mal que hubiéramos hecho nuestra labor como padres subrogados.

Finalmente llegué a mi esposa, y pensé como sería si ella también fuera “un préstamo”. Alguien puesto a mi lado para sentirme amado y para que pudiera sentir la felicidad de amar a alguien, pero que en cualquier momento podría también ser reclamado y desaparecer de mi vida.

Lógicamente toda la idea provocaba en mí un sentimiento de angustia bastante profundo, pero a la vez también de agradecimiento. Si todo fuera prestado, tendría que estar muy agradecido, porque todo lo que tengo es bueno.

¿Quién me habría prestado todo esto? y ¿qué me pediría a cambio? Nadie presta a cambio de nada, a no ser que sea algo muy pequeño, de poco valor o por muy poco tiempo. Pero todo lo que yo poseo, en realidad, toda mi vida, y por tantos años, sin duda me pedirían algo.

Y pensé de inmediato, sin la más mínima duda, sin mediar medio segundo desde la pregunta hasta la respuesta: “la voluntad”.

Decir “deme la voluntad” en español significa: “deme usted lo que quiera”, lo que considere oportuno. Y pensé que sería un muy generoso por parte del dueño pensar que yo le pusiera precio a todo, pero también me di cuenta que, en realidad, yo no podría dar nada, ya que nada me pertenecería. No podría pagarlo de ninguna forma.

Y volvió a mi la idea: “quiero TÚ voluntad”. Entonces tuve una sensación de claridad pero también de agobio. No se trataría de dar lo que yo quisiera, sino de que MI voluntad fuera la del dueño. Yo debería cumplir y hacer exactamente lo que deseara aquel que me había prestado todo.

Y sin solución de continuidad comencé a repasar el Padre Nuestro, y pensé que todo lo que tengo, en concreto mi familia, sería el cumplimiento del “venga a nosotros tu reino”, y que todo lo que poseo se acomodaría a “danos hoy nuestro pan de cada día”, pero que por eso, entre las dos oraciones está el “hágase tu voluntad”.

Pensé que para poder cumplir Su voluntad yo tendría que “entregar” la mía. Que mi voluntad fuera exactamente la Suya.

Pero ¿cómo podría yo cumplir su voluntad?, primero tendría que conocerla, y para ello tendría que … ¡a sí!, rezar. Pero debería entonces rezar mucho.

Fue entonces cuando pensé: “todo esto es pura imaginación”, ya que en realidad, aunque procuro “cumplir su voluntad”, nunca he supeditado la mía, nunca, realmente, me he planteado dejar de tener “mi voluntad”, y a pesar de ello nunca se me ha reclamado nada de lo que tengo y que, supuestamente, sería prestado. Así que todo el recorrido que había hecho estaba completamente equivocado, nada de lo que yo tengo sería prestado, ya que nunca habría cumplido con el pago, y nunca jamás se me ha reclamado.

Y fue cuando entendí que no estaba imaginando nada, sencillamente, llevaba un rato rezando.

Publicado en Fe | Etiquetado | 1 comentario

Integración en colegios católicos

Santa Teresa de Calcuta decía que el evangelio se resume en cinco palabras:

“A – MI  –  ME  –  LO  –  HICISTEIS” (Mateo 25, 40).

Esa frase, esa máxima, ese mandamiento nos apela a todos los católicos, en cada interactuación de nuestra vida. Cada vez que tratamos con una persona, tal y como le tratemos, así estamos tratando a Jesucristo.

La respuesta que reciben los padres de un niño con discapacidad – sensorial, física o intelectual – cuando llaman a la puerta de un colegio de titularidad católica – Jesuitas, Salesianos, La Salle, Opus Dei, Legionarios de Cristo, Hijas de la Caridad, Regnum Christi, Agustinos, Ursulinas, Escolapios, etc. – es la respuesta que esas instituciones dan a Jesucristo.

En muchos casos la respuesta es de acogida, es de bienvenida, es una respuesta que refleja en sí misma toda la CARIDAD que debe impregnar cada una de nuestras acciones.

A veces la respuesta es “nunca hemos tenido una persona con discapacidad en nuestras aulas, pero lo haremos lo mejor que podamos”.

En otras ocasiones es “En este colegio no hay integración, pero tráenoslo, y aprenderemos con él”.

PERO la mayoría de las ocasiones, la inmensa mayoría de las ocasiones, los colegios de titularidad católica CIERRAN la puerta a niños con discapacidad.

Lo hacen desplegando todo un elenco de razones bien argumentadas.

1) No tenemos experiencia.

2) El profesorado no está preparado.

3) Tenemos muchos niños en clase, le conviene un colegio mucho más pequeñito.

4) La Comunidad Autónoma (el estado, el ayuntamiento) no nos da apoyos.

5) No tenemos logopeda ni personal de Pedagogía Terapeútica.

