Descubrir la vocación.

El sacramento del que la mayoría de las personas creen que viven completamente al margen es el orden sacerdotal.

Sin duda son muy pocos los que son llamados por el Señor al sacerdocio, o al menos son muy pocos los que responden a la llamada, pero la cuestión es ¿sólo los que terminan siendo curas son los elegidos?

En tal caso, podríamos descartar directamente al 50% de la población, ya que Jesús solo eligió hombres para ser sus apóstoles y desde entonces la Iglesia se ha mantenido fiel a la elección del Señor.

Y aún así, considerando tan sólo la mitad de la población ¿qué porcentaje de los hombres eligen el sacerdocio como modo de vida? Estadísticamente el número es residual.

¿Podemos entonces deducir que realmente el Señor nos crea y nos ama más de lo que nunca en esta vida podremos entender, pero solo quiere que se entreguen a Él un número ridículamente pequeño de personas?

Creo que hay que mirar a la cuestión desde otra perspectiva.

A mí me parece que Dios nos crea, nos ama y nos llama para que nos entreguemos a Él al 100% de la población. Al 100%. A algunos les llama, efectivamente, por el camino del seminario, a otros, les dirige hacia el convento, a otros al matrimonio y a todos, solteros, casados, religiosos o mediopensionistas en la vida cotidiana.

Es cierto que la vocación sacerdotal requiere el sacramento, es lógico, dado lo que implica, pero la lastima es pensar que “o tienes vocación para cura, o no tienes vocación”.

El problema está en limitar el término “vocación” a la vida religiosa – ya  sea sacerdocio, monja, o consagrado. La vocación, la llamada, la recibimos todos, muchas veces, cientos de veces, quizás miles, hasta que finalmente recibimos la llamada final, en la que, según cuentan los teólogos, todavía tenemos la opción de rechazar.

Si viviéramos en familia la vocación de una manera más abierta, más natural, más explícita, sería mucho más fácil para los jóvenes comprender que no sólo se trata de elegir qué carrera vas a hacer para ver de qué quieres vivir, sino que independientemente de la profesión (aunque el sacerdocio NO es una profesión) tienes que decir cómo quieres vivir: De cara a Dios, de espaldas a Dios o contra Dios.

La realidad sólo nos ofrece tres opciones. O la niegas, o la ignoras, o la aceptas. Desde el punto de vista religioso: o eres ateo (la niegas), agnóstico (la ignoras), o la aceptas y en este último caso – ¿te implicas o pasas de largo?

Si los jóvenes entendieran que sus padres respondieron a la llamada de Dios a través del amor del uno hacia el otro y de los dos hacia él (o ella) – con todas las imperfecciones que ello conlleva, porque igual que tener vocación al sacerdocio no implica ningún salvoconducto de santidad, tampoco ser consciente de tu vocación al matrimonio no es garantía de ser un buen cónyuge – podrían concretar su vida en opciones más coherentes que basándose en parámetros exclusivamente terrenos.

Si la vocación estuviera presente en el día a día de una familia, serían muchos menos los jóvenes que tendrían miedo de seguir su llamada.

Pero la vocación sigue siendo vista, y quizás cada vez más, como algo anacrónico, ficticio o incluso nocivo.

Recientemente comía con un sacerdote en un lugar público y al terminar le pregunté si no le incomodaban las miradas de la gente. Ni se había dado cuenta, pero las personas que estaban en la mesa de nuestro lado y algunos de los que pasaron cerca, parecía que no podían evitar mirar con descrédito, por el simple hecho de que llevaba alzacuellos.

Vivir como un cura requiere, sin duda, recibir la Gracia a través del sacramento del orden sacerdotal, pero también vivir casado lo requiere. Y aunque no sea sacramental, ponerte detrás del volante para conducir tu taxi, o detrás de la mesa del despacho o de la vitrina de la carnicería para cumplir con tu labor, incluso abrir internet para ponerte a  buscar un trabajo, puede hacerse como respuesta a la llamada de Dios, o como un acto más meramente humano. La diferencia es enorme. Todo es cuestión de descubrir tu vocación.

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Una respuesta a Descubrir la vocación.

  1. Maria dijo:

    La vocación a la santidad es una llamada universal,ojalá seamos lo suficimientemente generosos como para acoger esta Verdad y empezaremos a amar al mundo “apasionadamente”

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