Colegios con excelencia académica.

Hay muchas formas de clasificar a los colegios: bilingües o monolingües, laicos o religiosos, de educación mixta o de educación diferenciada, privados, concertados, o públicos, de integración o de no integración. Sin embargo desde hace ya meses cada vez se me hace más evidente otro criterio de clasificación: colegios que acogen vs. colegios que escogen.

Naturalmente me refiero a alumnos.

Quizás esta diferenciación se entiende entre los colegios con integración y los colegios sin integración – pero esta diferenciación NO llega a abarcar a los colegios que escogen. Ya profundizaré más adelante en esa diferencia.

Al pensar en la diferencia entre los colegios que escogen y los que acogen estoy pensando en alumnos SIN discapacidad. Alumnos que no tienen una patología que requiere personal con una particular especialidad, sino que requieren profesores con una ADECUADA formación.

Estoy pensando en esos alumnos a los que por algún motivo, y pueden ser muchos, les cuesta aprender, o al menos les resulta difícil demostrar lo aprendido.

Alumnos que se distraen con facilidad, que les cuesta mantenerse sentados en la silla, que leen y no se enteran, que escriben con una caligrafía ilegible y con más faltas de ortografía que letras hay en el texto. Que no se enteran. Estoy pensando en alumnos con dificultades de aprendizaje. Esos que hasta el recreo les cuesta, porque además de leer mal, escribir peor y no atender en clase, no tienen ni idea de jugar al fútbol y no tienen las habilidades sociales necesarias para ser del grupo de las “populares”.

Cuando esos alumnos entran en primero de infantil (con tres años recién cumplidos y a veces ni siquiera), nadie les pondría la más mínima pega para acogerles en sus aulas pero poco a poco, en algunos casos antes de que lleguen a primaria y en otros luchando, a trancas y barrancas, llegando hasta secundaria, se hace evidente que “les cuesta mucho el colegio”, y es entonces cuando el profesor, o el jefe de estudios o la encargada del departamento de orientación, con toda su buena intención, les recomienda “llevarle a un colegio más pequeño”.

A menudo ni siquiera es necesario que alguien “les invite” a buscar otras opciones escolares, los mismos padres entienden que en ese colegio su hijo no encaja en los estándares fijados por la dirección.

Son colegios que en el frontispicio de su publicidad siempre exhiben en letras bien grandes el número de aprobados en selectividad (siempre superior al 98%). Cada vez que veo esa cifra pienso en cuántos alumnos habrán tenido que dejar el colegio a lo largo de los años para que puedan mantener esa estadística.

Lo interesante del caso es que la mayoría de los alumnos que dejaron el colegio – y es inevitable hacerlo con una marcada sensación de fracaso, tanto para el alumno como para los padres – encontraron otro centro donde terminaron bachillerato y ¡aprobaron selectividad!. Encontraron, quizás después de mucho buscar un colegio donde estuvo dispuesto a acogerles a pesar de sus dificultades y a luchar por sacar de ellos el máximo potencial.

Es la diferencia entre los colegios que escogen alumnos – se quitan de en medio a los que “no dan la talla”, a los que ponen de manifiesto que su personal docente tiene la formación básica para enseñar a alumnos sin dificultades, esos que enseña cualquier maestro (lo cual, ya lo sé, es una contradicción en términos, ya que ser maestro no lo es cualquiera) y los colegios que, quizás con menor renombre, quizás con peores instalaciones y seguro que con peores estadísticas al final del proceso, acogen y acompañan al alumno hasta el final.

Conseguir que alumnos sin dificultades aprueben NO es el mejor criterio para valorar la calidad de un colegio. Los buenos colegios y los buenos maestros son aquellos que enseñan, que luchan y que llevan hasta el final a TODOS los alumnos, a los que aprenden solos y a los que para meterles un concepto en la cabeza hay que explicárselo más de 20 veces y cada vez de manera distinta.

Es cierto que no solo los colegios son selectivos. Muchos padres se muestran molestos si en la clase de sus hijos hay alumnos con dificultades – no digo de conducta – sino académicas ya que “lastran al resto de los alumnos”.

Los colegios que escogen buscan una uniformidad de seres humanos – todos capaces, todos rápidos (muchos de mis pacientes tienen como mayor dificultad la velocidad, y si simplemente les dejaran más tiempo para completar los exámenes podrían demostrar su auténtica capacidad). Son colegios cuyo primer objetivo es una buena estadística de grupo, no un buen desarrollo de cada miembro.

A mi primer maestro, Glenn Doman, le gustaba repetir que “los juguetes son inventos de los adultos para quitarse del medio a los niños”. No se puede afirmar que sea cierto en todas las ocasiones, pero sin duda eso ocurre con cierta frecuencia. Igualmente cada vez me resulta más obvio que la “excelencia académica” es un invento de los directivos de los colegios y de malos docentes para quitarse de en medio a los alumnos con dificultades.

Hace algunos meses un alumno de cuarto de primaria (10 años) me explicaba que al día siguiente tenía la recuperación de un examen. “¿Has suspendido?” le pregunté, “no pasa nada, seguro que mañana apruebas”, me apresuré a consolarle.

“No ha suspendido”, me explicó su madre, “de hecho ha sacado un 8 en el examen, pero el director del colegio ha decidido que la nota media de la clase debe estar por encima de 9, y por tanto todos los que hayan sacado menos nota deben volver a presentarse”.

¿Cómo van a conseguir notas medias por encima de nueve si no es eliminando a un cierto número de alumnos?

Colegios que escogen. Consiguen los mejores resultados académicos en las pruebas de sus respectivas comunidades autónomas y en selectividad pero ¿educan?. ¿Tiene mérito su labor? ¿Está justificado el orgullo con que pavonean sus resultados? Mi respuesta es NO, NO y NO.

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10 respuestas a Colegios con excelencia académica.

  1. Carmen dijo:

    Nacho, lo has clavado!
    Chiqui

  2. tdeleval dijo:

    Comparto al 100%
    Un colegio 10 no es un colegio con alumnos de 10, es un colegio que lleva a todos los alumnos a sacar lo mejor de su potencial. Además yo quiero que mis hijas vivan una experiencia educativa y de aprendizaje enriquecedora y esto significa compartir aula con niñas distintas y no con clones.

  3. amalia dijo:

    Mis hijos estudian en un colegio público de integración y dados los casi nulos recursos que concede la Comunidad de Madrid, a los profesores es para aplaudirles cada día.

  4. Gema Hernanz dijo:

    Espectacular!!! Totalmente de acuerdo!!!!!

  5. Daniela dijo:

    Estupendo articulo!

  6. Ruth, Huesca dijo:

    Completamente de acuerdo.

    Pero lo más importante, ¡Gracias por volver!

  7. Tania dijo:

    Qué buen artículo! Totalmente de acuerdo. Gracias una vez más!

  8. unmaestro dijo:

    La selección que hacen los concertados: una pirámide en la que sólo terminan la mitad de los que empiezan su escolaridad, a pesar de ser centros sostenidos con fondos públicos y tener un compromiso de inclusión hacia todo niño. Sueltan “lastre” y a eso le llaman “excelencia”.
    A la escuela pública llegan todos esos niños excluidos, y salen adelante junto con sus compañeros, desarrollando sus diversas capacidades y no sólo la de aprobar exámenes.

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