Cuento infantil

Erase una vez que se era un país, no muy lejano, en el que los habitantes vivían como en tu país, cada uno como mejor podía. El país estaba regido por una reina que amaba profundamente a su patria y consecuentemente a su pueblo. La regente tenía el gran empeño de lograr que los ciudadanos vivieran cada día un poco mejor, que no pasara un día sin haber hecho algo por ellos, al menos por algunos de ellos.

Una mañana mientras pensaba en qué podía hacer aquel día por su pueblo oyó una voz que cantaba una preciosa melodía, profundamente alegre. El corazón de la reina se encendió y quedó prendado de la belleza de aquella canción. Corrió buscando la fuente de aquella tonada y vio que era una de sus damas de honor quien, de manera distraída, cantaba mientras arreglaba las flores del jardín. La reina, que no quería que aquel mágico momento terminara, permaneció distante, hasta que la joven calló.

«¿Cómo has aprendido a cantar así?, ¿de dónde viene tan bella canción?» – preguntó la reina emocionada.

«Me la enseñó mi madre, señora, ella me enseñó a cantar». Respondió la doncella.

La reina pensó: cualquiera que oiga esta canción apreciará su belleza y se sentirá mejor. Si todos mis súbditos la oyen, en nuestro país, la alegría será mucho mayor.

Reunió a todos los habitantes del palacio, quería ver en ellos cuál sería su reacción antes de hacer que la canción llegara a cada rincón de su tierra.

La joven, aunque se sentía abrumada por tener tanta gente frente a ella y haber creado tanta expectación, cantó como siempre hacía, cantó desde el corazón. Los habitantes del palacio quedaron admirados por su voz y por la belleza del canto, pero no a todos conmovió. No logró que todos se sintieran mejor, incluso hubo entre los consejeros quien, reconociendo que era muy bella, en realidad, se aburrió.

La reina, lejos de entristecerse y desanimarse, pensó que si la belleza de aquella voz y esa canción no lograba encender el corazón de todos, podría encontrar algo de una belleza mayor que a todos llegara y a todos hiciera sentir mejor. Así comenzó a buscar aquello que fuera tan bello que todo el mundo al sentirlo, al verlo, al oírlo o, quizás incluso, al comerlo, se sintiera tan dichoso que, aún viviendo igual que siempre, fueran mucho más alegres.

La reina visitó museos, viendo maravillosos cuadros y esculturas, algunos de extrema belleza, tanta que algunas de sus damas de compañía quisieron quedarse allí para aprender a pintar.

También estuvo en conciertos, ballets y teatros, viendo los más grandes espectáculos, la mayoría fueron sublimes, pero no a todos sus consejeros logró encandilar.

Una noche, aconsejada por el científico mayor del reino, fue a ver el nacimiento de una estrella. Era un espectáculo muy poco frecuente y al que había que prestar mucha atención. El astrónomo estaba seguro, que tal experiencia podría conmover a todos los ciudadanos del reino. La reina quedó encantada de poder vivir un momento tan especial, pero a ella no le llegó a emocionar. Sin embargo el bufón, que le había acompañado siempre a todos los espectáculos, quedó tan maravillado que por una vez dejó de saltar, de reír y de provocar. Pidió a la reina permiso para poderse quedar allí, aprendiendo más de las estrellas y del universo.

La reina, siguió buscando. Habló con matemáticos, que le mostraron la belleza del cálculo y la predicción. Leyó cientos de volúmenes de poesía, y llegó a aprender muchos sonetos, que por su belleza le habían cautivado, incluso el rey aprendió tanto, que comenzó a escribir poesía, pero no conseguía encontrar algo que a todos emocionara.

