Educar en la fe

A pesar de que el curso que pasado estuve “de excedencia”, no dejé de pensar en la educación, la enseñanza y las familias, y pensé que podía ser útil abrir una sección dedicada a “educar en la fe”.

Consideré la posibilidad de abrir un nuevo blog específicamente dedicado a este tema, pero pensé que aunque es un tema muy concreto y que por supuesto no tiene porqué interesar a todos los lectores de Educar con sentido, he pensado que lo mejor es publicar los lunes el artículo “de interés general” y los jueves el artículo dedicado a la educación en la fe.

Así que aquellos que no estén interesados en el tema, pueden obviar o saltarse el post de los jueves. Pero quizás puedan leerlo, aunque sólo sea por curiosidad. Ustedes mismos.

Creo que es interesante porque como católico considero que en la educación en la fe los padres nos jugamos el Todo.

No nos jugamos la felicidad de nuestros hijos. Gracias a Dios (literalmente). Sino algo mucho más importante.

Hago referencia específica a la felicidad (aunque es una palabra que hay que manejar con muchísimo cuidado) porque en alguna ocasión he oído a algún sacerdote decir que “sin fe (o sin Jesús), no podemos ser felices”, quizás no lo haya oído con esas palabras, pero la idea creo que se entiende, y tengo que reconocer que me genera incomodidad.

Me explico. Tengo fe en que hemos sido creados por Dios y para Dios. Y tengo fe en que, después del don de la vida, el don más importante es el de la libertad. Dios nos ha creado para amarle, pero nos ha hecho libres de hacerlo o no. Sin embargo, si sólo pudiésemos ser felices amando a Dios, ya no seríamos libres de no hacerlo. ¿Me explico o me he liado yo solo con tanta palabra repetida?

Con otras palabras: estoy convencido de que podemos ser tan felices conociendo y amando a Dios, como sin conocerle y/o sin amarle. HUMANAMENTE, igual de felices. Plenamente felices. Insisto. Si no fuera así, no seríamos libres para no amarle.

Entonces ¿qué nos jugamos?, ¡ah!, algo mucho más importante: la Paz de Jesús; Su paz aquí en la Tierra, que en el cielo Dios dirá, no se me ocurriría ni por asomo aventurar que pasará con cada uno después.

Permitan que haga una pequeña digresión / comparación. ¿Se imaginan un sacerdote que dijera: “Sin fe, sin Jesús, no podemos comer de todo”? Sería absurdo. Los católicos podemos comer exactamente todo lo que comen los demás. No hay ningún alimento que sea exclusivo para los católicos, ni siquiera para los cristianos.

Podemos estar igual de bien alimentados y nutridos con fe (con Jesús) que sin Él. Humanamente alimentados.

¡Ah!, pero los cristianos sí que tenemos otro alimento: la palabra de Dios: “No sólo de Pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios”, (Mateo, 4, 4); y además los católicos tenemos al mismo Cristo como alimento: “Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo: Tomad y comed, esto es mi cuerpo”  (Mateo, 26, 26).

Así que HUMANAMENTE, tenemos los mismos alimentos, tanto los que creen como los que no; pero los católicos, además tenemos otros tres alimentos: la palabra de Dios, Su cuerpo y Su sangre. No son alimentos HUMANOS, pero sí DIVINOS. Y alimentan ¡vamos que si alimentan!. No son pocos los que han experimentado cómo es difícil vivir sin tomar dichos alimentos, aunque nutricionalmente se esté plenamente saciado. Más aún, sin el alimento divino de la palabra de Dios y Su cuerpo y Su sangre, creo que sería muy difícil hacer ayuno de los alimentos terrenales.

De igual manera, estoy convencido de que sin fe, sin conocer a Jesús, o incluso conociéndole, pero sin amarle, se puede ser plenamente feliz, HUMANAMENTE hablando. Pero si tienes fe, si conoces y amas a Jesús, ¡ah, entonces eso ya estamos hablando de otra cosa!, entonces puedes conocer la Paz de Cristo. (Muchos prefieren llamarle también felicidad).

Creo que afirmar que sólo desde la fe se puede ser plenamente feliz, me resulta incómodo porque temo que choque frontalmente con la experiencia vital de muchas personas, y si es así, pueden pensar que el mensaje de la Iglesia es falaz y alejarles. Eso me incomoda.

Entonces ¿porqué lo dicen?. No lo sé. Pero me atrevo a aventurar dos hipótesis:

Primera: Una vez que has conocido a Jesús, y has vivido la Paz que Él da, es fácil pensar que la felicidad (humana y plena), es incompleta, insuficiente. Una vez que le has conocido, todo lo terreno, hasta lo más pleno y completo puede parecer poco.

Segunda: Estoy seguro, por lo que veo a mi alrededor, de que los sacerdotes tienen frecuentemente la oportunidad de encontrarse con personas que a pesar de tener todo en la vida, de tener lo necesario y lo innecesario para ser felices (humanamente) siguen sin sentirse completos, siguen buscando, siguen sintiéndose insatisfechos y, simultáneamente, conocen a personas que faltándoles incluso lo (humanamente) necesario para llevar una vida mínimamente cómoda, digna, son personas plenamente felices (humanamente) porque conocen la Paz de Cristo.

Las dos hipótesis son complementarias.

Desde la fe, creo que tiene lógica. Hemos sido creados por Dios y para Dios, así que sin Él, es posible que la felicidad (siendo plena humanamente hablando) pueda sentirse como insuficiente.

Así que los padres nos jugamos que nuestros hijos conozcan y tengan la experiencia de Cristo, Ese sin quien que se puede llegar a ser (humanamente) feliz, pero que si le conoces y le amas puedes llegar a serlo Divinamente. No hay comparación.

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