Líbranos de todo mal.

No es nada original. Todos en algún momento, quizás en muchos, nos hemos cuestionado cómo puede Dios permitir tanto mal.

Un niño con cáncer, el terremoto que mata de un plumazo decenas de personas, el accidente que siega de raíz la vida de un chaval.

Pero ¡¿cómo puede permitirlo?!

¡¿Dios estás sordo?!

¿No oyes lo que te pedimos? Cada día, cada minuto, cada instante hay alguien en el mundo diciendo las palabras que Cristo mismo nos enseñó:

“y líbranos nos de todo mal”.

¿Cómo podemos pensar que Dios es Amor y permitir tanto mal? ¿Porqué no escucha nuestras oraciones?

“Líbranos de todo mal”.

Es la última de las peticiones del Padrenuestro. La última de las ocho.

Pero ¿qué pasa con las otras siete? ¿quién tiene que cumplirlas? ¿Él o nosotros?

“Santificado sea tu nombre”.

Esta es la más misteriosa. Deseamos que su nombre sea santo, pero ¿quién puede santificar su nombre?. Según dicen los exégetas, somos nosotros mismos los que debemos santificarlo, ¿cómo?, con nuestra propia vida, haciendo que nuestra vida sea santa los cristianos, por ser llamados así, santificamos Su nombre. ¿Acaso mi vida es santa? De verdad puede alguien decir que yo, ¡YO! ¿santifico su nombre?

“Venga a nosotros tu Reino”.

¿Acaso no ha venido? ¿No ha venido el mismísimo Rey? ¿Y qué? ¿Vivimos en su Reino o en el nuestro?

Hablaré por mí. Cada día de mi vida vivo en mi reino, mi vida como a mí me da la gana. Y no llevo su Reino a los demás. Todo es “me, myself and I”. Y me lleno de orgullo por atender a niños con discapacidad, ¡qué mirada tan mediocre!.

“Hágase tu voluntad”.

¿Cumplo su voluntad? ¡JA!. ¿Por ir a Misa, ya he cumplido su voluntad? ¿Y el resto del día? ¿El resto de la semana? No, la verdad es que no.

Hablaré por mí: hago mi voluntad, o lo que las circunstancias me obligan, pero no su voluntad.

“Danos hoy nuestro pan de cada día”.

No ha habido un solo día de mi vida en que me falte el pan. Ni uno. Pero han sido pocos, muy pocos en los que he dado las gracias por él. Lo doy por hecho. Supongo que si un día no tuviera que comer no dudaría en echárselo en cara. Pero nunca me he preguntado ¿porqué a mí?, ¿porqué siempre tengo comida en la mesa?, ¿qué he hecho yo para merecer esto?

“Perdona nuestras ofensas”.

Esta petición sí que sí. No lo dudo ni por un instante. Que me perdona, no lo dudo ni por un instante. ¿Lo entiendo?, ¡NO!, no me cabe en la cabeza. ¿Cómo puede perdonarme 70 veces siete cada día?, sobre todo porque tengo muy claro que yo no cumplo mi parte del trato:

“como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

Que lo sepan los que me ofenden: no olvido, yo creo que perdono, pero no estoy seguro de hasta qué punto … si perdonara creo que también debería olvidar. Me cuesta, me cuesta y me cuesta. Acumulo deudas desde hace años. Y lo intento y me gustaría olvidarlo, pero ¡qué va! no olvido las deudas recibidas. Y por tanto no estoy seguro de si perdono a mis deudores.

“no nos dejes caer en la tentación”.

¡JA!. Estoy seguro que Él no me deja caer, pero ¿cuántas veces a mí me da igual que me deje o no? Ya he dicho antes que yo hago mi voluntad, no la Suya. ¿Qué se creen? ¿qué cada vez que hago lo que no debo lo hago inconscientemente? Soy tonto pero no tanto.

El Señor hace todo lo posible por no que yo no caiga en la tentación, pero si YO lo deseo, yo caigo.

“y líbranos del mal”.

¿Y ahora? ¿Con qué cara le echo yo en cara a Dios que no cumple con lo que le pido?

De las ocho peticiones, yo no cumplo con ni una, ¡ni una! de las que me corresponden.

He oído a muchas personas echarle en cara a Dios que no cumpla con lo que ellos le piden. Curiosamente son personas que creen que Dios no puede pedirles nada a ellos. ¡NADA!.

“¿Quién se cree Dios para pedir algo al hombre?”. ¡Que cumpla con lo que yo le pido, o de lo contrario es que no existe!

Y lo cierto es que ni siquiera estoy seguro de que no cumpla. Puede que el mal no sea el cáncer, ni el terremoto, ni la muerte. Puede que el único mal sea su ausencia y si lo hiciera, si se alejara, sería más bien porque yo le he echado (a patadas – a pecados).

Quizás ya nos ha librado del mal. Quizás todo el Padrenuestro vaya sobre eso: nos libra del todo mal y tras la muerte, por prematura, cruel o incomprensible que sea, nos acoge en su seno para que santifiquemos permanentemente su nombre, estemos en su Reino, hagamos (por fin) su voluntad, tomemos su pan (que será Él mismo), porque ya nos ha perdonado (y habremos logrado perdonar) y no tendremos más tentación.

Amén.

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Una respuesta a Líbranos de todo mal.

  1. SOCORRO MORENO RODRÍGUEZ dijo:

    Gracias, Nacho, una vez más. Me has emocionado.

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