Una bióloga le aconsejó: «Debéis buscar en la naturaleza. Lo más bello, sin duda, está entre lo que ha creado Dios». Y así la reina aprendió de animales, de montañas que sólo los más valientes lograban subir, de la profundidad de los mares y de los seres que allí habitan y quedó maravillada de tanta diversidad, y fue tal el impacto que tuvo en la infanta menor, que dejó el palacio, para aprender más acerca del mar, pero no a todos consiguió emocionar.

La reina por fin comprendió que no podría encontrar una única forma de belleza que a todos sus ciudadanos lograra entusiasmar. Comprendió que las personas somos esencialmente distintas, no hay dos iguales, y aunque ella debía guardar y garantizar la igualdad de los habitantes de su país, ésta igualdad era sólo ante la ley – en derechos y deberes – pero cualquier otra forma de «igualdad», aunque fuera ante la belleza, sería tratar de imponer una uniformidad que anulaba a la persona.

Sin embargo, a lo largo de los viajes, exposiciones, conferencias y lecturas que realizó la reina, aprendió también que de alguna manera a todos nos conmueve la belleza, más aún, todos buscamos la belleza. Por ello decidió que, para que estuvieran más contentos, los habitantes de su país deberían poder acercarse, aprender y desarrollar cualquier forma de belleza que ellos quisieran. Fomentó que a lo largo de su tierra hubiera cientos de academias, unas de música, otras de pintura, de zoología, de matemáticas, de poesía, de teatro, de astronomía, de cine, de cualquier cosa que pudiera crear belleza.

Los únicos requisitos que la reina exigió fueron que los profesores sólo enseñaran aquella materia que ellos amaban, aquello que encendiera sus corazones y pudieran enseñar con tanta pasión, que cualquiera que quisiera, aún el menos preparado de todos, pudiera aprender. Y por supuesto no podía haber exámenes, en la academia sólo se podía enseñar y aprender.

La reina no logró su propósito de hallar aquello que fuera tan sublime y tan bello que lograra unir a todos los ciudadanos de su patria en un mismo sentimiento de emoción, pero descubrió que al acercar a la gente a la belleza que están buscando y al enseñar a cada uno lo que de verdad quiere aprender, las personas están mucho más cerca de quien pueden llegar a ser.

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Actividades extra escolares

Con el comienzo del curso, además de los libros, cuadernos, bolígrafos, zapatos y, en algunos casos uniformes, comienza también la compra de otros «bienes» para nuestros hijos: las famosas actividades extra escolares. ¡Cualquiera diría que son obligatorias!, Parece que no hay niño que se precie que no está apuntada a una, o dos … o bastantes más.

La agenda de los niños, que la mayoría tienen bastante completa por culpa del extensivo horario escolar (en lugar de ser un horario intensivo de 8:30 a 14:00, como en la mayor parte del resto de Europa), se ve aumentada por más actividades, de tal forma que si nos descuidamos podemos tener a un niño saliendo por la puerta de su casa antes de las 9 de la mañana y regresando nunca antes de las 7 de la tarde, en muchos casos con los deberes y el estudio todavía pendiente.

Y no es que las actividades extra escolares sean nocivas, pero sin duda hay que programarlas con mucha atención y más cabeza de lo que en muchos casos ocurre.

Creo que es importante dividir las actividades por tipos. Hablaremos de las actividades académicas, las actividades deportivas y por último las artísticas.

Entre las primeras, las actividades académicas, el inglés se lleva claramente la palma. Hoy en día damos tanta importancia al inglés que hemos llegado al absurdo de que consideremos que si una alumno aprueba todo bachillerato, incluso con buenas notas, pero no aprueba el inglés, no le consideramos apto para ingresar en la universidad española. Desde mi punto de vista, creo que hemos errado un poco el tiro dando tanta importancia al inglés. Hemos generado la idea de que si no sabes inglés te será muy difícil, por no decir imposible encontrar trabajo (de esos que llaman dignos), y la experiencia está demostrando que ya puedes tener inglés, chino mandarín, una carrera y un master, que hoy por hoy, pintan bastos. Seamos honestos, saber inglés no es antídoto contra el paro.

