Separatismo y educación

Desde el asiento de mi despacho en Pachuca de Soto, estado de Hidalgo, Estados Unidos de México, veo un pequeño cerro casi desnudo, con casas hasta la mitad de su ladera, coronado por un gran mástil en el que ondea una gran bandera mexicana.

Allí sentado, siempre que los padres tienen ocasión, me enseñan llenos de orgullo el video de su hijo desfilando el día de honores a la bandera. Es un gran orgullo para cualquiera de los niños, para cualquier mexicano, participar en el desfile de honores a la enseña nacional.

En México todos los colegios – todos -, todos los meses – todos -, hay un día en el que los niños del colegio, todos, hacen honores a la bandera.

Cuando veo esos videos, con mucho dolor de corazón, tengo que explicar a esos padres que en mi país, en España, no solo NO hacemos honores a la bandera, sino que si algún colegio lo propusiera sería un absoluto escándalo y tendría muy grandes y muy graves problemas.

En España desde el 20 de noviembre de 1975 nos han inculcado que el amor a la patria y a sus símbolos es sectario. Es de fachas. Es de extrema derecha. Pero extrema, extrema.

¿Se imagina que hubiera algún exiliado republicano que fuera de derechas? ¿Se imagina que hubiera algún exiliado republicano que no amara a España?

La idea de que amar a tu país es patrimonio de unos o de otros es la idea más absurda, retorcida y nociva que se ha difundido en todos estos años.

Es cierto que los gobiernos separatistas de la comunidad autónoma vasca y de Cataluña (y ahora también en Navarra), con las manos en la masa de la educación y de las televisiones públicas llevan años inculcando una ingente cantidad de mentiras y arrimando el ascua a su sardina, aunque el ascua sea más falsa que Judas y la sardina la hemos pagado entre todos los españoles.

No les culpo.

¿Qué iban a hacer con todo ese poder?

¿Contar verdades? entonces, ¿de qué hubieran vivido?

Si mi madre tuviera ruedas sería una moto, pero no sería mi madre.

Si un separatista contara la verdad (perdón, supiera la verdad), sería un demócrata, pero no sería separatista.

Ellos son los malos, pero nosotros somos los tontos.

Hemos renunciado durante 40 años de democracia a enseñar la verdad y a inculcar el amor a España y ahora nos quejamos de que hay mucho separatismo. ¿Pero de qué nos quejamos? Tontos, ¡que somos tontos!

En la tienda del museo aeronáutico Smithonian de Washington D.C. había un poster con un plano del mundo hecho con fotos realizadas desde un satélite; en la parte inferior había una leyenda que decía: “Las fronteras son las cicatrices que el ser humano ha hecho sobre la tierra”. Quizás porque la leí cuando solo tenía 18 años aquella frase se me quedó grabada.

¿Porqué no contamos la verdad a los niños españoles? Porqué no les enseñamos que las cicatrices solo aparecen donde ha habido heridas y sangre, y les explicamos que las fronteras que quieren crear algunos vascos y algunos catalanes están hechas con las heridas y la sangre de millares de españoles inocentes: hombres, mujeres y niños heridos, mutilados o asesinados por E.T.A.

Sí, también los separatistas catalanes se están beneficiando de los muertos y heridos por el terrorismo de E.T.A. Y el de Terra Lliure.

¿O alguien cree que si no hubiera habido tanto asesinato el separatismo estaría hoy tan crecido? ¡Vamos! ¡Que no estoy descubriendo la pólvora ni mucho menos!

Pero hoy ya nadie habla de los muertos.

Ni de muertos ni de España. Pretendemos “defenderla” aludiendo exclusivamente a la constitución.

España tiene miles de años de historia (desde la Hispania romana) y solo blandimos una ley que no tiene ni cuarenta años. ¡Qué cosa tan pobre y tan cutre! ¡Tan inculta! ¡Tan cobarde!

La situación actual en España (tanto en Cataluña como en la comunidad autónoma vasca, donde los separatistas están calladitos frotándose las manos, con una de ellas metida de lleno en Navarra) es sin duda fruto de cincuenta años de terrorismo y de 50 años de separatismo mentiroso, ladrón y manipulador; pero también de haber renunciado, ¡qué digo renunciado!, haber repudiado el amor a nuestra patria.

¡Hasta en el fútbol hemos sustituido la “selección española” por “la roja”! ¡Tócatelos!

Nos han ridiculizado a los que nos emocionamos al ver la bandera de España y la llevamos con orgullo siempre que podemos y se preguntan cómo es posible que en Cataluña y la comunidad autónoma vasca estén sus respectivas banderas por cada esquina.

¿Sería usted capaz de reconocer la bandera de la comunidad autónoma de Extremadura? ¿Y la de Murcia? ¿Y la de Cantabria? Yo tampoco. Piense entonces quién ha hecho un buen uso de sus enseñas y quién lo ha hecho mal.

Hemos renunciado a la EDUCACIÓN y nos quejamos de que los separatistas la estén utilizando torticeramente.

Hemos repudiado el patriotismo y nos quejamos de que los separatistas hayan hipertrofiado el regionalismo.

Nos han inculcado que el amor a España es sectario y nos quejamos de que los separatistas (sectarios donde los haya) hayan fomentado el odio.

Pues nos quejaremos, dicen que los españoles, todos, tenemos desde el nacimiento el derecho al pataleo, pero mucho me temo que con la educación recibida, la ideología de lo políticamente correcto y la españofobia inculcadas durante todos estos años de democracia poco y mal vamos a poder proteger y defender la unidad y la libertad de esta gran nación que es España.

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