Una hora más

Ayer cambiaron el huso horario en España. Se atrasó el reloj una hora. Como estoy en Texas no me afecta, aquí lo cambiarán dentro de unas semanas. Sin embargo esta diferencia hace que en lugar de aterrizar en Madrid a las 10:20, como estoy acostumbrado, aterrizaré, primero Dios (como me han enseñado a decir mis queridas familias de México, en lugar de D.m.) a las 9:20.

Llegaré una hora antes de lo esperado. ¡Qué alegría tan grande!

Una hora. ¡Solo es una hora!, pero nos ha dado a mi esposa y a mí una alegría enorme. Ese día tendremos una hora más para estar juntos.

¿Qué es una hora en la vida de una persona? ¿En la vida de un matrimonio, de una familia?

Apenas nada. Pero la distancia y la ausencia nos ha hecho descubrir la importancia de cada minuto que pasamos juntos.

¿Cuántas horas habré perdido a lo largo de mi vida, haciendo no más que tonterías, en lugar de estar con ellos? Y ahora, ¡cómo aprecio esa hora!

Tengo que dar gracias a Dios de que no ha tenido que mediar ninguna tragedia para que nos demos cuenta de la importancia de cada minuto que estamos juntos. Nos hemos dado cuenta antes de que sea demasiado tarde.

¿O quizás no?, las horas, los minutos, perdidos, malgastados ya no habrá medio de recuperarlos. Pero hay que pensar en positivo: a partir de ahora será más difícil dejarse distraer por lo insustancial.

Conozco matrimonios que son maestros de la organización familiar, cada uno cumple su cometido y de esa manera logran ser enormemente eficaces, pero bajo la eficacia se esconde una más o menos buscada y deseada separación.

Ella hace la compra. Él la organiza en la despensa.

Él cocina. Ella recoge la cocina.

Ella va al gimnasio. Él va al partido.

El primer viernes de cada mes ella sale a cenar con sus amigas. El segundo jueves de cada mes él sale a cenar con sus amigos.

No voy a negar que cada uno necesitamos nuestro tiempo y nuestro espacio. Sería absurdo. Pero con frecuencia veo luchar a los cónyuges mucho más por su propio espacio y tiempo que por un momento en común.

Hay matrimonios que si salen a cenar es siempre con amigos. Ni se les ocurre salir a los dos solos.

Sin embargo creo fielmente en lo que leí hace años leí (lamento haber olvidado al autor), a cerca de los tiempos que un matrimonio necesita para mantenerse alegre, (no basta con seguir juntos):

  • Una mirada al día
  • Una tarde a la semana
  • Un fin de semana al mes
  • Una semana al año

Reconozco que la receta no es fácil de cumplir. Me refiero a las dos últimas. Hay quien piensa son muy caras. No necesariamente. Para pasar un fin de semana juntos al mes basta dos cosas: 1º querer hacerlo (este es el escollo más grande – en más casos de los que cabría pensar, insalvable) y 2º encontrar quién se quede con los niños. Después, si podemos permitírnoslo (económicamente) nos vamos a algún hotelito y sino nos volvemos a casa, los dos solitos. No es tan romántico pero cumple el cometido (aviso a navegantes NO se debe utilizar ese tiempo para: hacer limpieza general, poner los papeles al día, revisar armarios ni nada por el estilo).

A lo de la semana al año todavía no le he encontrado solución.

Llevo un mes sin poder entregar ni siquiera una mirada al día, y les aseguro que en este momento una hora, solo una hora con mi familia, me suena a gloria bendita.

¿Cómo he podido desperdiciar tanto tiempo antes? ¡Aprovecha cada minuto!

Reconozco que me escandaliza cuando observo a matrimonios que pudiendo estar juntos hacen todo lo posible por estar separados. Son vidas tristes.

Qué importante es cada minuto. Hay gente que hace depender su alegría de lo que hagan los demás: su equipo de fútbol, Fernando Alonso, su partido político, etc. No consiguen alegrarse de lo que han hecho ellos mismos y nadie más podría haber hecho.

Pequeñas cosas: acostarnos a la vez; cenar todos juntos – aunque sea una escena cada noche –; dar un paseo, aunque sea en silencio …

Una hora, con ganarle ocho minutos y medio a cada día, ya hemos dedicado una hora a la semana a disfrutar de nuestra vida.

Hace años conocí un matrimonio, noruego si no recuerdo mal, que se despertaban a las cinco de la mañana para hacer meditación. Nunca lo entendí y sigo sin entenderlo. Se despertaban una hora antes de lo necesario para poner su mente en blanco. El resto del mundo hacemos eso sin tener que despertarnos.

Pero no duden que me podría el despertador 8 minutos antes cada día, solo para disfrutar de mi matrimonio y de mis hijos – (si ellos también lo hicieran, claro está).

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