Pero al margen de «bajar los humos» al inglés, sin duda es bueno que los niños (y los adultos) dominen cuantos más idiomas mejor. Ahora bien, es importante dejar claro cuál es nuestro objetivo: ¿queremos que el niño apruebe inglés en el cole o que aprenda inglés?, porque no es ni mucho menos lo mismo.

Lo que la mayor parte de los colegios enseñan, y por tanto lo que requieren para que los niños aprueben, es que sepan gramática inglesa, no que sepan inglés. Lo digo sin acritud, pero ¿han intentado mantener una conversación en inglés con algún joven que saque notables o sobresalientes en «idioma moderno» – como aparecía en mi boletín de notas?. Los pobres saben mucho de past simple, y de phrasal adverbs, sin duda muchísimo más que yo, que no tengo ni idea de gramática (lamento decir que ni inglesa ni española), pero tengo el privilegio de ser bilingüe. Y por ahondar en el argumento, se suficiente italiano como para manejarme sin dificultades por aquellas tierras tan maravillosas (¡qué tiempos aquellos en los que llegué a dar conferencias!), pero nunca, NUNCA, fui a una clase de gramática italiana (ni de idioma tampoco).

Insisto: la mayoría de los colegios, enseñan gramática NO un idioma, y este hecho debe tenerlo muy en cuenta al apuntar a sus hijos «a inglés». Busque la academia, o el método que se ajuste a lo que usted desea, no se lleve a engaño – por cierto, TODOS le dirán que enseñan el idioma, aunque usted no sepa nada de inglés, pida que le enseñen los materiales, si ve «ejercicios» de gramática, ya sabrá a qué atenerse.

Dentro de estas actividades extra escolares académicas está ganando terreno las matemáticas. He sido profesor del método Kumon durante más de 10 años, por lo que he sido usuario, beneficiario y partícipe de las matemáticas como actividad extra escolar. Creo que el método Kumon en particular y otros sistemas de enseñanza de las matemáticas que están apareciendo en general, son enormemente útiles para el fin para el que han sido diseñados, y SECUNDARIAMENTE logran, en algunos casos, otros objetivos. Apunte a su hijo en alguna de estas actividades si usted quiere que su hijo tenga mejores habilidades matemáticas, pero NO lo haga para obtener objetivos secundarios, como mayor capacidad de concentración, mayor habilidad para organizar el trabajo, etc. Hay otras formas más directas para lograr esos objetivos.

Por cierto. Creo que los directores de colegios se deben plantear porqué hay tanta oferta extra escolar de asignaturas escolares. Quizás sea una buena llamada de atención a cómo se están enseñando dichas asignaturas en sus aulas.

En segundo lugar, están las actividades deportivas, entre las que el fútbol – particularmente entre los chicos – es el rey. La práctica de cualquier deporte es, en principio, enormemente beneficiosa, particularmente en esta sociedad tan sedentaria que sufrimos y más los niños, que pasan al menos seis horas sentados en el aula (salvo el día que tienen gimnasia), más las horas que están haciendo deberes (sí, digo horas), más las horas que pasan frente a la TV., el ordenador, la wii, etc. Es por tanto muy beneficioso, casi me atrevería a decir que necesario, que los niños (y los no niños) practiquen algún deporte. No sólo por la movilidad, sino por las muchos beneficios asociados: trabajo en equipo, disciplina, afrontamiento del fracaso (cuando pierden), compañerismo, etc. todo esto, siempre y cuando, claro está, los padres (y el entrenador) lo fomenten y lo respeten. He estado bastantes horas viendo partidos de fútbol de niños de 8 a 12 años y les aseguro que las barbaridades que he oído a los padres y a los entrenadores gritar a los árbitros, a los contrincantes y a sus propios hijos / jugadores, superan con mucho las que he oído en los campos de fútbol profesional y en ocasiones creo que vulneran el código civil.