Todos los argumentos son ciertos. Ninguno de esos motivos es suficiente NI necesario para cerrar la puerta a un alumno:

  • “No tenemos experiencia”. ¿enseñan a niños?, ¿cuántos años lleva su institución enseñando niños?, porque los padres quieren inscribir a un niño en su clase, ni es un monstruo (lo monstruoso es su actitud hacia la discapacidad) ni es un síndrome con piernas. ¡Es un niño! ¿Tienen o no tienen experiencia enseñando niños?
  • “El profesorado no está preparado”. ¿Han hecho algo por prepararlo? ¿Tienen la más mínima intención de formarle? ¿Incluye su programa de formación del profesorado alguna referencia a la integración e inclusión de niños con discapacidad sensorial, física o intelectual, o es que realmente no tienen ninguna intención de admitir alumnos con discapacidad, y por tanto van a seguir sin formar al profesorado en este campo para poder mantener ese argumento?
  • “Tenemos muchos niños en clase, le conviene un colegio mucho más pequeñito”. Si no tienen experiencia, ¿qué le permite deducir que “necesita un colegio más pequeñito”?, No lo dirá en base a su experiencia, ya que ha admitido que es nula. ¿entonces, porqué lo dice? El problema es que es consciente de que con el número de niños que hay en sus aulas sus docentes realmente NO llegan a aportar la “educación personalizada” que está en toda su publicidad – incluyendo su página web – y sabe que un niño con discapacidad iba a hacer su mentira demasiado evidente.
  • “No tenemos logopeda ni personal de Pedagogía Terapeútica.” Ni falta que hace. Tengo decenas de pacientes, niños con discapacidad intelectual, sensorial o física que van a colegios donde no tienen ni eso, ni servicio de orientación, ni nada que se le parezca, pero cuando LA DIRECCIÓN y EL/LA DOCENTE tienen voluntad de incluir a un niño en sus aulas, todo lo demás, siendo altísimamente conveniente, no es imprescindible.

Más aún, tengo decenas de pacientes, niños con discapacidad intelectual, sensorial o física que van a colegios donde tienen servicio de orientación, logopeda, personal de pedagogía terapeútica, etc. y donde NI la DIRECCIÓN ni EL / LA DOCENTE tienen ninguna intención de integrar e incluir al niño con discapacidad, por lo que el resultado es un insulto para el alumno.

Tener personal especializado ES conveniente, pero NO imprescindible. Tener personal especializado NO es garantía de nada ni es en absoluto suficiente si desde dirección y desde el equipo docente NO HAY VOLUTAD.

  • “La Comunidad Autónoma (el estado / el ayuntamiento) no nos da apoyos”. Tampoco los has tenido para todo el resto de proyectos que has puesto en marcha en los últimos cinco años y esto no ha impedido que los saques adelante. Es cuestión de prioridades, y los niños con discapacidad, ni les importan, ni les mueven. NO sirven para la “excelencia académica”.

Conozco colegios que cumplen con todos los motivos para NO admitir alumnos con discapacidad en sus aulas: No tenían experiencia, el personal docente (no digamos el resto) no estaba preparado, no tienen ni logopeda, ni PT, ni nada que se le parezca, y no reciben ningún tipo de ayuda por parte de su comunidad autónoma, ni por ninguna otra institución estatal, regional, o local y sin embargo han entendido que:

Si un colegio es de titularidad CATÓLICA negarse a admitir en sus aulas a niños con discapacidad intelectual, física o sensorial es un contrasentido. Es un contra Dios.

“A mi me lo hicisteis” (Mateo, 25, 40). Cuando el director o la directora de un colegio rechaza a un alumno entre sus aulas por tener algún tipo de discapacidad está dando con la puerta en las narices al mismísimo Jesucristo.

NO estoy hablando de niños cuyo grado de discapacidad hace que su única escolarización posible sea en una institución de enseñanza especial. NO, no.

Estoy hablando del niño que después de que le hayan negado su entrada en este colegio CATÓLICO, se ha ido al colegio de al lado, que NO es de educación especial, al cual van cientos o miles de niños promedio y que admite a niños “no promedio”, y en el que va a poder estar desde los 3 hasta como mínimo los 12 y con frecuencia hasta los 16 años.

¿Qué diferencia hay entre el colegio que admite niños con discapacidad y el que NO?

LAS PRIORIDADES.

En los colegios que NO admiten niños con discapacidad la prioridad son los números:

  • El porcentaje de alumnos aprobados en selectividad.
  • En número que ocupa en el ranking de colegios del periódico EL MUNDO.
  • El número de aulas que tengo llenas (a reventar).

¡Qué vergüenza me dan!

En México a lo largo del mes de diciembre se celebra la fiesta de “las posadas”. Cada fin de semana, bien en una casa, o bien en el trabajo, o bien en el colegio, se representa la escena de la Virgen María embarazada junto a San José pidiendo lugar en la posada y siendo rechazada. Cada vez que una familia me dice “Estuvimos en tal o cual colegio (CATÓLICO), pero no tienen integración”, me recuerda vivamente esa escena.

La vomitiva escusa, utilizada por el 99% de los/as directores/as de colegios diciendo “no tememos los recursos necesarios”, es un insulto a la inteligencia más básica y obliga a cuestionarnos qué capacidad intelectual se requiere para dirigir un centro escolar.

Pero vamos a ver, sr./a. director/a, ¿Acaso se cree que los niños con discapacidad solo nacen en familias que “tienen los recursos necesarios”?.

NO se puede ni acercar a imaginar la cantidad y la variedad de recursos que va a necesitar. Afectivos, médicos, sociales, asistenciales, económicos, educativos, de ocio, de infraestructura, etc. Ni se lo imagina.

