La importancia de ser padre (o madre).

El único reproche que me atrevo a hacer a las generaciones que nos han precedido es el de no habernos educado en la importancia de la familia, del matrimonio y de los hijos. En mi generación a la mayor parte de los chicos, cuando crecíamos, nos insistían en la importancia de estudiar para “llegar a ser hombres de provecho”. A las chicas se les insistía en que debían estudiar para “no depender económicamente de los hombres”. Tenían que formarse para “sentirse realizadas en el trabajo”.

Si a cualquiera de nosotros al preguntarnos “¿qué quieres ser de mayor?”, se nos hubiera ocurrido responder “papá” o “mamá”, hubiera provocado o la hilaridad o angustia, y desde luego no hubiera sido tomado muy en serio.

No conozco a nadie que en su infancia y juventud le enseñaran que lo más importante en la vida es ser un buen marido, o una buena esposa y un buen padre o madre. Eso no da dinero y por tanto carece de importancia.

En nuestro crecimiento se nos insistió hasta la saciedad en la importancia de la formación y del trabajo, y nadie mencionó siquiera que el centro de nuestra vida iba a ser nuestra familia.

Además, puedes ser un magnífico jardinero, o una magnífica cirujana, o un magnífico taxista o un pésimo político, pero si no eres el mejor para tu cónyuge y tus hijos ¿qué importa?. Usted podrá ser el mejor en su profesión, podrá ganar dinero a espuertas, pero si en casa usted es prescindible, ¿es eso lo que quiere?.

Con esta educación que hemos recibido, ¿cómo extrañarnos de que cuando alguien sospecha de que su familia, su marido, su mujer o sus hijos, están interfiriendo con su desarrollo profesional, decida coger la puerta?. Sin duda no es una salida fácil, pero si cuando nosotros crecíamos se nos inculcó que lo importante es el trabajo y nadie nos educó para ser el mejor marido y padre o la mejor esposa y madre posible, ¿cómo vamos a luchar por llegar a serlo?

Pero después de más de veinticinco años ejerciendo de psicólogo clínico y de neuropsicólogo con niños, la evidencia me ha enseñado una conclusión bien distinta. En nuestra experiencia lo más importante que hacemos en toda nuestra vida es nuestra labor dentro de nuestra familia, como esposos y como padres y, además, los padres somos la solución a muchos de los problemas de nuestros hijos. Más aún. Los padres queremos ser la solución.

Salvo que el padre o la madre, o los dos, sufran algún tipo de patología que les impida ejercer su labor dentro de parámetros saludables, los padres, todos, queremos lo mejor para nuestros hijos, queremos hacer lo mejor por nuestros hijos y nos esforzamos cotidianamente por hacerlo.

¿Significa esto que lo conseguimos?, ¿Acaso siempre acertamos y siempre hacemos lo correcto y lo mejor por los hijos?. Ni mucho menos, somos humanos.

Ser humano implica, inevitablemente, cometer errores, pero esto no nos puede llevar a la idea de que entonces estamos incapacitados para ser padres.

Pensarlo sería equivalente a decir que un médico, dado que va a cometer errores, es la causa de los problemas de sus pacientes. Un profesor, dado que va a cometer errores es la causa de los problemas de sus alumnos, una astronauta, dado que va a cometer errores, es la causa de los problemas de la N.A.S.A.

En mi experiencia, habiendo trabajado con miles de padres, he llegado a la conclusión de que los mejores padres, los más abnegados, los más dedicados, los más concienciados y concienzudos cometen entre cinco y diez errores diarios. Nunca menos de cinco.

Esto no hace que su labor sea prescindible, o que sus errores provoquen grandes desgracias en sus hijos. Sencillamente forma parte de la labor de ser padre, y el “pago” de esos errores forma parte del desarrollo de sus hijos.

Todos hemos sufrido esos errores. Pretender que no existan es absurdo.

Ser padre (y naturalmente madre), es la labor más importante de cuantas se pueden realizar en la vida. La más. Sólo equiparable a ser marido o esposa.

Si usted ya tiene hijos, nada de lo que haga en la vida será más importante.

Puede que usted sea una ginecóloga que a lo largo de su carrera haya ayudado a nacer a miles de niños. Puede que incluso algunos de esos niños haya vivido gracias a su profesionalidad, pero su labor como madre, aunque sea de uno solo es mucho más importante y aporta más a la sociedad que toda su labor profesional.

Quizás usted es bombero, y en su vida ha apagado miles de incendios y salvado la vida de decenas de personas. De alguna incluso sabrá sus nombres y apellidos y a usted nunca le olvidará. Pero si es padre, después de salvar esa vida, al llegar a casa le queda la labor más importante de ese día, ejercer de padre.