Si apuntamos a un niño a una actividad deportiva cualquiera – ¡incluso el fútbol! – debe tener como objetivo ayudarle a crecer como persona y facilitarle una forma de diversión sana (salvo por las lesiones). Las actitudes de muchos padres (y no pocos entrenadores) en los partidos de fútbol de sus hijos (y en baloncesto, balonmano y otros deportes también, aunque en menor medida) son completamente contrarias al desarrollo adecuado de la personalidad y lejos de fomentar la diversión fomentan la agresividad y la frustración. ¡Mucho ojo!.

Por último están las actividades artísticas – pintura, teatro, baile, etc. -. Si tenemos en cuenta el currículum académico debemos decir que estas actividades no sólo son beneficiosas para los niños sino necesarias. En el colegio apenas desarrollan un 10% de asignaturas para el hemisferio cerebral derecho, las consideradas marías – música, artística -, mientras que el gran grueso de la carga lectiva es exclusiva del hemisferio izquierdo. Estamos por tanto desarrollando niños muy descompensados neurológicamente (y muchos, siendo brillantes intelectualmente, sufren fracaso escolar por esta descompensación). Las actividades extra escolares pueden ayudar a romper esta situación tan desventajosa para muchos niños y ayudar a los padres a que sus hijos crezcan como personas más completas.

No quiero terminar sin mencionar algunos criterios que considero importantes a la hora de elegir cuántas y cuáles actividades extra escolares debemos incluir en la agenda de nuestros hijos.

El primer criterio debe ser el horario: ¿cuándo lo van a hacer? ¿qué otras cosas estaría haciendo si no le apunto a esa actividad? ¿sigue teniendo tiempo para jugar – absolutamente imprescindible en su desarrollo?

El segundo criterio debe ser ¿por qué esta actividad y no otra? ¿Es la que a él le gustaría, o le apunto a piano porque yo siempre quise tocar y nunca pude? ¡ojo, porque este motivo subyace en más ocasiones de las que nos podemos pensar!.

En tercer lugar, y no por ello el menos importante: ¿habría alguna forma de apuntarle en alguna actividad extra escolar en la que participemos todos, padres e hijos? ¿no me estará quitando tiempo de estar con él? – Ya sé que una de las causas fundamentales para apuntar a los niños a estas actividades es tenerles ocupados mientras los padres llegan del trabajo, pero aunque esto sea frecuente – (normal, en términos estadísticos) – no podemos admitirlo como adecuado. Los niños necesitan más tiempo, mucho más tiempo con sus padres – y viceversa -, esa debe ser la gran actividad extra escolar.

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La comunicación entre los padres y el colegio

Con frecuencia los niños pasan más horas en el colegio con sus profesores que en casa con sus padres. Hay padres incluso que no llegan a ver a su hijo en todo el día. No me refiero a los padres que viven separados, sino a aquellos que viviendo toda la familia bajo el mismo techo salen tan temprano de casa y regresan tan tarde que salvo los fines de semana sólo ven a sus hijos dormidos, o quizás algunos minutos antes de acostarse. Es una situación difícil.

Pero incluso en aquellas familias que bien el padre o bien la madre, e idóneamente los dos, pueden estar por la tarde en casa con sus hijos, no debemos perder de vista que la vida, las experiencias, las respuestas que sus hijos van a tener en el colegio pueden ser muy distintas a cómo actúan habitualmente cuando están en familia. Todos adaptamos la conducta a las diferentes circunstancias en las que nos desenvolvemos. Por este motivo resulta de gran importancia, que los padres se marquen como prioridad tener una buena, fluida y frecuente comunicación con el colegio, muy concretamente con el profesor.

Desde el punto de vista del colegio deben tener también en cuenta que su tarea, enseñar, abarca y afecta a toda la persona y que para poder realizar su labor lo mejor posible – lo más personalizadamente posible – necesitan conocer a sus alumnos lo mejor posible, sin limitarse estrictamente a sus habilidades académicos, y para ello los padres pueden y deben ser sus mejores aliados.