Cuando nace un niño con discapacidad en el seno de una FAMIILA le aseguro que, en ese momento, menos del 1% tienen los recursos necesarios para acoger a ese niño. Pero a partir del minuto uno asumen su responsabilidad y los desarrollan, los buscan, los crean o mueren en el intento, pero no le dicen al niño “no tenemos los recursos necesarios”.

Permítame que le hable de UNO solo de los recursos que la familia va a necesitar: UN COLEGIO. Cuando se le niega la posibilidad de entrar en un colegio le están negando uno de los recursos IMPRESCINDIBLES para el desarrollo de ese niño.

“Pero puede ir a otro”. Si, pero resulta que esta familia es CATÓLICA, quiere que haya una coherencia en la educación en casa y en la enseñanza que reciben sus hijos en el colegio. Quieren que haya una coherencia entre los valores cristianos y humanos que quieren trasmitir a sus hijos y los valores cristianos y humanos que CREÍAN que su colegio iba a trasmitir.

Cuando un colegio CATÓLICO promueve la acción social contra el aborto y simultáneamente niega la entrada de un niño con síndrome de Down al colegio está diciendo “No abortes, pero a mí no me lo traigas”.

¡Qué poca vergüenza!.

Tendrán cientos de años de experiencia en la enseñanza, y tendrán desde guarderías hasta universidades, tendrán los mejores resultados en todas las pruebas regionales, estatales o internacionales, pero no puedo evitar pensar que cuando un colegio CATÓLICO rechaza tener entre sus alumnos a niños con discapacidad están mostrando una gravísima falta de coherencia con la esencia que nos debe caracterizar a los católicos, que es el evangelio y me consta que generan escandalo.

Publicado en Colegio, Discapacidad, enseñanza | Etiquetado | 12 comentarios

Una vida con sentido

Hace un par de semanas tuve el privilegio de participar en el congreso titulado “Una vida con sentido”. Era un congreso sobre futuro y opciones de vida. A lo largo de tres días participamos 31 ponentes ante más de 800 personas.

Entre los ponentes participaron dos jóvenes (a mi edad, a las personas de 27 y de 31 años se les considera todavía jóvenes) con sendas historias de éxito.

Del primero tienen una muestra de su obra en el encabezado de este post. Se llama Carlos Landeta. Contó su historia, cuajada de esfuerzo, algunos reveses y éxito. Atravesando una crisis personal, como tantos adolescentes, dejó el colegio tras acabar secundaria, ni siquiera se matriculó en preparatoria (equivalente en México al Bachillerato español). Tuvo algún que otro trabajo en el que exigían bajo nivel de formación y consecuentemente de baja remuneración: ayuda de cocina, camarero, etc. Recibió formación como masajista, a lo cual se dedicó algunos meses, hasta que hace tres años, a regañadientes y en principio sin mucho interés, la pintura irrumpió en su vida. Vean el resultado.

Su mensaje fue claro: “La vida puede ser difícil, pero siempre merece la pena”.

El segundo, Tim Harris, es un joven que desde los 14 años decidió dedicarse al mundo de la restauración. Trabajó en varios cafés y restaurantes para adquirir la base necesaria hasta que con 24 años abrió su restaurante, “Tim’s place”. Con él obtuvo tal éxito que logró ser entrevistado por la mayoría, sino todas las grandes cadenas de televisión en Estados Unidos. Su perfil en Facebook ha recibido “me gusta” desde 110 países distintos. El año pasado decidió cerrar el restaurante y dedicarse a dar conferencias sobre motivación por el mundo. Su filosofía empresarial (y vital) tiene siete puntos:

  • Ama a la gente.

Puede sonar cursi, pero después de pensarlo mucho, es evidente que tiene todo el sentido. La inmensa mayoría de los trabajos implican dar servicio a los demás – seas dependiente, arquitecto, taxista, albañil o juez, o lo que sea – tienes que servir a los demás. Si tienes amor por las personas, te resultará mucho más fácil hacerlo bien y por tanto el éxito será más accesible.

  • Trabaja duro.

¿Evidente verdad? Pues hoy en día no estoy tan seguro. Demasiados buscan el éxito fácil y con poco trabajo. ¿Exagero? Enciendan la televisión o miren al congreso de los diputados, verán como no exagero.

  • Cree en ti mismo.

Sé que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero sin esta premisa poner un pie en el suelo al despertarse puede ser un acto entre aterrorizante y heroico.

  • Cree en los demás

¡Cree en los demás! Asombroso. Según Tim Harris el éxito no solo depende de tu auto-confianza – eso lo han dicho muchos – también depende que confíes en los que están a tu alrededor.

  • Se feliz ¡y demuéstralo! – sonríe más.

Sin palabras.

  • Utiliza tu súper poder.

En este punto pensé que iba a hablar de algo así como la guerra de las galaxias, pero en realidad su propuesta es mucho más terrenal: todo el mundo tiene alguna habilidad o capacidad en la que puede destacar, lo importante es descubrirla, cultivarla y ponerla en marcha y,

  • NO te quejes de la oscuridad. Se la luz.

Les aseguro que para alguien tan quejica como yo, este último punto resultó ser entre una bofetada de atención y una puerta a la esperanza. Hasta ahora creo que siempre que me he quejado había alguien dispuesto a acoger mi lamento. Esta idea me doblegó por completo.

