El séptimo mandamiento

El séptimo mandamiento, en Éxodo, 20, 15 es “No robarás”.

Poco más se puede añadir. Claro como el agua. Salvo que, como todo está sujeto a interpretación. Y, al menos en España, nos encanta abrir excepciones:

  • Si vamos a un parque temático y vemos que en el listado de precios los niños menores de 6 años no pagan … haremos lo posible por convencer, primero al niño y luego al personal de taquilla, que nuestro tercer hijo tiene 5 años – aunque le queden dos meses para cumplir los 7, pero como a salido a su padre, es bajito y (se) cuela.
  • Podemos estar en el trabajo chateando, mirando Facebook, o bajando a desayunar dos o tres veces, pero al llegar la hora se nos caiga el bolígrafo de la mano y dejemos todo a medias, porque “mi hora es mi hora”.
  • Al ir a un restaurante siempre debemos revisar la cuenta, no vaya a ser “que nos la cuelen”, pero si se les ha olvidado poner una o dos cervezas, no se nos ocurre decir que nos están cobrando menos.

Tenemos la mentalidad del código civil. Hasta los 1.000 euros no es robo, es hurto – no cuenta como delito. Ni como pecado.

Y nos quedamos más anchos que largos.

Por no hablar del padre divorciado que racanea hasta el extremo la pensión de sus hijos o sencillamente se abstiene de pagarla. O de la madre divorciada que infla los informes de gastos para sus hijos para sacarle a su “ex” hasta el hígado, el bazo y el pulmón derecho – (sé porqué – por quién – lo digo).

También el tema tan extendidísimo hoy de la corrupción política – en cualquier país del mundo -, de la mordida a la policía en México, etc.

Y sería cuestión de revisar cómo se puede valorar el pago de impuestos a cargo de bienes que nunca o rara vez llegamos a percibir – estoy pensando la famosa “retención” en el salario del trabajador para formación, que como el porcentaje de personas que lo usan es absolutamente ridículo solo sirve para engrosar las arcas de quién sabe quién y cómo se lo gasta.

En definitiva, que tendemos a seguir pensando que “robar” es lo que hace el ladrón con un antifaz en la oscuridad de la noche o la carterista del metro de Madrid, pero me temo que aquí también podemos decir que puestos a lapidar al que es pillado “en flagrante robo”, pocos son los que pueden ponerse a tirar piedras.

Pues bien, “no robarás” es ni más ni menos que eso. Quizás no cabía en las tablas de la ley, pero no puso un mínimo a partir del cual se podía considerar exento. Cada palo que aguante su vela.

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