Desgraciadamente muchos padres y también muchos profesores se consideran suficientemente capacitados como para poder realizar su labor “sin interferencias”, o quizás no lleguen a apreciar la importancia que para el niño va a tener que ambas partes implicadas en su desarrollo tengan un alto conocimiento de él, y no sólo por el tiempo que pasan con ellos.

Con frecuencia tanto los padres como los profesores cumplen el refrán de que “se acuerdan de Santa Bárbara cuando llueve”, y sólo buscan establecer una tutoría cuando surge algún problema. Pero intentar solucionar un problema o aportar ideas es mucho más fácil cuando hablamos con alguien a quién ya conocemos. Además si esperamos a que surja un problema para establecer el contacto, es obvio que nuestra primera reunión será en un ambiente de tensión, al menos en una de las dos partes, y quizás incluso se perciba que “la culpa es del otro (bien los padres o bien el profesor)”, y en ese caso el encuentro es seguro que no va a ser fluido.

Por todo ello debemos recomendar encarecidamente que, aunque no sea el protocolo habitual del colegio al que van sus hijos, haga lo posible por tener una tutoría por trimestre, y ello siempre y cuando todo vaya bien. En la tutoría podrá conocer aspectos de su hijo que de otra forma le sería imposible adivinar y poner en conocimiento del profesor datos que puedan ayudarle en su labor. Si esta pauta le parece excesiva, o bien no le resulta fácil mantenerla, en la etapa de la tecnología en la que estamos inmersos no existen excusas para no mantener una comunicación fluida a través de e-mails.

Por otro lado queremos resaltar la importancia de que los padres asistan a las reuniones propuestas por el colegio, tanto reuniones de clase, tan habituales al principio de curso, como a las diferentes ofertas que puedan realizar como charlas, conferencias o escuelas de padres. Resulta descorazonador cuando vemos colegios que hacen un gran esfuerzo por facilitar a los padres una formación en esta difícil tarea que es educar y vemos que la respuesta es mínima y siempre por parte de los mismos padres. Como solemos decir los que participamos habitualmente en charlas en colegios, “a las escuelas de padres vienen los padres que no necesitan escuela”.

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Enseñanza diferenciada versus enseñanza mixta

La reciente sentencia del Tribunal Supremo referida a la potestad de las comunidades autónomas (en este caso concreto la comunidad autónoma de Andalucía y de Cantabria) de denegar el concierto económico con colegios de enseñanza diferenciada, ha vuelto a traer a la palestra una vieja pero recurrente controversia sobre la enseñanza mixta versus la enseñanza diferenciada.

La sentencia menciona, de manera explícita, que la enseñanza diferenciada es «tan legítima como el modelo de coeducación que preconiza la ley», pero defiende que el derecho asiste a las comunidades autónomas a decidir no establecer concierto con colegios de enseñanza diferenciada al amparo de la ley orgánica de educación (LOE, Art. 84 ley 2/2006), uno de cuyos fines era precisamente dejar de financiar colegios de enseñanza diferenciada.

El debate tiende a centrarse en el plano de la posible discriminación de los colegios de enseñanza diferenciada, lo cual significa que parte de una consideración ideológica, cuando en realidad no es cuestión no es una cuestión ideológica, sino pedagógica.

Que los colegios de enseñanza diferenciada no discriminan es algo conocido y superado, ya que tal y cómo la UNESCO ha indicado, la discriminación sólo podría darse si:

a) negaran el acceso a la enseñanza al otro sexo.

b) si dieran contenidos diferentes – de menor nivel -.

c) si el profesorado que forma parte del colegio tuviera menor cualificación que en los colegios de enseñanza mixta.

d) si las instalaciones y medios del colegio de enseñanza diferenciada fueran de menor nivel que los de enseñanza mixta.