Estas son solo dos muestras de lo que un congreso sobre futuro y opciones de vida puede aportar.

Supongo que si han llegado hasta aquí ya saben o han deducido que tanto Carlos Landeta como Tim Harris tienen trisomía 21 (síndrome de Down).

Hay gente que considera asombroso que personas con síndrome de Down sean capaces de semejantes logros – también se consideraba asombroso hace menos de 100 años que las mujeres accedieran a la universidad – ambos asombros tienen un mismo origen: los prejuicios.

A mi lo que me resulta asombroso es que todavía haya personas que crean, defiendan y aboguen por que personas como Tim Harris o Carlos Landeta no lleguen a nacer.

Me resulta vomitivamente asombroso que en Dinamarca se exhiba con orgullo la posibilidad de que para el año 2030 ya no haya ningún ciudadano danés con síndrome de Down.

Es evidente que los defensores del aborto no conocen ni a Tim Harris ni a Carlos Landeta. Probablemente ignoran que si son personas “estándar” su código genético tiene alrededor de 50 mutaciones.

Lo más probable es que los defensores del aborto no conozcan a nadie con síndrome de Down, o quizás con ninguna otra de esas condiciones que “nosotros”, los “genéticamente correctos” hemos decidido denominar “discapacidad”.

Lo que es seguro es que los defensores del aborto no cumplen, ni si quiera, con el primer punto de la filosofía de Tim.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado | 3 comentarios

El club de los adúlteros. ¡Otro igual!.

Me llegan noticias de otro cuarentón que ha decidido dejar su casa, su esposa y sus hijos y seguir el rastro de otra/s mujer/es más joven/es que él.

Y ya son tantos los que han seguido este camino que pienso (¡otro igual!) que sería bueno que montaran un club (quizás ya existe, pero lo desconozco). Si existe seguro que hay lista de espera para nuevas admisiones. No deben dar abasto.

Este último conocido ha usado los argumentos habituales, pero su originalidad consiste en cómo y dónde presentarlos: en la cena, delante de los niños y sin anestesia previa. La escena será difícil de olvidar por los allí presentes.

Las frases se repiten con mayor o menor exactitud:

  • “Ya no te quiero”
  • “Yo no estoy hecho para el matrimonio”
  • “Quiero vivir la vida”

Analicémoslas con detenimiento.

  • “Ya no te quiero”.

Cierto. La infidelidad (subterfugio verbal que reduce la carga moral de la palabra adulterio), la infidelidad reiterada requiere un nivel de egoísmo tan profundo que es incompatible con el amor. El adúltero está incapacitado para amar. A nadie. Absolutamente a NADIE.

He oído de alguno que ha dicho “nunca te he querido” pero eso me parece más un recurso literario para reforzar su posición que una realidad.

Claro que la amaste. Y hubieras dado tu vida por ella. Pero ahora has decido cambiar. Cambiar de todo. Cambiar de mujer, cambiar de casa, hay quien incluso está dispuesto a cambiar de hijos. Pero es un cambio tan violento – para los demás y para ti – que decir “nunca te he querido” es un magnífico recurso para mantener tu conciencia algo tranquila. Freud lo llamaba mecanismo de defensa.

  • “Yo no estoy hecho para el matrimonio”

¿Ah, no?. ¿Y para qué estás hecho? ¿Para el celibato? Ah … para eso tampoco. Entonces ¿para qué?. ¿Para ir de cama en cama? Sí, pero sin ataduras ¿verdad?, sin compromiso.

¿Y has necesitado más de 15 años de matrimonio para darte cuenta?

¿Necesitabas tener tres hijos para percatarte que esto no es lo tuyo?

Pues permíteme que te explique algo.

Tú, si tú, estás hecho para el matrimonio. Igual que yo. Y también estás hecho para el celibato. Sí, para el celibato. Igual que yo. Y estás hecho para el puterío. Yo también. Y estás hecho para ser una persona extremadamente amable y simpática. Y también para ser desagradable y antipático. Como yo.

Lo cierto es que el ser humano es, en esencia, todo potencial. Podemos ser de una infinidad de maneras. Podemos asumir compromisos y podemos romperlos. Podemos honestos o deshonestos.

Tú eliges qué quieres ser.

Y tú elegiste decir a tu esposa, mirándola a los ojos y delante de decenas de personas “prometo serte fiel, amarte y respetarte … hasta que la muerte nos separe”.

Y tú has elegido pasarte tus palabras, tu compromiso y tu elección por el arco del triunfo. Por el mismo lugar que según parece has decidido pasarte toda aquella que esté dispuesta a colaborar con tu “cambio de parecer”.

Lo has elegido tú. Eso de “no estoy hecho para el matrimonio” es una pésima escusa. Es intentar pasar la responsabilidad de tus decisiones a “tu naturaleza”. Hay otros que intentan culpar a “la educación recibida”.

Sé un poco hombre. Asume tus decisiones.

Estás hecho, si quieres, para el matrimonio. Y no hacía falta ni más de quince años de convivencia ni tener tres hijos para darte cuenta de que “eso ya no es lo quiero”, pero te ha bastado un polvo fuera de casa para darte cuenta que te gusta más que comer con los dedos. Para tu conciencia resultaba demasiado hiriente, así que has tenido que construirte toda una serie de excusas (todas cutres, simples y baratas) para poder romper con aquel quien habías decidido ser, y poder convertirte en “tu nuevo yo”.