¿Qué puede haber más importante que contribuir decisivamente a un ser humano a crecer?. De hecho, ¿acaso hay una labor que requiera más tiempo?. Nuestra función de padres, cumplir nuestro objetivo, eso que llamamos de manera genérica “educar”, lleva al menos dieciocho, veinte o más años.

Salvar la vida de un ser humano se hace en minutos, lograr que esa vida se desarrolle completamente, intentando acercarla el máximo posible a su potencial, requiere décadas.

El hecho de que ser padre (o madre) sea una labor no remunerada hace que sea menospreciada por el conjunto de la sociedad y por muchas personas en particular.

Muchas personas que ostentan un cargo o una posición social “elevada” consideran que su labor para la sociedad es más importante que la de cualquier madre o padre. Admitámoslo, en esta sociedad nuestra “tanto ganas, tanto vales”.

Si usted no realiza un trabajo remunerado y su labor vital es dedicarse a su familia, a su esposa (o a su esposo) y sus hijos, tenga por seguro que está realizando la aportación más importante posible a esta sociedad.

Y lo que es más importante, sólo usted puede hacerlo. La sociedad actual afirma, sutil e implícitamente, que una madre o un padre, que usted es prescindible, sin embargo no solo esto no es cierto sino que usted, en su labor como padre o madre, es insustituible.

Supongamos que por algún motivo, no se me ocurre ninguno bueno, usted no puede seguir ejerciendo de padre y es apartado definitivamente de sus hijos. Pensemos que ante esta desgraciada situación su cónyuge se casa con otra persona, que pasará a realizar “su papel”, y que, además, ejerciera de padre (o madre) de manera idónea. ¿Cree usted que el resultado de quiénes son y cómo son sus hijos sería exactamente el mismo que si usted hubiera podido seguir con su vida?

En breve, ¿da igual que sea usted o cualquier otro el padre o madre de sus hijos?.

Sinceramente, no lo creo. Hagamos un análisis más detallado.

Genéticamente cada uno de sus hijos es un ser único en el mundo y en la historia. No existe, ni ha existido, ni existirá ninguna otra persona con la misma carga genética que cada uno de sus hijos, salvo que haya tenido gemelos unicigóticos. En este caso tiene dos hijos que son genéticamente idénticos, pero ¿son iguales? ¿Son sus variables de personalidad, sus formas de ser idénticas?.

Pues bien, de la misma manera que su aportación genética ha sido única, irrepetible, específica para cada uno de sus hijos, también su aportación como padre o madre, su influencia va a ser única e irrepetible. Sin usted ninguno de sus hijos llegaría a ser tal y como va a ser. Para lo bueno y para lo malo.

Más aún, no sólo usted es insustituible, lo auténticamente único, irrepetible es su labor junto a su cónyuge. Su labor como PADRES. De la misma manera que cada uno de ustedes ha aportado un 50% del código genético que ha culminado en su maravilloso hijo, su aportación en la educación de sus hijos sólo puede ser entendida en conjunción con la de su marido o su esposa.

Y sus hijos les necesitan a los dos. Necesitan a mamá y a papá. Los niños no necesitan una “figura materna”, ni una “figura paterna”. Necesitan un padre y una madre de carne y hueso.

Las únicas figuras que sé que tienen alguna utilidad son las del Belén.

No termino de entender qué es una “figura materna”, no sé si es un maniquí sentado en el sofá de casa, o si la señora que viene a limpiar la casa dos horas, tres veces por semana, vale, o el conserje de casa es una “figura paterna” adecuada.

A veces he oído que el abuelo, que vive con su hija y sus nietos “hace de figura paterna”, pero me pregunto ¿entonces cuándo ejerce de abuelo?, ¿Será que en este caso esos niños ya no solo no tienen padre, sino que además tampoco tienen abuelo, y lo que tienen es un sucedáneo o un híbrido de ambos?

Padres. En español padres hace referencia a una madre y a un padre[1]. Sin alguno de esos dos elementos la vida humana no puede existir. Si falla uno de los dos, la vida humana ya concebida no será la misma.

Si usted es madre, si usted es padre, enhorabuena y gracias por haber querido asumir y ejercer la tarea más apasionante y más creativa y más difícil de todas las posibles. Gracias.

[1] Sea adoptivo o no.

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2 respuestas a La importancia de ser padre (o madre).

  1. Javier Romero dijo:

    Buen artículo que invita a una reflexión

  2. Lucia Adame dijo:

    Me encanto el articulo. Gracias a Dios, aqui en nuestra familia, eso aprendimos y eso han vivido nuestros hijos.. Con tristeza a veces vemos, como son criticadas nuestras hijas por no querer aceptar un trabajo y querer seguir siendo mamas de tiempo completo, ya llegara el momento en que puedan salir a trabajar

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