Obviamente en España no se da ninguna de estas circunstancias en ninguno de los colegios de enseñanza diferenciada, por tanto, no ha lugar hablar de discriminación – salvo que queramos mantener un discurso ideológico y falaz.

La cuestión clave es si los colegios de enseñanza diferenciada son perjudiciales para sus alumnos, si provocan carencias que no pueden ser subsanadas o quizás estigmatizan a sus alumnos, o si la calidad de su enseñanza y los resultados pedagógicos Y educativos Y sociales, no alcanzan los mínimos imprescindibles. En definitiva es una cuestión de CALIDAD DE LA ENSEÑANZA y de la función que deben cumplir los colegios, NO es una cuestión ideológica.

En la bibliografía pedagógica no faltan estudios comparativos entre colegios de ambos modelos. No es mi intención hacer un repaso aquí de ellos, sino señalar cómo los estudios realizados indican:

  1. No hay ningún estudio que demuestre, indique o sugiera que la enseñanza diferenciada es perjudicial academicamente, NI socialmente.
  2. Los estudios que muestran diferencias entre el modelo de enseñanza mixta frente a enseñanza diferenciada muestran unos mejores resultados académicos para este último, particularmente en dos casos:

a) las más beneficiadas son las chicas.

b) los chicos o chicas de entorno socioeconómico más desfavorecido.

3. La mayor parte de los estudios no muestran diferencias estadísticamente significativas entre los dos modelos, ni en el ámbito académico ni en el social.

En definitiva, lo que los estudios pedagógicos y sociológicos nos indican es que no existe un modelo mejor que el otro ni un modelo que sea perjudicial para los alumnos. Ambos son válidos. Por tanto no tiene sentido – salvo la discriminación por causas de ideología – retirar la financiación de cualquiera de los dos modelos.

Pero aunque todos los estudios indicaran la primacía de un determinado modelo, aunque todos los estudios mostraran que tanto académica como socialmente la enseñanza diferenciada lograba mejores resultados que la enseñanza mixta, sería absolutamente absurdo prohibir o dejar de financiar la enseñanza mixta, ya que sería atentar frontalmente contra la libertad de los padres a elegir el modelo de enseñanza que quieren para sus hijos. Tal y como muy bien ha señalado José Antonio Ibañez-Martín, la elección de los padres del modelo de enseñanza conforme a sus convicciones PEDAGÓGICAS, ha sido recogido en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, en su artículo 14, por tanto impedir la elección de determinado modelo anulando su financiación, conculca flagrantemente el derecho de los padres.

Si miramos fuera de nuestras fronteras nos encontraremos que en Europa son cada vez más los países (Alemania, Francia, Suecia) que favorecen la educación diferenciada por sexos en las escuelas públicas al menos en determinadas asignaturas (matemáticas y ciencias naturales). En Estados Unidos durante la presidencia de Bill Clinton se modificaron los requisitos legalmente establecidos para la creación de escuelas públicas de modelo diferenciado, lo que ha llevado en los últimos 12 años a pasar de menos de 20 escuelas públicas de modelo diferenciado a más de 500.

Es decir, en otros países, esos que se suelen denominar de nuestro entorno, la enseñanza pública diferenciada está creciendo.

Si fuéramos capaces de dejar la ideología de lado y centrarnos en lo importante, en los niños, no deberíamos sorprendernos de que también en España abrieran escuelas públicas de enseñanza diferenciada.

Bibliografía recomendada:

Eduardo López López, “La escolarización single-sex: ¿qué dice la investigación educativa?”. Educación XXI. 13.2, 2010, pp. 17-45.

José Antonio Ibáñez-Martín, “Convicciones pedagógicas y desarrollo de la personalidad de mujeres y varones”. Revista Española de pedagogía, 238, septiembre-diciembre 2007, pp. 479-516.

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