Puede que tus excusas, tus «mecanismos de defensa» a ti te sirvan, pero te aseguro que no sirven a nadie más.

  • “Quiero vivir la vida”

De nuevo no has sido nada original. Lo decís todos, aunque hay quien matiza un poco: “quiero disfrutar la vida”. ¿Pero eso que significa?

Acaso los que nos mantenemos fieles al matrimonio y en el matrimonio estamos “muriendo la vida”, o caso estamos “sufriendo la vida”.

¿Qué significa eso de “quiero vivir la vida”?. ¿No te das cuenta que es una frase absolutamente vacía? No tiene ningún significado porque es una frase incompleta.

¡Termínala! Sé valiente. ¡Termina la frase!.

Di: “quiero vivir la vida lo más egoístamente posible”, o “lo más inmaduramente posible”.

Di “quiero disfrutar la vida renunciando a las responsabilidades a las que me había comprometido”, o “quiero disfrutar la vida pensando solo en mi”.

Sé un hombre, asume tus responsabilidades. Claro que lo que estoy diciendo es incongruente. Si asumieras tus responsabilidades no hubieras sido infiel a tu mujer y a tus hijos.

Sí, a tus hijos. Todo el mundo sabe que el adulterio no solo es una infidelidad con el cónyuge, sino que también lo es, en primer grado, con los hijos. Con ellos tenemos el compromiso tácito de ser fieles. Por ello la mayoría de los adúlteros luchan a capa y espada para ocultar la infidelidad a sus hijos. Saben que si ellos se enteran será explícita su pérdida de responsabilidad, de honestidad y de dignidad como padres.

Eso es lo curioso de tu caso. Desde el primer momento lo hiciste explicito, a tu mujer y a tus hijos. No sé si eso te hace más coherente o más cruel.

Pero ten por seguro que no me equivoco. Sé perfectamente que no soy mejor que tú. Ni un ápice.

Si tú has caído, yo puedo ser el siguiente. No lo dudo.

Por ello llevo años tomando medidas para prevenir caer. Básicamente consiste en pequeños trucos que me permiten tener muy vivo y muy presente mi amor por mi mujer y por mis hijos. Y puedo decir que funcionan.

Pero quiero acabar con un punto de esperanza. He conocido hombres y mujeres que habiendo caído en el adulterio, en la infidelidad, han sabido recomponerse, pedir perdón y volver a ser quienes habían decidido ser.

Es cierto que requiere que sus cónyuges muestren el más alto grado de amor, el que es capaz de conceder el perdón. Pero es posible, sí, es posible, aunque para ello, eso sí, es necesario, antes, pedir perdón.

Publicado en Familia, Matrimonio | Etiquetado | 11 comentarios

Dios no existe

Un día de agosto (2016) escuchaba por la radio una entrevista a José Luis Cuerda, director de cine español que ha dirigido películas tan irreverentes y tan divertidas como “amanece, que no es poco” y “así en el cielo como en la tierra”. Vi ambas películas cuando era joven y también irreverente. Entonces me gustaron.

Me gustan las entrevistas y las biografías. Son una forma sencilla de acercarse a quién es una persona, y como la naturaleza humana es inabarcable al conocimiento, poquito a poquito, leyendo y oyendo a cerca de seres humanos individuales, es posible ir acercándose a saber algo de quienes somos.

Decía cosas interesantes, quizás sobrecargadas, pero esperables en el personaje. Sin embargo en un momento dado cayó en una simpleza mayúscula. Me sorprendió. Dijo algo así como que le sorprende que haya quien crea en un Dios todopoderoso y que acepten que muera un niño de dos años. “Si existiera Dios, todopoderoso y todo bondad no hubiera permitido eso, porque salvarle hubiera sido bueno para el niño, para sus padres y para la humanidad en general”. Así que para José Luis Cuerda la existencia de tragedias y desgracias personales es el criterio suficiente para determinar la no existencia de Dios.

Como no pude escuchar la entrevista completa, desconozco si el niño en cuestión era su hermano, su hijo, o un caso hipotético. De ser lo primero entiendo entonces de dónde parte. Como decía John Powell, “el dolor es el mayor enemigo del amor”, el dolor te obliga a mantener la atención en ti mismo, por lo que todo y todos los de a tu alrededor dejan de tener importancia.

En mi caso, cuando murió mi hermano mi madre se ocupó de enseñarnos que “A Dios no hay dios que le entienda”. Con eso nos bastó.

Aunque hablara de un caso hipotético, le comprendo perfectamente ya que utilicé ese mismo criterio para llegar a la misma conclusión durante años. Luego descubrí que no era nada original. Muchos adolescentes a los que di catequesis de confirmación usaban el mismo criterio.

Años más tarde un estudioso del tema me explicó que efectivamente Dios NO existe. Al parecer es algo conocido por cualquier teólogo. Solo existe lo creado, por tanto Dios no existe, Dios es (Éxodo 3:14).

Así que para hablar con un mínimo de coherencia no debemos hablar de la existencia o no de Dios, sino de la esencia de Dios, si es o no es. Esa es la cuestión.

Volviendo a la opinión de José Luis Cuerda, como ejemplo de la opinión de tantos, salvando las distancias y como simple comparación, creo que es algo así como la opinión que pudiera tener mi perro sobre mi conducta. Mi perro, si pudiera tener una opinión sobre mí, sería en base a su criterio perruno y por tanto llegaría a una conclusión canina, pero no estoy seguro de que fuera acertada.

José Luis Cuerda llega a una conclusión humana a través de un criterio humano, así que no creo yo que esté en lo cierto – más allá de insistir en que efectivamente Dios NO existe, Dios es.

Su idea – como piensan tantos – es: si Dios existiera se comportaría como un humano. Más aún, si Dios fuera todopoderoso, opinan muchos, actuaría como YO pienso. Ahora bien, si a esos muchos les preguntas: ¿y tú actúas como Dios quiere? – por dejar el tema en lo más básico, pensemos en los mandamientos – entonces pensarían que hacerlo sería signo de un sometimiento absolutamente injustificable en el hombre, al menos en ellos.

Curioso.

Pero ya sabemos lo que Dios opina de eso, de los que con criterios humanos piden a Dios (quizás incluso exigen) que se comporte como lo haríamos cualquiera de nosotros (Mateo 16, 23). A San Pedro por hacerlo le llamó Satanás.

La idea de que un ser humano puede determinar que Dios no es (no existe) da cuenta del orgullo tan grande que somos capaces de alcanzar: yo, que soy humano, determino que tú, que eres Dios, no existes.

¡Y nos quedamos tan anchos!

A mi me cuesta comprender casi todo. No entiendo por qué hay playas en las que no notamos las mareas y otras en las que son tan diferenciadas. Tampoco entiendo cómo podemos ver la luz de una estrella que se apagó hace cientos de años. Realmente apenas entiendo algo que tenga un mínimo de dificultad, así que con respecto al tema en cuestión me tengo con conformar con decir que reconozco que no acierto a entender el misterio de Dios.

Publicado en Educar en la fe | Etiquetado | 5 comentarios

Educar en valores

Agosto de 1978. Aeropuerto de Madrid – Barajas. Unos padres acompañaban a su hijo de 16 años hasta el avión (entonces eso era posible). Iba a cursar 3º de B.U.P. (hoy conocido como 1º de Bachillerato en España / 2º de Preparatoria en México). No era la primera vez que se iba de casa, de hecho dejó su hogar hacía muchos años, llevaba viviendo en un colegio interno desde 7º de E.G.B., esa fue la decisión que tomó él solo después de pasar un allí un verano por “buen” estudiante. Además de la maleta el padre entregó a su hijo un mensaje:

“Nunca olvides que eres Calderón, que eres católico y que eres español”.

Siempre me ha impresionado como pudo mi padre, con tan solo tres palabras, trasmitir todo un ideario de vida, todo un modelo, que sin duda era reflejo de cómo mi padre vivió cada día. Esa frase no hubiera significado nada sin su ejemplo diario, pero junto a él explicitaba perfectamente todo lo que esperaba de cada uno de nosotros.

Hoy me pregunto si sería capaz de trasmitir a mis hijos en una sola frase, con solo tres palabras, la esencia de cómo vivir y cómo ser.

Hoy les diría: “Nunca dejes de servir, de entregarte, de respetarte y de luchar por ser libre”.

Quizás sea una excusa, pero creo que la heterogeneidad que caracteriza a la sociedad actual dificulta muchísimo poder explicar a mis hijos aquello a lo que aspiro cada día con tan solo tres o cuatro palabras. No puedo limitarme a tres palabras. Las cuatro ideas que me gustaría trasmitir a mis hijos son:

  • Vive una vida de servicio. Nunca dejes de servir. A todos. En primer lugar a Dios, y para servirle a Él sirve muy especialmente a tu cónyuge y a tus hijos (si alguna vez los tienes), pero sirve también a todo aquel que se acerque a ti (aunque viva a miles de quilómetros).
  • Vive de manera entregada. Nunca dejes de entregarte. A todos. En primer lugar a Dios, y para entregarte a Él entrégate de manera total a tu cónyuge y a tus hijos (si alguna vez los tienes), pero entrégate también a todos los demás. Y entrégate en todo lo que hagas, en tu trabajo, en tu familia, en tu diversión, en tu día a día. ¡Hasta al dormir debes procurar entregarte!.

Por no dejar cabos sueltos diré que aunque entregarse y servir pudieran ser considerados por algunas personas como sinónimos creo que no siempre podemos servir, pero sí entregarnos. Hay ocasiones en que ese es nuestro mejor y quizás único servicio. Entregarnos para que los demás puedan servir. Puede llegar incluso el momento en que nuestra entrega no sea voluntaria, pero aun así podremos ser el vehículo que permitirá que los demás cumplan con su labor de servidores.

  • Vive con respeto. En primer lugar a ti mismo. Procura siempre actuar de acuerdo a tus creencias y a tus valores. Si no lo haces no solo te será difícil a ti respetarte, también lo será para los demás.

Y no pienses nunca eso de “¿sabe usted con quién está hablando?”. Eso solo lo puede pensar quien cree que hay personas más dignas que otras. Si te crees más digno que cualquier otro, tendrás que admitir que habría quien pudiera ser más digno que tú. Todos somos igual de dignos. TODOS. Todos somos hijos de Dios. Todos hijos de María. No hay mayor dignidad posible.

  • Vive siempre luchando por tu libertad. ¡Nunca olvides la libertad!. Eso significa que debes mantener una lucha constante contra todo aquello que la limite. A veces tendrás deseos que serán tu mayor enemigo. Muchas veces desearás aquello que te esclavizaría. Recuerda que solo el que es capaz decir ¡NO!, puede mantener su libertad.

Rechaza el pensamiento único, eso que se llama lo “políticamente correcto”, una de las formas más extendidas hoy de esclavitud. Esa expresión esconde la imposición de la mentira en la sociedad. Tú se siempre crítico, en primer lugar contigo mismo, con tus actos y tus omisiones, y después con los demás, pero intenta ser siempre tan indulgente con los demás como lo debes ser contigo.

Pero recuerda siempre que la libertad es el anverso de la responsabilidad. Si no asumes tus responsabilades, si huyes de ellas, no aspires nunca a ser libre.

Considerando las cuatro ideas que me gustaría que vivieran mis hijos – servicio, entrega, respeto y libertad – me hago plenamente consciente que eran cuatro de las características esenciales de mi padre. Es lo que caracterizaba a los Calderón (al menos los de la generación de mi padre).

Pero curiosamente servicio, entrega, respeto y libertad también son palabras que también caracterizan lo que mi padre sabía que significa ser católico y ser español. Eso es lo que realmente nos enseñó mi padre – coherencia de vida. Él siempre fue servicial, siempre se entregó – hasta el último instante -, siempre tuvo un gran respeto por sí mismo y por los demás y siempre luchó por la libertad, porque para él era todo lo mismo: era Calderón, era católico y era español.

Educar en valores a nuestros hijos es, en esencia, vivir de tal manera que cuando consideren una virtud piensen de inmediato en nosotros, sus padres, por haber sido los modelos que se la enseñaron, porque nos vieron vivirla cada día. Lo demás, las charlas, las discusiones, los premios y los castigos, tendrán un peso bastante limitado, la mayoría de las veces insignificante. Lo que realmente importa, lo que de verdad cuenta, es que ven cómo vivimos. Les educamos con nuestra vida.

Publicado en Educación, Relación padres - hijos | Etiquetado , , | Deja un comentario

¡No serás del Opus!

Pocas cosas hay en la vida que estén más sujetas a la opinión gratuita y sin pedirla de los demás que el número de hijos que tiene un matrimonio.

Hace poco me comentaban unos amigos que no han tenido hijos que están convencidos que después de preguntar “¿cómo te llamas?”, la pregunta más frecuente es “¿cuántos hijos tienes?”. Si la respuesta es, como en su caso “no tenemos hijos”, comienza todo un elenco de preguntas, comentarios y opiniones, siempre impertinentes, que dificultan muchísimo poder establecer una relación que merezca la pena con quien pregunta.

Si un matrimonio tiene un hijo, no falta quien pasado un tiempo pregunte la estupidez de “¿No vais a por la parejita?”. Como si los hijos fueran periquitos o guardias civiles.

Cuando tienes dos hijos parece que el común se queda tranquilo. Has cumplido con lo social (y estúpidamente) aceptable y nadie te cuestiona del porqué no tienes más o por qué no te quedaste con uno. Es una elección tan buena como otra cualquiera que además tiene la ventaja de librarse de cuestionarios desagradables por parte del vecindario.

Cuando le conté a un vecino que mi esposa y yo estábamos esperando nuestro tercer hijo me preguntó:

“¿Ya pararéis, no?”.

Obviamente no me conocía lo suficiente como para intuir cual podría ser mi reacción.

Mi respuesta fue tajante:

“El número de hijos que vamos a tener es la decisión más íntima que puedo tomar con mi mujer y obviamente no pensaba comentarla contigo”.

¡Zas!, en toda la boca.

Se quedó perplejo, quizás incluso molesto. Bueno. Confío en que no volviera a soltar una impertinencia como esa a nadie más.

Años más tarde, haciendo la compra en Carrefour mi mujer chocó accidentalmente su carrito con el de otra señora que se sintió sorprendida al verla con tres niños tan pequeños y tan seguidos (tenían tres, cuatro y cinco años).

“¡Tienes tres!” – le dijo – “¡y tan seguidos!”.

A lo que mi mujer le puntualizó contenta: “¡Y estoy esperando el cuarto!”.

“¡¿Cuatro?!, ¡¿no serás del Opus?!”, dijo sin rubor.

Afortunadamente yo no estaba allí para responderla.

Estos son solo un par de ejemplos de las muchas impertinencias que tenemos que soportar aquellos matrimonios que, en ejercicio de nuestra libertad, decidimos tener más de dos hijos.

La pregunta “¿no serás del Opus?”, denota una absoluta falta de cultura religiosa (y por supuesto una absoluta falta de educación). Podría haber preguntado: ¿No estarás en el Camino Neocatecumenal, o no pertenecerás a los Focolares, a la Acción Católica, a los Matrimonios de Nuestra Señora, al Instituto Seglar Notre Dame de Vie, a Comunión y Liberación, a los Heraldos del Evangelio, o no serás adoradora nocturna o  Misionera Laica de la Caridad?”.

Pido disculpas a los cientos de movimientos y carismas que enriquecen la Iglesia hoy en día por no haberles citado, pero la memoria no me da para más.

En Estados Unidos, como el porcentaje de católicos es pequeño y tampoco andan muy sobrados de cultura (y menos religiosa) resumen su visión de una manera mucho más simple. Aquellos que tenemos más de tres hijos se nos denomina “buenos católicos”. La estupidez es sublime. Como si no tener hijos o tener tres o menos implicara una falta de calidad en la fe o viceversa. Insisto, una simplicidad.

Pero analicemos esta visión tan simplista que muchas personas tienen de vivir con fe.

Así que si tengo tres, cuatro o más hijos, debe ser porque “el Papa dice que no podéis usar condón”. ¡Toma nísperos!. Ahora resulta que tenemos al Papa metido en la cama.

Bien. En aras de la discusión admitamos que es cierto. Admitamos que, en un acto de libertad – no de sumisión, mi mujer y yo decidimos no utilizar métodos anticonceptivos artificiales – decidimos que ella no alterara sus niveles naturales de hormonas tomando una píldora, ni poner un plástico que separara nuestra piel, ni meterle un dispositivo en su vagina (DIU), ni alterar funciones fisiológicamente perfectamente funcionales y sanas a través de una ligadura de trompas o una vasectomía – porque de esa manera vivimos de una manera coherente nuestra fe en Dios como principio y fin de nuestras vidas y de nuestro matrimonio.

¿Cuál es la opción contraria?. ¡Ah! La opción es que si no hubiéramos tenido esa fe en Dios o no hubiéramos entendido esa opción como el medio pertinente para vivir nuestra fe,  hubiéramos utilizado algún método de los antes mencionados para tener menos hijos. ¿Cuántos menos?. De nuevo, por mantener simple la discusión digamos que uno menos.

En concreto significa que si no hubiéramos vivido nuestra fe en Dios como lo hacemos mi hija Teresa nunca hubiera nacido.

¡Ah … !.

Confieso que solo de pensarlo me provoca un profundo vacío y se me ponen los pelos como escarpias.

¿Y cuál es la ganancia?.

¿Cuál hubiera sido la ventaja de que mi hija Teresa no hubiera nacido?.

A bote pronto, me imagino – sin conocer datos concretos – pero supongo que entre 6.000 y 12.000 euros al año.

¿Y eso hubiera merecido la pena?. Les aseguro que ni eso, ni esa cifra multiplicada por infinito hubiera hecho que mi vida fuera mejor sin mi hija Teresa.

¿Existe otra posible ventaja? ¿Hubiéramos tenido más tiempo para nosotros?. Pues seguro, pero ¿y qué?. Ni un solo minuto, ni una vida entera al completo hubiera satisfecho la alegría de ser el padre de Teresa.

Siempre he pensado que si no hubiera tenido cuatro hijos o incluso si no me hubiera casado hubiera sido mucho más prolífico escribiendo, hubiera aprendido mucha más neuropsicología y hubiera sido más útil a mis pacientes. Estoy seguro de que también hubiera dedicado mucho más tiempo a estar tumbado perdiendo el tiempo, a ver la TV y quizás incluso hubiera llegado a practicar algún deporte (lo dudo). Pero ¿y qué?, ¿acaso cualquiera de esos bienes, que sin duda lo son, son comparables con uno solo de mis hijos o con mi matrimonio?.

Si fuera cierto que tenemos cuatro hijos por cómo vivimos nuestra fe, entonces puedo decir ¡bendita fe!. Aunque al morir me diera cuenta que Dios no existe, y que todo aquello en lo que he creído fuera una simple quimera, la fe ya me habría dado mucho más de lo que cualquier otra cosa en la vida hubiera podido ofrecerme: me hubiera dado mi cuarta hija, y quién sabe si también la tercera.

Podría concluir este artículo confrontando mi forma de vivir con la alternativa que propone la sociedad. Podría juzgar cómo se vive sin fe, o sin permitir que la fe empape cada una de las decisiones de nuestra vida. Podría decir:

“¿Cuál es la alternativa?

¿Que en lugar de la fe sea mi situación profesional / laboral la que determine cuándo comenzar a tener hijos y cuántos hijos tener?, ¿Tener dos o cómo máximo tres hijos y a partir de ahí permitir que la química o la mecánica interfiera en mi vida conyugal / sexual / familiar, en definitiva – en mi VIDA?

Era una opción, pero entonces mi vida hubiera sido mucho más pobre y mucho peor aprovechada.”

Si escribiera eso y peor aún, si lo pensara, hubiera caído en aquello que critico: hubiera juzgado cómo vive cada cual su vida y me hubiera entrometido en la intimidad de los demás.

Sí, que nadie dude que vivir la fe católica del modo en que la vivimos ha permitido que tengamos cuatro hijos y disfrutemos de una vida enormemente rica y magníficamente bien aprovechada. Y si cada uno de mis hijos, desde el primero hasta el último, no hubiera sido suficiente regalo tengo el mayor de todos, la mayor de mis riquezas: tengo la fe en Dios y tengo la conciencia de Su amor.

Publicado en Educación, Familia, Relación padres - hijos | Etiquetado , , | 104 comentarios